'Eric el Rojo. Una saga de exploradores', por Pedro Cuesta Escudero, profesor jubilado de Historia
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"Eric el Rojo. Una saga de exploradores", por Pedro Cuesta Escudero, profesor jubilado de Historia

martes 25 de enero de 2022, 08:07h
'Eric el Rojo. Una saga de exploradores', por Pedro Cuesta Escudero, profesor jubilado de Historia
'Eric el Rojo. Una saga de exploradores', por Pedro Cuesta Escudero, profesor jubilado de Historia

Los vikingos, saqueadores, exploradores y conquistadores, fueron los últimos en llegar de entre los invasores del norte, las tribus bárbaras que aterrorizaron el mundo romano durante siglos. Los vikingos procedían de Noruega, Suecia y Dinamarca y, por su origen escandinavo, se les dio a estos pueblos el nombre de normandos, “hombres del Norte”. Generalmente la palabra vikingo se reservó a los que participaban en las expediciones de comercio y saqueo. Hoy en día, no obstante, se emplea la palabra en un sentido más amplio: vikingo se aplica tanto a los hombres, como a la cultura escandinava que caracteriza este periodo. Los vikingos eran expertos marinos que atravesaban velozmente el mar en sus drakkars o naves dragón, llamadas así porque sus proas y popas iban adornadas con cabezas de dragón.

'Eric el Rojo. Una saga de exploradores', por Pedro Cuesta Escudero, profesor jubilado de Historia

Cultura guerrera

Empujados seguramente por un exceso de población en un país poco fértil, los vikingos saquearon casi todas las ciudades costera de Europa, e incluso poblaciones del interior, hasta donde llegaban remontando los ríos. En un momento de máximo esplendor sus ataques llegaron a alcanzar el mismo corazón de la Francia carolingia. Las tácticas vikingas representaron un problema de difícil solución para los reyes medievales, pues las incursiones eran fugaces; para cuando la defensa llegaba, los vikingos ya se habían ido. Las matanzas, saqueos e incendios, patrón normal de una incursión vikinga, hicieron que los campesinos de Europa buscaran ayuda, pero no del monarca, que no podía proporcionársela, sino del señor local y su castillo, acentuándose así la dependencia que caracterizó a la sociedad feudal.

El guerrero vikingo luchó principalmente como soldado de infantería. Desembarcando en la costa o penetrando profundamente en los ríos navegables de Europa, usaba su nave o flota como base. Si empleaba caballos en la zona del desembarco, era solo para extender el alcance de sus incursiones. Los vikingos nunca luchaban montados y por eso evitaban las batallas a campo abierto contra un ejército organizado. Sobresalían en cambio en el arte de levantar campamentos atrincherados y fortificaciones de campaña. Tan pronto como se detenían en un lugar, cavaban fosas profundas alrededor del campamento y acumulaban la tierra en terraplenes para defenderse ante cualquier ataque por sorpresa.

El sitio de París

Los vikingos eran maestros en la expedición costera, pero las únicas incursiones que merecían la pena por el posible botín eran las dirigidas contra las grandes ciudades. Aprovechando el desconcierto producido en Francia por las disputas dinásticas entre los hijos del rey Ludovico los vikingos se dirigieron a París. En el 847 unos 67 barcos vikingos remontaron el rio Sena y lanzaron un ataque sobre París, resultando un éxito ya que la ciudad celebraba una festividad local. El rey francés Carlos III ofreció dinero a los normandos para que levantaran el asedio, decisión que tuvo éxito, pero le costó la corona ofrecida a Odón en su lugar. Esta fue la última gran incursión vikinga. En el siguiente ataque conducido por el jefe vikingo Rolf el rey francés concedió las tierras de la desembocadura del Sena para que se asentaran allí. A cambio del cese de las incursiones y su conversión al cristianismo, en el año 911 el rey de Francia nombra duque de Normandía al jefe vikingo Rolf, que pasará a llamarse Roberto I. Del ducado de Normandía surgirían Guillermo I (nieto de Roberto), que conquistó Inglaterra en el año 1066; Roberto Guiscard, que arrebató Sicilia a los árabes y el sur de Italia a los bizantinos, dando origen al reino de las Dos Sicilias; y Baduino I, futuro rey del reino cruzado de Jerusalén.

Con el tiempo los vikingos ocuparon gran parte de Europa. Los suecos, llamados varegos, construyeron fortificaciones en el corazón del territorio eslavo que les permitieron dominar las rutas comerciales que unían el mundo bizantino con el Báltico. Los daneses conquistaron Irlanda e Inglaterra y los noruegos descubrieron y colonizaron Islandia y Groenlandia y llegaron a América quinientos años antes que Colom. El saqueo al monasterio inglés de Lindisfarme, el 8 de junio de 793, marcó la violenta irrupción de los vikingos en el mundo cristiano de Occidente. Las crónicas escritas por los aterrorizados monjes de aquel y de otros monasterios, les proporcionó una imagen de sanguinarios asesinos, que perduraría durante siglos. Los pintaban como demonios, con cuernos. De ahí que se representan los cascos con cuernos. Nada más injusto, pues las excavaciones arqueológicas efectuadas en Escandinavia y fuera de allí ofrecen una imagen mucho más matizada, de un pueblo que nunca trató de imponer su ley y su cultura a los demás.

Los vikingos concedían gran importancia a la igualdad y a la libertad, lo que llamó poderosamente la atención de sus contemporáneos en todos los países que invadieron. No tenían reyes, aunque si jefes cuya autoridad era indiscutible por ser los más valerosos, los más experimentados y los más ricos de la comunidad. Las expediciones se realizaban alrededor de estos líderes. El thing o asamblea era una institución fundamental, a la vez legislativa y jurídica, aunque también tenía su carácter social y económico. En el thing, convocado una o dos veces al año, se intercambiaban noticias de comunidades o viajes, se hacían negocios o se concertaban los matrimonios. De entre los asistentes se elegía un presidente que ejercía su cargo durante un periodo de tres años. Su tarea consistía en dirigir las discusiones y hacer cumplir la sentencia a petición de los vencedores de cada proceso. Los jueces del thing eran, por lo general, vecinos o dignatarios locales, y existía también un jurado, cuyos fallos eran decisivos. La pena de muerte no existía, salvo casos excepcionales, como la violación o el homicidio vergonzoso, por lo que las condenas consistían en el pago de multas en plata o especies y, en los casos más graves, se optaba por el destierro o la proscripción. El destierro duraba tres años y, pasado ese tiempo el condenado quedaba rehabilitado y podía regresar. La proscripción era peor que la pena de muerte, pues nadie podía albergar al proscrito, ofrecerle transporte, alimento o prestarle cualquier tipo de ayuda, incluso la imprescindible para vivir.

Fue solo la expansión del cristianismo cuando los antiguos valores guerreros de los vikingos se debilitaros hasta desaparecer. Las culturas que habían conquistado los absorbieron y, así, los conquistadores de Inglaterra se volvieron ingleses, los normandos acabaron siendo franceses y los varegos, al final, fueron rusos.

Eric el Rojo

Eric Thorvaldsson (950- 1001), llamado Eric el Rojo por su flamígera cabellera, es uno de los personajes más fascinantes entre los vikingos, fiel reflejo de la cultura a la que perteneció. Era hijo de Thorvald Advarsson y nació en Joederen, Noruega. De su infancia y juventud solo se sabe que su padre fue condenado al destierro acusado de homicidio. Thorvald decidió establecerse en Islandia, la inhóspita isla del norte que llevaba ya 70 años como colonia. En aquella época la mayor parte de la tierra fértil había sido ocupada, y los recién llegados se establecieron en la costa oeste, no sin ciertos conflictos con sus vecinos.

El temperamento de Eric correspondía a su fiero aspecto y, tras una sucesión de disputas, participó en un enfrentamiento en que murieron dos hombres. Acosado como su padre de homicidio, Eric fue también condenado al exilio por un periodo de tres años. Sin poder quedarse en Islandia, donde cualquiera tenía el derecho legal de matarlo, y sin querer regresar a Noruega, Eric decide emprender una aventura marítima. Corría por entonces el rumor de que otro navegante, Gunnbjörn Ulfsson, había avistado tierra al oeste de Islandia tras ser arrastrado su barco por una tormenta. En torno al año 982 la expedición de Eric llegó a la nueva tierra, a la que llamó Groenlandia, la “Tierra Verde” pues, aunque ahora no lo sea, se sabe que en aquel entonces el clima era mucho más benigno, y los pastizales y fiordos de esa nueva tierra ofrecieron al exilado y a sus compañeros un hogar. Eric fundó el asentamiento de Bratthlid, donde, desde allí, durante los siguientes años, los nuevos colonos exploraron la isla.

Los viajes a Vinland

En el año 985 Eric decidió regresar a Islandia, no para reclamar sus antiguas tierras, sino para convencer a otros colonos de que se establecieran en Groenlandia, para que su nuevo asentamiento fuera viable. Una segunda expedición, mucho más numerosa, cruzó de nuevo el mar y, aunque no todos llegaron a su destino (se calcula que de los 25 barcos de la expedición unos 10 se perdieron en el mar), cerca de 450 personas llegaron finalmente a Bratthlid, de donde Eric ya no saldría más.

Aunque las noticias históricas no sean del todo exactas y el final de la historia de Eric el Rojo tenga mucho de leyenda, se le atribuyen dos esposas Thorhild y Thorbjarga y al menos tres hijos: Thorvald, Leif y Thorstein. De entre ellos fue Leif Ericson el que obtuvo mayor fama al emprender expediciones aún más arriesgadas. Leif, llamado “El Afortunado”, visitó Noruega en tiempos del rey Olaf Trigvasson, donde se convirtió al cristianismo. A su regreso a Groenlandia intentó convertir a su familia con éxito dispar: su madre y hermanos aceptaron la nueva creencia, pero su padre rehusó, aunque permitió a su esposa la construcción de una iglesia. Eric el Rojo murió en Bratthlid alrededor del año 1000.

La siguiente aventura de Leif sería más arriesgada: oyendo de boca de un navegante islandés rumores de nuevas tierras al oeste, emprendió viaje en esa dirección. Así llegó a la región que bautiza Vinland (Tierra de Vides), quizás la actual Nueva Escocia, convirtiéndose en el primer europeo en llegar a América. Nuevas expediciones de su hermano Thorvald y del islandés Thorfinn Karlesfru habrían descubierto, además Hellulans (Tierra Pedregosa) y Markland (Tierra de Bosques), donde se estableció un pequeño asentamiento. Pero la colonia de América no prosperó, y quizá el propio Leif perdió la vida en algún enfrentamiento con los nativos. La colonia de Groenlandia permaneció activa hasta el año 1400, y los grandes descubrimientos de Eric el Rojo y de Leif Ericson quedaron olvidados. Pero hallazgos arqueológicos han demostrado su estancia en esas tierras americanas del Labrador. Colom supo de estos viajes a occidente, pero nunca las relacionó con la China, el Cipango y la India, que era a donde quería ir.

Las naves de Odín: los drakkars

La superioridad militar vikinga se cifraba, básicamente, en su habilidad para la construcción y en el dominio de las técnicas de la navegación, lo que les permitió llegar a los confines de la tierra conocida. El desenterramiento de algunos túmulos funerarios de los jefes vikingos nos ha permitido saber cómo eran los barcos que utilizaban. Es que cuando moría un jefe vikingo lo enterraban con la nave que había manejado. Los barcos vikingos podían transportar hasta un centenar de guerreros y su velocidad de crucero podía alcanzar los diez nudos. Podían aguantar las más violentas tempestades, desembarca en la costa sin necesidad de puerto o remontar ríos, aunque no tuvieran más de un metro de profundidad. Las naves vikingas eran tan ligeras y maniobrables que se podían adaptas a las olas y el viento, por muy fuertes y contrarios que fueran. También podían ser transportadas por tierra por la propia tripulación cuando la ocasión lo requiriera.

Los vikingos realizaban por mar la mayor parte de sus desplazamientos. Aunque el modelo básico de embarcación era el mismo para todos los usos, realizaron distintas adaptaciones según cual fuese su utilización y el tipo de aguas que tuvieran que surcar. Es popular la creencia que los vikingos eran ladrones un día y al siguiente comerciantes, pero las grandes y pesadas naves comerciales que denominaban knarr no eran precisamente adecuadas para realizar las incursiones guerreras. Para ellas se requería la agilidad del langskip o drakkar.

La longitud de un drakkar, la nave de guerra, era de unos 28 metros, suficiente para una tripulación básica de unos 30 hombres sin contar al jefe, timonel y otros guerreros a bordo. El rey de Noruega Olaf Trigvasson (969-1000) construyó el drakkar más grande conocido entre los vikingos. Lo llamaron Ormen Lange (serpiente larga), medía cerca de 50 metros de largo y podía cargas 400 guerreros. De él saltó el rey al mar, prefiriendo morir ahogado que vencido tras perder la batalla contra los daneses y los suecos en la isla de Svold.

Pero el drakkar habitual no llevaba más de treinta remeros, y fue en estas embarcaciones muy ligeras y de escaso calado, en las que los vikingos realizaban sus incursiones, por la costa o remontando los ríos europeos. En las embarcaciones vikingas la proa y la popa eran iguales; así, en caso de maniobrar hacia atrás, sólo tenían que remar en sentido contrario. La aportación más importante que los vikingos realizaron a la ingeniería naval fue la utilización de la quilla, pieza básica del armazón del barco; para construirla se elegía un roble del tamaño adecuado, ya que tenía que ser de una sola pieza. La flexibilidad y resistencia de los barcos se debía a que la madera siempre era cortada con hacha y nunca con sierra, siguiendo las líneas radiales del árbol para conseguir así tablones muy delgados. La técnica que empleaban era la llamada de tingladillo: la sólida quilla, la roda y el codaste, finamente curvados, componían la espina dorsal del casco; sobre él iban adaptando los delgados tablones, superponiéndolos unos sobre otros y remachándolos con clavos de hierro, usando además un calafate para hacer el casca del barco totalmente impermeable.

Una vez el constructor daba al forro exterior la forma deseada, se encajaban cuadernas encorvadas para aumentar la resistencia, reforzadas con vigas trasversales, colocadas a la altura de la línea de flotación. La forma del casco hacía que la embarcación se desplazase con rapidez, ya fuera gracias a la vela cuadrada colocada en el centro de la embarcación o, cuando había calma o el viento contrario no era suficiente, a fuerza de remar. La vela, hecha de piezas romboidales de lana o de lino, con bordes reforzados en cuero, era la parte del barco que resultaba más cara, y solía teñirse de rojo como representación de su talante militar.

En aquella época, antes de la utilización de la brújula, los navegantes se guiaban básicamente por las estrellas. Pero teniendo en cuenta la habitual nubosidad y que, por razones meteorológicas, viajaban en verano, época en la que no se pone el sol, los vikingos no podían observar el cielo estrellado a menudo. Por ello tuvieron que desarrollar otros sistemas para navegar, como interpretar la forma y dirección de las olas, la temperatura y humedad de los vientos, las distintas tonalidades del agua y la presencia de aves marinas o ciertos tipos de peces. Además los expertos timoneles – una especialidad en las tripulaciones- se aprendían de memoria el perfil de las costas.

Las viejas sagas describen, además, otros métodos. Por ejemplo, soltar un cuervo y seguir su vuelo conducía siempre a la costa más cercana. También se menciona la piedra solar –probablemente calcita- que se podía encontrar en una isla del fiordo de Oslo, que tenía la propiedad de polarizar la luz, por lo que era útil en los días nublados, cuando cambiaba levemente de color justo por el lado por donde estaba el sol. Con todos esos métodos a su alcance fue como los drakkars afrontaron con éxito sus extraordinarias travesías oceánicas.

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