DUENDES , por José Biedma López

DUENDES , por José Biedma López
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miércoles 04 de mayo de 2022, 19:54h
DUENDES , por José Biedma López

Ni los niños creen ya en los duendes. Adoran a Superman, a Batman y al Increíble Hulk, mitos neocoloniales y también muy mal vestidos. Como nadie confía ya en ellos, nuestros duendes han emigrado a otros países o malviven ocultos en caseríos abandonados y boardillas olvidadas, porque no hay peor castigo que el desconocimiento y la indiferencia. Los pocos que se han quedado, como oriundos de Chernóbil, irradian malos humores y es raro que se muestren amables o simpáticos.

En otros tiempos, al caer la noche mayormente, los duendes salían de sus escondites para hacer travesuras. Durante siglos cada hogar tuvo su duende, a veces dos y hasta tres. Los niños más avispados los percibían a simple vista; los más pusilánimes, al toparse con ellos, rompían a llorar. Hubo niñas muy valientes y curiosas que hicieron amistad con su duende, que las prohijó como Pepito Grillo.

El trasgu asturiano cojeaba y era de tez obscura, uñas largas, boca enorme y nariz aplastada. Tenía la malafollá de muchos cojos. Lucía pequeños cuernos que solía ocultar bajo una gorra con capirote. Los follets catalanes amaban el campo; los que aún residen en España viven bajo dólmenes y son joviales bromistas. A los doñets valencianos les encantan las sombras como a los estetas nipones, tímidos y pálidos como geniecillos nórdicos. El traslolillo y el tentirugo son duendes cántabros alocados y burlones. Roban lácteos y aflojan ventanas.

La manona leonesa se ha confundido a veces con la pesanta gallega, que aburre preguntando. ¡Dios te libre de las manos peludas de la manona que te acarician pies y piernas mientras duermes y te producen angustia! Los que los han conocido dicen que tanto la pesanta como la manona son indomesticables. El feo martinico manchego lo mismo viste de fraile que de dandi o novio de Barbie. Tiene la lúbrica costumbre de transformarse en culebra delante de las doncellas para escandalizarlas. Hay testimonios de la resistencia de martinicos en el Albaicín granadino durante este siglo. Muy distinto es el ezequiel conquense que viste de rojo y negro cual bandera anarquista y tiene por vocación servir a los humanos como consejero ético y terapeuta. Sabe mucho de plantas medicinales y habla con soltura griego antiguo y latín clásico.

Los que han estudiado a estas criaturas tan fantásticas como inmortales las suelen incluir entre los seres feéricos, parientes de hadas, de elfos y de las lloronas banshees irlandesas. Todos ellos se caracterizan por sentir curiosidad por nuestras vidas y entrar en relación, grata o ingrata, con humanos. Se sabe de uniones de hadas y humanos, pero suelen acabar trágicamente. Al contrario que los duendes, que suelen ser pequeños, feúchos o contrahechos, los elfos son humanoides de apariencia frágil y delicada, de piel ebúrnea, ojos rasgados y grandes, con largas orejas en punta (esto lo comparten con muchos duendes). Los elfos viven cien años sin envejecer y conservan importantes conocimientos. Prefieren los bosques en los que, prácticamente invisibles, se confunden con árboles y arbustos. Su paso se describe como el de una brisa fresca y primaveral que deja aroma a celindo o azahar.

Los duendes poco tienen que ver con los gnomos, que son seres elementales que Paracelso catalogó asociándolos al arcano tierra, como las nereidas al agua, los silfos al aire y la salamandra al fuego. Son espíritus de escasa consistencia física. Paracelso fue un alquimista que hizo progresar la medicina, introdujo el láudano en sus terapias y asoció los temperamentos de Galeno a los cuatro sabores: dulce (tranquilo, flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo, dicharachero) y ácido (al temperamento melancólico). Hoy se habla también del sabor graso.

Paracelso murió en 1541 con 47 años y sus restos fueron enterrados según sus deseos en el pintoresco cementerio de la iglesia de San Sebastián en Salzburgo, cuya visita recomiendo. Paracelso charló con gnomos asiduamente y en confianza, a pesar del mal humor de estos. Fue él quien les puso nombre a estos enanos panzones, barbudos, encapuchados y de pies grandes; les llamó “gnomos”, de la raíz griega de “gnosis”, conocimiento. Se los puede convocar siguiendo ciertos procedimientos mágicos, pero no es recomendable pues una infección de gnomos en el jardín o la huerta requiere fumigación en toda regla con elemoro, muy difícil de encontrar hoy, aunque antaño fue frecuente en todos los despachos de alquimia.

Su pequeña talla y el desaliño en sus indumentarias facilita que se confundan gnomos y duendes. No obstante, ya hemos dicho que pertenecen a familias diferentes… Y, hablando de familias con duende, contaré para finalizar el caso sucedido en Peñaranda de Duero (Burgos) en 1936…

Tenían en su casa un duende inquieto y revoltoso que no les dejaba dormir. No les causaba espanto, ni siquiera miedo, pero tanta lata les daba impidiéndoles el merecido descanso, pues eran de clase trabajadora, que optaron por mudar de casa. Ya habían traído a la nueva todos los trastos y sólo les faltaban por llevar unos cedazos que habían olvidado en el desván.

Bajaban las mujeres por su escalera cuando una de ellas dijo:

- Chica, ¡que se nos olvidaron los cedazos!

Y el duende añadió:

- ¡Andad, andad, que los cedazos ya los llevo yo!

Y es que hay duendes que se apegan a una familia de por vida. Quieren colaborar, pero no pueden evitar hacerse los interesantes importunando y metiendo ruido por las noches. Tal comportamiento variable casa bien con su feérica naturaleza, que parece de otro mundo, pero es también de este, aunque de carácter noctámbulo.

Del autor:

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