Reseña: “Historia Cómica de los perros” de Enrique Gallud Jardiel, por Sonia Mª Saavedra de Santiago, Abogada rotal

Reseña: “Historia Cómica de los perros” de Enrique Gallud Jardiel, por Sonia Mª Saavedra de Santiago, Abogada rotal
lunes 20 de junio de 2022, 20:39h
Reseña: “Historia Cómica de los perros” de Enrique Gallud Jardiel, por Sonia Mª Saavedra de Santiago, Abogada rotal

Si hay algo que despierte el interés de un nutrido número de ciudadanos es la cada vez mayor presencia de canes a lo largo y ancho de las calles de nuestras ciudades. Como seres sensibles que son por imperativo legal, muchos propietarios y políticos todavía no se han dado cuenta de que los perros sufren cuando se les deja solos o cuando se les hace defecar a la vista de todo el mundo, sin ningún tipo de pudor y con cara de “otra vez me la estás jugando”.

Quizás sea por esa desconsideración hacia los pobres animales y por las ideas que me surgen ante tanta atracción perruna, el caso es que he decidido leer “Historia Cómica de los perros” de Enrique Gallud Jardiel, un autor que nunca me defrauda porque es inteligente, cercano, divertido y porque sabe de Filología lo que no se ha escrito. Mi aportación de hoy va dedicada a él y a su libro Historia Cómica de los perros:

De los libros de Enrique Gallud Jardiel no hay que perderse ni una coma. En su “Historia Cómica de los perros”, tan pronto llega el libro a mis manos, leo una palabra que me llama la atención: agradabilidad y es que quizás no haya una palabra mejor para reflejar lo que suscita cada lectura de este autor.

En esta ocasión el libro queda definido como una historia de amor que transcurre desde que los hijos de los primeros perros chacales y perros lobos se conocieron hace más de 30.000 años y así, por un recorrido a lo largo y ancho del planeta Tierra y de las culturas e ideologías que en él han ido surgiendo, Gallud dedica sus primeras páginas a Egipto y a Anubis, un dios que tenía forma de hombre y cabeza de perro, con el que convenía llevarse bien porque era el encargado de pesar en una balanza el alma de los difuntos antes de tomar el camino del premio o el castigo.

Que un perro no ladre por ser mudo (como sucede en México) o que no lo haga por no conocer la lengua egipcia es algo que queda muy en la línea del elocuente estilo de Gallud. Precisamente en esa línea culta y humorística se nos presenta a estos simpáticos animalitos con quienes tan bien nos solemos llevar y que, desde que los babilónicos, asirios y fenicios entraron en la escena de la Historia han resultado de lo más versátil, pues siempre fueron compañeros de caza, pero también han servido de mascota, objeto de adoración o gabardina para los días de lluvia.

Resulta interesante conocer que, en Grecia, Pitágoras se ganó el título honorífico de ser el primer animalista documentado y que filósofos como Sócrates, Jenofonte o Diógenes insistieron en los beneficios que un perro puede acarrear; entre ellos "hacer compañía sin obligarnos a darle conversación". Precisamente éste es el tipo de genialidad que tanto me gusta en los libros de don Enrique, y que en este caso se une a ciertas consideraciones positivas sobre el yogur griego.

Tras analizar la vida de los perros en otras civilizaciones y continentes, Gallud nos narra una serie de perristorias y cananécdotas que no dejarán indiferente al lector que quiera compaginar curiosidad, humor y cierto espíritu reivindicador, como el que se desprende del homenaje al perro Dogo que, junto al perro Balto, culminó la fantástica hazaña de acabar con una epidemia mortal de difteria en Alaska.

Lo que es evidente, bajo mi humilde punto de vista, es que el perro siempre ha sido algo más que un simple pulpo (por aquello que se decía de cierto juego de mesa anunciado en televisión) y que, como mejor amigo del hombre, hoy merece no sólo consideraciones, homenajes, diálogos y poemas, sino también un espacio propio para defecaciones y orines en pro de su propia dignidad perruna y de la limpieza de nuestras ciudades.

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