En busca del corán

En busca del corán

Nuevo capítulo en la sección Lectores.
Animado por el trato que recibía de Sara, buscaba
cualquier ocasión que mi ocupación me dejaba para ir
a casa de mi maestro, al que con la excusa de recibir su
consejo, visitaba cada vez más por ver a su hija, con la que
no había noche que no soñara.
Aquella tarde, nada más acabar mi jornada deshaciendo
entuertos y juntando a las partes litigantes para
que no hubiese necesidad de entablar pleito, pasé por
el zoco, donde adquirí aceitunas y uvas pasas de la
Axarquía de Málaga; también compré vino dulce para
mi maestro y frutas confitadas que tanto gustaban a
Sara. Al acabar, subí por las desordenadas y laberínticas
calles del Albayzín hasta la morada del alfaquí, cuando
con asombro descubrí que un numeroso ejército entraba
una por una en todas las casas e incautaba cuantos libros
hallaba, poniendo especial empeño en la requisa de los
ejemplares de nuestro Libro Sagrado. Intuyendo cuál era
el motivo, di de lado la calle principal, que enlazaba entre
sí los distintos arrabales, y anduve por callejones menores
que conocía bien, a los que a buen seguro los soldados no
habían llegado aún por ser menos transitados. Soltando
aquellos manjares que tan buenos dineros me costasen,
y que eran poco menos que todo mi capital, me dirigí
corriendo a mi casa, donde puse al corriente de cuanto
sucedía a mi abuelo, para que hiciese lo mismo y pusiera
al tanto a los vecinos, que a su vez lo irían comunicando
los unos a los otros.
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