EL DESCONOCIDO ESCUDO DE LA TRANSICIÓN
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EL DESCONOCIDO ESCUDO DE LA TRANSICIÓN

martes 04 de febrero de 2020, 18:38h
EL DESCONOCIDO ESCUDO DE LA TRANSICIÓN
Primera página de la Constitución de 1978 con el escudo de la Transición, prácticamente igual al franquista.
Primera página de la Constitución de 1978 con el escudo de la Transición, prácticamente igual al franquista.

Muchos creen por error que el escudo nacional que preside la Constitución de 1978 es el que utilizó el régimen franquista. Aquel emblema suarista de 1977 esconde el verdadero espíritu continuista de la reforma política

A la izquierda, escudo de España utilizado por el régimen franquista desde 1945 a 1977. En el centro, escudo utilizado desde 1977 a 1981. A la derecha, escudo actual, establecido por Ley 39/1981, de 28 de octubre.
A la izquierda, escudo de España utilizado por el régimen franquista desde 1945 a 1977. En el centro, escudo utilizado desde 1977 a 1981. A la derecha, escudo actual, establecido por Ley 39/1981, de 28 de octubre.

Tras la muerte de Franco, último dictador de Europa occidental, la Reforma Política realizada por los herederos de la dictadura, tuvo como objetivo prioritario evitar la ruptura con el franquismo. Aunque, muy a su pesar, se vieron obligados a emprender el camino hacia la democracia, se cuidaron mucho de levantarla sobre los cimientos de la propia dictadura, evitando depuraciones políticas e ideológicas, que los crímenes de la dictadura fuesen juzgados y garantizarse, de facto, seguir moviendo los hilos desde los tres poderes. Para acercarse a Europa y a su mercado común, anhelo de los reformistas, solo era preciso una democracia de derecho, aunque fuese de baja intensidad, por lo que, utilizando el miedo y el ruido de sables como extorsión (hubo seis intentos de golpes de Estado seis años), idearon un consenso tal, que su balance les fuera favorable, incluyendo una ley electoral que les permitiera seguir ostentando el poder en la nueva forma de Estado. Adolfo Suárez pactó con una oposición sometida y condicionada, clandestina hasta 1977. Algunos puntos de ese consenso serían impuestos e innegociables: la monarquía, la bandera de los vencedores de la guerra civil y el himno. Lo demás, se consensuaría, si bien con ventajas evidentes para la derecha tradicional, no en vano era esa misma derecha la que marcaba los ritmos, los tiempos y los modos de los consensos.

Pero, ¿y el escudo? La Constitución de 1978, en su artículo 4, reguló la bandera rojigualda, pero no hacía referencia alguna al escudo de España. Es creencia general, que el escudo que figura en el frontispicio de la Constitución Española de 1978 es el emblema franquista, pero no es exactamente así. Una de las reformas de Suárez, que pasó casi desapercibida, fue la creación de un nuevo escudo nacional, que estuvo en vigor menos de cinco años. En 1977, el gobierno suarista publicó un reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos, en el que modificó el escudo franquista a través del Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero.

Suárez hacía reformas sin modificar lo sustancial, cambiaba símbolos sin cambiarlos, un auténtico ejercicio de funambulismo político para hilvanar el tránsito hacia la democracia que, si bien se vendió como para “contentar a todos”, a la hora de la verdad benefició a los de siempre. Su temor a los nostálgicos del régimen del que él mismo procedía, hizo que no se atreviera a sustituir del todo el escudo nacional, conservando los símbolos imperialistas de los Reyes Católicos que Franco hizo suyos en 1938 y 1945. Así pues, las modificaciones introducidas en el emblema de la Transición fueron tan nimias, que costaba diferenciar el nuevo escudo del utilizado por el régimen. Se conservó el cuartelado de los cinco reinos (León, Castilla, Aragón, Dos Sicilias y Granada), pero también el águila de San Juan, el yugo, las flechas y el lema Una grande libre.

Así lo describe la Regla nº 2 del citado decreto de 1977:

El todo sobre Águila de San Juan, azorada, de sable y fileteada de oro, nimbada de lo mismo, picada y armada de gules, membrada de oro y sosteniendo las garras el escudo por su medianía. Acostadas al escudo dos columnas de plata, con capiteles y bases de oro, sobre ondas de plata y azur, sumadas por coronan de oro; en la diestra se enrosca una cinta de gules con la palabra en oro «Plus» y la corona es imperial; en la siniestra otra de lo mismo con la palabra «Ultra», y la corona es real. A la derecha de la cola del águila, un yugo de gules, en su posición natural, con cinta de lo mismo, formando la inicial de Fernando y, a la izquierda, un haz de cinco flechas, de gules, con puntas hacia abajo y cinta de lo mismo, formando la inicial de Isabel. Yugo y flechas convergentes hacia el extremo de la cola del águila. Por divisa, superando el todo, listón de gules con la leyenda en oro «Una, Grande, Libre».”

En definitiva, el nuevo escudo de la Transición era el mismo que el franquista, solo con un fileteado de oro sobre el águila y un cambio de posición del lema y las columnas de Hércules. Nada más. Pero Suárez ya tenía la excusa para decir que ese “no era el escudo franquista”. Casi nadie se apercibió de los cambios, por lo que, a todos los efectos, se siguió considerando un símbolo de la dictadura. El hecho de que en la Constitución Española, firmada por el Rey, estuviera presidida por este emblema de 1977, provocó, por la similitud, algunas polémicas sobre el hecho de que una Carta Magna democrática, esté presidida por simbología imperialista heredada de la dictadura. Finalmente, en 1981, el diputado socialista Luis Solana, expuso la necesidad de crear un escudo democrático del que serían suprimidos, definitivamente, águila, yugo, flechas y lema, a través de la Ley 39/1981, de 28 de octubre, incorporándose, desde entonces, a la bandera de España.

Una de estas confusiones se suscitó en 2010, con la exposición en el Parlamento Europeo de un facsímil de la Constitución Española. La Agencia de Noticias Catalana calificó el símbolo de “franquista y preconstitucional”. Incluso el diputado Oriol Junqueras elevó una queja formal para que fuese retirado.

Traigo a colación esta anécdota sobre aquel breve escudo de la Transición, que no fue sino un engendro franquista sin ser franquista, porque define a la perfección aquel espíritu de la reforma de Suárez que impidió la ruptura con el franquismo: cambiarlo todo para no cambiar nada.

Luis Miguel Sánchez Tostado, historiador y criminólogo

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