CELESTINO MUTIS Y EL NACIMIENTO DE LA ECOLOGÍA

CELESTINO MUTIS Y EL NACIMIENTO DE LA ECOLOGÍA
martes 11 de junio de 2019, 20:26h
CELESTINO MUTIS Y EL NACIMIENTO DE LA ECOLOGÍA
José Celestino Mutis nació en Cádiz en 1732. Fue alma de la Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada (1783-1816) que marcó un hito en la Historia Natural de las Américas. La Cádiz en la que nació el naturalista, una de las ciudades más antiguas de Europa, era entonces centro del comercio de Indias, ciudad abierta, comercial, tolerante y hospitalaria, como lo sigue siendo.
CELESTINO MUTIS Y EL NACIMIENTO DE LA ECOLOGÍA

Celestino Mutis nació tercero de ocho hijos de una religiosa familia de libreros. Estudió gramática y filosofía antes de ser admitido en el Real Colegio de Cirugía, alcanzando grado de bachiller en Artes, Filosofía y Medicina por la Universidad de Sevilla. Tituló como médico en Madrid donde también cultivó las matemáticas, ciencias naturales y astronomía, y ejerció como catedrático de Anatomía.

Partió a las Américas con veintiocho años en calidad de médico del Virrey Pedro Mexía de la Zerda. En lo que luego sería Colombia acabó de formarse en comunión con la naturaleza del país. Polifacético y polímata enseñó la astronomía de Copérnico, lo que le costó un disgusto con la Inquisición. Estudió las propiedades curativas de las plantas y promovió su comercio con Europa. Coleccionó un herbario con más de veinte mil plantas y cerca de siete mil láminas pintadas a mano, colecciones de minerales, semillas, maderas, conchas…

Mutis descubrió la quina en América Septentrional y se carteó con los botánicos más sobresalientes de su época. Colaboró con Linneo, quien le dedica el género Mutisia, clase de asteráceas con flores muy hermosas, como la de la ilustración. Después de Linneo, se le han dedicado a Celestino muchos otros taxones, sobre todo de especies vegetales.

Nuestro naturalista gaditano dominaba muchos palos del cante ilustrado; entre sus numerosas investigaciones hay que citar sus estudios de gramáticas de lenguas indígenas como el chibcha, así como la redacción de un Diccionario de la lengua achagua. Aún sacó tiempo para crear la “Sociedad Patriótica del Nuevo Reino de Granada” que luego sería embrión de la independencia colombiana. Con motivo del bicentenario de su muerte, en 2008 se celebró una exposición en España en su honor y memoria, en la que el embajador colombiano declaró que Celestino fue "precursor de los precursores" de la independencia de su país.

En Colombia, donde llevan su nombre colegios, avenidas y aeropuertos, es muy admirado y recordado, sin embargo los españoles damos ejemplo una vez más de ingratitud y desmemoria con nuestras grandes figuras, humanistas y científicos, sean mujeres o varones: si no fuera porque la cara de Celestino Mutis decoraba los billetes de dos mil pesetas, apenas sería recordado por el gran público.

A principios de mayo de 1799, Carlos IV concedió al naturalista alemán Alexander von Humboldt un pasaporte para viajar a Sudamérica y Filipinas (islas de Felipe II). Sólo el permiso; ninguna financiación. A cambio, Humboldt prometía mandar muestras de flora y fauna para el gabinete y el jardín real. El hecho de conceder un permiso así a un extranjero era raro y sorprendió a muchos cortesanos la decisión del rey. Seguramente Humboldt tenía poderosos “padrinos”. Pocos días después, el prusiano y su amigo y colaborador el botánico Bonpland partieron de Madrid a La Coruña donde embarcaron en la fragata Pizarro a principios de junio de 1799. Humboldt se proponía confirmar su hipótesis de que “todas las fuerzas de la naturaleza están entrelazadas y entretejidas”, y hacer fabulosos descubrimientos sobre cómo interactuaban la naturaleza viva y la inerte (geología y clima).

El dieciséis de julio de 1799, tras hacer escala en Tenerife, donde Humboldt trepó al Teide, se le apareció en el horizonte la costa de Nueva Andalucía, hoy parte de Venezuela. A finales de año, en cartas llenas de entusiasmo, el naturalista alemán habla de sus experiencias en Sudamérica, de arañas gigantes que cazan colibríes y de serpientes capaces de devorar un caballo. Esos textos maravillaron a las gentes elegantes e ilustradas de los salones de París, Berlín y Roma, ya predispuestas al romanticismo epocal. “La naturaleza, en todas partes –decía el sabio- se dirige al hombre con una voz que es familiar para su espíritu”.

En las selvas sudamericanas, Humboldt tuvo que abandonar la concepción rusoniana de una naturaleza benévola e inocente corrompida por la cultura humana. Lo que allí veía no tenía nada de paradisíaco ni de Edad de Oro mitológica. “La Edad de Oro ha terminado” –escribió. Los animales se temían unos a otros y luchaban a dentellada y pata partida por sobrevivir. Igual las plantas. El aventurero prusiano documentó estilosamente con qué ferocidad vigorosa y lujuriosa habilidad abrazaban las enredaderas a los enormes árboles de la jungla. No era la mano humana la que resultaba aquí destructiva, sino la rivalidad entre ellas para obtener alimento y luz.

En 1801, Alexander von Humbolt, padre de la Ecología, quiso conocer en Bogotá al famoso naturalista español. Mutis tenía sesenta y nueve años y llevaba cuarenta viviendo en Sudamérica. Desde Cartagena de Indias el alemán le había enviado una carta de presentación repleta de elogios. Mutis recibió a Humboldt y su compañero Bonpland con todos los honores. Después de las fiestas, el viejo botánico les abrió sus vitrinas. Mutis tenía todo un estudio de dibujo botánico con más de treinta artistas, entre ellos varios indígenas que elaborarían seis mil acuarelas de plantas de la región.

Humbold contó a su hermano que la biblioteca del sabio gaditano solo era inferior a la de Joseph Banks en Londres. La visita fue beneficiosa para ambos. José Celestino Mutis hizo también escuela. Entre sus discípulos más notables se encuentran su propio sobrino, Sinforoso Mutis Consuegra, el científico naturalista Francisco José Caldas y el botánico Francisco Antonio Zea, quien llegó a ser director del Real Jardín Botánico de Madrid. Hoy la abreviatura Mutis se emplea universalmente para indicar a José Celestino Mutis como autoridad en la descripción y clasificación científica de los vegetales.

Bibliografía (para saber y ver más)

Celestino Mutis. Escritos botánicos, 1985.

Andrea Wulff. La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, Taurus, Barcelona 2017.

Pedro Cáceres, “Una muestra sobre el gran botánico de la Ilustración en América”: https://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/02/ciencia/1238699253.html

Una colección de las bellísimas láminas de Mutis: https://www.pinterest.es/luismellado4/jos%C3%A9-celestino-mutis/

José Biedma López para Nuevodiario, junio 2019.

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