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OPINION

En mi primera aparición por este Diario Digital, solo puedo aportar a modo de regalo, algunas palabras de buenos deseos para este proyecto que empieza, pero ya que estoy aquí aprovecho para desahogarme un poco de la España que ve este parto periodístico, en los momentos que la palabra prensa es sinónimo de manipulación, falsedad e intereses que construyen con infamia el arte de la desorientación critica de quien ose abrir la página de cualquier periódico u otro medio de comunicación.

No es la primera vez que Bilderberg se posiciona y actúa en la política española, ya lo hizo meses antes de la abdicación del Rey Juan Carlos donde a pesar del desmentido de la casa real el entonces rey Borbón tenía las horas contadas. Una vez más Bildelberg se ha hecho con el tablero y ha comenzado a mover sus peones, toda vez que según el todopoderoso club la situación tras el pronunciamiento de independencia del gobierno catalán así lo requiere.

A pesar del empeño de la reina, el Rey se niega a tirar la toalla y es que la apetecida abdicación de don Juan Carlos debe esperar de momento.
Me da en la nariz que mientras se desinfla, muy lentamente, la fiebre separatista en Cataluña, vamos a vivir un diecisiete pleno de novedades en múltiples sectores: en el político, en el empresarial, en el internacional, en internet, en automoción.
El Club de Bilderberg está celebrando, en el hotel austriaco de Telfs-Buchen, la reunión anual entre rigurosas medidas de seguridad y hermetismo, como suele ser habitual por el llamado en los medios de comunicación "gobierno del mundo en la sombra".
Cuando la BBC, en menos de 48 horas, se vio obligada a retractarse y disculparse por la titulación de la nota en la que informaban sobre el atentado terrorista del último viernes en Jerusalén en la que una joven oficial de la Policía de Fronteras de 23 años falleció y otros 4 soldados quedaron heridos en manos de 3 terroristas palestinos provenientes de una aldea cercana a Ramallah, en blanco sobre negro quedó documentado que las permanentes denuncias de identificación política hacia un solo lado del principal medio inglés no eran exageradas.
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