MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO, la desdichada virreina de las Indias, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO, la desdichada virreina de las Indias, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom
sábado 05 de febrero de 2022, 10:02h
MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO, la desdichada virreina de las Indias, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom
MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO, la desdichada virreina de las Indias, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

María de Toledo​ o María de Toledo y Rojas o María Álvarez de Toledo y Rojas, la esposa del primogénito de Cristóbal Colom, nació en el año 1490 y murió en Santo Domingo el 11 de mayo de 1549. María de Toledo fue una de las mujeres de más alta alcurnia que pasaron a las Indias, pues era nada menos que sobrina del II Duque de Alba, don Fadrique de Toledo, primo del rey Fernando el Católico. Así pues, María era también familia del monarca. Su destino se unió muy pronto con aquél Nuevo Mundo recién descubierto y donde la presencia española todavía se limitaba a las Antillas.

MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO, la desdichada virreina de las Indias, por Pedro Cuesta Escudero, autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

Diego Colón y Perestrello, hijo primogénito de Cristóbal Colom y de Felipa Mónis de Perestrello, nació en Porto Santo en 1478. Cuando muere su madre emigra con su padre al reino de Castilla y es internado en La Rábida para ser educado en el monasterio, mientras su padre busca patrocinio para su proyectado viaje a las Indias atravesando el Atlántico. Diego fue paje del príncipe heredero de los Reyes Católicos y, al morir éste, lo fue de la propia reina Isabel hasta que ella murió. El fallecimiento de su padre, en mayo de 1506, convierte a Diego Colón en heredero de sus privilegios en las Indias. Sin embargo, el rey Fernando el Católico se negó, en un primer momento, a traspasar todos los derechos del Almirante.

Diego Colón contrae matrimonio con Dª María Ávarez de Toledo

La primera mujer con quien dice Diego Colón haber tenido un hijo, se llamaba Constanza Rosa, vecina de Burgos. Otra mujer con quien también declara haber tenido otro hijo, es Isabel Samba, vecina de Bilbao o de Guernica, a quien se le dieron por espacio de dos años 200 ducados para sus necesidades: “y por cuanto ella parió un hijo, mando que fenecido el pleito que injustamente y contra verdad me movió, este tal hijo sea por mi heredero recibido y criado e (como) de tratándose de mi honra y estado conviene; el cual hijo, según parece, parió por el mes de octubre de 1508, y en cuanto a lo de los dichos 200 ducados no le serán dados cosa alguna perdiendo el dicho pleito” Los dos hijos fuera de matrimonio de Diego Colón fueron reconocidos por él y estuvieron presentes en su testamento y al menos uno de ellos, Francisco, en el testamento de María de Toledo. “Por cuanto se ha dicho que esta dicha Constanza – se lee en el testamento de Diego Colón - parió un hijo o hija de mí, mando que si se hallaré ser verdad, que mi heredero reciba la tal criatura, y la mande criar y proveer en todo y por todo como conviene a mi honra y estado; y por saber verdad de esto, doy por aviso a mis albaceas y a mi heredero que , considerando el tiempo que yo hube esta mujer y el tiempo cuando la deje, que esta tal criatura pudo nacer por el mes de junio o de julio de 1508, como podrán haber información de García de Lerma, vecino de Burgos, a Santa María la mayor”.

Por aquella época los matrimonios los solían disponer los padres. Por ello Cristóbal Colom intentó casar a su hijo Diego en 1504 o 1505, como correspondía a su rango familiar, con una de las hijas de Juan de Guzmán, III duque de Medina Sidonia, uno de los personajes más poderosos de Andalucía. Pero la boda no llegó a formalizarse, probablemente por culpa de la oposición del rey Fernando el Católico, que recelaba del poder acumulado por el duque, y el peligro de casar a su hija con el hijo del virrey de las Indias. Sin embargo, ya muerto Cristóbal Colom, fue el mismo Rey Católico quien en 1508 estableció la boda del II Almirante de la Mar Océano con María Álvarez de Toledo, hija de D. Fernando Álvarez de Toledo y Enríquez, Comendador mayor de León y Halconero mayor del Rey, y de Dª María de Rojas y Pereira, de los primeros Señores de Monzón, Valdespino y Cavia. María de Toledo era sobrina, en primer grado, del segundo Duque de Alba, Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, hermano de su padre, y sobrina, en segundo grado, del mismo Rey Católico, quien era primo hermano de su padre. El parentesco sanguíneo de los hermanos Toledo con el Rey Católico se fundamentaba en que ambas líneas familiares descendían de dos hermanastras, hijas del Almirante de Castilla, Fadrique Enríquez. O sea, el segundo Almirante de Castilla, Fadrique Enríquez, se casó con Marina Fernández de Córdoba y Ayala y tuvieron una hija, Juana Enríquez, que se casó con Juan II de Aragón y fue madre de Fernando II de Aragón, el Rey Católico. Al quedar viudo, Fadrique Enríquez tuvo un segundo matrimonio con Teresa Fernández de Quiñones, y tuvieron cuatro hijos y cinco hijas, una de ellas fue María Enríquez de Quiñones, quien se casó con García Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba, y fueron padres del segundo Duque de Alba y de Fernando de Toledo, padre de María Álvarez de Toledo. No hay mejor prueba que ésta para demostrar que Cristóbal Colom era de la familia Trastamara, pues al rey Fernando el Católico nunca se le hubiera ocurrido enraizar con su familia al hijo de un aventurero genovés y de extracción humilde, por muy meritorio que fuera el haber descubierto tierras al otro lado del Atlántico.

Se ignora el significado que tuvo para María Álvarez de Toledo esta orden real y familiar de casarse con Diego Colón, hombre de cerca de 30 años, a quien tal vez ni conocía y con el que a lo más podría haberse cruzado algún día, sin prestarle atención, por los pasillos de la corte. Nos podemos imaginar el espíritu de resignación de aquella muchacha de 18 años, pero como todas las doncellas de la época, carecía de alternativas y debía aceptar el matrimonio con la mejor disposición, pues sean cuales fueren sus sentimientos, por las obligaciones impuestas a su clase social debía cumplir lo ordenado por el Rey, su padre y su tío, el Duque de Alba. Pero el matrimonio era ventajoso para ella: su futuro esposo no era un viejo, no era terriblemente feo, y tenía entre sus manos la enorme posibilidad de heredar una de las mayores fortunas del mundo: el 10% de todo lo obtenido de oro, plata, perlas y del comercio provenientes de las Indias. Además lucía el brillante título de Almirante de las Indias. Puede que para esta joven doncella el matrimonio le debió hacer volar su loca imaginación hacia aquellas tierras lejanas y exóticas a las que debía viajar con su marido para gobernarlas, acompañada de un buen número de doncellas y damiselas de su edad, seguramente con la cabeza tan llena de pajaritos como ella.

Para la casa Alba también resultaba provechoso incorporar a la familia a una persona con tanta influencia, poder y autoridad en los recién descubiertos territorios en medio del océano y que tanto habían hecho soñar en sus riquezas y bienes materiales. Sin embargo, para el Rey era una ingeniosa manera de neutralizar a un fastidioso heredero empeñado en que la Corona reconociera e hiciera efectivos todos los descomunales arreglos económicos firmados con Cristóbal Colom por el descubrimiento de las Indias.

A Diego Colón, el hijo y heredero de Cristóbal Colom, el matrimonio le resultó favorable, al conseguir, gracias a la influencia del Duque de Alba, que el regente de Castilla lo nombrara Gobernador de las Indias, colonia limitada en esos años a la isla La Española, con Santo Domingo como ciudad principal, algunas islas por conquistar, más otros potenciales territorios llamados Tierra Firme, aún en plena exploración e intento de colonización.

Pleitos colombinos contra la Corona

Antes de casarse ya habían comenzado los pleitos colombinos contra la Corona, desde que Bobadilla procedió a arrestar a Cristóbal Colom y a sus hermanos Bartomeu y Diego en octubre de 1500. Fueron perdonados por la reinas Isabel, pero perdieron la gobernación de La Española. Tras la muerte en 1506 del Almirante su hijo primogénito hereda el mayorazgo donde están contenidos todos los cargos y títulos que se otorgaron a Colom en las Capitulaciones de Santa Fe, aunque el rey Fernando el Católico va demorando su concesión. Pero tras el casamiento de Diego Colón con María de Toledo el duque de Alba convierte en asunto propio de familia la causa de Diego y así le escribe al Rey lo siguiente: “Vuestra Alteza por me hacer merced metió al Almirante de las Indias, mi sobrino, en mi casa, casándole con Doña María de Toledo, mi sobrina, la cual merced yo tuve por muy grande cuando Vuestra Alteza lo mandó hacer y así la tengo agora, si por mi debdo junto con sus servicios y méritos del Almirante, su padre, él recibe de Vuestra Alteza las mercedes que yo espero que han de recibir todos los que a mi casa se allegan, y faltando esto, no era merced la que Vuestra Alteza me hizo en casalle con mi sobrina, mas volverse ya en mucha vergüenza mía y menoscabo de mi casa y ahora no solamente me dicen que las mercedes del Almirante están suspensas, más que V.A. no es servido de mandarle guardar justicia en sus negocios de las Indias, y que estando vista y determinada su justicia por los de vuestro muy alto consejo, V.A. ha mandado suspender la sentencia que por él se ha de dar, y le ha mandado mover algunos partidos por inducimiento de algunas personas que no deben desear tanto vuestro servicio como yo. Suplico a V. majestad que pues a mí me toca tanto y a mi casa las cosas del Almirante, que a V. A. plega mandarle guardar su justicia y desembarazarle su hacienda y oficios, que él con tanto servicio vuestro y provecho de vuestros reinos, y con tanto trabajo de su padre, tan justamente adquirió para sí, cuanto más concurriendo ser la persona del Almirante tal y con tantas calidades para ser cierto a vuestro servicio, que debería ser elegido para esto, a que teniendo tan justa sucesión, se le pone tan agraviado impedimento. Otra vez torno a besar los pies y las manos de V.A. porque le plega breve y enteramente mandarle dar su justicia, en lo cual yo recibiré muy mayor merced que él, y en la dilación mucha mayor vergüenza que él puede recibir perdida, por grande que sea. Nuestro Señor la muy excelente persona y real estado de V.A. guarde y siempre prospere”.

Con la misma dureza y claridad escribió al obispo Juan Rodríguez de Fonseca, todopoderoso en los asuntos de Indias, y a Fernando de Vega, presidente de la Orden de Santiago. Ambos decidían con total anuencia del Rey Católico los asuntos importantes del Nuevo Mundo. Por ello les pide encarecidamente que favorezcan a su nuevo sobrino como si se tratase de su propio hijo. El resultado de esta intervención no se hizo esperar y así, el 8 de agosto de 1508, Fernando el Católico, regente de la Corona de Castilla, nombra a Diego Colón gobernador de las Indias y Tierra Firme sustituyendo a Ovando, pero “el tiempo que mi merced e voluntad fuere”. Su nombramiento era una concesión graciosa del Monarca, con las mismas condiciones que tuvo Nicolás de Ovando y no como fruto de una sentencia judicial. Por ello no fue nombrado virrey. Es clara la presión ejercida sobre el Rey Católico y la poca preferencia y agrado con el que otorgó este nombramiento a Diego Colón. Tal como señala Las Casas, “el Rey no dio al nuevo Gobernador ni más poder ni más salario que el fijado para los dos anteriores, Bobadilla y Ovando, lo cual era también otra forma de indicarle que el nombramiento era gracia real y no derecho heredado del descubridor”.

Diego Colón opinaba que ese cargo le correspondía a perpetuidad e inicia un pleito con la Corona. En 1511 los jueces dieron una primera sentencia en Sevilla. Reconocían a los Colón el cargo de virrey a perpetuidad y el derecho al 10% de los beneficios obtenidos de las Indias. Los jueces de primera instancia se fundamentan en las Capitulaciones de Santa Fe, por las que los reyes Católicos le habían concedido a Cristóbal Colom en 1492 el dominio de “Yslas y Tierra Firme de la Mar Océano”. La Corona recibe, entre otras cosas, el derecho a nombrar jueces de apelación. Ninguna de las dos partes queda satisfecha, por lo que ambas apelan la sentencia.

La arribada a Santo Domingo

Pocos meses después de su boda y tras el nombramiento de gobernador, Diego Colón y María de Toledo, una vez que ambos otorgaron su testamento en el Monasterio de las Cuevas de Sevilla, deciden atravesar el Atlántico, camino de Santo Domingo, en la isla La Española, a hacerse cargo personalmente de su gobernación. A pesar de la escasez en España de embarcaciones disponibles para el viaje, Diego Colón logró armar una flota de nueve naves para trasladarse con ella y sus respectivos séquitos hasta La Española, a fin de asumir lo antes posible la máxima autoridad de las Indias. Esa nutrida flota deja Sanlúcar de Barrameda el 3 de junio de 1509 para arribar al puerto de Santo Domingo, en la desembocadura del Ozama, el 9 de julio de 1509. En la ciudad que fundara Ovando esperan establecer su residencia los Colón mientras el Rey no decidiera nada en contra.

María de Toledo se hace presente en la historia de América al arribar a la ciudad de Santo Domingo, en la isla Española, pues le acompañan formando corte varias dueñas y doncellas hijasdalgo, y todas, o las más de ellas, mujeres en plena juventud, casaderas en la ciudad de Santo Domingo, o en la isla, con personas principales y hombres ricos. Eran los primeros ejemplos de la gran nobleza que pasaban a Indias. Y así, con las mujeres de Castilla instaladas en La Española como acompañantes de María de Toledo, se ennoblece mucho la ciudad, y los descendientes de ellas y de los que con ellas se casaron, hijos y nietos, serían la mayor riqueza y de lo más solariego de Santo Domingo, tanto por estos matrimonios, como porque otros hidalgos y ciudadanos principales traerían a sus mujeres de España a vivir en la isla. También acompañan al nuevo gobernador, su hermanastro Hernando Colón y sus tíos Bartomeu y Diego Colom, hermanos de su padre. Una idea del significado social y económico representado por la llegada de María de Toledo a Santo Domingo en 1509, lo puede dar el contenido de su equipaje y las fiestas celebradas en honor suyo y de su marido. Con María de Toledo y Diego Colón arribó a Santo Domingo, además de muchachas de la nobleza e hijosdalgo, una flota atiborrada de bastimentos, útiles domésticos y productos suntuarios de fácil mercado en la próspera Santo Domingo.

La supuesta ciudad a dónde iban a vivir no debió corresponder a lo imaginado. Santo Domingo era un pequeño poblado de precarias casas de paja y barro y quizá un par de piedra, en donde vivía la reducida población hispana y la mayoritaria indígena. En esos años la población de la capital de la Española estaba formada por indígenas de ambos sexos y españoles, fueran conquistadores o colonizadores, de mediana o muy baja posición social en España, y unas pocas mujeres, casadas o solteras, que se atrevieron a realizar la travesía. El exgobernador Nicolás de Ovando no tenía preparado algún alojamiento donde acomodar al nuevo Gobernador, a su esposa y a los numerosos acompañantes que viajaron con ellos. Peor aún, cuando Diego Colón desembarca en Santo Domingo, las principales autoridades de la isla estaban ausentes. Ovando se encontraba en la villa de Santiago, a 40 leguas de distancia, y su sobrino, el alcaide de la fortaleza, Diego López de Salcedo, estaba pasando unos días en una estancia suya cercana a la ciudad.

Diego Colón decide alojarse en la fortaleza de Santo Domingo con su esposa y algunos de sus acompañantes, y nadie se lo impide ni le da consejo adverso al respecto; al fin y al cabo era la única edificación de la isla donde podía instalarse con relativa comodidad. Las acompañantes femeninas de la Gobernadora María de Toledo fueron alojadas en una calle reservada para ellas, llamada con el agraciado nombre de Calle de las Damas.

A fin de mes, a las tres semanas de su llegada, como bienvenida atrasada, un huracán echó por los suelos la inmensa mayoría de casas de Santo Domingo, todas ellas de barro y paja, y hundió algunos de los barcos que estaban en el puerto con la mercadería sin descargar. Entre ellos la nave capitana de Diego Colón y algunas otras naves de su flota.

María de Toledo, por su parte, tuvo la fortuna de que su esposo elevara para ellos una mansión, un palacete como el de su padre en España, y la dedicara a procrear hijas, cuatro seguidas, y la primera seguramente discapacitada, pues al año siguiente de su arribo a Santo Domingo, los esposos Colón–Toledo inician la construcción de su vivienda en los terrenos cedidos por el Rey y confirmados por una Cédula Real del año siguiente. El costo de la obra, como se indica en los testamentos de María de Toledo y de Diego Colón, fue a medias entre ambos. Es una obra realizada con toda la solidez y el lujo permitido por el medio. Se construye en piedra bajo la dirección de canteros españoles traídos a la isla Española y teniendo como modelo el palacio de Mancera, cabeza del señorío de las Cinco Villas, propiedad del padre de María de Toledo. Es tal el deseo de rapidez de la construcción del palacio, lo llamarán el alcázar o la casa morada, que se distraen de las obras públicas y de la extracción de oro de las minas a 320 indígenas. Si algún concepto presidió el deseo arquitectónico de los Colón–Toledo, este fue, sin duda alguna, el de la majestuosidad y el lujo. Cada detalle fue diseñado con cuidado extremo. En el interior destacaba el esplendor de la capilla familiar, la extrema elegancia y amplitud de los dormitorios, el imponente aspecto señorial del despacho del Gobernador de las Indias, el lujo admirable del salón de recepciones y del comedor de las grandes fiestas, la distinción de las habitaciones destinadas a los invitados y familiares. Es de suponer que la totalidad del decorado interior fue elegido y supervisado por María de Toledo con absoluta libertad. No solo las pequeñas cosas, sino también los tapices, los paños, las alfombras, los muebles, las camas, las mesas, las sillas, plata de mesa y de servicio de casa; todo debió elegirlo de manera personal y seguramente la mayoría viajó con ella o se le envió de España a petición suya.

No faltaron las críticas a María Álvarez de Toledo y a su esposo Diego Colón, por el lujo y las pretensiones de corte creadas en torno suyo en Santo Domingo, una colonia aún en formación, la primera en Indias, con muy pocas casas de piedra y aún sin reponerse del huracán que la asoló a los pocos días de su arribo. El palacio de Santo Domingo es la única construcción conocida perteneciente a la familia Colón, quien la habitó hasta 1577, quedando después abandonado y siendo motivo de litigio familiar por su posesión durante dos siglos. Cuando el pirata inglés Drake, atacó en 1586 La Española, destruyó y se llevó objetos de valor que aún estaban en el edificio. El palacio de los Colón en Santo Domingo fue la primera construcción de este tipo realizada en las Indias. Era de estilo gótico mudéjar con algunas pinceladas isabelinas; tenía 55 habitaciones y 72 puertas y ventanas. A fines del siglo XVIII estaba completamente en ruinas y se utilizaba para guardar animales. A mitad del siglo XX el gobierno asumió su reedificación y en la actualidad es uno de los monumentos históricos y turísticos de la isla. También se está rehabilitando una fuente pública. En esa fuente figura un escudo de Mallorca, que mandaría colocar Bartolomé Colom en homenaje a su tierra de origen.

Gobierno de Diego Colón en La Española

Durante el mandato del nuevo gobernador Diego Colón se llevó a cabo la conquista y colonización de las islas de Cuba, Puerto Rico y Jamaica, lo cual representó un significativo engrandecimiento de las posesiones españolas en las Indias y un aumento visible del aporte de riquezas para la corte española desde el Nuevo Mundo. Pero fue muy criticado, y le ganó las enemistades más enconadas, el nuevo repartimiento de indios realizado a su llegada, pues para favorecer a la gente que había viajado con él, quitó encomendados a viejos colonos y conquistadores, e incluso se denunció ante Rey la particular reserva de parte del Gobernador de una cantidad importante de indios libres de encomienda o naboríes para su servicio familiar y para los negocios que comenzó a organizar en la Española; aparte, claro, de los indios asignados a María Álvarez de Toledo, a sus dos tíos y a su hermanastro.

Debe además tenerse en cuenta que a fin de recortar el poder del nuevo Gobernador de las Indias, Fernando el Católico mandó crear en Santo Domingo una Real Audiencia para resolver los juicios y diferencias legales y administrativas que se presentaran en la isla, ocasionado con ello un continuo enfrentamiento entre Diego Colón y los jueces encabezados por Miguel de Pasamonte, creándose así dos bandos: uno representada por los Colones y otro por los realistas de Pasamonte, quien agrupa a su lado a los antiguos conquistadores, a los funcionarios coloniales de los gobiernos anteriores y a los encomenderos despojados de sus indios por el nuevo Gobernador. Este enfrentamiento quitó cualquier brillantez gobernativa al hijo del descubridor de América. Debe tenerse en cuenta que con la política de Fernando el Católico de disminuir las funciones y el probable poder de Diego Colón en las Indias, su gobierno fue perdiendo funciones, absorbidas estas por el tesorero Miguel de Pasamonte y por jueces de la Audiencia Real.

El 17 de setiembre de 1509, a los dos meses de haber desembarcado en la Española, Hernando Colón emprendió el regreso a España en la flota en la que viajaba el exgobernador Ovando. Por otra parte a Bartomeu Colom se le pensaba encomendar la colonización de Castilla del Oro, incluyendo la zona del Darién. Sin embargo, luego de varias negociaciones, se decidió dejar esos territorios en manos de Alonso de Ojeda, como Gobernador de Nueva Andalucía, y de Diego de Nicuesa, como Gobernador de Castilla del Oro. En compensación, el Rey ordenó abonarle a Bartomeu Colom los sueldos de contino, a pesar de haber estado ausente en las Indias; le dio en propiedad de por vida la isla de la Mona, la cual ya le había otorgado su hermano como repartimiento; le otorgó 200 indios para su servicio y le agregó la superintendencia de las minas de la isla de Cuba, lo cual lo colocaba en una ventajosa situación económica. Con la ausencia de su hermanastro Hernando Colón y el viaje a España de su tío Bartomeu Colom llamado por el Rey, el segundo Almirante y Gobernador de las Indias perdió los principales consejeros que tenía a su lado, debiendo enfrentar sin el apoyo familiar directo sus nuevas funciones en la isla. Su otro tío, Diego Colom, hermano del descubridor, que aún permanecía en la isla, y representaba la parte más débil de la familia, hubo regresar en 1514 a España para ocuparse de los asuntos legales y testamentarios originados por la muerte de su hermano Bartomeu. Ya no volvió a las Indias, pues falleció en Sevilla el 21 de febrero de 1515. La razón por la que Diego Colón, el hermano del descubridor, regresó a España fue por orden del Rey.

La actuación de María Álvarez de Toledo en la capital de las Indias

A los 5 años de estar en Santo Domingo, Diego Colom debe viajar a España donde el Rey Católico lo destituyó de su cargo. María de Toledo permanece en la isla con sus cuatro hijas hasta que Diego Colón regresa, nuevamente como Gobernador, seis años más tarde. Tampoco fue muy larga esta convivencia, aunque no puede negarse que si resultó productiva para el matrimonio. Tres años después, Diego Colón debió regresar otra vez a España, llamado por Carlos V, para ser cesado de su gubernatura. Quedó María Toledo en la isla, embarazada de un nuevo hijo y con dos nuevos chicos a su cuidado, aunque es verdad que su marido se llevó a la corte a dos de las hijas mayores (excepto la enferma) para encargarlas a un convento. María Álvarez de Toledo no volvería a ver a Diego Colón, pues su marido falleció en Toledo en 1526.

María Álvarez de Toledo, poseedora inicial de la autoridad máxima de las Indias por delegación de su marido, los jueces de la Audiencia alegaron no estar obligados a aceptar tal nombramiento y por lo tanto no le consintieron ejercerlo, quedando así la misma audiencia y el juez de residencia como las máximas autoridades de hecho de las Indias. Pero ha de decirse que Diego Colón poseía legalmente el derecho para poder nombrarla de acuerdo a los acuerdos de Santa Fe de 1492, por lo que debe concluirse que formalmente fue la primera Gobernadora que hubo en América, aunque en realidad no pudiera ejercer el mandato. Sobre la verdadera situación de María Álvarez de Toledo en Santo Domingo, Las Casas da una clara descripción desde la partida de Diego Colón para España, “quedaron a su placer los jueces y oficiales, mandando y gozando de la isla y no dejaron de hacer algunas molestias y desvergüenzas a la casa del Almirante, no teniendo miramiento en muchas cosas a la dignidad de la persona y linaje de la dicha señora María de Toledo”.

Pero Bartolomé de las Casas también dice de ella que “era señora prudentísima y muy virtuosa, y que en su tiempo, en especial en esta isla y dondequiera que estuvo, fue matrona, ejemplo de ilustres mujeres”. Se dio en ella una dualidad de carácter que si bien debe considerarse propia de la mujer española de la época, en ella más que en otras alcanzó su máxima expresión. Por un lado, personificó a la femineidad, al don exquisito y sublime de ser mujer mujer en el más amplio y profundo sentido de la palabra, sin excluir el de fiel madre y ejemplar esposa. Por otro lado, supo mantener su posición y autoridad en todas las duras pruebas que la confrontaron, especialmente al enviudar. Nadie como ella, ni siquiera su suegro y marido, lucharon con tanto ahínco y tenacidad y por tan largo tiempo por defender los intereses de la familia Colón.

Hasta 1514, la actuación de María en la capital de las Indias discurría con discreción y dando un cierto tono a la vida social en las nuevas tierras. Presenció las tensiones y rivalidades que empezaron a desatarse entre los Colón y sus adversarios, sobre todo después del repartimiento de indios que llevó a cabo Rodrigo de Alburquerque. En este reparto de indios, María Álvarez de Toledo fue beneficiada con una encomienda de doscientos indios en la ciudad de Santiago y en el cacique Çafarraya, que antes había pertenecido a Nicolás de Ovando.

Mientras su marido el 9 de abril estaba ya en Sevilla, la “gobernadora” María Álvarez de Toledo, mujer de indudable entereza, capitaneaba al grupo colombinista y evitaba la desbandada en sus maltrechas fuerzas. Aunque su condición femenina pesó en su contra.

En 1523, cuando Diego Colón ha de regresar apresuradamente a Castilla por mandato del Emperador, que le había ordenado el 23 de marzo presentarse inmediatamente “… en ninguna manera dilatéis una hora vuestra venida porque de lo contrario me tendría de vos por muy deservido”; y le amenaza, si no obedecía, con hacerle “perder todos los privilegios, títulos, mercedes de juro y de heredad de por vida que de nos tengáis en cualquier manera y todos vuestros bienes”. La situación era muy grave, pues el Emperador no se fiaba de su gobernador. María Álvarez de Toledo queda en Santo Domingo recién parida, pues en 1522 había dado a luz a Luis Colón, heredero del mayorazgo colombino y tercer almirante de las Indias y una vez más como cabeza de los intereses colombinos.

Una vez que llegó a Santo Domingo la noticia de la muerte de Diego Colón (23 de febrero de 1526), su viuda María de Toledo mandó abrir formalmente el testamento de su marido el 2 de mayo de 1526. Según éste, el almirante había nombrado albaceas a la gobernadora, a Juan de Villoria, regidor de la Concepción, y al dominico fray Domingo de Betanzos. En una cláusula del testamento, el almirante había dejado a su viuda como tutora de sus hijos y usufructuaria de sus bienes. A partir de 1526, en que murió Diego Colón, María de Toledo se autotitulaba y firmaba como la “desdichada virreina”

En 1530, cuatro años después de la muerte de su esposo, María Álvarez Toledo viaja a España, llevando a una de sus hijas, (Isabel, de 16 años) y al hijo menor (Diego de 6 años), dejando en Santo Domingo a la hija mayor (Felipa, de 20 años) y a los dos hijos varones de más edad, Luis (9 años), el tercer Almirante de las Indias, y Cristóbal (8 años). No los volverá a ver hasta 1544, catorce años más tarde, cuando regresa a Santo Domingo, donde fallecerá en 1549. Se la considera una mujer abnegada, fiel, laboriosa, sacrificada y luchadora tenaz por la reivindicación de los bienes e intereses colombinos ante la corte española. Durante los dos periodos de convivencia matrimonial con su marido (de 1509 a 1514 y de 1520 a 1523), tiene, en esos años, 7 hijos, lo cual nos lleva a imaginarla permanentemente embarazada y recuperándose de los partos durante su vida cotidiana en Santo Domingo. Los descendientes de este matrimonio fueron: Felipa, María, Juana que se casó con su primo Luis de la Cueva y Toledo, Isabel, Luis, Cristóbal y Diego.

Diego Colón había dispuesto en su testamento de 1523 que los restos de su padre junto con los suyos fueran trasladados y enterrados en la catedral de Sto. Domingo. Su viuda María pidió al rey Carlos I de España, por medio de la reina consorte Isabel de Portugal la concesión de la capilla mayor de la Catedral de Santo Domingo para estos enterramientos, así como para toda la familia.

El 2 de junio de 1537, María obtuvo la facultad de llevar allí los restos de su suegro Cristóbal Colón y los de su marido Diego Colón. En 1536 solicitó a los monjes del monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas de Sevilla la entrega de los restos de ambos almirantes. Según documentos del monasterio, ese mismo año se desenterraron y fueron entregados a la viuda. La fecha del traslado de los restos no está totalmente clara; se menciona que fue antes de 1539 que María Álvarez de Toledo los llevó consigo en su regreso a Santo Domingo el 8 de agosto de 1544. ​En todo caso, cuando María otorgó testamento en 1548, los restos de ambos personajes ya estaban en la dicha catedral. María pidió que su cuerpo no fuera enterrado en la misma sepultura de su marido Diego sino debajo de él, en el suelo de la capilla, junto al presbiterio del altar mayor.

Oviedo cuenta cómo la virreina María, después de que “le ovo mucho llorado e fecho el sentimiento e obsequias semejantes a tales personas (porque en la verdad esta señora ha seydo en esta tierra tenida por muy honesta e de grande exemplo su persona e bondad, e ha mostrado bien la generosidad de su sangre) determinó de ir en España a seguir el pleito que su marido sobre las cosas de su Estado con el fiscal Real, y llevó consigo a su hija menor, doña Isabel, y al menor de sus hijos, llamado don Diego; y dexó en esta cibdad a su hija mayor, doña Phelipa (la qual era enferma e sancta persona) y al almirante don Luis. Y a don Cristóbal Colón, sus hijos harto niños”. Su venida a España no fue inmediata. Tuvo que ocuparse durante algunos años de sus hijos y de su hacienda en Indias.

El día 11 de mayo de 1549, María de Toledo, la “desdichada virreina”, moría en su palacio de Santo Domingo. Y poco después fue enterrada en la capilla mayor de la Catedral dominicana. Los detalles de su enterramiento quedaron muy claros en su testamento. Y así ordenó que “mi cuerpo sea enterrado con el hábito del Señor San Francisco en la Capilla mayor de la Iglesia mayor desta dicha Ciudad de Santo Domingo, donde están sepultados los Almirantes mis Señores, no en la misma sepultura del Almirante Don Diego Colón mi Señor, y mi marido, sino abajo dél en el suelo de la dicha Capilla junto al presbiterio del Altar mayor porque estemos juntos en la muerte, como nuestro Señor quiso que lo estuviésemos en la vida”. Pedía ser enterrada fuera del presbiterio, a los pies de su marido, y que “sobre mi sepultura no se ponga tumba ni vulto, sino que esté una sepultura llana y sin fausto

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