"Una realidad difícil de evitar el síndrome de Burnout", por Juan Saborido extrabajador de Metrología de VEIASA-ITV

'Una realidad difícil de evitar el síndrome de Burnout', por Juan Saborido extrabajador de Metrología de VEIASA-ITV
'Una realidad difícil de evitar el síndrome de Burnout', por Juan Saborido extrabajador de Metrología de VEIASA-ITV

Actualmente nos encontramos con una realidad laboral cada vez más preocupante, y no es debido sólo a la presión que ejerce la CEOE, ni a la que ejerce de forma coercitiva la CEE, ni la falta de interés de los trabajadores y trabajadoras sobre las dos grandes secciones sindicales, ni la de los políticos sumisos a las órdenes de Europa; me estoy refiriendo a ese nivel de estrés que experimentan trabajadores y trabajadoras cada vez de una forma más visible, sobre todo del sector público, y sienten que son presionados de múltiples formas y esto es cada vez más elocuente. Llegar a comprender cuál es la causa que lo origina no es banal, ya que existe un gran entramado que pocas personas son capaces de ver, por su complejidad y sutilezas.

'Una realidad difícil de evitar el síndrome de Burnout', por Juan Saborido extrabajador de Metrología de VEIASA-ITV
'Una realidad difícil de evitar el síndrome de Burnout', por Juan Saborido extrabajador de Metrología de VEIASA-ITV

Pero ¿por qué ocurre esto en un sistema supuestamente liberal?

En 1974 el psiquiatra estadounidense Herbert Freudenberger presentó este síntoma que se denominó “síndrome Burnout” o más conocido como “síndrome del trabajador quemado”.

Me gustaría ahondar en la causa que lo origina, a través de distintos estudios realizados tanto por psiquiatras, psicólogos como filósofos.

El fenómeno burnout se detectó originalmente en los profesionales empleados en el trabajo del servicio público, sobre todo de aquellos que tienen un contacto con otras personas (personal sanitario, médicos, maestros, funcionarios públicos, etc) que con el tiempo se ha ido ampliando a más sectores profesionales.

Los síntomas son el consabido estrés (considerada actualmente como enfermedad y en algunos casos como enfermedad laboral, así lo consideran la OIT, la OMS, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, y otros organismos), agotamiento físico, mental y emocional, irritabilidad y mal humor, poca motivación para trabajar, problema con la autoestima en el trabajo, bajo rendimiento, etc. Este se produce de forma paulatina, con una “pérdida de interés” que se presenta en el día a día, descuidando sus responsabilidades o sintiendo un mayor peso en las obligaciones que asume, por lo que se deja de cumplir los “objetivos” que se le imponen. Actualmente no podemos negar que el entorno laboral es uno de los factores en los que más sienten esta influencia. Este sistema laboral induce al trabajador o trabajadora a que crea en unas perspectivas que en nada tienen que ver con la realidad, pero que se le hace ver que son reales, y se le presiona para que se las autoimpongan desde una exigencia y una responsabilidad, que, al no verse cumplidas por no adaptarse a la realidad, se comienza a entrar en un bucle sin salida.

En definitiva, es un “desequilibrio” entre las exigencias percibidas y los “recursos” dados para hacer frente a ese cúmulo de exigencias.

Las bases de fundamento.

Como se induce una forma de pensar determinada.

En la famosa novela de George Orwell 1984 en la que nos presenta una realidad distópica cuya trama se desarrollaba en Oceanía, un país dominado por un gobierno totalitario que mantiene una constante vigilancia de sus ciudadanos, incluso la de sus pensamientos.

Actualmente esto parece ser más real de lo que el propio Orwell relata, o podía imaginar, lo voy a argumentar comenzando desde el aspecto filosófico.

Transcribo un tramo de la entrevista realizada a Noam Chomsky: “La gente ya no cree en los hechos” realizada por Jean Martínez Ahrens en el periódico El País el 10 de marzo de 2018:

“P. ¿Ha triunfado entonces el neoliberalismo?

  1. El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege. Las grandes industrias energéticas reciben subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech(alta tecnología) se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se los rescata si tienen problemas. Al final, los impuestos sirven para subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero además se le dice a la población que el Estado es el problema y se reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez mayor.
  2. Suena a Orwell lo que describe.
  3. Hasta Orwellestaría asombrado. Vivimos la ficción de que el mercado es maravilloso porque nos dicen que está compuesto por consumidores informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisión y ver los anuncios: ¿buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? ¿O buscan engañar? Pensemos, por ejemplo, en los anuncios de coches. ¿Ofrecen datos sobre sus características? ¿Presentan informes realizados por entidades independientes? Porque eso sí que generaría consumidores informados capaces de tomar decisiones racionales. En cambio, lo que vemos es un coche volando, pilotado por un actor famoso. Tratan de socavar al mercado. Los negocios no quieren mercados libres, quieren mercados cautivos. De otro modo, colapsarían.”

Los mecanismos de manipulación.

La manipulación de la población es real, lo que ocurre es que se encuentra solapada, y no digamos ya con las nuevas tecnologías, en las que las personas exponen voluntariamente en las redes sociales todo lo que piensan, lo que hacen y sus gustos y pensamientos. Podemos decir, sin caer en una falsedad, que existe un alto grado de manipulación por el control de la conducta humana y sobre todo del modo de pensar, no digamos de los efectos tan temibles que esto puede acarrear, como la historia nos lo recuerda; los casos más claros son cuando alguien nos obliga contra nuestra propia voluntad, especialmente si lo hace a través de la coacción, pero los más atroces son cuando de forma sutil sin que apenas nos demos cuenta, somos inducidos.

Actualmente existen diferentes medios de comunicación especialmente influyentes es lo que se denomina “manipulación de la opinión pública”, desde la prensa, la radio, la TV y no digamos Internet y sus diferentes redes sociales, de tal manera que no informan, sino que “canalizan la información” de tal modo que hacen que un sector de la población saque unas conclusiones que “beneficie a alguien”, o que deseen algún objetivo. Esto no es una novedad, sino que es algo que ha ido evolucionando a través de nuestra historia, haciéndose cada vez más patente y sofisticado, sin que la población se dé cuenta de ello. Entre las técnicas se encuentran la del tiempo que se le dedica a una noticia, otra es la del continuo “bombardeo informativo”, el amarillismo político informativo (surgió en la guerra hispano-americana en Cuba), y otros muchos más que no voy a exponer.

Esto mismo ocurre y se utiliza en la dirección de una empresa; existe una manipulación real para que los trabajadores piensen y actúen, tal como la dirección cree que debe ser, y en una dirección determinada, para ello empleara todos los medios a su alcance, se contrata gabinetes de psicólogos y se crean “perfiles de trabajadores” que se “adapten a esos criterios”. Esto en principio no es malo, de hecho, tiene cierta lógica para una empresa que desea alcanzar ciertas metas. El problema radica en ¿qué métodos se emplea? Y la fuerza que utiliza para hacerlos valer, sobre todo cuando le importa poco el material humano solo les importa para explotarlos.

Hace ya muchos años en la que un cierto sector de la sociedad comenzó a percibir que no todo lo consideramos real lo es; puede parecernos algo “fantasioso” o creer que son chaladuras, pero parece que no es así, que existe cierta realidad en todo esto.

Podemos afirmar, con algunas restricciones, que la mayoría de la población suele ser “analfabetos funcionales”, saber leer no nos hace ser más cultos y mucho menos estar bien informados, las escuelas (privadas y concertadas seguro y el intento en otras publicas también) se han convertido en “lugares de adiestramiento social”, de sumisión y eliminación de la individualidad, para convertirnos en “rebaños”.

Sentimiento de frustración.

Según el filósofo surcoreano Byung-Chull Han, actualmente unos de los más influyentes, comenta: el exceso de positividad nos está conduciendo a una sociedad llena de individuos agotados, frustrados y deprimidos.Por lo que actualmente nos estamos encontrando ante una sociedad con un escenario en el que la víctima y el verdugo son la misma persona, y por tanto ya no hace falta un dictador ni un tirano para someter a la población. También argumenta que “los individuos hoy se autoexplotan y además sienten miedo del otro, del diferente”.

No sé si nos hemos percatado que actualmente, el ser diferente, es considerado como un problema, (véase las actuales política PP, Cs y Vox) por lo que se intenta anular al que es distinto, para invertir en una búsqueda permanente de una uniformidad. Es una dinámica del modelo de actuación de los poderes fácticos, que intenta el que todos tengamos, los mismos gustos, los mismos hábitos, por lo que los refugiados son vistos como una carga. Por tanto, cuanto más iguales sean las personas, más aumentará la producción.

En palabras del propio Byung Chul Han, “vivimos siempre con la angustia de no hacer todo lo que podríamos hacer y encima nos culpamos a nosotros mismos de nuestra supuesta incapacidad”. Esa angustia es la consecuencia de nuestra propia autoexplotación.

En su libro, Psicopolíticas: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, realiza una mirada crítica hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción. La psicopolítica es, según Han, aquella técnica de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (Smart), que consigue que los personas se sometan por sí mismos al entramado de dominación, en la mayoría de los casos sin apenas darse cuenta de ello.

En este sistema, el sujeto sometido no es consciente de su sometimiento. La eficiencia del psicopoder radica en que el individuo se cree libre, cuando en realidad es el sistema el que está explotando su libertad.

Este poder inteligente podría detectar incluso patrones del comportamiento inconsciente colectivo, que otorgarían a la psicopolítica un control ilimitado. Nuestro futuro dependerá de que seamos capaces de servirnos de los inservible, de la singularidad no cuantificable y de la idiotez -dice incluso- de quien no participa ni comparte.

Paradójicamente nos encontramos limitados en una psicorealidad libre.

Vivimos en una sociedad con una conciencia “ciega”, pensando que estamos en el mejor mundo posible, o al menos queremos creérnoslo; preferimos seguir dormidos en nuestro “mundo” antes que despertar y ver que lo que creemos tener no es real.

Esto es lo que yo llamo “estar dormidos” vivimos en una realidad verdaderamente complicada en la que los hechos no son lo más halagüeños, preferimos seguir pensando que estamos dentro de una sociedad donde la libertad es lo que prima, pero estamos perdiendo cotas de libertad a grandes pasos.

“Una sociedad que antepone la igualdad -en el sentido de igualdad de resultados- a la libertad, acabará sin igualdad y sin libertad. El uso de la fuerza para lograr la igualdad destruirá la libertad, y la fuerza, introducida con buenos propósitos, acabará en manos de personas que la utilizan para promover sus propios intereses.” (Milton Friedman)

¿Y por qué está desapareciendo esta capacidad de disentir de una manera razonada, de hacer una crítica constructiva, de aceptar que en muchos temas hay, a la vez, razones a favor y razones en contra? ¿Por qué hemos caído en el “si no estás a favor estás en contra” en el “con nosotros o contra nosotros”? ¿Por qué este pensamiento por lotes?

Pues como todo en esta vida las razones son complejas y necesitamos que paremos analicemos y no seamos unos ingenuos, sino más bien unos “escépticos razonables”; y como comprenderéis uno no posee toda la razón ni toda la verdad, pero sí la capacidad de informarnos y contrastar, y sobre todo ser “observadores” de los acontecimientos y de sus hechos, para analizarlos.

“La señal de una inteligencia de primer orden es la capacidad de tener dos ideas opuestas presentes en el espíritu al mismo tiempo y, a pesar de ello, no dejar de funcionar”. (Scott Fitzgerald)

Seguiremos padeciendo esta enfermedad del estrés y continuaremos sintiéndonos trabajadoras y trabajadores quemados, hasta que de una vez por todas despertemos y podamos levantar la voz sin que nada ni nadie “hable por nosotros” Respetando nuestras diferencias, perdiendo el miedo, inoculado en nuestras venas, día a día por personas sin escrúpulos, con intereses totalmente ajenos.

Como dice en su artículo Inés Praga Terente “No es país para viejos”

“Porque si decíamos al principio que España no es país para viejos también se debe afirmar que no es país para jóvenes. Las cifras del paro se han encargado de que una gran mayoría estén tan inactivos (o más) que sus abuelos y que ambos colectivos estén condenados a “matar el tiempo”: unos jugando al mus y otros con móvil. Por ello, deberían resonar de nuevo aquellos versos de Celaya que tanto coreamos con Paco Ibáñez y salir al único espacio donde, con la voz y la palabra, todos tenemos la misma edad: ¡A la calle! Que ya es hora// de pasearnos a cuerpo// y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.”

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