SOFÍA DE GRECIA Y FAMILIA
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SOFÍA DE GRECIA Y FAMILIA

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SOFÍA DE GRECIA Y FAMILIA
lunes 05 de noviembre de 2018, 20:33h
Hija y nieta de reyes y bisnieta de un emperador. Ricardo Mateos, autor de “La familia de la Reina Sofía”, relata en este reportaje y a través de sus personajes los momentos de grandeza y las pequeñas miserias y pasiones propias de cualquier familia. Ésta es la historia de una dinastía que se debatió siempre entre el trono y el exilio.

La reina María de Hannover (1818-1907). Tatarabuela materna de la Reina Sofía. Fue esposa del rey ciego Jorge V de Hannover, a quien los prusianos desposeyeron de su reino y de sus tesoros familiares en 1866. Junto a su esposo y sus hijos, partió hacia el exilio en Austria, donde siempre fueron muy respetados y queridos. En su viudez, la reina, que estaba casi ciega y tenia el pelo extremadamente blanco, se hacía leer en voz alta por su hija, la princesa María, que siempre permaneció soltera. En la imagen, la reina María retratada en su finca de la localidad austriaca de Gmunden.

El príncipe Guillermo de Dinamarca (1845-1913). Bisabuelo paterno. Esta fotografía corresponde a la época en la que se convirtió en el primer rey de Grecia con el nombre de Jorge I. Se cuenta que tuvo noticia de haber sigo elegido monarca al leer el papel de periódico que envolvía su bocadillo de sardinas en la escuela naval de Copenhague. Fue un soberano familiar, inteligente y voluntarioso, que intentó incorporar Grecia a la Europa moderna. A pesar de poseer gustos burgueses, era muy querido en todo el país. En 1913 murió asesinado en la ciudad de Salónica.

La gran duquesa Olga Constantinovna de Rusia (1851-1926). Bisabuela paterna. Educada en la fastuosa corte de los zares, fue hija de la princesa más bella y elegante de la familia imperial rusa, Alejandra, y se convirtió en reina de Grecia a los 16 años, al casarse con Jorge I. Aunque llegó a Atenas siendo una niña y con todas sus muñecas, se convirtió en una reina muy querida y popular en el país, debido al gran interés que mostraba por el trabajo a favor de los necesitados. Falleció en el exilio, en Francia, sin haber llegado a ver a su nieto Jorge II en el trono.

El káiser Guillermo II de Alemania (1859-1941). Bisabuelo materno. Pomposo y egocéntrico, el último emperador de Alemania fue un fanático del mundo militar. Además, se convirtió en uno de los responsables de la Primera Guerra Mundial, lo que al final le costó el derrumbamiento de su imperio. Exiliado en Holanda, la reina Doña Sofía le conoció siendo un bebé de meses, cuando su madre, la reina Federica de Grecia, asistió a la fiesta que se organizó en la ciudad de Doorn, con motivo del 80 cumpleaños del anciano emperador, con la recién nacida en sus brazos.

La princesa Thyra de Dinamarca (1853-1933). Bisabuela materna. En su juventud, Thyra se enamoró de un joven oficial del ejército danés, de quien quedó embarazada para consternación de su familia. Después del nacimiento de su hijo, que fue entregado en adopción, fue enviada a Grecia, a la corte para recuperarse de sus penas de amor. Desde allí viajó a Italia, donde conoció a su futuro esposo, el duque de Cumberland, heredero de la corona del inexistente reino de Hannover. En esta fotografía posa junto a sus hijas: María Luisa, Olga y Alejandra.

El rey Constantino I de Grecia (1870-1923). Abuelo paterno. Pretendió recrear en Grecia el sueño del antiguo Imperio bizantino. Alto y atractivo, desde su juventud mostró un gran interés por el mundo militar. Convertido en monarca tras el asesinato de su padre, consiguió una enorme popularidad en Grecia, que llegó a considerarle un héroe. Sin embargo, en 1917 tuvo que abdicar por primera vez, saliendo camino del exilio. Llamado al trono de nuevo en 1920, volvió a abdicar en 1922 y se retiró al exilio en Italia, donde falleció poco después consumido por la pena y la nostalgia.

La princesa Sofía de Prusia (1870-1932). Abuela paterna. Hija del emperador Federico III de Alemania. Aunque fue una princesa alemana, siempre se sintió más inglesa por educación y por inclinación, por ser nieta de la mítica reina Victoria de Gran Bretaña. Soberana de Grecia por su matrimonio con Constantino I, fue denostada y falsamente acusada de colaboracionismo con Alemania durante la Primera Guerra Mundial, lo cual contribuyó a que su esposo perdiera el trono. Una vez viuda, vivió en Italia retirada en su villa “Bobolina”, en la ciudad de Florencia.

El príncipe Ernesto Augusto de Brunswick (1887-1953). Abuelo materno. Su matrimonio con Victoria Luisa de Prusia reconcilió a las casas reales de Hannover y de Prusia, enfrentadas durante años. Afable y atractivo, la princesa prusiana se enamoró de él a primera vista. Tras su boda, su suegro, el emperador, le cedió el ducado de Brunswick, en el norte de Alemania, sobre el cual sólo pudo reinar durante cinco años, cuatro de ellos en guerra. En 1918 perdió su trono y se retiró a las propiedades de su familia en Austria. En la imagen, vestido de ulano del ejército alemán.

La princesa Victoria Luisa de Prusia (1892-1980). Abuela materna. Fue la única hija del káiser Guillermo II, quien desde su infancia se ocupó de darle todo tipo de caprichos. Mujer de voluntad y carácter firme, contrajo matrimonio con el príncipe Ernesto Augusto de Hannover, en 1913. Ésta fue la última gran ceremonia de las monarquías europeas al final de la “belle-époque”. Se casó por amor y, viuda durante muchos años, mantuvo una relación difícil con su hija la reina Federica, quien se negó a invitarla a la boda de su hija Doña Sofía con el Príncipe Juan Carlos de Borbón, en 1962.

El príncipe Pablo de Grecia, luego rey Pablo I (1901-1964). Padre. En la fotografía lo vemos a la edad de cuatro o cinco años, posiblemente durante una de las muchas visitas de su madre a las playas de Eastbourne, en Inglaterra. Fue el menor de los hijos varones del rey Constantino I, y fue educado con las maneras británicas que tanto gustaban a su madre, la reina Sofía. Aunque cuando nació no se pensó en él como heredero, ya que tenía dos hermanos mayores, llegaría a reinar en Grecia en 1947, tras los reinados consecutivos de sus hermanos, los reyes Alejandro I y Jorge II.

La princesa Federica de Hannover (1917-1981). Madre. En imagen, junto a sus hermanos menores, los príncipes Christian y Welf-Heinrich. Los jóvenes visten el uniforme de las “Juventudes Hitlerianas”, de uso prácticamente obligado en los retoños de las familias importantes de Alemania. Esta fotografía de juventud, que refleja el vínculo de la familia con el nazismo alemán, habría de causarle muchos problemas a la futura reina de Grecia, que en muchas ocasiones sería acusada de fascista y condenada públicamente por un supuesto pasado “nazi”.

La gran periodista del Chicago Tribune, Sigrid Schultz dice, el Führer tenía el deseo de transformar esta familia en la nueva estirpe de emperadores de un nuevo Sacro Imperio Romano Germánico. Por eso les elevo a príncipes de Hannover y por eso la familia estaba tan a favor del Nacional Socialismo. Quizá Franco lo sabía a la hora de apoyar el matrimonio de Juan Carlos de Borbón…

La familia de los Duques de Brunswick era una de las grandes familias aristocráticas del país (el abuelo era el Kaiser Guillermo II) y para Hitler, que acaba de llegar al poder, mostrar a sus electores que tenía el respaldo de la vieja aristocracia era una cuestión importante.

Los abuelos de la reina Sofía también tenían su propio interés político. El canciller Hitler, socialista, de condición humilde y además austriaco, no era muy popular en las esferas altas de la sociedad, pero su pragmatismo económico y su fervor nacionalista eran un escudo contra el internacionalismo comunista. Sin embargo, entre apoyarlo discretamente en la sombra y poner sus hijos a disposición de Goebbels para aparecer en uniforme nazi y ser distribuido en foto al pueblo.

Como hemos anticipado, la periodista germano-americana Sigrid Schultz, que trabajaba en Berlín por el Chicago Tribuneen los años 30, afirmaba en su artículo que Hitler le había dicho que quería, a su muerte, transformar el Reich en un nuevo Sacro Imperio Romano Germánico y convertir a los Brunswick en nuevos emperadores. Por eso Hitler los elevó al rango de Príncipes de Hannover. El artículo es genuino y esta periodista fue muy respetada en su tiempo.

Pero lo que más me interesa de esta historia es que tiene mucha similitud con lo que hizo Franco con Juan Carlos. Los dos dictadores eran del pueblo, pero los dos estaban fascinados por la sangre azul y consideraban que sólo la estirpe podía tener una legitimidad a largo plazo. Hay textos del señor Rajoy en los que habla del mismo conceptoy las decisiones de su gobierno, desde las privatizaciones hasta la LOMCE, se nutren de esta misma ideología…

Pablo de Grecia y la princesa Federica de Hannover. Padres. Pese a su parentesco (tío y sobrina en segundo grado) y de los ?6 años que les separaban, construyeron un matrimonio firme y estable, basado en el amor, el respeto, y el apoyo mutuo. El refinamiento y la sensibilidad de él despertaron la fascinación en ella. La energía y la determinación de Federica se convirtieron en el gran sostén de Pablo durante los años de exilio y de dificultades políticas en una Grecia destruida por la Segunda Guerra Mundial y por la lucha contra la guerrilla comunista. La imagen es la fotografía de compromiso.

La princesa Sofía de Grecia (1938). Con motivo de su nacimiento, su abuela, la duquesa Victoria Luisa de Brunswick, se desplazó a Atenas para conocerla, como muestra la imagen. Primogénita de los reyes Pablo y Federica, vino al mundo en Atenas en 1938. La reina Federica escribió: “Queríamos llamarla Olga, pero cuando nació y se dispararon las salvas, la muchedumbre se acercó a la casa gritando ¡Sofía! Y eso fue todo”. La princesa recibió los nombres de Sofía Margarita Victoria Federica y fue ahijada de su tío el rey Jorge II de Grecia y de la reina Elena de Italia.

La casa familiar en Atenas. En esta casa del elegante barrio ateniense de Psychico nacieron la Reina Sofía y su hermano el rey Constantino de Grecia. Pablo y Federica de Grecia y sus hijos vivieron allí entre 1938 y 1941 y, posteriormente, durante los meses que precedieron a su acceso al trono tras su vuelta a Grecia. Allí, junto a la casa, se instaló una pequeña escuela donde la futura Reina de España recibió su primera educación. Incautada por la República griega tras la caída de la monarquía, hay quien dice que en la actualidad el rey Constantino tiene interés por adquirir la vivienda.

La princesa María Bonaparte (1882-1962). Tía abuela política paterna. Contrajo matrimonio, en 1907, con el príncipe Jorge de Grecia, un solterón de gran altura y enormes mostachos, tío abuelo de Doña Sofía. Poco interesado por el sexo femenino, el príncipe griego encontró un excelente partido en esta princesa que, por herencia materna, se había convertido en la más rica heredera de Francia. Andando el tiempo, María Bonaparte, que siempre sintió un enorme interés por el mundo de la cultura, sería una psicoanalista de renombre y una de las discípulas más queridas de Freud.

Nancy Stewart (1873-1923). Tía abuela política paterna. Esta riquísima viuda estadounidense contrajo matrimonio, en 1920, con el príncipe Cristóbal de Grecia, hijo menor del rey Jorge I. Viuda de su segundo marido, el multimillonario William Leeds, Nancy decidió introducirse en la alta sociedad europea y casarse con un miembro de la alta nobleza británica o de la realeza. Su enlace con Cristóbal posibilitó que la familia real, escasa de medios, pudiera servirse de su generosidad. Según se cuenta, sus millones sirvieron para financiar la restauración de Constantino I en su trono perdido.

La princesa Marina de Grecia (1906-1968). Tía segunda paterna. Su enlace con el príncipe Jorge de Inglaterra, duque de Kent, fortaleció más la excelente relación que siempre unió a las casas reales británica y griega. El rey Jorge II de Grecia y los príncipes y princesas de su familia, entonces en el exilio, acudieron en pleno a la ceremonia, que se celebró en Londres. La orgullosa madre de la novia, la gran duquesa Elena de Rusia, exigió al rey de Inglaterra que la invitase haciendo constar su rango de alteza real e imperial. La reina Isabel II de Gran Bretaña fue dama de la novia.

El príncipe Felipe de Grecia (1921). Tío segundo paterno. Hijo del príncipe Andrés de Grecia y de la princesa Alicia de Battenberg. Su educación y su infancia transcurrieron prácticamente fuera de Grecia. Después de estudiar en Gran Bretaña y de participar en la Segunda Guerra Mundial en el ejército de ese país, contrajo matrimonio con la princesa heredera Isabel de Inglaterra. Nacionalizado británico, se convirtió en el consorte de la monarquía más poderosa del mundo. En la fotografía, junto a su prima hermana la princesa Alejandra de Grecia, quien más tarde escribiría una biografía sobre él.

Pablo y Felipe de Grecia. Padre y tío segundo paterno. En la fotografía, el príncipe heredero Pablo de Grecia, junto a su primo hermano, el príncipe Felipe de Grecia, en un encuentro durante la Segunda Guerra Mundial. Pablo siguió muy estrechamente el curso de una guerra que le había sacado de Grecia, mientras que Felipe, naturalizado británico con el nombre de Felipe Mountbatten, se enroló en el Ejército británico sirviendo en el frente de Asia oriental. Bastante alejado de su Grecia natal, Felipe siempre ha afirmado no sentir nostalgia por su país de origen.

La princesa Alicia de Grecia (1885-1969). Tía abuela política paterna. Sorda de nacimiento, se interesó por la religión y algunas corrientes místicas y esotéricas de los años 20 y 30. Llegó a tener delirios mesiánicos y fue internada en una clínica psiquiátrica. Parcialmente recuperada, regresó a Atenas. Aunque nunca tomó los votos religiosos, a finales de los 40 comenzó a vestir el hábito gris de la congregación que fundó en Grecia. Suegra de Isabel II de Inglaterra. En la imagen, durante la boda de los Reyes de España (1962), con Sibila de Suecia, madre del actual rey Carlos Gustavo.

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