"El Tratado de Tordesillas", por Pedro Cuesta Escudero, autor de “Colón y sus enigmas y de Mallorca, patria de Colón”

 
'El Tratado de Tordesillas', por Pedro Cuesta Escudero, autor de “Colón y sus enigmas y de Mallorca, patria de Colón”
sábado 13 de febrero de 2021, 12:04h
 
'El Tratado de Tordesillas', por Pedro Cuesta Escudero, autor de “Colón y sus enigmas y de Mallorca, patria de Colón”
 
'El Tratado de Tordesillas', por Pedro Cuesta Escudero, autor de “Colón y sus enigmas y de Mallorca, patria de Colón”
Como se sabe, el portugués Enrique “el Navegante”, que había intervenido activamente en las empresas de expansión portuguesa por el Norte de África (conquista de Ceuta en 1415) reunió en Sagres, cerca del cabo de San Vicente, una corte de eruditos, navegantes y cosmógrafos que se convirtió en el núcleo director de las expediciones descubridoras. Esta escuela de Sagres, que incorpora la cartografía mallorquina y los instrumentos de navegación como las agujas náuticas, compases, relojes de arena, astrolabios, cuadrantes, lleva a cabo grandes progresos en la construcción naval, como el codaste (madero vertical y fijo que limita la popa), el timón de codaste o doble timón axial, la carabela (casco estrecho, dos palos, velas latinas, reducido tonelaje y gran manejabilidad), la nao ( de mayor envergadura, velas redondas en los mástiles grande y trinquete, mientras que en la mesana con el velamen latino ayuda a las maniobras del timón, dos castillos…) Durante la etapa de D. Enrique (1394-1460) los navegantes portugueses, siguiendo la tradición mediterránea de la navegación de cabotaje, superan prejuicios obstinados de una geografía tradicional que hablaba de mares de fuego y de tierras estériles e inhospitalarias más allá de los trópicos.
 
'El Tratado de Tordesillas', por Pedro Cuesta Escudero, autor de “Colón y sus enigmas y de Mallorca, patria de Colón”
 
'El Tratado de Tordesillas', por Pedro Cuesta Escudero, autor de “Colón y sus enigmas y de Mallorca, patria de Colón”

El Tratado de Alcaçovas-Toledo

Del cercano puerto de Lagos empiezan a salir expediciones de exploración, saqueo y colonización hacia las costas africanas e islas atlánticas. Descubren y exploran los archipiélagos y la costa del frente sahariense. En 1418 Joâo Gonçalvez Zarco toma posesión de Porto Santo y al siguiente de Madeira. En 1432 Velho Cabral redescubre las Azores. Si en el siglo XIV se dirime el control de las islas Canarias entre genoveses, castellanos, aragoneses y portugueses, que hacían incursiones a las islas para capturar esclavos, en el siglo XV esta competencia se reduce a Castilla y Portugal. En 1434, Gil Eneas descubre el cabo Bojador y dos años más tarde Alfonso Gonçalvez llega al cabo Blanco, que será doblado dos años más tarde por Nunho Tristâo, quien después llega a la costa del Senegal (1444). Dionis Díaz en 1445 descubre cabo Verde y ese mismo año Álvaro Fernández llega a cabo Rojo y es cuando empiezan a afluir a Lisboa oro y esclavos negros para los molinos de azúcar que surgen en el Algarve. Frente a cabo Verde descubren unas islas que denominan de Cabo Verde, que no tenían mucho que ofrecer, aparte de sus paisajes espectaculares; no había recursos naturales o minerales de valor, pero se apoderan de ellas por su situación estratégica como estación de fuentes de suministros.

Cuando la costa africana deriva hacia el este creen estar en el camino que conduce directamente a la India. Pero al comprobar que es un gran golfo, el de Guinea, que coincide con la muerte del infante Don Enrique y la política peninsular del Rey Alfonso V se desvanece la breve esperanza de llegar a la India. Ese momento de pausa se aprovecha para el reconocimiento del fondo del golfo de Guinea en cuya empresa se distinguen Joâo de Santarem, Rui de Sequeira y Fernando Póo. Pero con Juan II, sucesor de Alfonso V, se redobla el impulso de los descubrimientos. Diego Cao explora la costa occidental africana hasta la bahía de las Ballenas, cerca del ápice meridional africano. Pocos años más tarde, en 1488, Bartolomeo Días dobla la extremidad sur de África, el que después es denominado Cabo de Buena Esperanza. Paralelamente Juan II confía a Pere da Covilhä un viaje por las tierras árabes en busca del Preste Juan, que se suponía por Abisinia. Nunca regresó de este viaje, pero consiguió enviar informes sobre la llegada a la India por el océano. Convencida la corte portuguesa de que la tierra descubierta por Colom no eran los riquísimos y populosos países visitados por Covilhä, envía una importante flota al mando de Vasco de Gama, que en 1498 llega a Calicut doblando África.

Influenciados por estas idas y venidas de los portugueses se genera en el Sudoeste de Andalucía toda una generación de audaces marineros que, unas veces se enrolaban en las expediciones portuguesas y otras asaltaban sus barcos en el más puro estilo pirata. O competían con los portugueses en los abundantes caladeros que se originan donde afluye la corriente fría procedente de la Antártida. Además, al trasladarse las principales rutas comerciales del Mediterráneo al Atlántico esa franja costera del otro lado de Gibraltar se beneficia por su posición geográfica. Para controlar ese comercio Alfonso V de Portugal firma un pacto con el Rey francés Luis XI, que le envía al almirante de origen mallorquín el corsario Guillaume Casanove, apodado Coullón, con su poderosa escuadra. Entre su gente se encuentran sus sobrinos Bartoloméu Colón y Joan Colón, el futuro Cristóbal Colón.

El corsario y almirante de la marina francesa Guillaume de Casanove con su escuadra de siete gruesas embarcaciones, se apuesta a sotavento del cabo de San Vicente para impedir el tráfico no autorizado por los portugueses. Bartoloméu Colón, que no es hombre de acción, pero si un buen cartógrafo, se queda en Lisboa. El 13 de Agosto de 1476 tiene lugar un brutal encontronazo con una importante flota genovesa, Las dos escuadras salen malparadas y milagrosamente salva la vida Joan Colón, que, al llegar a Lisboa, para borrar su pasado de corsario se hace llamar Xpoferens (el que porta a Cristo) o Cristóbal.

Además de estos conflictos de intereses entre Portugal y Castilla, Alfonso V se complica en la guerra de Sucesión de Castilla, en la que el rey portugués apoya la legitimidad de su esposa Doña Juana (a la que sus rivales dieron mote de “Beltraneja”), hija de Enrique IV, frente a la hermana del rey castellano, Doña Isabel, casada con Fernando de Aragón. En la fase resolutiva de la lucha, la primera piedra de la unidad peninsular, podía revestir la forma castellano-aragonesa o la castellano-lusitana. En 1476 la batalla de Toro implicó un triunfo neto de los príncipes Isabel y Fernando contra Portugal, los partidarios de la Infanta Juana de Castilla y Luis XI de Francia. Su corolario era inmediato: la unión de las Coronas de Castilla y Aragón en 1479 bajo el cetro de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, pues al morir en 1479 Juan II le sucede su hijo Fernando, al tiempo que Isabel ya era Reina de Castilla, pues su hermano Enrique IV había muerto en 1474. En realidad los dos reinos mantienen su organización peculiar y los organismos unitarios se limitan a la monarquía –unión personal o dinástica- y a la Inquisición. O sea, prevalece la concepción federal catalano-aragonesa, dejando que el tiempo y los intereses comunes logren una fusión más completa.

El papa Sixto IV insta a que los dos reinos cristianos, Castilla y Portugal, firmen la paz, que se materializa en el Tratado de Alcaçovas-Toledo. Este tratado fue un acuerdo sellado en la villa portuguesa de Alcaçovas el 4 de Septiembre de 1479 entre los representantes de Isabel y Fernando, reyes de las coronas de Castilla y Aragón y del Rey Alfonso V de Portugal y de su hijo el príncipe D. Juan. Fue firmado por Isabel I en Trujillo el 27 de Septiembre de 1478 y luego ratificado en Toledo y Évora en 1480. Supuso el fin de la guerra de Sucesión de Castilla, estableciéndose paz perpetua.

Alfonso V y Doña Juana renuncian al trono de Castilla y, en cambio, los Reyes Católicos renuncian al trono portugués. También se acuerda el futuro matrimonio de la Infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, con D. Alfonso, nieto del rey portugués. La enorme dote pagada por los Reyes Católicos representa una especie de indemnización por la guerra tenida con Portugal. Además este tratado incorpora otros asuntos, o sea Portugal se garantiza las islas Madeira, Azores, Guinea, Cabo Verde y las islas que salieran desde las Canarias hacia el sur, porque a partir del paralelo que se establece al sur de la isla La Gomera, sería de exclusividad portuguesa. Los Reyes Católicos se comprometen a condenar a los marinos andaluces que sobrepasen ese paralelo, aunque fuere para pescar. La ocupación de Fez es asignada a Portugal, mientras que Castilla se reserva la conquista de las islas Canarias. A través de la bula Aeternis Regis de 1481 del papa Sixto IV se confirma el articulado del tratado de Alcaçovas sobre el reparto del Atlántico entre los dos reinos ibéricos.

A pesar de salir derrotado en la cuestión del Reino de Castilla, este tratado supuso un triunfo para Portugal, pues a Castilla se le delimita en la expansión naval por la costa africana. Hasta entonces nadie pensaba en navegar hacia el Oeste. Solo se daba un gran rodeo, volta a Mina, para coger los vientos favorables durante el regreso a casa. Por eso se sabía de la existencia del Mar de los Sargazos, que habían de atravesar.

Las Bulas Alejandrinas

Los problemas se intensifican cuando Juan II de Portugal, tras recibir a Cristóbal Colón en Valparaíso en 1493 al regreso victorioso de su primer viaje, le advierte que si las tierras que acaba de descubrir se hallaban al sur del paralelo de las Canarias pertenecían a Portugal según lo estipulado en el tratado de Alcaçovas. Por su parte, los Reyes Católicos, al recibir la carta que desde Lisboa envía Colón, movilizan su diplomacia para obtener del Papa, el valenciano Alejandro VI (Rodrigo Borgia, elegido Papa en Agosto de 1492) una bula papal de donación de las tierras descubiertas. Les urge hacerse con la bula por las alarmantes pretensiones del rey Juan II de Portugal, quien ha expuesto públicamente que las tierras recién descubiertas por Colom al otro lado del Atlántico le pertenecen a Portugal.

Primero que el Papa reconozca por medio de una bula el derecho de Castilla sobre los descubrimientos de las Indias. Es repetir el mismo procedimiento seguido por Portugal años atrás que, mediante el Tratado de Alcaçovas, se impedía navegar al sur de un paralelo imaginario trazado al Sur de las Canarias, a fin de preservarle a Portugal los mares y tierras al sur de dicha línea. Segundo, que Portugal acepte un meridiano de demarcación sobre el océano, en lugar del paralelo de las Canarias, con el fin de delimitar el campo de actuación exclusiva correspondiente a uno y otro reino. El Papa Alejandro VI resuelve esta cuestión por medio de las llamadas Bulas Alejandrinas. La primera bula, Inter coetera, que adjudica a Castilla las “tierras descubiertas y por descubrir en la Mar Océano por la parte de Occidente hacia las Indias, siempre que no pertenezca a ningún príncipe cristiano”. Y contraen la obligación de “adoctrinar a los indígenas y habitantes dichos en la fe católica e imponerles en las buenas costumbres”.

Al pecar de imprecisión no satisface a los Reyes Católicos por lo que, bajo la inspiración de Colom, solicitan una segunda bula que especifique la demarcación de las zonas de expansión de Castilla y Portugal en el Atlántico. Y el Papa promulga la segunda Inter coetera, que establece la línea divisoria trazada de norte a sur por un meridiano que pasa a cien leguas de las islas Azores y Cabo Verde y retrotrae los derechos castellanos sobre las nuevas tierras a la Navidad de 1492, para evitar una posible recalada de naves portuguesas a raíz del éxito de Colón y bajo pena de excomunión se prohíbe navegar a las Indias a cualquier persona sin licencia de los Reyes de Castilla. Juan II rechaza contundentemente esta solución y el Papa promulga la tercera bula Examinae devotionis por la que ambos reinos deben rechazar iniciar una nueva guerra. Y Alejandro VI promulga la cuarta bula Dudum siquidem en la que se concreta que los castellanos pueden ocupar y conquistar la India asiática, siempre que naveguen por la ruta de Occidente y no se hubieran adelantado los portugueses, los cuales pueden hacer lo mismo navegando por el Este.

Una cuestión de importancia jurídica es que la bula la otorga el Papa a Isabel y Fernando, en tanto que Reyes de Castilla y León, no de Aragón, que queda al margen de la concesión. Además, los destinatarios son los reyes y sus herederos, no los reinos. Matiz importante porque, si las tierras hubiesen sido concedidas a los reinos, su jurisdicción marítima habría correspondido a los Almirantes de Castilla.

El Tratado de Tordesillas

Parecía que estaba solucionado el litigio entre Castilla y Portugal, pero vuelve a resurgir cuando, inopinadamente, Juan II, el rey portugués, requiere que el meridiano divisorio se traslada más a occidente, en vez de las 100 leguas que establecen las bulas alejandrinas, a 370 leguas de las islas de Cabo Verde. En principio es incomprensible que se traslade la línea divisoria solo 270 leguas más, cuando la distancia que había que recorrer para llegar a las islas descubiertas es de 750 leguas. No hay más explicación que los portugueses a menos de 370 leguas de las islas de cabo Verde ya habían tocado tierra y lo mantenían en el más estricto silencio. Los portugueses solían tomar medidas para mantener en secreto sus descubrimientos. El autoritario y cruel Juan II exigía juramentos y utilizaba todo tipo de castigos, incluida la muerte más infamante, para disuadir que se filtraran las noticias de los descubrimientos. Colón fue testigo de la captura de un piloto que huía a Castilla, que fue capturado y lo descuartizaron exhibiendo sus despojos en las puertas norte, sur, este y oeste de las murallas de Lisboa, para que no pasase desapercibido a nadie de lo que era capaz de hacer con los que sacaran secretos de los descubrimientos. Con toda seguridad los portugueses habían descubierto lo que ellos creían la isla Brasil.

Juan II fuerza a que se firme un nuevo tratado que modifique las bulas alejandrinas en el sentido que él pide. Los Reyes Católicos, en compensación, exigen que Castilla tuviera derecho a poder pescar en los importantes caladeros que hay por el cabo Bojador. Y el 7 de Junio de 1494 se suscribe en la localidad de Tordesillas entre los representantes de Isabel y Fernando, Reyes de Castilla, y los del Rey de Portugal, Juan II, un tratado en el que se acuerda “que se faga e señale por el dicho Mar Océano una raya o línea derecha de polo a polo (…), la cual raya o línea se haya de dar e de derecha, como dicho es, a trescientas e setenta leguas de las islas de Cabo Verde hacia la parte de Poniente”. También se acuerda en este Tratado de Tordesillas que “al norte del cabo Bojador, ambos reinos pueden pescar y asaltar la costa”. Los portugueses se reservan la ruta de Oriente por África.

Oficialmente el portugués Pedro Álvarez de Cabral descubre Brasil el 22 de Abril de 1500. Aunque bordeando por la costa desde Venezuela y, cruzando la desembocadura del rio Amazonas, llega Vicente Yáñez Pinzón el 26 de Enero de 1500 a lo que hoy llamamos Brasil demostrando que no es ninguna isla.

Los demás reinos europeos no toman muy en serio la donación papal y la exclusividad hispano-lusa. El apoyo de Enrique VII de Inglaterra al veneciano Juan Caboto constituye el arranque de la política marinera inglesa. La estancia de Caboto en La Meca le hace incubar la misma idea que a Colón, alcanzar el Oriente por Occidente. El proyecto es bien visto por el rey inglés, que le concede plena autoridad para navegar por los mares, aunque el veneciano tuvo que hacerse cargo del costo de la flotilla con la que sale. En Mayo de 1497 zarpa de Bristol y llega a Terranova y al regresar hace creer que ha hallado las tierras del Gran Kan. Enrique VII le premia y apoya un segundo viaje y con seis naves en 1498 deja el puerto de Bristol y llega otra vez a Terranova. Aprovecha la corriente del Labrador y costeando, probablemente, llega a la Florida. No se sabe con certeza porque el viaje constituyó un fracaso y un desastre que hace que los británicos se desentiendan de los viajes a las Indias.

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