'La cuestión de la participación en los centros escolares', por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea

"La cuestión de la participación en los centros escolares", por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea

Autor del libro “POR UNA ESCUELA PÚBLICA DE CALIDAD”

lunes 07 de diciembre de 2020, 10:47h
'La cuestión de la participación en los centros escolares', por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea

La comunidad educativa es la que debe asumir el protagonismo de la educación

'La cuestión de la participación en los centros escolares', por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea

Para que la oferta educativa se sincronice con la actual realidad del cambio social y cultural cada vez cobra más importancia la forma de organización de los centros escolares, las formas de participación, la distribución del poder y el estilo de trabajo en equipo. En el tramo de la educación obligatoria toda la comunidad educativa es la que debe asumir el protagonismo, porque es la institución en su conjunto la que educa. Profesores, padres y alumnos no se pueden seguir mirando los unos a los otros como competidores en no se sabe bien en qué pugilato. Es preciso que se miren y actúen como cooperadores en una tarea común, ya que, como decimos, la educación es una tarea que exige la participación de toda la comunidad educativa.

Como la educación es una responsabilidad compartida hay que modernizar y profundizar en los mecanismos de participación de la comunidad educativa en los centros escolares. La participación es la vía de la corresponsabilidad, es el mecanismo de convertir de destinatarios pasivos en protagonistas en el rol de la organización educativa.

Sabemos que hay recelos por parte de unos y de otros, de los profesores/as y los padres y las madres. Los profesores/as se apoyan en la especialidad y en su profesionalidad y son reacios a admitir lecciones de nadie, y aún son más renuentes a que los padres y las madres se inmiscuyan en la organización escolar, porque creen que es de su exclusiva competencia. Y hay motivos para esos recelos, pues, al no delimitarse claramente las competencias y cometidos, en más de una ocasión algunos padres o madres han pretendido llevar a la escuela, no solo sus particulares preocupaciones y prisas, sino también sus ambiciones y errores.

Aunque la mayoría de los padres y las madres, bien por comodidad, por falta de tiempo o porque ya tienen bastante con sus trabajos para ocuparse de otros asuntos que no creen de su incumbencia, se desentienden de los asuntos escolares. Con hacer un seguimiento de las notas y de los deberes de sus hijos/as creen haber cumplido con sus obligaciones. Y no es eso, pues los padres y las madres, no solo tienen que saber lo que se hace con sus hijos/as en el colegio y cómo van sus estudios, sino que se tienen que integrar en la comunidad educativa y participar de las tomas de decisiones. También los padres y las madres han de estar en constante relación con los tutores/as para oír sus observaciones y para expresarles las suyas, sin que esas intervenciones tengan carácter fiscal ni ejecutivo.

Necesidad de consensos, normas y proyectos compartidos

La nueva organización escolar, que se ha de preocupar de todos los ámbitos de la vida escolar, plantea la necesidad de consensos, normas y proyectos compartidos. No se trata de tener proyectos, se trata que esos proyectos hayan sido asumidos por la comunidad educativa y en su realización todos se sienten implicados. A la comunidad educativa le corresponde definir finalidades y estrategias. Porque pretender mejorar, tanto la calidad educativa como el clima escolar, sin implicar al conjunto de la comunidad educativa, es un tanto infructuoso.

Si para los alumnos/as la educación es un derecho, para los padres implicarse en el proceso educativo de sus hijos/as es un deber. La participación en la definición del proyecto común y en los procesos de decisión aporta claridad y legitimidad a los profesores/as que son los que de forma más directa deben desarrollarlos. No cabe duda que la participación pueda generar tensiones, pero al mismo tiempo aporta notables beneficios, porque la participación implica el concepto de pertenencia, y cuando en algo te sientes copartícipe siempre hay la tendencia a mejorar, a que todo funciones lo mejor posible.

En muchos centros escolares, principalmente en los privados, porque pagan por el servicio, a los padres y madres se les tiene por clientes. Habría que eliminar de las organizaciones escolares ese término de “cliente” y sustituirlo por el de miembro. Cliente hace referencia a un servicio y no implica ningún vínculo solidario. Mientras que miembro denota ser corresponsal con respecto a las normas, fines o medios. Los clientes usan la organización, los miembros participan. El cliente establece relaciones esporádicas con derechos que, en ocasiones, derivan en exigencias. Por el contrario, el que es miembro tiende a adoptar una actitud solidaria con la organización. Los que pertenecen a una organización, los que son miembros, adquieren compromisos.

Para que haya vínculos de trabajo en común entre la escuela y la familia, para conseguir una mayor implicación y corresponsabilidad en el funcionamiento de los centros escolares y para que cada sector actúe dentro de las funciones que le corresponde sin crear roces y dificultades que puedan entorpecer el buen funcionamiento, hay que elaborar una organización escolar que no deje cabos sueltos ni que permita intromisiones que no correspondan. Se tienen que articular las funciones y las normas. También hay que ampliar el horario de los centros para que la participación de las familias sea compatible con los horarios labores.

El alumnado copartícipe en la organización del centro escolar

Los alumnos/as, que constituyen el objetivo principal de la acción educativa, no han de tener una actitud pasiva y sola receptora, sino que también se han de sentir copartícipes en la organización del centro escolar. Pero si la participación de los alumnos/as se reduce como hasta ahora a un día de votación para ser delegado/a de curso sin ninguna atribución concreta y para que los representantes elegidos estén en el Consejo escolar, no hace que el alumnado en su conjunto se sienta implicado en la dinámica del centro escolar. Pero si se plantea que los alumnos/as participen en las normas de convivencia, en el tipo de sanciones que se debe aplicar a los que las incumplen, en la organización de las actividades, en los objetivos educativos a trabajar, en la valoración del funcionamiento del centro, la implicación e interés de los alumnos/as en la dinámica del centro es mucho más profunda. Por eso el alumno/a delegado /a de clase debe ser portavoz de las inquietudes de sus compañeros/as de la clase ante el tutor/a y el delegado/a de los padres en esa clase. Y presidido por el Jefe/a de Estudios, todos los delegados/as deben hacer periódicas reuniones para aportar a la comunidad educativa las inquietudes, sugerencias y puntos de vista del alumnado.

Por otra parte, existe la necesidad de que haya más cooperación entre las actividades de los centros educativos y las posibilidades que ofrece el municipio (museos, itinerarios, actividades varias, visitas, etc.) y que haya una interrelación entre los servicio municipales y la escuela (servicios sociales, culturales, de seguridad…)

Como la finalidad de la labor educativa es entregar a la sociedad personas capacitadas y abiertas a todos los ámbitos del interés humano en la vida y en el mundo, también los centros de producción y de interés cultural y social deben abrir sus puertas para que en visitas guiadas los alumnos/as puedan apercibirse de la realidad social y económica. Las Administraciones deben dar soporte a las empresas, instituciones, museos, etc., para que, además de unas visitas guiadas, puedan ofrecer programas y productos educativos al servicio de las escuelas e institutos.

¿Cómo se articula la participación de los miembros de la comunidad educativa?

La participación de todos los miembros de la comunidad educativa se debe articular como hasta ahora, con las Asociaciones de Padres y Madres, los Consejos Escolares, el Claustro de Profesores y el equipo directivo. Pero hay que especificar y delimitar claramente la función y cometido de cada organismo.

Las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) son los encargados de velar por los intereses de las familias por lo que deben tener una organización autónoma, independiente y democrática. Para que tengan más responsabilidad dentro del funcionamiento del centro escolar, los padres y las madres de cada clase del tramo obligatorio y común deben elegir a un padre o a una madre como Delegado/a de clase, quien con el Profesor/a tutor y el alumno/a delegado de esa clase, trabajen conjuntamente para resolver problemas, reivindicar ayudas, organizar charlas, debates y cuantas actividades redunden en beneficio de la labor educativa, pero sin carácter fiscalizador.

El Claustro de Profesores/as y el Consejo Escolar, que han de conservar el papel soberano que les otorgó la LODE, vendrían a ser como dos cámaras legislativas a quienes les correspondería enmendar y aprobar los asuntos presentados por el Equipo Directivo, la Comisión pedagógica, dos tercios de los profesores/as del centro, el AMPA y los delegados del alumnado.

El Consejo escolar, donde están representados todos los miembros de la comunidad escolar, sería un órgano decisorio que, por un lado actuaría como si fuera una Cámara Alta y, por otro, y a través de comisiones, tendría funciones ejecutivas en el terreno económico, disciplinario y en otros asuntos que fueran convenientes. Este Consejo estaría integrado por el equipo directivo, siendo el Director/a del Centro el Presidente del Consejo, dos padres o madres, elegidos por sufragio, otros dos designados por la directiva del AMPA, un representante del personal no docente y tres en representación del Ayuntamiento (no sería necesario que fueran miembros de la Corporación local, simplemente personas con interés en la educación, dispuestos a colaborar y nombrados por el Concejal de Cultura) solo habría alumnos/as en el Consejo escolar en los Institutos, uno en representación y elegido por el alumnado de 3º de ESO, otro de 4º, otro de 1º de bachillerato y otro de 2º de bachillerato. En el caso de que hubiera módulos de Formación Profesional se escogería a uno de los módulos en lugar del de 3º de la ESO. El mandato de cada miembro del Consejo escolar sería por un periodo de cuatro años. Menos el equipo directivo, que ya cobra por esa función, los demás miembros del Consejo escolar deberían percibir unos emolumentos en concepto de dietas.

Las competencias del Consejo escolar serían aprobar y evaluar los proyectos y las normas, aprobar y evaluar la programación general del centro, aprobar el presupuesto del centro, conocer la resolución de conflictos disciplinarios, proponer medidas de convivencia y analizar y valorar el funcionamiento del centro, el rendimiento escolar y los resultados de las evaluaciones internas y externas del centro.

Las competencias del Claustro de Profesores/as serían formular propuestas para la elaboración de los proyectos del centro, aprobar la programación general anual, fijar los criterios referentes a la orientación, tutoría, evaluación y recuperación de los alumnos/as, promover iniciativas en el ámbito de la experimentación e investigación pedagógica, elegir al Director y analizar y valorar el funcionamiento del centro, la evaluación del rendimiento escolar y los resultados de las evaluaciones internas y externas del centro.

www.pedrocuesta.com

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