Culturilla Naval: Algunas tradiciones perdidas de la Armada: el “Cumplimiento Pascual”, por Diego Quevedo Carmona, Alférez de Navío ®

Culturilla Naval: Algunas tradiciones perdidas de la Armada: el “Cumplimiento Pascual”, por Diego Quevedo Carmona, Alférez de Navío ®
jueves 07 de octubre de 2021, 11:21h

En las parroquias de toda España, desde mucho tiempo atrás y hasta prácticamente finales de la década de los años 60 del pasado siglo XX, era habitual durante el segundo trimestre de cada año, normalmente dentro de los 50 días siguientes al Miércoles de Ceniza, el celebrar anualmente lo que la Iglesia católica denomina Precepto Pascual, práctica cuya ejecución por parte de los fieles era conocida como Cumplimiento Pascual.

Culturilla Naval: Algunas tradiciones perdidas de la Armada: el “Cumplimiento Pascual”, por Diego Quevedo Carmona, Alférez de Navío ®
Culturilla Naval: Algunas tradiciones perdidas de la Armada: el “Cumplimiento Pascual”, por Diego Quevedo Carmona, Alférez de Navío ®

Si bien estas celebraciones religiosas eran algo habitual en la sociedad española en general, al menos desde finales del XIX, en los tres largos años que duró la Guerra civil española sería una costumbre mucho más arraigada, sobre todo para pedir por parte de quienes la practicaban, que llegara pronto el fin de la contienda.

Así, tras el término de la misma, se instituyó con más fuerza si cabe en todas las parroquias españolas dicha práctica anual, algo a lo que no era ajeno el personal de cualquiera de los ejércitos ya que se celebraba en todos los acuartelamientos militares, y que por tanto incluía a las dotaciones de los buques y dependencias de la Armada, toda vez que, en aquellos años, milicia y religión solían ir de la mano.

Durante los días que tenían lugar los actos del Cumplimiento, que solían durar tres o cuatro jornadas, desde mediados de semana hasta el domingo siguiente, los capellanes militares multiplicaban su labor pastoral impartiendo de manera continua conferencias litúrgicas al personal cuyos destinatarios (en principio) eran los voluntarios francos de servicio, aunque solía estar muy bien mirada la asistencia de todo aquel que aún teniendo otras obligaciones, procuraba asistir a las mismas y por la misma razón estaba muy mal mirada la no asistencia de aquellos que, pudiendo hacerlo, voluntariamente decidían no participar…

El colofón a estas intensas jornadas religiosas, era una misa solemne, la cual solía ser, dependiendo de la entidad del acuartelamiento, concelebrada por varios capellanes al objeto de darle mayor solemnidad, celebración que normalmente contaba con una asistencia multitudinaria con la práctica totalidad de los fieles que habían asistido a las charlas, y que pondrían el colofón a las mismas, confesando y comulgando.

Como punto final a estas celebraciones, según finalizaba la misa, y al objeto de que el soldado o marinero tuviese un recuerdo de aquellas jornadas, se les repartía a todos y cada uno de los asistentes al salir un recordatorio en cuyo anverso figuraba una imagen religiosa, mientras en el reverso se solía imprimir una pequeña oración o algún breve consejo de buenos hábitos de la vida cristiana, incluyéndose a veces frases tan categóricas como “vete en paz y no peques más”, o sonetos especialmente escritos para la ocasión, quedando también constancia en el reverso de la estampa los datos de fecha, localidad y nombre de la unidad donde habían tenido lugar las jornadas, recordatorios que solían ser guardados con cariño y fervor por los que lo habían recibido y que generalmente acababan custodiados en su cartera junto a la inseparable foto de la novia o de la madre, algo que acompañaría al marinero hasta su licencia y que hoy se han convertido también (por escasos y por tener ya cierta antigüedad) en objetos de coleccionismo.

De aquellas jornadas, aparte del recuerdo de los que la vivieron sólo quedan algunos de los citados recordatorios que han logrado sobrevivir el paso de los años, quedando hoy como simple vestigio de esa “Armada que se no fue”, siendo algo que el tiempo ha ido difuminando –como tantas otras tradiciones castrenses- de modo que su celebración es algo que hoy se encuentra prácticamente desaparecida. Como recuerdo de aquellas celebraciones litúrgicas, se adjuntan imágenes de algunos de aquellos recordatorios, de los que el más moderno tiene ya casi más de medio siglo de existencia.

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