¿Por qué ese desprecio al descubrimiento de América?, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

¿Por qué ese desprecio al descubrimiento de América?, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom
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jueves 10 de febrero de 2022, 14:32h
¿Por qué ese desprecio al descubrimiento de América?, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom
¿Por qué ese desprecio al descubrimiento de América?, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

La figura de Cristóbal Colom ha pasado por diversas vicisitudes. Primeramente cayó en el olvido por interés de la monarquía hispánica, que veía difícil poder cumplir las obligaciones contraídas con el descubridor. No hubo exceso de celo y a Colom no se le memorizó con estatuas o retratos, ni se le escribió ningún poema. Los Colom no recibieron de la España de los Austrias nada más que desprecios y decenas de litigios. Después de tres centurias de olvido, la figura de Cristóbal Colom resurge con fuerza. Su reconocimiento internacional nace con la independencia de los Estados Unidos. Los colonos norteamericanos fueron los principales valedores de su estudio y conmemoración. Pero cuando el quinto centenario del descubrimiento de América, en 1992, las ideologías se entrecruzan haciendo que cambie el sentido del viaje de Colom en 1492. Hay rebeldía de los supervivientes indígenas y se reivindica el modo de vida de las comunidades indígenas. Dicen que hablar de descubrimiento es utilizar una visión eurocentrista, es negar la existencia objetiva de América, como si el continente no existiera hasta la llegada de los europeos, y por tanto, no existían las culturas amerindias. Incluso hay una tercera posición más radical defendida por Fidel Castro, Eduardo Galeano, Hugo Chávez, Evo Morales, Maduro, López Obrador y otros que defienden que no hubo descubrimiento, sino una invasión, por tanto no es un hecho que haya que conmemorar, sino una tragedia que se debe lamentar.

¿Cómo designar este hecho histórico?

Descubrir es obtener o adquirir noticia de algo que antes no se sabía y comunicarlo a los otros. Lo de la comunicación es indispensable. ¿Hay en la palabra “descubrir” alguna connotación humillante? Fleming descubrió la penicilina y nos comunicó lo que era la penicilina sin que hubiera humillación, al revés, fue un inmenso beneficio para la humanidad. La palabra descubrir, según el Diccionario, significa simplemente “hallar lo que estaba ignorado o escondido”, sin ninguna acepción peyorativa. En referencia a América, desde hace cinco siglos, ya desde los primeros cronistas hispanos, venimos hablando de Descubrimiento, palabra en la que se expresa una doble verdad: Primero: España, Europa, y pronto todo el mundo, descubre América, un continente del que no había noticia alguna. Este es el sentido primero y más obvio. El Descubrimiento de 1492 es como si del océano ignoto surgiera de pronto un Nuevo Mundo, inmenso, grandioso y variadísimo. Y segundo: Los indígenas americanos descubren también América a partir de 1492, pues hasta entonces no la conocían. Cuando los exploradores hispanos, que solían andar medio perdidos, pedían orientación a los indios, comprobaban con frecuencia que éstos se hallaban casi tan perdidos como ellos, pues apenas sabían algo –como no fueran leyendas inseguras– acerca de lo que había al otro lado de la selva, de los montes o del gran río que les hacía de frontera. En este sentido es evidente que la Conquista llevó consigo un Descubrimiento de las Indias no sólo para los europeos, sino para los mismos nativos. Los guaraníes, por poner un ejemplo, eran tan ignorados para los aztecas como para los andaluces. Entre imperios formidables, como el de los incas y el de los aztecas, había un abismo de mutua ignorancia. Es, pues, un grueso error decir que la palabra Descubrimiento sólo tiene sentido para los europeos, pero no para los indios, alegando que “ellos ya estaban allí”. Los aborígenes, es evidente, no tenían la menor idea de la geografía de América. y conocían muy poco de las mismas naciones vecinas, casi siempre enemigas. Para un indio, un viaje largo a través de muchos pueblos de América, al estilo del que a fines del siglo XIII hizo Marco Polo por Asia, era del todo imposible.

En este sentido, la llegada de los europeos en 1492 hace que aquéllos que apenas conocían poco más que su región y cultura, en unos pocos decenios, queden deslumbrados ante el conocimiento nuevo de un continente fascinante, América. Y a medida que la cartografía y las escuelas se desarrollan, los nativos americanos descubren la fisonomía completa del Nuevo Mundo, conocen la existencia de cordilleras, selvas y ríos formidables, amplios valles fértiles, y una variedad casi indecible de pueblos, lenguas y culturas...

A este respecto Madariaga escribe: “Los naturales del Nuevo Mundo no habían pensado jamás unos en otros no ya como una unidad humana, sino ni siquiera como extraños. No se conocían mutuamente, no existían unos para otros antes de la conquista. A sus propios ojos, no fueron nunca un solo pueblo”.

Con tal de devaluar la palabra descubrimiento

Hay quien sustenta que el término descubrimiento hay que atribuírselo a los primeros seres humanos que lo poblaron. Y otros admiten que hay denominaciones sucesivas, como “primer descubrimiento”, “segundo descubrimiento”, “tercer descubrimiento” y “cuarto descubrimiento”, refiriéndose a la llegada de los primeros seres humanos y después a los inuit, a los vikingos y a los españoles.

Con tal de crear polémica los hay quienes sostienen que el primero que descubrió que era un mundo nuevo se debe atribuir a Américo Vespucio, pues Colom murió con la creencia de que aquellas tierras formaban parte del continente asiático. Lo cual no es muy exacto, porque el primero, que se sepa, en confeccionar un mapamundi donde aparecen las tierras descubiertas, según las informaciones procedentes de Colom, Ojeda, Yáñez Pinzón, Juan Caboto, Álvarez Cabral, Bartolomeu Díaz y Vasco de Gama es de Juan de la Cosa. Está pintado sobre dos pieles de pergamino unidos en forma de rectángulo y sugiere que las tierras del norte y del sur podían estar unidos formando un solo continente, aunque con la efigie de San Cristóbal que pinta, permite la posibilidad de la existencia de un paso como creía Cristóbal Colom.

Américo Vespucio, que había estado al frente de la Casa de Contratación de Sevilla y había viajado con Vicente Yáñez Pinzón, realizó un importante viaje al servicio de Manuel I de Portugal, aunque no sabemos con exactitud el recorrido de este viaje, porque el monarca luso, como era su costumbre, le requisó los cuadernos de bitácora y cuantas anotaciones hizo el florentino en este viaje. Salió en busca del Sinus Magnus que, según Ptolomeo, era el paso de entrada a las costas de Catay. Desde el cabo San Roque recorrió la costa sudamericana sobrepasando el Rio de la Plata, teniendo que regresar por las adversas condiciones climatológicas sin encontrar el Sinus Magnum, pero con la convicción de que aquella tierra en modo alguna era el continente asiático, sino una tierra distinta, nueva, la tan sospechada quarto pres mundi de la que hablaban los antiguos. No eran los aledaños de las costas de Asia como creía Colom, sino un gigantesco pedazo de tierra mayor que Europa. Un nuevo continente emergido de la penumbra de los siglos. Américo Vespucio envía un escrito a Lorenzo Popalano, jefe de la rama de los Medicis opuesta a Lorenzo el Magnífico detallándole sus viajes y las pruebas de la existencia de un Nuevo Mundo. De este escrito se hicieron varias copias manuscritas que se distribuyeron por las cortes europeas. Una de estas copias fue a parar a manos de fray Giovanni del Giocondo, un reconocido arquitecto de Verona, que lo traduce al latín y lo imprime, y así el escrito del florentino es leído en universidades, academias y colegios famosos de Europa. Se traduce al alemán, al holandés, al checo, alcanzando una difusión inesperada. Al monasterio de Saint-Dié llega este escrito en latín de un tal Americus Vesputios donde dice que las tierras descubiertas por Colom no son del continente asiático, sino un mundo nuevo, una vasta región oculta hasta entonces a los ojos de Europa, que transforma por completo las concepciones geográficas ptolemaicas. Como en el monasterio estaban elaborando La geografía de Ptolomeo, a modo de prólogo, en el Cosmographiae introductio Martín Waldeemüller inserta esas tierras y como le habían sido reveladas por Americus no tiene inconveniente en bautizarlas de Americus.

Fusión de dos mundos diversos

En el Norte los anglosajones se limitaron a ocupar las tierras que habían vaciado previamente por la expulsión o la eliminación de los indios. Pero en la América hispana se realizó algo infinitamente más complejo y difícil: la fusión de dos mundos inmensamente diversos en mentalidad, costumbres, religiosidad, hábitos familiares y laborales, económicos y políticos. Ni unos ni otros estaban preparados para ello, y tampoco tenían modelo alguno de referencia. En este encuentro se inició un inmenso proceso de mestizaje biológico y cultural, que dio lugar a un Mundo Nuevo. Quizá nunca en la historia se ha dado un encuentro profundo y estable entre pueblos de tan diversos modos de vida como el ocasionado por el descubrimiento hispánico de América.

La conquista no fue el resultado natural del descubrimiento. Imaginemos que Colom, contra toda verosimilitud, hubiese descubierto América al frente de una flotilla de la Señoría de Génova o de naves venecianas; podemos adivinar lo que hubiese ocurrido. Se habrían establecido factorías, se habrían buscado especias, se habría pensado en los negocios posibles... Podemos imaginar lo que hubiese ocurrido, porque tenemos ejemplos históricos precisos.

La política asimilista pero igualitaria de Castilla, única en la historia de la colonización universal –política que declaró súbditos de la Corona, como los castellanos, a los indios de América y que no convirtió en colonias a las tierras conquistadas sino que las tuvo por prolongación del solar nacional–, no podría explicarse sin nuestro pasado de ochocientos años de Reconquista.

De acuerdo a mis constantes deseos, y reconocidos en las Bulas que a este efecto se dieron, de enseñar, doctrinar buenas costumbres e instruir en la fe católica a los pueblos de las islas y tierras firmes del mar Océano, mando a la princesa, mi hija, y al príncipe, su marido, que así lo hayan y cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, y non consientan ni den lugar que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias tierra firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados. Y si algún agravio han recibido, lo remedien y provean”. Testamento de Isabel la Católica (25 de octubre de 1504)

De su primer viaje trajo Colón una visión de los indios que serviría de precedente a la del buen salvaje roussoniano: “son las mejores gentes del mundo”, dice en una ocasión. Fue en su segundo viaje donde comenzó a desvelarse el misterio oscuro del mal en las Indias. Concretamente, “…el lunes, a 4 de noviembre [1493]- según cuenta Hernando Colón- el Almirante salió de la isla Marigalante con rumbo al Norte hacia una isla grande, que llamó Santa María de Guadalupe por devoción y a ruego de los monjes del convento de aquella advocación, a los que había prometido dar a una isla el nombre de su monasterio. Llegados a ella al día siguiente, tuvieron primer conocimiento de los indios caribes. Seis mujeres indias insisten en ser acogidas en la nave, alegando que aquellos indios eran muy crueles: se habían comido a los hijos de aquéllas y a sus maridos; dícese que a las mujeres no las matan ni se las comen, sino que las tienen por esclavas. Allí mismo les fue dado ver en algunas casas muchas cabezas de hombres colgadas y cestas con huesos de muertos. El día 10 navegó el Almirante junto a una isla que llamó de Monserrat, y supo por los indios que consigo llevaba que la habían despoblado los caribes, comiéndose la gente”. Y el 14, tuvieron en otra isla un encuentro violento con unos indios extraños: “Estos tenían cortado el miembro genital, porque son cautivados por los caribes en otras islas, y después castrados para que engorden, lo mismo que nosotros acostumbramos a engordar los capones, para que sean más gustosos al paladar”.

Desde luego esas escenas y modo de comportamiento de los nativos no invita a tratarlos con guante blanco. Hemos de tener en cuenta, además, que los descubridores y los conquistadores, según se ve en las crónicas, eran, ante todo, hombres de acción y de aventura, en busca de honores propios y de gloria de Dios, de manera que por conseguir éstos valores muchas veces arriesgan y también pierden sus riquezas y aún sus vidas. No cabe duda que hubo abusos, excesos, pero este proceder fue denunciado y, en la medida de lo posible, corregido. La acción de España en las Indias fue sin duda mucho mejor que la realizada por otras potencias de la época en el Brasil o en el Norte de América, y que la desarrollada modernamente por los europeos en África o en Asia. Repetimos, hubo crímenes y abusos.

La continua autocrítica que los excesos provocaron en el mundo hispano no tiene tampoco comparación posible en ninguna otra empresa imperial o colonizadora de la historia pasada o del presente. Los Reyes Católicos, cortando en seco ciertas ideas esclavistas de Colón o reprochando acerbamente a Ovando su acción de Xaraguá, van a la cabeza de la más antigua tradición indigenista. En diciembre de 1511 subía al púlpito de la iglesia de los dominicos en La Española (Santo Domingo) fray Antón Montesino para pronunciar un memorable sermón, que se convertiría en una de las primeras y más radicales denuncias de los abusos de la conquista española y en un antecedente del pensamiento latinoamericano liberador. Ha llegado hasta nosotros gracias a la profética e incisiva pluma de fray Bartolomé de Las Casas, que recoge lo sustancial de la prédica. El sermón fue preparado por todos los miembros de la comunidad de frailes de Santo Domingo, quienes lo firmaron de su puño y letra para dejar constancia de la autoría colectiva. Los dominicos lo habían preparado a conciencia a partir de sus propias averiguaciones sobre el "crudelísimo y aspérrimo cautiverio" al que los encomenderos españoles sometían a los indios en las minas de oro y otras granjerías. El templo estaba a rebosar. Ocupaban los primeros puestos las principales autoridades coloniales, entre ellas el almirante Diego de Colón. También estaba presente el clérigo Bartolomé de Las Casas, en su calidad de encomendero. Ante un público tan cualificado, el predicador no tuvo pelos en la lengua y habló de esta guisa: “Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? (…) ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? Este sermón no cayó en saco roto. Marcó el comienzo del cristianismo liberador, del reconocimiento de la dignidad de los indios y del respeto a la diversidad cultural y religiosa en Amerindia. Tres años después, Bartolomé de Las Casas renunciaba a su función de encomendero y se convertía en el defensor de los derechos de los indios. La Corona mandó en 1512 que se observaran las llamadas Leyes de Burgos donde queda abolida tajantemente la esclavitud indígena. Se prohíbe el trabajo a partir del cuarto mes de gravidez de las mujeres en minas y labranza y se amplía el plazo hasta que el nacido hubiera cumplido tres años. Se exime del trabajo a los menores de 14 años de ambos sexos. Condiciones laborales que no se dan en Europa hasta el siglo XX. Las denuncias de Bartolomé de las Casas hizo que en 1542 se promulgaran las Leyes de Indias para todo el territorio dominado en donde se afirma que los indios quedan bajo la protección de la Corona y poseen los mismos derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y de sus bienes. O sea, se ponen las bases del derecho de gentes. Estamos en la esencia misma del actual Derecho Internacional.

Pero se ha extendido por América el resentimiento contra lo español. En este sentido cuento con la anécdota de que estando en Tenerife en la presentación del libro Y sin embargo es redonda. Magallanes y la primera vuelta al mundo cuando una espectadora, que parecía europea pero le delataba su acento argentino, me espetó que nosotros los españoles fuimos a América a destruirles sus culturas y sus formas de vida. Quedé un poco desconcertado, pero creo que acerté al responderle: “Yo, señora, no he destruido nada. Mis antepasados tampoco, porque se quedaron en España. Los que destruyeron lo que usted insinúa serían sus antepasados de usted”. Se quedó la dama argentina como quien ve visiones. No se le había ocurrido que los conquistadores no regresaron y eran los padres de los criollos.

Madariaga meditando sobre la realidad humana del Perú, hace la siguiente observación: «El Perú es en su vera esencia mestizo. Sin lo español, no es Perú. Sin lo indio, no es Perú. Quien quita del Perú lo español mata al Perú. Quien quita al Perú lo indio mata al Perú. Ni el uno ni el otro quiere de verdad ser peruano... El Perú tiene que ser indoespañol, hispanoinca»

Estas verdades elementales, tan ignoradas a veces, son afirmadas con particular acierto por el venezolano Arturo Uslar Pietri, concretamente en su artículo El «nosotros» hispanoamericano (23-12-1991): «Los descubridores y colonizadores fueron precisamente nuestros más influyentes antepasados culturales y no podemos, sin grave daño a la verdad, considerarlos como gente extraña a nuestro ser actual. Los conquistados y colonizados también forman parte de nosotros (...) y su influencia cultural sigue presente y activa en infinitas formas en nuestra persona. [...] La verdad es que todo ese pasado nos pertenece, de todo él, sin exclusión posible, venimos, y que tan sólo por una especie de mutilación ontológica podemos hablar como de cosa ajena de los españoles, los indios y los africanos que formaron la cultura a la que pertenecemos».

El indio Jerónimo hablaba español

Las primeras expediciones españolas a Kansas, el cañón del Colorado y el sudoeste del actual Estados Unidos, datan de 1540 encabezadas por Vázquez de Coronado. Este territorio ya tenía unos 3 siglos de tradición hispana para la época de Buffalo Bill, Toro Sentado, Gerónimo y la fiebre del oro del siglo XIX. Por ello, no es de sorprender que en la zona ya se hablara el español y muchos de sus habitantes se habían convertido al cristianismo, uno de ellos, el legendario Gerónimo, según ha sido revelado en el reciente descubrimiento de las partidas de bautizo de Gerónimo y sus padres.

Por otra parte Juan de Oñate y Salazar fue un explorador y conquistador español nacido en Nueva España, que participó en las primeras expediciones de exploración en el Suroeste de lo que hoy es Estados Unidos y fundó varios asentamientos en la región. Estaba casado con Isabel de Tolosa Cortés de Moctezuma, hija de Juan de Tolosa y Leonor Moctezuma y, por ello, nieta de Hernán Cortés y de la princesa Isabel Moctezuma (una de las hijas del emperador azteca Moctezuma) El 21 de septiembre de 1595, el rey Felipe II le concedió permiso (capitulación) para colonizar el territorio que hoy son los estados de Nuevo México y Texas, en los Estados Unidos. El permiso tenía como objetivo principal llevar el Evangelio a la población indígena y establecer nuevas misiones. También enseñarles a cultivar y a realizar diferentes artesanías de arcilla ya que, al contrario de la población del centro de la Nueva España, no conocían la agricultura y su alimentación se limitaba a la recolección de frutas y raíces silvestres, bellotas, la cacería de venados, alces, conejos y la pesca. No acostumbraban usar la vestimenta y para protegerse del frío cubrían sus cuerpos con pieles de venado, plumas, capas de piel de nutria y barro. Ese verano la partida continuó remontando el valle del río Bravo hasta alcanzar el norte del actual estado de Nuevo México. Fundó la provincia de Santa Fe de Nuevo México y se convirtió en el primer gobernador de la provincia.

Las costas de California fueron exploradas y cartografiadas en 1542-1543 por Juan Rodríguez Cabrillo quien, partiendo desde el puerto de Colima, recorrió la península de la Baja California en dirección Norte encontrando la bahía de San Diego, para a continuación dirigirse a la zona de Los Ángeles y Santa Mónica. El Visitador General José de Gálvez promovió la ocupación de la Alta California. Entre el 31 de octubre de 1768 y el 10 de enero de 1769, Gálvez y Junípero Serra sopesaron minuciosamente todos los aspectos de cuatro expediciones que serían proyectadas. Las tres primeras tendrían lugar a comienzos de 1769. La cuarta se hizo por tierra, mandada por el explorador Gaspar de Portolá y llevaba a Junípero como capellán y diarista. La marcha se inició el 28 de marzo de 1769 con una comitiva con ganado vacuno, porcino y equino.

Fray Junípero Serra fundó una serie de misiones y atendió a la fundación de otras, con un total entre ambas de nueve misiones. La primera de las misiones fundadas por él fue la de San Diego de Alcalá el 16 de julio de 1769 que se encuentra dentro del actual término municipal de San Diego. Estableció su sede central la Misión de San Carlos Borromeo de Carmelo, también fundada por él en 1770. En julio de 1771 organizó la Misión de San Antonio de Padua y en agosto la de San Gabriel, esta última en el actual área metropolitana de Los Ángeles. El 1 de septiembre de 1772 fundó la Misión de San Luis Obispo de Tolosa. También tuvo participación en la fundación de la Misión de San Juan Capistrano en 1776 y en la de San Buenaventura en 1782. Se sabe que visitó las misiones de Santa Clara de Asís y de San Francisco de Asís, esta última en la localidad de San Francisco. Las misiones fueron primordialmente creadas para evangelizar a los nativos. Otro objetivo fue la integración de las personas en la sociedad española y su capacitación para asumir la propiedad y gestión de la tierra.

En el siglo XVIII el poder adquisitivo (la cesta de consumo) de los habitantes de Nueva España era 22 veces superior al de los habitantes de Londres. Hoy en Méjico lo que se ve es pobreza y desigualdad.

Como se sabe el gobierno de Méjico, siendo república independiente de España, pone fin a la guerra que tenía con EE.UU. firmando el 2 de febrero de 1848 el tratado de Guadalupe Hidalgo por el que establece que Méjico le cede más de la mitad de su territorio, que comprende lo que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Arizona y parte de Wyoming, Kansas y Ohlahoma estableciendo la frontera en rio Bravo.

Uno de los episodios que marcaría la trayectoria vital del legendario Gerónimo fue la muerte de su esposa y sus tres hijos a manos de las tropas mexicanas. En 1858 el gobierno de Méjico ordena a su ejército atacar a los chiricahuas para expropiarles sus tierras y, aprovechando la ausencia de los hombres de la tribu, que habían marchado a comerciar, los soldados mexicanos masacraron a las mujeres y los niños apaches, en una acción en la que, sin justificación militar ni defensiva alguna, perecieron la madre, la esposa y los tres hijos pequeños de Gerónimo. El joven Gerónimo se pone al frente de tres tribus apaches y ataca el norte de México diezmando la sección de caballería que había cometido la cobarde carnicería de mujeres y niños indios y trata de establecerse con su gente al norte de rio Bravo. Desde ese día empezó a escuchar a los espíritus que le pedían defender la vida de su pueblo. Gerónimo debe su nombre a una victoria sobre el ejército mexicano que se produjo el día de San Gerónimo. Ahora el presidente de Méjico, López Obrador, pide a Felipe VI que, como rey y en nombre de España, se disculpe por los abusos acontecidos durante la "colonización” española en Méjico. Mientras esto no ocurra pide pausar las relaciones con España.

Los colonos estadounidenses no encontraron un salvaje Oeste lleno de tribus hostiles sino un mundo hispano mestizo de cuando el Virreinato de Nueva España había reconocido su derecho de propiedad sobre la tierra que luego los gringos niegan. El idioma que Gerónimo utilizó siempre para entenderse con el hombre blanco fue el español. Gerónimo fue el responsable del hostigamiento a las fuerzas del general George F. Crook, parar tratar de mantener su territorio. Detenido en 1884, se fugó y resistió varios años hasta que, agotado y sin recursos, se entregó voluntariamente al general Miles, quien, según estas memorias, le dijo: "El presidente de los Estados Unidos me ha enviado para hablar contigo. Ha oído hablar de tus problemas con los blancos, y dice que si aceptas suscribir un tratado, ya no habrá más problemas". La única condición de Gerónimo era volver a Arizona, pero el pacto de Miles no se cumplió, el jefe indio volvió a ser considerado un criminal, pasó varios años en trabajos forzados y, finalmente, en 1894 se instaló en Oklahoma como agricultor. Allí posó para los fotógrafos a cambio de dinero, se convirtió en una especie de atracción de feria y, en los últimos años de su vida, dictó estas memorias. Estamos acostumbrados a ver en los Western de Hollywood que en la conquista del Viejo Oeste, las caravanas debían enfrentarse a un territorio inhóspito, plagado de tribus salvajes, que montaban a caballo con mucha destreza y que pronunciaban gritos ininteligibles mientras se llevaban la mano a la boca. Pero estas películas olvidan que para la conquista del “salvaje oeste” ya habían pasado cientos de años de convivencia entre aquellas etnias y el dominio español.

Así escriben algunos la Historia

La fiebre del oro de California fue un fenómeno social ocurrido entre 1848 y 1855, caracterizado por la gran cantidad de inmigrantes que llegaron a las cercanías de San Francisco (California) en busca de dicho metal. Este fenómeno comenzó cerca del pueblo de Coloma, cuando se descubrió oro. Cuando la noticia del descubrimiento se esparció, alrededor de trescientas mil personas emigraron a California desde los Estados Unidos y de otros países. Los efectos de esta migración repentina fueron espectaculares. Antes de la fiebre del oro, San Francisco era una aldea diminuta, y con la fiebre la aldea llegó a ser una ciudad. Se construyeron escuelas, caminos e iglesias, y se fundaron otros pueblos. Se creó un sistema legal y de gobierno, lo cual llevó a la admisión de California como estado de la Unión en 1850. Los nuevos medios de transporte, como el barco de vapor, entraron en servicio en el estado, y se tendieron líneas de ferrocarril. También se inició el negocio de la agricultura, el segundo epígrafe de mayor crecimiento en California. La fiebre del oro también tuvo otros efectos: los aborígenes de la región fueron atacados y expulsados de sus tierras tradicionales. Importante fue también el impacto ambiental que la minería produjo. Las multitudes de inmigrantes estaban obligando a los aborígenes a salir de sus áreas tradicionales de caza y pesca. Para proteger sus hogares y su forma de vida, los indígenas comenzaron a atacar a los mineros, lo que originó una serie de contraataques. La inferioridad en el armamento de los aborígenes provocó que fueran masacrados. Aquellos indios que escaparon a las masacres encontraron la muerte al no tener acceso a caza, pesca o recolección.

Hoy día en Los Ángeles, en muchos colegios de primaria de orientación luterana, cada 12 de octubre los alumnos suelen hacer una parodia teatral, en donde aparecen unos alumnos vestidos de frailes y otros de indios. Y los primeros muelen a palos a los vestidos de indios para que se conviertan al Catolicismo. En Los Ángeles, con el argumento de que el Almirante que llegó a América en 1492 fue un genocida de las tribus indígenas, deciden el 10 de noviembre de 2008 retirar la estatua del “exterminador” (Colom) a uno de sus importantes parques. En Baltimore unos vándalos destrozan el monumento de Colom que tenía más de 200 años. Buena parte de las universidades estadounidenses están imbuidas por el discurso de que Colom fue responsable de atrocidades y sus acciones pusieron en marcha el mayor genocidio de la historia conocida. La colocación de unos murales que ilustraban la vida de Colom en el hall principal de la universidad de Notre Dame (Indiana) son tapados al ser tachados de “degradantes”. En la universidad de Stanford, una de las más prestigiosas del país, se decide eliminar el nombre de fray Junípero Serra, el franciscano del siglo XVIII que articuló el sistema de misiones que da lugar a la actual California. Las razones que esgrime la comisión, nombrada por el rector, son “el dolor, el trauma, el daño emocional y el perjuicio a la salud mental que los estudiantes y profesores nativos americanos sufren al encontrarse una calle dedicada a Serra”, al que el papa Francisco canonizó en 2015, entre otras razones, por defender la dignidad de la comunidad nativa y protegerla de aquellos que la maltrataban y abusaban. Hay una enorme dosis de hipocresía colectiva al hacer acusaciones graves, cuando fue el hombre blanco norteamericano quien, justificado por su “destino divino”, aniquiló a los siux, apaches, navajos… por su condición de “salvajes

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