In memoriam: Manuel Sánchez Blanco

In memoriam: Manuel Sánchez Blanco
Hoy dirán en el telediario que han muerto no sé cuántos cientos, como cada día, hoy dirán que se está llegando a los cien mil fallecidos, que han vacunado casi a un millón, que la economía ha descendido mucho tanto por ciento… números fríos como aquellos de los que hablan sin nombrarles por su nombre, números que arrasan dejando hecha polvo a una sociedad como la incineradora que no ha descansado desde hace un año.
In memoriam: Manuel Sánchez Blanco
Hoy el telediario hablará de ti sin nombrarte, sin que afecte a ningún televidente, sin recordar tu biografía, sin estremecer a nadie, pendientes del Sálvame, del Chiringuito o de la gracieta de algún político, de mujeres, hombre y viceversa que no valían lo que tú, pero que importan más que tú.
Tu muerte, tu dolor, tu calvario, tu agonía no harán cambiar sus pensamientos, no replantearán los comportamientos de nadie, seguirán sus vidas como si la tuya no hubiera existido, porque tu muerte es una estadística, no una tragedia que sirva de ejemplo a nadie. ¡Cómo cambia la noticia cuando eres el protagonista! ¡Cómo duelen las estadísticas cuando el número tiene nombre y apellidos! ¡Qué vacío provoca tu nombre rellenando una esquela!
Fuiste uno de esos que no podía confinarse en casa teletrabajando, que tenía que salir a la calle a buscar el pan de tus hijos. Eras de los que pensabas que la mascarilla era la armadura impenetrable para ese puto bicho que nos deja sin aliento cuando dejas de ser una estadística porque eres uno de nuestro entorno cercano, de los que sí nos importa a unos pocos.
Cuando vemos las estadísticas nos indignamos con los gobiernos, aplaudimos a los sanitarios, pero no cambiamos ni un paso de nuestra rutina diaria, esquivando los controles policiales, como si fueran ellos acaso los que contagiaran.
Casi ninguno hemos padecido una guerra, sólo hemos asistido a la crónica de Pérez Reverte ilustrando un montaje de un minuto para dar paso a la siguiente noticia. Recuerdo que en la guerra de los Balcanes contaba Arturo que había francotiradores disparando a cualquier transeúnte, al azar, sin necesidad de que fuera un combatiente enemigo, sólo porque pasaba por allí, le tocó aquel disparo y lo llevaban embalado a la tumba. Y el que veía desde la distancia aquella imagen pensaba en su sofá “Yo no saldría ni de coña”.
Pues hoy nos está alcanzando un francotirador que, de forma viral, se lleva al que se cruza con él por la calle, porque tenía que salir, porque es sanitario o cualquier empleo “esencial” o porque tenía que sacar al perro o ir a una fiesta clandestina, porque da mucho morbo ser el especial que hace lo que a los demás no se le permite.
¿Cuántos habrán agonizado buscando una bocanada de aire como un Cachorro entubado mientras reflexionaban si les compensó no confinarse? ¿Cuántas fiestas navideñas disfrutaste? ¿Cuántas noches de feria añoraste? ¿Cuántas estaciones de penitencia te perderías? ¿A cuántos baños playeros renunciaste? ¿Cuántos abrazos retienes? ¿Cuánta vida dejarán de vivir aquellos que tenían que ponerse a puerta gayola ante este virus que no engaña capote alguno?
Sigan pensando que las mascarillas son un burladero suficiente, sigan, inconscientes maletillas, saltando al ruedo pensando que podrán recortar la embestida, sigan, sigan, sigan… hasta que se les incluya en el cartel del centenar de maestros del día, ¿Añoran las candelas de la pará? Pues disfruten del calor de la incineradora sin afectar a los demás, que no escarmientan en pulmón ajeno, que seguirán protestando por el confinamiento porque escogen salir hoy a la calle para confinarse mañana tras el portazo de la lápida.
La buena muerte de uno en una cruz sirvió de ejemplo a muchos para cambiar sus vidas (a veces para mejor, otras como excusa para mostrar lo peor del ser humano) pero la agonía de cientos de miles es un calvario que no deja sin aliento a nadie, que siguen saliendo a la calle porque tienen que seguir viviendo, porque tienen que seguir muriendo. Pues nada, sigan, a ver si les pone en su punto de mira el francotirador. Pero recuerden que no arriesgan sólo sus propias vidas.
Subscriben estas palabras de despedida de tu amigo Juan Casal, otros que se cruzaron en tu camino, en los que dejaste honda huella como Maribel, Oscar y Gabriel.
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