SANTIAGO-PONTONES, por José Biedma López
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SANTIAGO-PONTONES, por José Biedma López

lunes 27 de julio de 2020, 20:19h
SANTIAGO-PONTONES, por José Biedma López

Al este del Santo Reino de Jaén, más allá del Blanquillo, más allá de Cotorríos y del embalse del Tranco, más allá de Hornos, comienza otro mundo por encima del mundo. Si el apóstol Santiago no cierra allí España, sí al menos cierra el portón oriental de “las Andalucías”, que es como los pastores serranos llamaban a las tierras bajas del valle del Guadalquivir. Ellos, los de las Tierras Altas, duras y fronterizas, mestizas y poco conocidas.

Hablo del inmenso municipio de Santiago-Pontones, uno de los más grandes de Andalucía y probablemente el de población más diseminada. En las últimas décadas ha perdido más de la mitad de sus paisanos, pero el Zumeta y el Segura, las dos principales venas líquidas de estas tierras, aún mueven molinos donde se amasa el mejor pan serrano. En primavera, las veredas de estos campos misteriosos y solitarios están adornadas con ranúnculos, como botones de oro.

Las gentes de Santiago son hospitalarias, no trasiegan turistas y domingueros por un tubo como en Cazorla, así que evitan clavarte y hasta ponerte las banderillas, e incluso consienten que les regatees; tienen nombres y apodos antiguos y se demoran en el trato. La prisa todavía no ha matado aquí a la parsimonia, virtud olvidada en las metrópolis. Los paisanos se quedan un poco perplejos cuando les confiesas que has venido para subir al Almorchón (1915 metros), pero son suficientemente discretos como para evitar preguntarte qué puñetas se te ha perdido allá arriba.

Todavía puede que quede nieve en el Almorchón en primavera, la subida no es precisamente un deporte de riesgo, aunque sí exige unas buenas piernas calzadas en sólidas botas y unas cuantas horas de esfuerzo. Los pastores suben y bajan sus ovejas segureñas continuamente por estas rastras, por estos altiplanos conquistados por el piornal y las aulagas, por estos bosquezuelos perdidos y bucólicos sotos de novela antigua... Los pocos pastores que quedan tienen una edad respetable y muchas ganas de hablar.

A causa de la altura y el cansancio bajaba como zombi, borracho de sol y de belleza, obsesionado con las formas vegetales nuevas o por aquellas que ya conocía pero cuyo nombre había olvidado. Buscaba en oscuros laberintos de la memoria ciertos nombres mágicos –“uno no ve las cosas de verdad hasta que no las nombra”, eso dice mi evangelio particular-: el Helleborus foetidus o pie de grifo, de cuyos capítulos colgaban ya ternísimas vainas verdes, el Cistus albidus en flor....

La Naturaleza es divina, reconocer el misterio allí donde se manifiesta y del modo como se manifiesta constituye, en verdad, la felicidad de los cielos en la tierra. La naturaleza muestra su dimensión sagrada en esta formidable variedad en que se da y reproduce la vida: la extraordinaria diversidad de formas o esencias en sus virtualidades emergentes, creadoras, en sus ideas. La naturaleza, en efecto, no es sólo materia en el espacio-tiempo, según suponen con trasnochada simpleza cientifista mecanicistas y materialistas, sino espíritu vivo revelándose en la plenitud y diversidad de las formas. Ese coro de formas canta e indica una ley secreta, su sagrado enigma...

La carretera que acompaña al Zumeta hacia al norte, camino de Las Juntas, está adornada por una retamoide florecida, como lluvia de oro. Es la Genista cinerea, una leguminosa que los sabios serranos llaman hiniesta. En Venta Ticiano era posible comer productos caseros y bien cocinados por un precio razonable, mientras fuera, por detrás de los cristales, los rayos de sol festonean de oro puro los nuevos brotes de la jungla, mucho más pacífica y fecunda que la otra del asfalto. En Miller, donde el agua mana de veinte fuentes, uno siente el ritmo tranquilo de la vida simple, para la que el tiempo pasa lento y denso.

Antes de bifurcarse hacia Poyotello, volviendo hacia el oeste desde Santiago, hay un camino que conduce fácilmente hacia el sobrecogedor mirador de La Campana, por allí es posible ver ciervos y águilas, buitres leonados (cerca está la Risca de la Buitreras) y otras muchas especies silvestres. A Poyotello se puede llegar por carretera, y luego merece la pena bajar hasta la Cueva del Agua, por un barranco del Segura. Un pastor nos advierte que tengamos cuidado, allí mismo se rompió una pierna una malagueña y hubo que sacarla con parihuelas, el hombre estaba contento por los más de doscientos litros que habían caído en abril, "el tiempo no se había ido del todo". Cuando subimos el despeñadero, empujados precipitadamente por un chaparrón, una perra nos ladra en la aldea, debajo de su cuerpo se agazapan dos o tres cachorrillos. Echo un trago de la bota y rezo entonces con Goethe: "Sólo es verdadero lo que es fecundo".

Han pasado muchos años desde que escribí esta crónica que apenas he retocado para NuevoDiario. Según me cuentan y a tenor del miedo al virus en las aglomeraciones playeras, los lugares inhóspitos de las sierras de Jaén se están llenando de recluidos voluntarios. Las residencias rurales están de buena estación.

Pero muchas cosas ya han cambiado. En los últimos tiempos, Santiago-Pontones presume del Cielo más bonito de Europa y atrae al turismo astronómico. En 2016 la aldea de Don Domingo fue nombrada oficialmente Primer paraje estelar del país. A falta de polución lumínica, sus cielos son inigualables. Los Campos de Hernán Perea (o Pelea) son la altiplanicie más extensa de España, unas cinco mil hectáreas a una media de 1600-1700 mts. sobre el nivel del mar. Su flora y fauna son por fuerza singulares y es muy posible que todavía queden endemismos por descubrir y describir para la ciencia.

Más allá de Don Domingo nace el Segura del que tanto depende la huerta murciana. Brota de una sima natural, transparente y turquesa. En su interior los espeleólogos descubrieron galerías de centenares de metros. Junto al arroyo de Juan Fría, el pino Galapán es un coloso vegetal, un laricio con cuatro siglos de existencia que cuatro hombres no consiguen abrazar.

Santiago debe su nombre y la advocación de su iglesia principal a la Orden de caballeros de Santiago, que arrebataron al moro este paraíso perdido y virginalmente aislado, donde el viajero curioso también podrá deleitarse con el cordero segureño y otras exquisiteces de la gastronomía local. En la actualidad se desarrollan festivales y un Santiago-Pontones Trail Weekend, dos de cuyas etapas transcurren por la senda de Juan de la Cruz, cuya celebración poética de la naturaleza no fue ajena a la contemplación extasiada de la belleza de estos parajes humanamente desertizados, incontaminados y, esperamos que, rehabilitables y sostenibles para la posteridad.

Del autor:

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