Culturilla Naval

Un barco muy singular: la iglesia flotante “Cristo Rey”, por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

Un barco muy singular: la iglesia flotante “Cristo Rey”, por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®
miércoles 15 de septiembre de 2021, 20:36h
Un barco muy singular: la iglesia flotante “Cristo Rey”, por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®
A mediados de la década de los años 30 del pasado siglo XX, Luis Dodero, un empresario argentino, donaría a la nación argentina un antiguo buque. Se trataba de una embarcación de 33 metros de eslora, que había sido construida a finales del XIX en los astilleros escoceses de Glasgow con el nombre de TACUARÍ, como pequeño buque de pasaje. Posteriormente, tras un cambio de dueño sería rebautizado como CONCORDE, para sufrir años después un nuevo cambio, convirtiéndose en el VESTA, siendo su último propietario el empresario Nicolás Mihanovich, que lo explotaba en la Compañía de navegación de su nombre.
Un barco muy singular: la iglesia flotante “Cristo Rey”, por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

Decidido su dueño a sustituirlo por otro más moderno, fue vendido como chatarra, siendo adquirido por Luis Dodero, otro empresario, que decidió en vez de meterle el soplete y mandar sus planchas a algún alto horno, darle una nueva vida. Para ello, ingenió el aprovechar su casco para convertirlo en Capilla flotante, y poder así acercar la palabra de Dios a los múltiples y minúsculos núcleos de población dispersos porla gran cantidad de pequeños islotes del delta del río Paraná.

Tras encargar tan peculiar reforma a los astilleros del Río de la Plata, el antiguo buque de pasaje era botado de nuevo al agua, totalmente remodelado, vuelto a rebautizar, en esta ocasión con el nombre de CRISTO REY, el 21 de Agosto de 1936, con la presencia del Nuncio apostólico Monseñor Felipe Cortesi, encargado de bendecir la nave, en un acto que contó con el amadrinamiento de Ana Bernal, esposa del Presidente de la nación, don Agustín Justo, que presidiría el solemne acto. Tan solo 48 horas más tarde, el 23 de Agosto, a las 10 horas, se oficiaría a bordo del barco la primera de una larga serie de misas que se sucederían durante los años siguientes.

El resultado, una maravillosa capilla flotante, con capacidad para 150 feligreses, y con los servicios propios de cualquier pequeña iglesia, esto es, sacristía, despacho parroquial y camarotes para la dotación y sacerdotes. Coronando lo que era el espacio reservado para el culto, un precioso campanario indicaba a las gentes que aquel barco no era un barco normal, sino algo muy especial, diseñado para un servicio no menos especial.

Una decena de ventanas ojivales (5 a babor, 5 a estribor), con cristaleras adornadas con motivos religiosos, daban el aspecto de recogimiento que precisa cualquier pequeña capilla. Varias pequeñas pinturas y un mural tras el altar, obras todas ellas del pintor argentino Juan Fusilier, que posee otros trabajos similares en iglesias, decoraban su interior.

El CRISTO REY no tenía propulsión propia, para lo cual necesitaba ser remolcado cada vez que se decidía cambiarlo de ubicación, maniobra que corría a cargo de un remolcador que llevaba el nombre de EL SALVADOR.

Corriendo 1952, su casco ya estaba en muy mal estado, y aunque se barajó la posibilidad de una gran reparación, finalmente fue desestimado, procediéndose a su desarme.

Hoy día, aquel barco singular que surcara las aguas del delta del Paraná llevando la Palabra de Dios a recónditos lugares de aquellas aguas amigas, sólo queda alguna imagen y la cúpula del campanario, -de estilo gótico- que se conserva en uno de los destacamentos de la Prefectura Naval argentina situado en la confluencia de los ríos Carapachay y Paraná.

Un barco singular donde los hubiera, y que hoy día aún permanece en el recuerdo de los viejos habitantes ribereños del delta del Paraná, algunos de los cuales dieron a bordo el “sí quiero” el día de su enlace matrimonial, o recibieron diversos sacramentos, tales como el bautismo, la comunión, etc.

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