"La guerra, la peor de las injusticias", por Matías García Fernández, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad El Saliente

'La guerra, la peor de las injusticias', por Matías García Fernández, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad El Saliente
sábado 09 de abril de 2022, 08:15h
'La guerra, la peor de las injusticias', por Matías García Fernández, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad El Saliente

El pasado 24 de febrero nos despertábamos con la noticia que nunca hubiéramos querido recibir. Después de dos años de pandemia, el mundo ha atravesado un periodo de graves tensiones económicas, sociales y sanitarias y, cuando creíamos que el escenario internacional no podía ir a peor, Rusia invade a Ucrania.

'La guerra, la peor de las injusticias', por Matías García Fernández, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad El Saliente

Como en todas las guerras, va a haber un montón de víctimas inocentes y de vidas truncadas por el afán imperialista de un gobernante. ¿Qué consecuencias tiene este conflicto bélico, que es el mayor que ha vivido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial? Una de las más inquietantes es, sin duda, que la seguridad internacional se ha visto comprometida.

Si los países de la OTAN intervienen con sus fuerzas militares, estaríamos hablando de la tercera contienda de proporciones globales. En segundo lugar, los efectos económicos también serán devastadores. Las comunicaciones se han visto afectadas y, además, las inversiones rusas en el extranjero están en suspenso, al igual que las de países internacionales con intereses económicos en Rusia.

Por si eso fuera poco, los precios de los combustibles fósiles y las materias primas no paran de subir y ya son 8 veces más altos que hace un año. Esto, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) tendrá “un impacto sustancial en la economía mundial y los mercados financieros, con importantes repercusiones” que no solo se notarán en los países en conflicto, sino también en otros muchos. Sin embargo, sobre todas estas consecuencias hay una que es realmente desgarradora y que debería hacernos reflexionar. Es la pérdida de vidas inocentes y la crisis humanitaria que se ha generado. Me refiero a los bombardeos y combates que se están librando en suelo ucraniano, con un coste de miles de vidas y dejando a innumerables familias sin sus seres queridos, sin sus casas, sin sus ahorros y sin la vida que tenían hasta ese momento.

También están esos 2 millones y medio de refugiados que han huido de su país hacia otros del entorno y que probablemente van a ser muchos más, en función de las semanas que se alargue la invasión. Son niños y niñas, mujeres y hombres que poca o ninguna responsabilidad tienen de las decisiones que se toman en el Kremlin o en los despachos de los mandatarios del mundo. En los últimos días hemos visto en las televisiones imágenes que quedarán grabadas en nuestras retinas y nuestro corazón durante mucho tiempo: El menor de once años, que llevaba un número de teléfono apuntado en la mano, fue enviado por su madre hasta Eslovaquia para reunirse allí con familiares andando sólo más de 1000 km.

No quiero mencionar otras imágenes dantescas mucho más duras, de familias muertas en las calles, de destrucción. Creo que la siguiente pregunta nos la hemos formulado casi todos en estas últimas semanas: ¿Cómo es posible que en el siglo XXI sigan produciéndose estas situaciones? En España, lamentablemente vivimos también las consecuencias de la Guerra Civil.

Todas las guerras son injustas, pero aquellas que se libran entre compatriotas mucho más. La memoria histórica es, a veces, frágil, pero creo que es importante no olvidar para no volver a repetir la historia. Dice Olivier Quez: “cada dos o tres generaciones, cuando se agosta la memoria y desaparecen los últimos testigos de las masacres anteriores, la razón se eclipsa y otros hombres vuelven a propagar el mal”. Las generaciones actuales tienen mayor preparación intelectual, pero tenemos una asignatura pendiente en el sistema educativo, la educación en valores y la formación en espíritu crítico.

Estamos viviendo una etapa en España de una polarización de la política, en donde se echa en falta la habilidad comunicativa. No me refiero a la capacidad de hablar bien en público, sino a ser capaz de llegar a entenderse personas que piensan diametralmente opuesto. Cada vez tienen más representación grupos políticos radicales y calan más en la sociedad mensajes que proclaman la intolerancia, la supremacía de unos sobre otros. Son grupos que tienen cabida en nuestro sistema democrático y cuando consiguen cotas de poder restringen la democracia.

La invasión de Ucrania es la consecuencia de la lucha de poderes entre 2 bloques EEUUU y Rusia que quieren tener la supremacía en el mundo. Putin ha cruzado una línea roja que nunca debería haber pasado. Ha demostrado ser un mandatario sin escrúpulos anteponiendo su ambición, dando como resultado la pérdida de vidas humanas, la destrucción y el sufrimiento del pueblo ucraniano.

La guerra es la peor de las injusticias. La única solución es que no se produzca. Por eso resulta preocupante cómo se bombardea a la sociedad con mensajes de odio. Tratan de polarizarnos, sin importarles las consecuencias que ello conlleva, en términos de pérdida de vidas, pobreza, nivel cultural, déficit de los servicios públicos y Producto Interior Bruto. Me gustaría terminar con una breve historia que he visto recientemente en las redes sociales y que resume algo que hemos defendido de manera reiterada desde estas páginas. Un hijo pregunta a su padre: “Papá, si matamos a todos los malos, ¿quedaríamos solo los buenos?”, a lo que el padre responde: “No, hijo. Solo quedaríamos los asesinos. El camino no es la violencia, es la Educación”.

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