QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO (3ª Entrega), por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea.

QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO (3ª Entrega), por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea.
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Autor de “Y sin embargo es redonda. Magallanes y la Primera Vuelta al mundo"

jueves 22 de octubre de 2020, 09:14h
QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO (3ª Entrega), por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea.

Avistando las costas americanas la escuadra enfila hacia el Sur en busca del paso. Los días se suceden y el viento viene cada vez más fresco. Y el paso no aparece donde señalan los documentos que sustrajeron Magallanes y Faleiro del Archivo de Lisboa. Y continúan navegando fatigosamente hacia el Sur pensando que solo fuera un simple error de cálculo. Y se pierden días y semanas enteras explorando las bahías y cualquier entrante de la costa con la esperanza de encontrar el anhelado paso. Pero éste no aparece, al tiempo que el temporal helado maltrata el velamen. El látigo del viento flagela con saña y con su gélida zarpa desgarra sin compasión. El invierno austral se les echa encima. Ahora comprende Magallanes que esos mapas, confeccionados por insignes geógrafos como Martín de Behaim o Juan Schöner, son pura ficción.

QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO (3ª Entrega), por Pedro Cuesta Escudero, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea.

Cándidamente, tanto Magallanes y Faleiro como el Cardenal Fonseca, el Consejo de Indias y el propio Emperador Carlos, los tuvieron por verdaderos, pues ese estrecho, tan buscado desde Colón, abriría las puertas de la Especería a Castilla. Pero Magallanes ha llevado la situación tan lejos humillando a los capitanes puestos por el mismo Emperador que no puede regresar sin haber conseguido algo positivo. Ahora no les puede decir que se ha equivocado, que por precipitación tomó por verdaderas unas noticias falsas. Probablemente, de no haber sido por esa tirantez entre Magallanes y sus capitanes, hubieran regresado a casa y el viaje de la Vuelta al mundo no se hubiera hecho. Así de sencillo.

Aunque Magallanes no es ningún suicida y si sigue adelante es porque llega a la conclusión de que el pasaje hacia el mar que descubrió Balboa forzosamente ha de aparecer. Constata que la costa siempre deriva hacia el Oeste, por lo que estas tierras americanas también deben tener forma piramidal, cuya cúspide se dirige hacia el Sur como África, Indonesia o Malaca, territorios que conoció en los siete años que estuvo en las Indias Orientales. O se abre un canal o termina redondeándose el continente.

Como la vida a bordo resulta muy dificultosa, pues el frío deja ateridos e incapaces de poder hacer nada, Magallanes decide guarecerse en la primera bahía adecuada que encuentre para pasar el terrible invierno austral. Es enorme el malestar que se genera. La tripulación se convence que por las buenas no hay convivencia con este siniestro personaje, que resuelve, sin consentimiento ni consulta de nadie, aguantar la invernada en un lugar tan apartado de la Tierra y que ningún navegante había señalado jamás. Se generalizan irritadas murmuraciones.

Magallanes no consulta con los capitanes castellanos

Los capitanes castellanos no piensan que Magallanes esté loco. Se dan cuenta que no evacúa ninguna consulta con ellos ni les dice dónde está el paso, porque sabe perfectamente que por esas latitudes no existe la travesía al mar soleado de Balboa. Piensan que Magallanes y Faleiro, seguros de sí mismos y con el secreto arrancado de los archivos portugueses, embaucaron al emperador y al Cardenal Fonseca asegurándoles que sabían dónde estaba el pasaje al Mar de Balboa y la situación exacta de las Molucas, por lo que no se dudó un instante en facilitarles una formidable escuadra. La prueba de que el paso no existe está en que los portugueses no lo utilizan. Pero como Castilla lleva años intentado llegar a las Molucas, el Rey Don Manuel de Portugal teme que las descubra y las domine, ahora que está a punto de alcanzarlas por la ruta de Oriente. Es por lo que hace lo posible –razonan los capitanes castellanos- para mantener entretenida a Castilla y mientras tanto sentar sus reales en las islas de la especería. Quien tiene derecho a un territorio es el reino que primeramente toma posesión. Lo que está haciendo Magallanes es tener entretenidos al emperador y a Castilla por algunos años con la vana esperanza de llegar a las Molucas y así darle tiempo a Portugal para conquistarlas. Los capitanes castellanos se convencen de que su obligación es desbaratar cuanto antes esas maquinaciones de los portugueses. Piensan que el Emperador sabrá tener en cuenta el alto servicio que le prestan.

A medida que la Armada se adentra en latitudes australes se hace más difícil la navegación. El frio es intenso y desagradable y las ventiscas siempre son contrarias. La vida a bordo resulta muy dificultosa, pues el frío deja aterido e incapaz de poder hacer nada. Las maniobras son trabajadísimas y el avance escaso. El terrible invierno austral ya ha hecho su aparición. Surge otra bahía y pronto se ve que un buen refugio para resguardarse del cruel e implacable invierno. Y el 31 de Marzo de 1520 toman posesión para la Corona de Castilla de esta bahía desconocida e inhabitada que bautizan de San Julián y sita a los cuarenta y nueve grados de latitud sur.

La muchedumbre se presenta en abierta provocación frente a Magallanes. Surgen gritos de indisciplina e irritación. El Capitán General no se intimida, aunque si lo pensara un instante no contaría más que con su espada y la de algunos leales. La muchedumbre se presenta en abierta provocación frente a Magallanes. Pero el Capitán General consigue abortar el motín.

Ahora es el turno de Juan de Cartagena y sus adictos, que habían observado con callada satisfacción el tumultuoso enojo de la tripulación. Aprovechando la gélida noche siguiente al día de domingo de Ramos Juan de Cartagena, Gaspar de Quesada y otros incondicionales se apoderan de la nao San Antonio quitándole el mando ilegal que ostentaba Álvaro de la Mezquita. En la porfía Gaspar de Quesada apuñala varias veces al maestre de San Antonio que había requerido que se fueran a sus naves porque no era tiempo de andar con hombres armados por las manos.

Magallanes se adueña de la “Victoria”

Al día siguiente Magallanes comprueba que sólo le obedece la nao más pequeña, la “Santiago”. Difícil se le presenta a Magallanes, tres contra dos, aunque en caso de combate poco podría hacer la “Santiago”. Pero la astucia del Almirante hace girar la balanza. Se adueña de la nao “Victoria” en un alarde de sagacidad en pleno día y delante de todos. Había mandado al alguacil Gómez de Espinosa con una misiva para el Capitán de la “Victoria” Luis de Mendoza. Cuando éste con tono burlón está leyendo el mensaje de Magallanes, Gómez de Espinosa con un oculto puñal le secciona la garganta, al tiempo que trepan a bordo por estribor quince hombres bien armados al mando del cuñado del Almirante Duarte Barbosa. La tripulación de la “Victoria” no presenta resistencia y Barbosa se hace cargo de la nao.

En un momento ha cambiado la suerte. Ya son tres naves contra dos. Y para evitar la fuga de los sublevados se colocan las tres naos en la boca de la bahía. Y por mucho que Gaspar de Quesada, armado de pies a cabeza, arenga al combate, la gente se rinde a Magallanes sin contradicciones. Gaspar de Quesada, Antonio de Coca, sus sirvientes y otros son apresados y puestos en prisiones bajo cubierta. Álvaro de Mezquita vuelve a disponer de la nao San Antonio. Y la nao “Concepción” es abordada por gente leal al Capitán General y Juan de Cartagena, el clérigo Sánchez Reyna y sus fieles y allegados, como Elcano, también son puestos en prisiones.

La historiadora norteamericana Carla Rahn dice que tras el alzamiento el castigo “fue desmedido”. “Si hubo proceso, no ha dejado documento alguno”. “Ejecutó- explica la historiadora- sumariamente a dos capitanes: Luis de Mendoza fue descabezado y descuartizado. Gaspar de Quesada afrontó el mismo destino”. “A Juan de Cartagena, veedor al que el Rey había puesto al mismo nivel de mando que Magallanes, no se atreve a matarle. Le abandona en una pequeña isla”. “Luego conmuta el resto de sentencias para usar a los condenados, incluido Elcano, en los trabajos más duros en la reparación de las naves”.

Se le puede replicar a la señora Carla Rahn, que hay documentación sobre el juicio que se hizo a los sublevados. Cuando la nao “Trinidad”, destrozada por terribles tifones, se vio obligada a regresar a Tidore (isla de las Molucas) de su viaje de retorno a España por el Pacífico Norte, se vió con estupor como una escuadra de siete navíos portugueses al mando de Antonio de Brito, nombrado por el Rey de Portugal Gobernador de las islas de las Especias, había destrozado la factoría que dejaron allí, tras confiscar las mercancías y aprisionar a los hombres que estaban al frente de ella. También encarcelaron a los supervivientes de la nao “Trinidad” (que se sepa solo regresaron después de diez años de penoso cautiverio Gómez de Espinosa, Pancaldo y Ginés Mafra) y se incautaron de todos los papeles de la nao “Trinidad”, instrumentos náuticos, portulanos y los libros de Magallanes, de Andrés de San Martín y de Juan Serrano. Por una carta que envió Antonio de Brito con informaciones obtenidas de los documentos robados y de los interrogatorios a los prisioneros sabemos cómo se llevó a cabo el juicio a los sublevados en San Julián.

Castigo a los culpables

Después de haber sido abortada la sublevación, queda por resolver lo más difícil y lo más terrible. Es necesario hacer justicia y es ineludible castigar a los culpables. Pero con un juicio en toda regla, donde no falten ni formalidades ni requisitos, como si se tratara en Sevilla. Magallanes lo requiere porque las personas encausadas son de tal rango que precisa de toda la legalidad para cuando se regrese a España. Magallanes no desea que se le reproche de injusto, cruel y déspota. El cadalso que se monta a la vista de todos provoca la necesaria intimidación. Los merinos de la escuadra, Alberto, Yudícibus, Diego de Peralta, Julio de Sagredo y Juan de Aroche forman el tribunal. Han de decidir el grado de participación de los implicados en la rebelión y su culpabilidad. Magallanes se reserva, como juez supremo, el dictamen de la sentencia o la absolución. Los cinco escribanos toman nota para dejar constancia de todas las pesquisas y de todos los actos delictivos. O sea, hay un juicio legal, un tribunal imparcial que estudia a fondo y con detenimiento los hechos. Los testigos declaran con entera libertad. Los reos tienen ocasión de defenderse. Y el tribunal dicta con arreglo a la ley sentencias de muerte a cuarenta por alta traición.

A Magallanes le corresponde confirmar esas sentencias. Sólo es condenado a muerte por decapitación, en atención a la hidalguía de su persona, el Capitán Gaspar de Quesada, porque se manchó las manos de sangre al acuchillar al maestre de la nao “San Antonio Elgorriaga”, que al cabo de un tiempo muere de gangrena. El Capitán Luis de Mendoza murió cuando los leales a Magallanes asaltaron la nao “Victoria”. Y siguiendo la costumbre de la época estos dos cadáveres son descuartizados con cabestrantes a falta de caballos y los destrozados restos de los Capitanes Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada son clavados en sendas estacas alrededor del cadalso y quedan expuestos durante tres días para que sirva de escarmiento. A los demás, entre los que se encontraba Elcano, se les conmuta la pena de muerte por trabajos forzados. Cuando parten de Puerto de San Julián los cerebros de la conspiración, Juan de Cartagena y el clérigo Sánchez Reyna, son abandonados con sendas espadas, dos rodelas y un saco de vituallas para que sea Dios quien decida lo mejor a sus destinos. Hay que tener en cuenta que si hubiera triunfado la rebelión, donde tuvo una activa participación Elcano, el viaje de la Primera Vuelta al mundo no se hubiera hecho.

En el Puerto de San Julián espera la escuadra a que pase el cruel invierno austral. No hay distinción entre el condenado a trabajos forzados y el que no lo está, pues todos los trabajos son durísimos con las brutales condiciones en que se vive. Y nadie hay ocioso, el tiempo se ha de ocupar para que la estancia no sea tan terrible, pues la espera en este lugar tan inhospitalario, tan lejos de casa, resultaría enloquecedora.

No tardan en ponerse en contacto con los habitantes de estas regiones, que por su aspecto gigantesco son bautizados patagones, recordando el celebrado libro de caballería “Las aventuras del caballero Primaleón” donde se relata que Primaleón navegó a una isla lejana donde habitaba el gigante Gran Patagón.

Al ir desapareciendo las tormentas invernales se decide enviar a la nao “Santiago” para explorar y examinar el derrotero. Pero con la condición de que antes de una semana debería estar de regreso. Los días se suceden- medio mes- y la “Santiago” sin dar señales de vida, cuando aparecen totalmente desfigurados y enloquecidos dos tripulantes de dicha nao. Relatan que en la amanecida del día 22 de Mayo se desató un furioso vendaval, que siendo tan rápido no les dio tiempo a rizar las velas y todas quedaron rifadas. Y un golpe de mar les arrancó el timón, quedando a merced de los elementos, estrellándose tres leguas más al Sur. Al ser la costa plana y arenosa la “Santiago” encalla por la proa, lo que permitió que la tripulación pudiera saltar y salvar la vida. La “Santiago” queda varada durante unos días hasta que las olas que la azotan la hacen añicos y la arrastran mar adentro donde zozobra. La tripulación decide regresar por tierra, pero tropiezan con un ancho y profundo río que bautizan de Santa Cruz. Al no ver la forma de vadearlo, solo dos pueden cruzarlo con una balsa hecha con maderas salvadas de la “Santiago”.

(El buzo argentino Daniel E. Guillén encontró en la desembocadura del rio Santa Cruz unos fragmentos de madera pertenecientes a la nao “Santiago”, que investigadores del CSIC en el Centro Nacional de Aceleradores confirman, aplicando el método carbono 14. La importancia de este hallazgo es relevante por tratarse de una nao de la escuadra magallánica y porque esos tipos de barcos prácticamente son inexistentes en la actualidad. El buzo, a través de nuestra mediación, ofrece ese tesoro arqueológico al Museo Naval de Madrid, pero inauditamente las autoridades competentes lo han rechazado)

Al faltar la “Santiago” el mando queda de la siguiente manera: Magallanes sigue comandando la “Trinidad”. Álvaro de Mezquita la nao “San Antonio”, la “Concepción” Juan Rodríguez Serrano y la “Victoria” Duarte Barbosa.

Continuará...

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