Presentación del libro " Y sin embargo es redonda" del escritor Pedro Cuesta Escudero

Presentación del libro ' Y sin embargo es redonda' del escritor Pedro Cuesta Escudero
sábado 04 de septiembre de 2021, 10:06h
Presentación del libro ' Y sin embargo es redonda' del escritor Pedro Cuesta Escudero
Presentación del libro ' Y sin embargo es redonda' del escritor Pedro Cuesta Escudero

Pedro Cuesta Escudero es natural de Albacete y cursó sus estudios de Magisterio en Madrid y los de Filosofía y Letras, sección Historia Moderna y Contemporánea y el Doctorado en la Universidad de Barcelona.
Después de una dilatada vida dedicada a la docencia continúa investigando y trabajando en varios campos, como el mundo de la educación, el arte medieval (románico y gótico) y el mundo de la narrativa.

Presentación del libro ' Y sin embargo es redonda' del escritor Pedro Cuesta Escudero

El acto comenzó con unas palabras de agradecimiento del propio autor:

Tengo el honor de presentar este libro sobre la primera vuelta al mundo gracias a la incondicional ayuda de dos grandes amigos José Félix Azurmendi y Miguel Campos, que se propusieron que fuera presentada en su tierra natal la hazaña de Juan Sebastián del Cano, ya que no pudo ser en el día de su publicación. Gracias a todos por su presencia.

Damos a conocer por su interés y en reconocimento a la labor de investigación de Pedro Cuesta Escudero el contenido del acto:

Durante el devenir de la Humanidad distintos espacios del planeta permanecieron aislados unos de otros a causa de grandes barreras como océanos, desiertos y otros graves obstáculos. Dieron lugar al desarrollo de culturas y civilizaciones de trayectorias paralelas, que se ignoraban entre sí hasta que Colom, Vasco de Gama y la primera vuelta al mundo pusieron en contacto los distintos territorios, iniciándose influencias mutuas y la dependencia e interconexión de esas diferentes culturas. Sólo por ello son de suma importancia para la Historia universal los viajes que proyectaron Colom, Vasco de Gama y Magallanes, porque se abrieron nuevos horizontes en la actividad industrial de los hombres, se ensanchó el campo de las investigaciones y de los estudios y contribuyó más que cualquier otra causa a los grandes progresos que se han realizado en los últimos siglos en todas las ramas de los conocimientos humanos.

Se deduce que la iniciativa de poner en contacto esos distintos espacios surgió de los pueblos ibéricos, a pesar de haber otras civilizaciones más avanzadas desde todos los puntos de vista, aunque de ninguna de ellas surgió la decisión de descubrir más allá de sus horizontes.

Pero comentemos primeramente la visión que tenía del planeta lo que se ha venido a llamar la “civilización occidental”. En la Europa clásica, en la edad Antigua y gracias al genio de los griegos, se tuvo una idea bastante aproximada de la Tierra en su conjunto, aunque desconocieran muchas de sus partes, pues las conquistas de Alejandro Magno solo llegaron al rio Indo. Pero los pitagóricos en el siglo V antes de Cristo ya demostraron la esfericidad de la Tierra. Eratóstenes en siglo III a. de Cristo midió el meridiano de la Tierra en 252. 000 estadios egipcios (39.690.000 metros) que, teniendo en cuenta la necesaria imperfección de los medios de entonces, dio una aproximación verdaderamente sorprendente a la realidad. Aristarco de Samos ya dedujo que la Tierra posee un movimiento diurno de rotación alrededor de su eje inclinado respecto al plano de su revolución anual alrededor del sol. Es decir, fue el primero, que sepamos, en proponer el modelo heliocéntrico del sistema solar. Pero sus trabajos originales se perdieron en el incendio de la biblioteca de Alejandría. Sólo nos quedan referencias de Plutarco y de Arquímedes.

Han de pasar casi dos mil años para que Copérnico y Galileo volvieran a proponer la teoría heliocéntrica, que la Tierra gira alrededor del Sol, aunque la Inquisición obligó a Galileo a retractarse.

Pero todos esos conocimientos pasaron al olvido por diversas causas, entre ellas el incendio de la biblioteca de Alejandría, donde estaba almacenado todo el saber de la época. Se impuso la teoría geocéntrica, que desarrollo Ptolomeo. El Cristianismo adoptó esa teoría geocéntrica por concordar con la Biblia y la impuso como dogma de fe de que la Tierra era el centro del universo. Y el sol, las estrellas y todos los astros giraban en su torno.

El primer cisma de la Cristiandad hizo que el imperio bizantino, heredero de la cultura helena, diera la espalda al antiguo imperio romano de occidente con capital en Roma, privándole así el acceso a las fuentes del saber de la antigüedad clásica. Además, ese imperio romano de occidente fue invadido y destrozado con las invasiones de los bárbaros del norte, llegándose a un retroceso cultural notable. Es cuando la Europa cristiana de medievo abandona la idea de la esfericidad de la Tierra y la imagina plana, discoidal, centrada en Jerusalén y circundada por el océano tenebroso. Así es como a los cabos más occidentales de Europa se les considera y denomina final de la Tierra (Finisterre, Land End)

Una de las razones que se esgrimía de que la Tierra no podía ser redonda es porque los que vivieran en el otro lado de la Tierra, los antípodas, se caerían al cielo. Se consideraba inconcebible la existencia de esos hombres que forzosamente habrían de andar al revés, con los pies en lo alto y la cabeza hacia abajo, según se describía a los antípodas en la Edad Media. Las crónicas atestiguan que la cuestión del antípoda se discutía con gran apasionamiento, hasta que la Iglesia calificó de herejes a quienes se atrevieran a afirmar su existencia.

Como muchos barcos que se alejaban de la costa ya no volvían corrió la creencia de que habían caído en el borde del mundo. Circuló la creencia de que nadie podía llegar a los confines del mundo porque horripilantes quimeras y terribles monstruos aprisionaban los navíos y los hundían en las abismales profundidades.

Los únicos que se aventuraron a internarse en las tinieblas del océano fueron los habitantes de Cantabria, Euskadi, Dinamarca y península escandinava, los vikingos, que desempeñaron un papel muy importante en los viajes de exploración en la Alta Edad Media. Se descubrieron las islas Shetland, las Orcadas, las Hébridas y las Feroe. Islandia se convirtió en una colonia vikinga y desde allí, por un mar libre de hielos y con la técnica simple de la navegación de cabotaje llegaron a Groenlandia e, incluso a Vinlandia, en la península del Labrador, donde se han encontrado restos arqueológicos que dan fe de su paso por esas tierras. O sea los vikingos fueron los primeros europeos en llegar a América. Pero no arraigaron en esas tierras americanas y pronto desapareció toda mención de las tierras al oeste de Groenlandia, por lo que todos los universos humanos continuaron cerrados.

Los cristianos europeos organizaron ocho cruzadas para conquistar los Santos Lugares que habían caído en manos musulmanas. No se rescataron los Santos lugares, pero se consiguió con los musulmanes un interesante comercio de seda, especias, perlas y otras mercancías procedentes del lejano Oriente, que cada vez eran más apreciadas por los europeos. Al pasar por muchas manos usureras desde que salían del Lejano Oriente hasta llegar a los puertos del Mediterráneo oriental esas mercancías resultaban muy onerosas. A esos puertos iban a comprarlas los genoveses y venecianos, principalmente, y las distribuían por las distintas ciudades europeas. Y los productos del Lejano Oriente se convirtieron en artículos de lujo del que ya no podían prescindir ni la aristocracia y la burguesía enriquecida de Europa.

Dos grandes acontecimientos fueron los que engendraron las mentalidades que propiciaron los grandes descubrimientos: La caída del imperio bizantino en manos de los turcos y la invención de la imprenta.

Los turcos, como neófitos de la religión musulmana, fueron tremendamente intolerantes con los cristianos y el jugoso comercio que se había engendrado con las Cruzadas desapareció casi por completo. El desasosiego por encontrar nuevas rutas al lejano Oriente se desató.

La llegada a Italia de muchos refugiados bizantinos, que llegaron con pergaminos y muchos libros de la Antigüedad clásica y la invención de la imprenta que, al abaratarse los libros por haber más producción, la cultura salió de los conventos, engendraron el Humanismo y el Renacimiento de la cultura clásica grecorromana y se erradicaron muchos errores como que la Tierra era plana.

La pregunta que nos hacemos es por qué la iniciativa de poner en contacto las distintas partes del mundo surgió de los pueblos ibéricos. Ni esos pueblos ibéricos, ni todo el conjunto de la Europa occidental eran los más adelantados culturalmente, ni mucho menos.

Podríamos decir que tuvo su arranque en el año 1212, cuando tuvo lugar la batalla de las Navas de Tolosa en que los reinos cristianos de la península Ibérica derrotan estrepitosamente a los almohades, quedando debilitada la España musulmana que se atomiza en pequeños reinos de taifas. Sin embargo los reinos cristianos que habían iniciado la Reconquista se habían ido fortaleciendo uniéndose unos con otros. Así, a principios del siglo XIII, estaban el reino de Castilla (Castilla, León, Asturias, Galicia y los señoríos vascongados) el reino de Portugal, el reino de Navarra y la Corona de Aragón (Aragón y Cataluña) Con sendos tratados esos reinos se repartieron la España musulmana que había que conquistar.

Tanto la Corona de Aragón como Portugal no tardan en conquistar la zona de España que les correspondió. La Corona de Aragón, al adueñarse de las Baleares, que era un nido de piratas, encuentra los medios para expandirse por el Mediterráneo. Sus habitantes, especialmente de Mallorca, fueron grandes navegantes y cartógrafos. Los reyes de la Corona de Aragón propician en Mallorca esa actividad cartográfica, con el judío Cresques Abraham al frente, que proporciona los conocimientos técnicos a la poderosa flota que se construye en las Atarazanas de Barcelona, con la que emprendieron una ambiciosa política expansiva por el Mediterráneo.

La mayoría de los cartógrafos mallorquines también trabajaban como fabricantes de instrumentos náuticos. Es decir, además de recoger datos de pilotos y viajeros para elaborar las cartas de navegar, eran también bruixoles (constructores de brújulas) O sea, de los talleres salían mapas seriados que iban acompañados de brújulas, compases, relojes de arena, astrolabios, portulanos. Tenían la finalidad de facilitar la orientación en la navegación marítima. Sin estos adelantos técnicos hubiera sido imposible realizar los viajes de los grandes descubrimientos.

Portugal también termina pronto la reconquista de la parte que le correspondió. Y su afán conquistador lo enfoca saltando al norte de África para hacerse con más tierras. Pero como para ir a Marruecos había que navegar un trozo de océano, se vieron los portugueses en la necesidad de mejorar los navíos y los sistemas de navegación. Por ello, el príncipe luso Enrique el Navegante creó la Escuela Náutica de Sagres. Los mallorquines fueron los que la pusieron en marcha, siendo su primer director Jacome de Mallorca.

En esta Escuela se ensayaron nuevos navíos, nuevos instrumentos y técnicas de navegación y se formaron nuevos pilotos y nuevos capitanes. En el archivo, que después se trasladará a Lisboa, se empezó a guardar los libros y tratados más documentados de Astronomía, Cosmografía, Geografía y cuanto se relaciona con la navegación. Aprendieron de los mallorquines a confeccionar portulanos y cartas de navegación. Se incorporaron en todos los barcos brújulas y astrolabios. Ensayando las nuevas técnicas de navegación redescubrieron las islas Azores, las islas Madeira, las islas de Cabo Verde y las Canarias.

Los marineros del golfo de Cádiz asimilan esas técnicas de navegación, bien trabajando para los portugueses o como corsarios contra las naves portuguesas. Así es como el vecino reino de Castilla también participa de esos nuevos avances en la navegación. En la costa cantábrica, especialmente en el País Vasco, se daban las circunstancias más favorables para la construcción naval: buenas maderas (más resistentes a la broma que las del Mediterráneo), ferrerías, artesanos competentes, experiencia en la construcción naval y vocación marinera. En todos los puertos del litoral de Guipúzcoa había instalados astilleros. Eran lugares a los que los materiales podían ser transportados fácilmente, piso llano y firme para almacenar la madera y construir las naves y que estaban situadas de tal forma que la botadura de las embarcaciones se podía efectuar con cierta seguridad.

Fueron los portugueses los que recorriendo la costa africana para llegar a Guinea donde encontrarían las minas de oro que le habían referido los marroquíes, comprobaron que la costa se orienta hacia el este, lo que les hizo creer que era el final de África y podían poner rumbo a la India. Pero comprueban que era un gran golfo (el de Guinea) y que África aún se extiende más hacia el sur. Pero la idea de llegar a la India obsesiona a los monarcas portugueses y, máxime, cuando se verifica que al llegar al ecuador los barcos no hervían, como era una extendida creencia. Pronto se fletó una flota al mando de Bartolomé Díaz para examinar el final del continente africano. Y llegó al cabo por donde termina África en 1488, pero le costó horrores doblarlo por las tormentas que tuvo que sufrir. Por eso Bartolomé Díaz denominó a este cabo el de las Tormentas (El rey Juan II de Portugal decidió cambiarle el nombre por el de Buena Esperanza para que no asustara a los futuros navegantes que habrían de cruzarlo) Bartolomé Díaz no tuvo la dicha de ser el primero en llegar a la India, porque la tripulación sublevada le obligó a regresar a Portugal. De haber llegado a la India, lo más seguro es que Colom no hubiera realizado el viaje. Y no sabemos lo que se hubiera tardado en descubrir América.

Al considerar redonda la Tierra Cristóbal Colom concibió la idea que navegando hacia occidente por el océano Atlántico llegaría a las islas de la especería y a las costas asiáticas con más facilidad que rodeando África y atravesar el Índico. Pero tropezó con un Nuevo Mundo, aunque Colom murió creyendo que aquello eran los aledaños de la India. En 1513 Vasco Núñez de Balboa descubre al sur de Panamá un gran mar al que denomina Mar del Sur. Pero el Nuevo Mundo suponía una barrera que impedía llegar a las islas de la especias y a Catay, la tierra que tanto ponderó Marco Polo. Tanto Cabotto por el norte como Solis por el sur buscan infructuosamente el paso que comunique el Atlántico con el Mar del Sur.

Magallanes y su socio Faleiro atisbando en el rico arsenal de documentos cartográficos de Lisboa descubren una nota de Juan Shöner que decía “Un buque portugués, cerca del grado cuarenta de latitud sur ha encontrado un cabo, que corresponde al de Buena Esperanza y que dando la vuelta a ese se ha visto detrás, en dirección este-oeste, un ancho paso parecido al estrecho de Gibraltar, que comunica con el otro mar, de modo que es fácil alcanzar por ese camino las islas de la especería”. Junto a este hallazgo se complementa con un mapa del famoso geógrafo Martín de Behaim que señala el paso a los grados cuarenta también.

El rey Carlos I facilita a Magallanes una escuadra de cinco naos. Por cierto la nao San Antonio se construyó en Erandio, la nao Trinidad en Lekeitio y la nao Victoria en Ondarrea.

Al llegar a los grados 40 de latitud sur se encuentran con un gran estuario (el Rio de la Plata), que fue donde Solís fue asesinado y devorado por los caníbales de aquellas regiones. En principio Magallanes piensa que es un simple error de cálculo, pero los demás capitanes tienen la convicción de que Magallanes tiene entretenida a Castilla para que a los portugueses les dé tiempo de apoderarse de las islas de la especería yendo por la ruta de oriente. Magallanes pierde el tiempo revisando todos los entrantes y bahías del litoral sin pensar que se le está echando encima el terrible invierno austral. Cuando cae en la cuenta de que la nota y el mapa que sacó de la tesorería de Lisboa son pura fantasía, continúa el viaje porque, al derivar la costa hacia el oeste, piensa que América debe tener forma de pirámide con el vértice hacia el sur como África, Indonesia y Malaca. O se abre un canal o termina redondeándose como África. Después de pasar la invernada en el Puerto de San Julián, el 1 de noviembre de 1520 se descubre el estrecho que denomina “Canal de Todos los Santos”.

Consiguen cruzar al mar del Sur que bautizan Océano Pacífico, que es mucho más extenso de lo que creían. Magallanes muere en la isla de Mactán y después de varias peripecias se hacen con el mando de la mermada armada Gonzalo Gómez de Espinosa como almirante de la escuadra y capitán de la Trinidad y Juan Sebastián del Cano como capitán de la Victoria. Consiguen el objetivo del viaje: llegar a las islas de la especería y llenan los barcos de especias de clavo. Al hacer aguas la Trinidad en Tidore, del Cano realiza la portentosa proeza de recorrer medio mundo con una nave ya carcomida, la Victoria, para llegar a Sanlúcar de Barrameda tres años después de que partieran del mismo lugar.

El capitán Juan Sebastián del Cano se presenta al Emperador con el piloto Francisco Albo, el barbero Hernando Bustamante y los indios supervivientes, con los regalos de los reyes de las Molucas y con muestras de especería. Son recibidos en la misma antesala del mismo palacio en que otrora Magallanes, Faleiro y el malayo Enrique esperaban audiencia al rey que ahora es emperador. En aquella ocasión se solicitaba permiso y medios para hacer el viaje y ahora se viene a comunicar que la idea se ha realizado y que no solamente se ha llegado a las Molucas, sino que se ha dado la vuelta al mundo. Entonces era la idea, ahora es la obra. La presencia de del Cano, barbado y magnífico y cubierto de rico atuendo, al igual que sus acompañantes, suscita admiración. Es mediodía. Las audiencias que se celebran a estas horas se reservan a los grandes personajes. Y del Cano no es un alto dignatario, pero su merecimiento es enorme por haber hecho lo que nadie había conseguido, dar la vuelta al mundo. Y traer el barco a rebosar de especias, que vienen como llovidas del cielo es esos momentos de tantas tribulaciones.

Dos heraldos traen un escudo y el emperador Carlos V lo entrega al vasco homenajeado. Del Cano, sumamente emocionado, lo recibe de hinojos. El escudo está dividido en dos cuarteles: en el superior aparece un castillo de oro en campo de gules, en el inferior, dos palos de canela, tres nueces moscadas en aspa y dos clavos de especia, representados en sobre campo dorado. Surmonta este escudo un gallardo yelmo, y por cimera un globo terráqueo con la leyenda trenzada en su torno que dice: PRIMUS CIRCUMDEDISTI ME.

Animado por los méritos que se le reconocían, del Cano se atrevió a otras pretensiones. Solicitó el perdón de las penas en que estaba incurso por haber vendido una nave en su juventud a ciertos mercaderes de Saboya y se le condona. No tuvieron igual éxito otras demandas con que, en un Memorial de su puño y letra, pedía se le galardonasen sus relevantes servicios, ya que había sido aclamado como un hombre que había hecho lo que otro ninguno de los nacidos. Merced a esta opinión, creyó no ser temeridad el pedir al Emperador la Capitanía mayor de cualquier Armada o armadas que se enviasen al Maluco; ora para hacer meros descubrimientos o para guardar las costas; que se le diese la Tenencia de las fortalezas que se construyesen en aquellas tierras; que se le concediese el Hábito de Santiago, como a Magallanes; y en fin, que se atendiese con alguna remuneración a sus parientes más cercanos que, siendo pobres, lo habían auxiliado mucho en sus expediciones. Ninguna de sus peticiones fue atendida, pues era una época en que los únicos méritos que prevalecen son los de nacimiento, de suerte que un buen marino, aunque se hubiese ilustrado con el hecho más portentoso, no era lo bastante autorizado para el mando superior de la Armada.

Para la elaboración de esta historia he precisado de una importante preparación a base de una exhaustiva búsqueda de documentos para dar la base científica del relato. Una de las principales fuentes primarias sobre el viaje de la primera vuelta al mundo son los documentos que se encuentran en el Archivo General de Indias en Sevilla. Además de los documentos he incluido narraciones, relaciones, itinerarios, derroteros, rotarios y cartas conservadas de los protagonistas de la expedición.

Han hecho posible la reconstrucción del viaje El Primer Viaje Alrededor del Mundo de Antonio Pigafetta, El Derrotero del Viaje de Magallanes desde el Cabo de San Agustín en el Brasil, hasta el regreso a España de la Nao Victoria, de Francisco Albo.

La Relación de un Portugués compañero de Duarte Barbosa que fue en la Nao Victoria el año de 1519, de autor desconocido, A viagem de Fernao de Magalhaes por uma testemunha presencial autor Martín de Ayamonte, Cartas de 1522-23 de Antonio de Brito al Rey de Portugal sobre algunos sucesos en la India y los del viaje de Magallanes. autor Antonio de Brito, Libro de las Paces e amistades que se han hecho con los Reyes y Señores de las islas e tierras donde hemos llegado autor Martín Méndez escribano de la Victoria, Décadas de Nuevo Mundo. Década V, Capítulo VII: De La Vuelta al Mundo.1522, autor Pedro Mártir de Anglería. Y una extensa bibliografía.

Antonio de Brito, nombrado por el rey de Portugal gobernador de las islas Molucas apresa a los supervivientes de la nao Trinidad y se incauta de todos los papeles, instrumentos náuticos, portulanos, libros de Andrés de San Martín y de Magallanes. Parte de esta información habida de la nao Trinidad es la que envía al rey de Portugal por medio de cartas. Gracias a estos documentos sabemos cómo se realizó el juicio contra los sublevados en el Puerto de San Julián.

Como son muchos los paisajes que se suceden, para describirlos con más propiedad he visitado muchos lugares por donde pasó la expedición para tomar apuntes sobre el terreno. Lo que más me llamó la atención fue el interés que tuvieron en muchas localidades, principalmente de la Patagonia, en que este proyecto se llevara a cabo. Y me ofrecieron toda clase de facilidades y abrieron sus archivos para que estuviera más informado. En el Puerto de San Julián y en Punta Arenas tienen una réplica de la nao Victoria de tamaño natural.

Con el material que había recopilado podría haber elaborado un tratado histórico, uno más, o un ensayo que pudiera servir de estudio y análisis a minorías selectas, pero me alejaría del gran público por no ser atrayente. Al gran público se llega con una exposición novelada. ¿Es compatible el rigor científico que exige el trabajo de historiador con un relato comprensible, cómodo y atractivo? ¿Puede existir una expresión novelada en la forma con rigor histórico en el fondo? Para evitar el carácter netamente erudito e interesar a un público heterogéneo he acogido una fórmula que contempla, por un lado, el desarrollo científico del conocimiento histórico tras seleccionar, organizar y comparar datos de fuentes de información diversa y, por otro, y utilizando las estrategias de la ficción aplicarlas a una tensión narrativa. Y he recurrido a lo que podríamos llamar historia novelada, donde prevalece la precisión histórica y, al mismo tiempo, para que sea atrayente y en todo momento mantenga el interés, he aplicado los procedimientos propios de la novela. He huido del dato estadístico y de la exposición sistemática de los acontecimientos. En vez de explicar lo que sucedió recurro a los mismos protagonistas para que sean ellos quienes no lo cuentes al rehacerles sus vivencias. Los personajes vuelven a sentir y vivir en tiempo presente, con sus grandezas y sus debilidades, con sus pasiones y sus virtudes, con sus intrigas y enredos, con sus aciertos y fallos, como todos los mortales. Historia en el fondo y novela en la forma.

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