El 'Caso Vallecas' y el riesgo de invocar a los muertos
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El 'Caso Vallecas' y el riesgo de invocar a los muertos

El "Caso Vallecas" y el riesgo de invocar a los muertos

viernes 22 de febrero de 2019, 11:05h
Ocurrió a principios de los 90 y se considera que el detonante fue una sesión de ouija. La protagonista fue una joven llamada Estefanía Gutiérrez Lázaro, que participó en una sesión de ouija con unos compañeros del colegio Aragón. Los jóvenes, que estaban en un aula vacía, fueron sorprendidos por una profesora. En ese momento, el vaso que utilizaban como puntero se rompió y de él salió un extraño humo que acabó siendo inhalado por Estefanía.

Cuenta David Zurdo que la clave exstuvo en un tablero con letras, números, y algunas palabras, con un puntero sobre el que los participantes colocan sus dedos, con preguntas lanzadas al más allá. Se refiere a la tabla de la ouija: un "juego" que puede ser peligroso y que tuvo un papel importante en el llamado "caso Vallecas"

La ouija es para muchos es un juego inocente. Sin embargo uno de los exorcistas más famosos, el padre Grabriele Amorth, fallecido en 2016, que fue exorcista de la diócesis de Roma y presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, atribuía a la ouija una parte importante de los casos de posesión diabólica en el mundo.

No está claro si con la ouija se invoca a espíritus, si se trata de sugestión colectiva de los participantes, o bien interviene alguna fuerza mental desconocida que produce el fenómeno, incluyendo la conexión telepática. El caso es que la ouija funciona. La ciencia dice que se trata de un fenómeno psíquico, pero no hay pruebas del todo satisfactorias.

Unos creen que se abre una puerta a auténticos entes del más allá, que pueden ser malignos. Otros piensan que todo es sugestión. En cualquier caso, sea por lo uno o por lo otro, el peligro está presente: tanto si se libera una fuerza maligna como si la sugestión puede llevarnos a obsesionarnos y poner en riesgo la salud mental de los participantes, sobre todo si son jóvenes e impresionables.

Desde la antigüedad se emplean supuestos sistemas de comunicación con el más allá. Hay referencias de la Grecia clásica o de China. Pero el nacimiento de la ouija coincide con el auge del ocultismo y el espiritismo, en el siglo XIX. Concretamente en 1853 se crea en Francia el primer diseño de ouija muy similar a la que conocemos. Poco después, en EEUU, se empezó a vender como juguete.

A partir de ese momento, Estefanía empieza a sufrir convulsiones y visiones. Por las noches, en su cama, decía recibir la visita de personas fallecidas que la aterraban. La madre de la chica la llevó a médicos y psiquiatras, pero ninguno pudo encontrar signos de enfermedad física ni mental. Sin embargo, el 14 de julio de 1991 Estefanía muere en el hospital Gregorio Marañon. Los médicos que certifican la muerte admiten no conocer la causa exacta.

Un tiempo después de la muerte de Estefanía, en el hogar familiar empiezan a producirse sucesos anómalos. Se abren y cierran puertas o cajones, se rompen piezas de vajilla y, sobre todo, surgen presencias y sombras que atemorizan al resto de la familia. Se cuenta, incluso, que se produjo la combustión espontánea de una fotografía. Empezó a surgir la historia de que era el fallecido abuelo de Estefanía quien provocaba todos los sucesos desde el más allá. Sea como fuere, al fin intervino la policía.

Cuatro agentes de policía de Moratalaz se personaron en el piso. Según su informe oficial, oyeron diversos ruidos extraños y vieron cómo se abría de pronto la puerta de un armario. Dentro no había nadie. También fueron testigos de cómo se formaba una mancha marrón en el paño que cubría la mesilla del teléfono. Y en un póster había marcas de arañazos… No hubo conclusiones policiales, sólo la sospechas de que allí ocurría algo que podríamos calificar de paranormal.

En el piso donde vivía Estefanía y se produjeron los hechos, hoy vive una familia extranjera con sus hijos. Sea por influencia del caso o no, las paredes de la vivienda están repletas de imágenes de santos y crucifijos. Quizá un modo de tratar de alejar el mal.

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