'Segundo viaje de Colom', por Pedro Cuesta Escudero autor de Colón y sus enigmas y de  Mallorca patria de Colom

"Segundo viaje de Colom", por Pedro Cuesta Escudero autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

domingo 12 de diciembre de 2021, 09:19h
'Segundo viaje de Colom', por Pedro Cuesta Escudero autor de Colón y sus enigmas y de  Mallorca patria de Colom

Tras el gran recibimiento dispensado por los Reyes Católicos a Cristóbal Colom en Barcelona (monasterio de Sant Jeromi de la Murtra), dispusieron que inmediatamente comenzara a preparar la segunda expedición a las Indias. La noticia del Descubrimiento había llegado antes que a ellos al rey portugués Juan II, por la arribada de Colom a Lisboa, y temían que se pudiese adelantar y enviar flotas hacia el occidente, pese a que no tenía los mapas ni las rutas seguidas por las naves castellanas. También los Reyes Católicos se preocuparon mucho por los expedicionarios dejados en la isla Española en el Fuerte Navidad, por lo que se trató de retornar lo antes posible para ir en su auxilio. O sea el segundo viaje colombino se hizo en prosecución de tres objetivos: socorrer a los españoles del fuerte de la Navidad; continuar los descubrimientos, tratando de alcanzar las tierras del Gran Khan; y colonizar las islas halladas anteriormente.

'Segundo viaje de Colom', por Pedro Cuesta Escudero autor de Colón y sus enigmas y de  Mallorca patria de Colom

Protesta portuguesa

En la carta de 30 de marzo de 1493 se hace evidente el sentido de urgencia transmitido por los Reyes Católicos a Colom. En ella los monarcas escriben: “y porque queremos que lo que habeis comenzado con el ayuda de Dios se continue y lleve adelante, y deseamos que vuestra venida fuese luego, por ende, por servicio nuestro, que dedes la mayor prisa que pudieredes en vuestra venida, porque con tiempo se provea todo lo que es menester, y porque como vedes el verano es entrado, y no se pase el tiempo para la ida allá, ved si algo se puede aderezar en Sevilla o en otras partes para vuestra tornada a la tierra que habeis hallado. Y escribidnos presto, porque luego se provea como se haga, en tanto que acá vos venis y tornais; de manera que cuando volvieredes de aca este todo aparejado."

Los monarcas pretenden que Colón, además de acudir rápidamente a la Corte, inicie los preparativos de una segunda expedición a las tierras recientemente descubiertas “en Sevilla o en otras partes”. Así mismo le piden que les informe por escrito de lo más importante de su viaje a las nuevas tierras “porque luego se provea como se haga, en tanto que acá vos venis”. De esta manera sería posible que, adelantando las gestiones necesarias tanto en Sevilla como en Barcelona, “cuando volvieredes de aca este todo aparejado

De la misma manera rápidamente buscaron legitimar la anexión de estos nuevos territorios mediante la intervención, a petición real, del Papa Alejandro VI, quien emite una bula papal el 2 de mayo de 1493 por la que Castilla era reconocida soberana de esas tierras y de todas las que descubriese y conquistase a cambio de extender la fe católica por todas ellas, siempre y cuando esas tierras no estuviesen ya ocupadas por otro príncipe cristiano.

Esta bula papal evidentemente no gustó nada a Portugal, porque llevaban años y esfuerzos en llegar a las Indias costeando África. Juan II de Portugal protestó, y obligó al Papa a emitir una nueva bula según la cual, y para separar las zonas de influencia de las dos potencias marítimas, se creaba una línea imaginara que conectaba ambos polos y pasaba a 100 leguas marinas al oeste de las islas Azores. Los castellanos podrían continuar sus conquistas a partir de esa línea en dirección al occidente y los portugueses hacia el oriente. Como se sabe la presión de Portugal obligó a cambiar dicha línea de demarcación a 350 leguas al oeste de las Azores con el tratado de Tordesillas.

El almirante fue confirmado en todos los cargos que le fueron adjudicados en las capitulaciones de Santa Fe, y se le sumó el de Capitán General de la escuadra que se estaba preparando, sobre la cual tendría pleno y absoluto poder. Fueron encargados de organizarlo, junto con Colón, el arcediano de Sevilla don Juan Rodríguez de Fonseca que inauguró una oficina en la capital hispalense desde la que, junto a Francisco Pinelo como tesorero y a Juan de Soria como contador, comenzaran a controlar todo el mercado y negocios con las Indias. Este sería el germen del futuro Consejo de Indias.

Juan Rodríguez de Fonseca

Juan Rodríguez de Fonseca nació en Toro en 1451 y pertenecía a una de las familias más ilustres de la Corona de Castilla, de un linaje originario del reino de Portugal. Sobre su formación humanista y científica, de la que más tarde hizo gala al ejercer sus cargos, no se sabe mucho, pero parece que estudió en Salamanca y tuvo contactos con el gramático Elio Antonio de Nebrija. Tomó partido, junto con su familia, a favor de la princesa Isabel frente a los seguidores de la princesa Juana durante la guerra de Sucesión Castellana. Después de 1480, Rodríguez de Fonseca fue encomendado por la ya reina Isabel I a uno de los hombres más influyentes y preparados de la corte: su confesor fray Hernando de Talavera, de quien recibió formación eclesiástica y política. A partir de 1492, recibió de los reyes numerosos cargos eclesiásticos en premio a sus servicios: capellán real, arcediano, canónigo y deán de la catedral de Sevilla, obispo de Badajoz (1494), de Córdoba (1499) y de Palencia (1505); arzobispo de Rossano (1511), en el reino de Nápoles; y obispo de Burgos (1514). Temporalmente, ejerció la diplomacia llevando a cabo misiones delicadas, como el arreglo de las bodas de los hijos de los Reyes Católicos con los herederos de la Casa de Austria: Juan con Margarita y Juana con Felipe el Hermoso. También acompañó a la infanta Catalina a Inglaterra en 1501 con motivo de su boda con Arturo, el heredero inglés. De arcediano ascendió a cardenal y obispo de Burgos. Fue miembro del consejo de los Reyes Católicos y primer organizador de la política colonial castellana en las Indias. Humanista y mecenas, fue generoso con sus iglesias catedrales. Mientras fue obispo de Palencia, se construyó el suntuoso trascoro de la Catedral de San Antolín, donde fue colocado un tríptico encargado en Flandes y en el que se halla el retrato del propio Fonseca. También se construyó la escalera que conduce a la cripta de San Antolín. Cuando ocupó la sede episcopal burgalesa, se levantó en la Catedral de Burgos la joya plateresca de la puerta de la Pellejería y la lujosa y muy famosa Escalera Dorada

A partir de la primavera de 1493, con el retorno a Castilla del primer viaje de Colom, que supuso el comienzo del Descubrimiento de América, empezó para Rodríguez de Fonseca la etapa de su vida por la que es más conocido: la gestión de la exploración, conquista y evangelización de las Indias, también llamadas el Nuevo Mundo. En primer lugar, Fonseca fue encargado de organizar el segundo viaje colombino, que puso a punto en tan solo cuatro meses. Colom y Fonseca fueron dos personajes muy distintos y con ideas contrapuestas sobre el Nuevo Mundo.. En la raíz de esta rivalidad estaba la forma de organizar las nuevas tierras: mientras que para Colom todo tenía que pasar por sus manos, en una especie de monopolio compartido entre él y la monarquía, Fonseca defendía el protagonismo único y directo de los reyes. Entre 1496 y 1497, la rivalidad entre estos dos personajes se tornó en enfrentamiento abierto.. Una muestra de esta situación fue la tensa y larga preparación del tercer viaje colombino (más de un año) Fonseca y sus hombres de confianza, apoyados por los reyes, especialmente por Fernando el Católico, influyeron decisivamente en hechos como la libertad de navegar bajo exclusivo control monárquico y sin intervención colombina (1499), la creación de la Casa de Contratación de Indias (1503), las juntas de navegantes de Toro (1505) y de Burgos (1508), la creación de gobernaciones al margen de los Colón (Darién y Castilla del Oro), o el debilitamiento de los privilegios colombinos. Presidió la Secretaría de Indias y, al crearse el Consejo de Indias, fue su primer presidente. El cardenal Fonseca fue gran defensor de que se realizara el viaje de Magallanes a las islas de las especias.

Francisco Pinelo

Francisco Pinelo fue un rico comerciante genovés que se estableció en España. Tras vivir un tiempo en Valencia donde ejerció como agente de la banca de Génova, se trasladó a Sevilla al menos desde 1478. En esta ciudad residió hasta su muerte y obtuvo importantes cargos en el concejo: fue nombrado el 4 de septiembre de 1488 por orden real jurado y fiel ejecutor. El cargo de fiel ejecutor fue creado por el rey Alfonso XI. Su misión era similar a una alta inspección ceñida al ámbito municipal, consistía en vigilancia de las transacciones comerciales, promoción de la justicia, control de armas y caballos, cobro de las rentas municipales y actuación como tribunal económico-administrativo en los pleitos relacionados con la hacienda local. Los reyes lo nombraron contino, u hombre allegado a la Casa real. O sea, los reyes lo tenían a su entera disposición para llevar a cabo políticas-administrativas concretas. Tenía una retribución fija, además de las prebendas que los reyes le asignaran según su lealtad y encargos concretos.

Estableció fuertes lazos con la aristocracia local de Sevilla y con Cristóbal Colom, quien dejó escrito que Pinelo hacía por él "todo lo que puede, con buen amor y larga voluntad alegre". En 1492 prestó la importante suma de 8 cuentos (millones) de maravedíes a los Reyes Católicos para financiar la guerra de Granada, el mismo año prestó 1,4 cuentos para el primer viaje de Colón y en 1493 realizó otro préstamo de un cuento de maravedíes destinado a cubrir los gastos del destierro a África de Boabdil, último rey musulmán de Granada.

Francisco Pinelo, con la experiencia de haber actuado como tesorero en el segundo viaje de Colón, redactó un memorial titulado Lo que parece se debe proveer para poner en orden el negocio y contratación de las Indias. Proponía la fundación en Sevilla de una Casa donde se almacenara todo lo que hubiese que enviar a las Indias o se recepcionara todo lo que llegase desde allí. Entre otras, de estas ideas, se gestaría la Casa de la Contratación en Sevilla. Cuando este organismo fue creado por la reina Isabel la Católica el 14 de enero de 1503, la Corona instituyó tres cargos para asegurar su gestión: un contador, un factor y un tesorero. Pinelo fue nombrado factor, puesto considerado el principal de la institución, teniendo entre sus funciones realizar todas las compras de cualquier género destinadas a Indias por la Hacienda Real y el resguardo de aquellas mercancías que procedentes de América debían pasar a la Real Hacienda, excepto el oro, plata y piedras preciosas que quedaban bajo la jurisdicción del tesorero..

Según el historiador István Szászdi, Pinelo fue uno de los protegidos de Álvaro de Braganza, presidente del Consejo Real y contador mayor de Castilla. Francisco Pinelo casó con María de la Torre, con la que tuvo dos hijos legítimos: Jerónimo Pinelo y Pedro Pinelo, ambos canónigos de la catedral de Sevilla. Por otra parte tuvo otros tres hijos fruto de relaciones extramatrimoniales, aunque reconocidos legalmente: Cristóbal, Luis y Juan Bautista Pinelo. Francisco Pinelo está enterrado junto a su esposa en la capilla del Pilar de la catedral de Sevilla. Uno de sus hijos, Jerónimo Pinelo, construyó en la vivienda familiar una magnífica casa-palacio de estilo renacentista en la que residió y donde se encuentran en la actualidad la Academia de Bellas Artes y la Academia de las Buenas Letras de Sevilla. Está situada en el centro histórico de la ciudad, en la calle Abades y es conocida tradicionalmente como Casa de los Pinelo.

Organización del segundo viaje de Colom a las Indias

En tan sólo cuatro meses estaba todo preparado. Esta sí que era una auténtica flota de colonización. Pedro Mártir de Anglería en: sus Décadas escribe: “... diecisiete naves para la segunda expedición. Tres grandes de transporte con sus compartimentos; doce de aquella clase de naves sin bodegas que, según escribí, los españoles llaman carabelas; otras dos del mismo género, algo más grandes y capaces de compartimentos por la magnitud de los palos”. El cura de los Palacios también hace una pequeña reseña en sus escritos sobre la composición de la armada, escribiendo “iban cuatro naos y trece carabelas.” Los monarcas ordenan a Juanoto Berardi comprar “vna nao de çiento e çincuenta o fasta dozientos toneles “. Por tanto, la armada estaba constituida por 17 naves, dos de ellas naos y el resto carabelas, siendo dos de mayor tamaño que las otras trece. Colom eligió de nuevo una nao como capitana, la Marigalante, a pesar de que el grueso de la flota estaba constituida por carabelas, naves más maniobrables y aptas para los descubrimientos.

En esta ocasión se quiso alistar tanta gente que hubo que reducir el número de aquellos que deseaban acudir a las tierras recientemente descubiertas en busca de riqueza. Los cronistas no se ponen de acuerdo en el número exacto, aunque todas las referencias oscilan entre 1200 y 1500 pasajeros, entre marineros, campesinos, artesanos, etc. Eran personas deseosas de aventuras y llenas de esperanza de mejorar sus vidas en el paraíso terrenal, según se decía, donde la naturaleza les brindaría todo lo que necesitaran y donde el oro fluía en los ríos. Al ser este segundo viaje de asentamiento y población, supuso un traslado de una representación de todos los estamentos de la sociedad, así como de todos aquellos oficios necesarios para el establecimiento de ciudades en las nuevas tierras, Debió viajar un grupo importante de mujeres y niños. Esta segunda expedición a las nuevas tierras tuvo un carácter netamente de descubrimiento y asentamiento, por lo que podemos encontrar representantes de los gremios castellanos en la mayor parte de los oficios existentes en una villa o ciudad media.

Así, encontramos tejedores, tejeros, herreros y ayudantes de herrero, ayudantes de cerrajero, plateros y latoneros, lavadores de oro, aserradores, borceguineros, médicos, boticarios, y como no, albañiles y labradores u hombres de campo. No debemos olvidar que muchos de estos artesanos llevarían consigo el núcleo familiar Uno de los objetivos fundamentales y que justificaba el asentamiento en las nuevas tierras era el de la evangelización del indígena. Con tal fin, conocemos la participación de al menos 13 religiosos. Destacan de manera especial los nombres de fray Bernardo Boil, nuncio papal, y fray Ramón o Román Pané, monje de Sant Jeroni de la Murtra, que fue el primer europeo en estudiar y aprender una lengua indígena, el taíno, hablado en la isla de La Española, y el jefe militar de la expedición, Pere de Margarit que capitanea un pequeño grupo de hombres de armas. Otros expedicionarios fueron Diego Colom (hermano de Cristóbal Colom), los hermanos Niño, Pedro de Las Casas (padre de Fray Bartolomé de Las Casas), Alonso de Ojeda (que se convertiría en un famoso conquistador), Juan Ponce de León (que a la postre sería otro conquistador), Miguel de Cuneo, Diego Alvar Chanca, el cartógrafo Juan de la Cosa, Antonio de Torres. Cuando ya habían zarpado llega desde Francia su otro hermano, Bartolomé Colom, y los Reyes Católicos ponen a su servicio cuatro carabelas, con las que zarpa para encontrarse con Cristóbal Colom ya en las nuevas tierras.

Colom pretendió llevar su propia “corte” como signo distintivo y la necesidad de prestigio social aparejados a su cargo de Almirante, lo que no gustó a los Reyes Católicos, principalmente al rey Fernando, que vio en Colom un serio peligro que podría generar otra sublevación en Cataluña si trascendía que era hijo del malogrado Príncipe de Viana. En contraposición a esta corte personal estarían los hombres de confianza de los Reyes Católicos. O sea, en las 17 naves embarcaron numerosas personas de confianza de los monarcas, continos de la Casa real.

Financiación del viaje

“El Rey e la Reyna

Fernando de Villa Real e alonso gutierres de madrid: nos vos mandamos que los quinse mill ducados de oro que nos aveys de dar de socorro por la thesoreia general dela hermandad que vos mandamos dar los dedes e paguedes a francisco pinelo nuestro jurado e fiel esecutor de la çibdad de seuilla que los ha de reçeuir para los gastar en el armada que mandamos haser para enviar a las yslas e tierra firme que por nuestro mandado se han descubierto e han de descobrir en las yndias en la parte del mar oceano e dadgelos e pagadgelos la mitad dellos mediado el mes de junio primero que viene deste presente año e la otra mitad en fin de dicho mes de junio e tomad su carta de pago de cómo los resçibe de vosotros; con la qual e con esta nos damos por contentos delos dichos quinse mill ducados como si a nos los diesedes; e non fagades ende al. Fecha en barçelona a XXIII dias de mayo de noventa e tres años.”

En la cédula, los monarcas ordenan a Fernando de Villa Real y Alonso Gutiérrez que entreguen en dos plazos a Francisco Pinelo, designado para la administración de los fondos de la armada desde Sevilla, los 5.625.000 maravedís que les corresponden de la tesorería de la Hermandad. Recordemos que este tipo de contribuciones viene a ser una práctica habitual para los monarcas pues ya en el viaje de 1492 procedieron de manera similar al proporcionar 1.140.000 maravedís para la financiación de la pequeña flota del primer viaje. Dicha cantidad fue facilitada por la reina Isabel a través de Luis de Santángel, quien a su vez lo adelantó de la inmediata recaudación de la Bula de Cruzada. Pues bien, los Reyes Católicos ahora utilizan algo más de cinco cuentos de los fondos que les corresponden de la Hermandad para comenzar a organizar la flota que debe ir hacia las nuevas tierras.

Aunque saben que necesitarán más recursos para poder llevar a cabo su empresa. A pesar de no ser una cifra nada desdeñable, evidentemente, con una cantidad como la mencionada no era posible pensar en organizar una gran flota. Ante la escasez de medios de la Real Hacienda, la Corona debe acudir a otros medios para conseguir los fondos necesarios para la financiación de la armada. Con el fin de evitar el aumento de impuestos, decidieron que estas cantidades deberían proceder de rentas pertenecientes a la monarquía, como es el caso de los bienes que los judíos no pudieron llevarse consigo tras el edicto de expulsión firmado en Granada el 31 de marzo de 1492. Anteriormente a la organización del segundo viaje los Reyes Católicos ya habían dado los primeros pasos para recuperar los bienes que los judíos no se pudieron llevar a Portugal y por lo tanto debían pasar a la Corona. El proceso de cobro y requisa de las deudas legales, aquellas en que no se había producido usura, se puso en marcha ya desde el mes de noviembre del año 1492. Gracias al avanzado estado de la operación fue posible que, ante la necesidad de dinero líquido, este proceso fiscalizador se acelerara de modo que sirviera para financiar la armada que se estaba preparando para volver a las tierras descubiertas. Por lo tanto, se levantó el embargo general que había paralizado el cobro de las deudas, en los casos que se hubieran cumplido sus plazos de pago. El arcediano Fonseca se responsabilizó de coordinar esta recaudación, siendo Francisco Pinelo el encargado de recibirla en Sevilla, y García de Cotes y Bernardino de Lerma los autores directos de la recogida. Como en el resto de los casos a tratar en la Instrucción entregada a su contino, los monarcas le ordenan que entregue las cantidades recogidas a Francisco Pinelo para los gastos de la armada. Los reyes remiten una cédula a Pinelo en la que dan su conformidad sobre "la fiança que quereys faser al duque de medina sydonia por los V quentos que nos ha de prestar". A pesar de la inyección que suponen estos 5.000.000 de maravedís para el aprovisionamiento de la armada, siguen siendo insuficientes. Otra de las aportaciones conocidas, realizadas por un particular, es la de los 65.000 mrs que el arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, libró en el cargo de la cruzada al florentino Juanoto Berardi, vecino de Sevilla. El comerciante, por mandato real, prestó la cantidad mencionada para ayudar a conseguir los fondos necesarios para el fletamento de las 17 embarcaciones. Fray Hernando de Talavera, arzobispo de Granada, aporta 1.140.000 maravedíes.

La partida

El 25 de septiembre de 1493 partió de la ciudad andaluza de Cádiz esta gran flota en dirección a las Indias Occidentales Los Reyes Católicos eligieron el puerto de Cádiz, segundo en importancia en la zona andaluza tras el puerto interior de Sevilla, como punto de reunión de la flota de 17 naves por su favorecedora localización geográfica. El cronista Antonio de Herrera nos relata cómo en los días anteriores a la partida “Mandó el Almirante embarcar muchas plantas de árboles, y como se ha dicho cebada, trigo, avena, centeno y semillas de todas suerte: vacas, cal y ladrillo, y todo género de Materiales; y embarcada la gente y puesta la armada en orden”. Llegan a Gran Canaria el día 2 de octubre, arribando el día 5 a la Gomera, donde los navíos hacen salvas en honor de Doña Beatriz de Bobadilla, con la que Cristóbal Colom había tenido una relación sentimental.

Se aprovisionan esencialmente de ganado: becerros, cabras, ovejas, gallinas, cerdos, y algunas pepitas y simientes de frutas, siendo el origen de los futuros ganados y cultivos americanos. Generalmente se toman los animales en las islas para evitar así el desagradable trayecto que tendrían que sufrir al atravesar el golfo de las Yeguas, consiguiendo además reducir el tiempo en que estaban embarcados y porque eran productos que de esta manera resultaban más económicos como podemos ver en las siguientes palabras del propio Colom: “y mas es menester que los navíos que fueren que lleven ganado ansy ovejuno como vacuno e cabruno, y esto que sea nuevo, y pueden lo tomar de las yslas de canaria porque se abra mas barato, e es, mas çerca”.

Al desaparecer el diario de a bordo de Colom es difícil reconstruir el viaje de ida con los escasos datos que nos proporcionan las crónicas.. El domingo 13 de octubre de 1493, por la mañana, las 17 naves dejan la isla de Hierro tomando rumbo “a la cuarta del poniente hacia lebeche”. Siguieron adelante atravesando el Atlántico donde, en esta ocasión no se encontraron en medio del Mar de los Sargazos como podemos ver en las siguientes palabras de don Hernando: “Navegando con próspero viento, el jueves, a 24 de octubre, habiendo corrido más de 400 leguas al Occidente de la Gomera, ya no se halló la hierba que en el primer viaje habían encontrado a 250 leguas; y no sin admiración de todos, en aquel día y los dos siguientes, iba una golondrina a visitar la armada. El mismo sábado, de noche, se vio el fuego de San Telmo, con siete velas encendidas, encima de la gavia, con mucha lluvia y espantosos truenos”. "El 26 de octubre, la víspera de San Simón y Judas -nos cuenta Cuneo, testigo presencial-aproximadamente a las 16 horas, se desencadenó una tempestad468 en el mar …duró toda la noche hasta el amanecer, de suerte que no se encontraban las naves unas a otras. Al fin, plugo a Dios que se hallaran juntas, y el III de noviembre, en domingo, vimos tierra, es decir, cinco islas desconocidas”.

Si complicado y angustioso fue el primer viaje por viajar hacia lo desconocido y luchar continuamente contra los miedos y las fábulas que ocupaban los pensamientos de cada uno de los tripulantes de las naves, imaginémonos ahora la situación de este segundo periplo. En esta ocasión ya no se trataba de hombres de mar, acostumbrados a las tormentas y a las diversas dificultades de la vida en el mar. Ahora se trataba de una pequeña representación de la sociedad española del momento. Entre ellos se encontraban rudos militares, dispuestos a soportar las más ínfimas condiciones durante el viaje, pero recordemos que también embarcaron artesanos de diversos oficios, mujeres, y probablemente niños. Si a todo ello le añadimos las escasas comodidades que de por sí ofrecían las naves, hacinadas de personas, animales y todo tipo de utensilios comprenderemos a la perfección las siguientes palabras de Chanca al contarnos el momento de avistar la Dominica:

El primero domingo después de Todos Santos, que fue a tres días de noviembre [de 1493], cerca del alba dixo un piloto de la nao capitana “Albriçias, que tenemos tierra”. Fue el alegría tan grande en la gente que hera maravilla oír las gritas y plazeres que todos hazían, y con mucha razón, que la gente venía ya tan fatigados de la mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos sospiravan todos por tierra.”

Al ver las primeras islas, y tal y como era costumbre entre los marinos de la época “Por esta gracia que Dios les había hecho, reuniéndose toda la gente de las naves en las popas –explica Hernando Colom-, dijeron la Salve con otras oraciones e himnos cantados con mucha devoción, dando gracias a Nuestro Señor

(Continuará)

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