Tres ilustres guipuzcoanos, por Pedro cuesta Escudero

Miguel López de Legazpi
Miguel López de Legazpi
sábado 31 de julio de 2021, 10:46h
Juan Sebastián  del Cano
Juan Sebastián del Cano
Tres ilustres guipuzcoanos, por Pedro cuesta Escudero
Juan Sebastián del Cano, Miguel López de Legazpi y Fray Andrés de Urdaneta son tres ilustres hijos de la provincia de Guipúzcoa. De Guetaria, de Zumárraga y de Villafranca de Ordicia, respectivamente. Tres héroes cuyas proezas han enriquecido a la Humanidad. El primero volteó la redondez de la tierra dejando al descubierto el círculo del orbe, Legazpi con la conquista incruenta de las islas Filipinas colocó un punto de conexión entre las civilizaciones occidental y oriental. Y Urdaneta, que había acompañado a Juan Sebastián del Cano y a Legazpi en la exploración y conquista de Filipinas, encuentra el viaje de retorno, facilitando así que la globalización fuera una realidad. A estos tres guipuzcoanos se le debe el conocimiento de la geografía del planeta. A partir de ahora comienza un nuevo rumbo de la realidad del mundo. Se abrió un campo inmenso a la ambición de los conquistadores, a las investigaciones de los sabios y a la caridad de los misioneros.
Urdaneta
Urdaneta

Sobre el apellido de Juan Sebastián

Juan Sebastián en su testamento firmó del Cano. Un hermano de Juan Sebastián, presbítero beneficiado de la villa de Guetaria, firmaba también Domingo del Cano, según consta en documento que aún se conserva. A pesar de estos datos tan concluyentes, Navarrete estampa Elcano. No es la primera vez que una errata en la ortografía es causa de haber prevalecido en documentos e impresos contemporáneos. Ocurre lo mismo con Colom, que queriendo aproximarse a la pronunciación algunos lo escribían Colomo y otros, ya que en castellano no hay palabras terminadas en “m”, lo escriben, como hizo Bartolomé de las Casas, Colón.

En el Diccionario Nacional de la Lengua, geográfico-biográfico etc. por Domínguez, Madrid 1857, así como también en el Viaje pintoresco alrededor del mundo de Dumont de Urville, publicado en 1834 en francés en París, se le nombra Cano. En la Historia general de Guipúzcoa aparece el verdadero apellido Juan Sebastián del Cano y no Elcano, como se ha generalizado y sancionado oficialmente. En la carta que el emperador Carlos V le dirigió desde Valladolid el 13 de septiembre de 1522 le llama del Cano. Como ya hemos dicho, como prueba irrecusable y concluyente, es la firma de su testamento de 26 de julio de 1526 está escrito del Cano. Urdaneta, amigo y compañero de viaje del finado, en su declaración de 1536 le llama Juan Sebastián del Cano. Garibay en su Historia general de España dice igualmente del Cano, añadiendo que él vio el documento original del escudo que le dio el Emperador. Como demostración que el apellido del Cano era el habitual en Guipúzcoa basta con decir que uno de los dos Procuradores de Fuenterrabía en las célebres Juntas Generales de 1397, celebradas en Guetaria, aparece ya con el nombre del Cano, según puede verse en el Fuero de Guipúzcoa , página 344, columna 1ª.

Pero ya se sabe, cuando un error pasa de generación en generación se convierte en historia. Ahora es difícil que alguien pretenda cambiar el nombre del “buque escuela”, que ya ha dado varias vueltas al mundo. Lo mismo ocurre con las estatuas que se erigieron en Guetaria, su pueblo natal. El proyecto escultórico que muestra las líneas del estilo Art Decó, entonces en boga, y se eleva sobre un antiguo baluarte de la muralla de Guetaria, que le sirve de zócalo, coronado con una victoria alada, a imagen de un mascarón de proa y en el interior del edifico vemos una inscripción que recuerda a los que culminaron el viaje, encabezado por JUAN SEBASTIÁN ELCANO. Ahora ya no es cuestión de rectificar el apellido. En la misma Guetaria hay otras dos estatuas, una en la plaza de Elcano, realizada en 1861 y otra en la Plaza de los Gudaris de 1888.

Lo que se sabe de Juan Sebastián del Cano antes de enrolarse en la escuadra de Magallanes

Juan Sebastián del Cano nació durante el reinado de los Monarcas Católicos Isabel y Fernando, en Guetaria, villa marítima de la Provincia de Guipúzcoa, y fueron sus padres Domingo Sebastián del Cano y doña Catalina del Puerto. Pobres y oscuros fueron sus principios; no obstante del conocimiento que tenemos de que un hermano suyo y algún sobrino eran clérigos, beneficiados de la Parroquia, nos demuestra que su familia era de los nobles y acomodados de la villa. Pero la hidalguía no estaba acompañada del lustre que dan las riquezas.

Hijo de uno de los pequeños pueblos pescadores de aquella costa tan perseguida por las tempestades, desde niño debió acostumbrarse a endurecer su corazón para los riesgos, a ver con rostro sereno la muerte, y a desafiar en medio de su furia el terrible elemento, adquiriendo a fuerza de peligros vencidos arrojo e intrepidez, vigor de alma y cuerpo, para ser el primero que sin convencimiento ni guía se expusiese a dar la vuelta al mundo.

La pesquería y alguna corta expedición de cabotaje fue tal vez la ocupación de su primera juventud. El deseo del lucro le llevaría a hacer contrabando de buques con los puertos de la vecina Francia. Del Cano, aún joven, acudió con una nave de doscientas toneladas a la expedición del Cardenal Cisneros a África y a las del Gran Capitán a Italia. Pero los pagos atrasados de estos servicios le obligaron a tomar prestada cierta cantidad de unos mercaderes vasallos del Duque de Saboya. Pero al no poder satisfacer la deuda en su tiempo tuvo que venderles a sus acreedores la nave que mandaba, exponiéndose a un grave castigo por tal hecho. Las leyes condenaban al que vendía embarcaciones a extranjeros.

Expuesto a ser perseguido como un malhechor, se oscurece por algún tiempo su persona. Se sabe que en 1519 era vecino de Sevilla, ciudad que con el comercio con América comenzaba a ser el principal emporio del mundo, donde acudían los que esperaban ocasiones de adquirir fama y riquezas, como los que en su barahúnda querían escapar de las pesquisas de la Justicia. Cuando del Cano se instala en Sevilla la Casa de Contratación está básicamente bajo influencia de vascos, con el tesorero Sancho Matienzo que, aunque burgalés, se siente vasco al ser de un pueblo limítrofe del Señorío de Vizcaya, con su ayudante el vizcaíno Domingo de Ochandiano y su protegido como contador el guipuzcoano Juan López de Recalde. Con esta dirección se aprecia el favoritismo que tuvieron los vascos en la contratación para trabajar en la puesta a punto de la armada de Magallanes y en la incorporación a ella. En la Casa de Contratación Juan Sebastián del Cano tuvo la comprensión de sus dirigentes que, no sólo no lo denuncian a la Justicia, sino que le conceden el cargo de maestre de la nao Concepción.

Miguel López de Legazpi

Miguel López de Legazpi nació en la localidad guipuzcoana de Zumárraga, proveniente de una familia de la pequeña nobleza guipuzcoana, con el título de hidalgo, fue el segundo hijo de Juan Martínez López de Legazpi y Elvira de Gurruchategui. Su padre luchó en Italia y en Navarra con las tropas de la corona de Castilla. Legazpi realizó estudios de letrado y eso le valió para ocupar el cargo de concejal en el Ayuntamiento de Zumárraga en 1526, y al año siguiente el de escribano en la Alcaldía Mayor de Areria (Guipúzcoa), que ocupó a la muerte de su padre y en la que fue confirmado por el rey el 12 de abril de 1527.

En 1545 se trasladó a México, donde vivió durante veinte años. Ocupó diversos cargos en la administración del virreinato de Nueva España; fue Escribano Mayor en 1551 y Alcalde Mayor de la ciudad de México en 1559, treinta y ocho años después de su conquista. Se casó con Isabel Garcés, hermana del obispo de Tlaxcala Julián Garcés, y de dicha unión nacieron nueve hijos (cuatro varones y cinco mujeres). En treinta y seis años de estancia en Nueva España (de 1528 a 1564) reunió una importante fortuna.

La casa de Legazpi en la capital azteca fue una de las principales y a ella acudían muchos recién llegados de España para solicitar ayuda y consejo. Su hijo Melchor define de esta manera la casa de su padre en una carta dirigida al Rey:“ (…)Muchos hidalgos y caballeros pobres que iban de estos reinos iban sin conocerle a su casa por la antigua costumbre que de siempre en ella hubo y porque a las personas tales siempre en ella se les dio de comer y vestir y lo necesario. Lo cual ha sido cosa muy notoria y sabida en todo aquel reino”.

Las expediciones anteriores no habían logrado realizar la ruta de vuelta por el Gran Golfo, que era como se llamaba entonces al Pacífico hasta México. Felipe II determinó que había que explorar la ruta desde México a las islas Molucas y encargó la expedición de dos naves a Luis de Velasco, segundo virrey de Nueva España, y al fraile agustino Andrés de Urdaneta, que era familiar de López de Legazpi, que ya había viajado por esos mares. La carta en la que el rey pide a Urdaneta que se sume a la expedición dice así: “Devoto Padre Fray Andrés de Urdaneta, de la orden de San Agustín: Yo he sido informado que vos siendo seglar fuisteis en el Armada de Loaysa y pasasteis al estrecho de Magallanes y a la Especería, donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque ahora Nos hemos encargado a Don Luis de Velasco, nuestro Virrey de esa Nueva España, que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas del Poniente, hacia los Malucos, y les ordene los que han de hacer conforme a la instrucción que se le ha enviado; y porque según de mucha noticia que diz que tenéis de las cosas de aquella tierra y entender, como entendéis bien, la navegación della y ser buen cosmógrafo, sería de gran efecto que vos fuesedes en dichos navíos, así para toca la dicha navegación como para servicio de Dios Nuestro Señor. Yo vos ruego y encargo que vais en dichos navíos y hagáis lo que por el dicho Virrey os fuere ordenado, que además del servicio que haréis a Nuestro Señor yo seré muy servido, y mandaré tener cuenta con ello para que recibáis merced en hobiere lugar”. De Valladolid a 24 de septiembre de 1559 años. Yo el Rey

Las Islas de San Lázaro, descubiertas por Magallanes y donde murió, caían dentro de la demarcación portuguesa según el Tratado de Tordesillas de 1494, pero aun así Felipe II quería rescatar a los supervivientes de la expedición anterior de Villalobos (1542-1544), que fue quien bautizó al archipiélago con el nombre de Filipinas en honor al, entonces príncipe, Felipe, el próximo rey Felipe II.

Velasco hizo los preparativos en 1564 y López de Legazpi, ya viudo, fue puesto al mando de dicha expedición a propuesta de Urdaneta, siendo nombrado por el rey «Almirante, General y Gobernador de todas las tierras que conquistase», aun cuando no era marino. La expedición la componían cinco embarcaciones y Urdaneta participaba en ella como Piloto Mayor. Legazpi vendió todos los bienes, a excepción de la casa de México, para hacer frente a la expedición, que sufrió retrasos debido a la atracción que la Florida empezó a tener entre los colonos mexicanos. Enroló en la expedición a su nieto Felipe de Salcedo, así como a Martín de Goiti en calidad de capitán de artillería. El 1 de septiembre de 1564, el presidente y oidores de la Real Audiencia de México dan a Legazpi el documento donde especifican las instrucciones y órdenes para la expedición. El extenso documento, que ocupaba más de veinticuatro páginas, detallaba todo un código de normas de control, comportamiento y organización, así como la recomendación de dar buen trato a los naturales, que llegaba hasta a indicar cómo se debían de repartir las raciones y evitar que existieran bocas inútiles; “... que no haya en la dicha Armada, criados ni mozos de servicio superfluos”. Aunque hace una salvedad en cuanto al servicio: ”Otrosí: no consentiréis que por vía ni manera alguna se embarquen ni vayan los dichos navíos, indios o indias, negros o negras, ni mujeres algunas, casadas ni solteras de cualquier calidad y condición que sea, salvo hasta una docena de negros y negras de servicio, los cuales repartiréis en todos los navíos, como os pareciese”.

Urdaneta seleccionó cuidadosamente a la tripulación para evitar motines; incluyó un 33% de guipuzcoanos elegidos en la Nueva España y que ya se conocían. En el informe al Virrey precisó: Es necesario incluir alimentos frescos para buscar la salud de la tripulación”. Con las cinco naves y unos 350 hombres, la expedición que encabezaba López de Legazpi partió del puerto de Barra de Navidad, (hoy Jalisco), el 21 de noviembre de 1564 después de que el 19 de noviembre se bendijeran la bandera y los estandartes. La expedición atravesó el Pacífico en 93 días y pasó por el archipiélago de las Marianas. El 22 de enero desembarcaron en la isla de Guam, conocida por isla de los Ladrones, que identifican por el tipo de velamen de sus embarcaciones y canoas que ven. Legazpi ordena lo siguiente: “…que ninguna persona de la Armada fuese osado de saltar a tierra sin su licencia y los que en ella saltasen no hicieran fuerza, agravio ni daño alguno a los naturales ni de ellos tomasen cosa ninguna, así en sus bastimentas como de otras cosas, y que no les tocasen en sus sementeras, ni labranzas, ni cortasen palma ni otro árbol alguno, y que no diesen ni contratasen con los naturales cosa ninguna de ningún género que fuese, sino fuese por mano de los Oficiales de Su Majestad, que tenían cargo de ello, so graves penas, y a los Capitanes que lo consintieran, so pena de suspensión de sus oficios”.

Compraron alimentos a los nativos y tomó posesión de la isla para la Corona española. El 5 de febrero salen rumbo hacia las llamadas Islas de Poniente, las Filipinas. El día 15 tocan tierra en la isla de Samar, en donde el alférez mayor, Andrés de Ibarra, tomó posesión de la misma previo acuerdo con el dirigente local. El 20 del mismo mes se hacen de nuevo a la mar y llegan a Leyte, en donde Legazpi levanta el acta de rigor de toma de posesión, aún con la hostilidad de sus habitantes. El 5 de marzo llegan al puerto de Carvallán.

La escasez de alimentos impulsó la búsqueda de nuevas bases, para lo que se fueron extendiendo los dominios españoles sobre las diferentes islas, llegando a dominar gran parte del archipiélago, a excepción de Mindanao y las islas de Zulú. Esta expansión se realizó con relativa facilidad, al estar los diferentes pueblos que ocupaban las islas enfrentados los unos a los otros, y al establecer Legazpi relaciones amistosas con algunos de ellos. Por ejemplo, con los nativos de Bohol mediante la firma de un «pacto de sangre» con el rajá Sikatuna. Los abusos que en el pasado habían cometido los navegantes portugueses en algunos puntos del archipiélago motivaron que algunos pueblos opusieran a Legazpi una fuerte resistencia. En una reunión deciden establecer un campamento para pasar el invierno en la isla de Cebú, que estaba muy habitada y tenía mucha provisión de alimentos, a la que llegan de nuevo el 27 de abril. Estiman que...”si no quisieren los naturales de la tierra dalles bastimentos por precios justos y usados y ser amigos nuestros, como el general pretendía, se les podrá hacer guerra justamente”.

Sus ansias de paz toparon con los recelos del gobernador local, el rajá Tupas, que era hijo del que años antes había masacrado a 30 hombres de la expedición de Magallanes en un banquete trampa. Legazpi intentó negociar un acuerdo de paz, pero Tupas mandó a una fuerza de 2.500 hombres contra las naves de los españoles. Después de la batalla, Legazpi volvió a intentar acordar su establecimiento pacífico y de nuevo fue rechazado. Las tropas españolas desembarcaron en tres bateles al mando de Goiti y Juan de la Isla, y los navíos dispararon sus cañones contra el poblado, destruyendo algunas casas y haciendo huir a los habitantes. Los españoles, que tenían una necesidad imperiosa de abastecimiento, registraron la población sin encontrar nada que pudiera servirles. En el registro encuentran en una choza la imagen del Niño Jesús (al que llaman Invención del Niño Jesús y que actualmente está en la iglesia que posteriormente construyeron los Agustinos en Cebú) Esa imagen fue regalada por Magallanes a Humamay, esposa favorita del rajá Humabón el día en que fue bautizada. Legazpi manda iniciar los trabajos del fuerte, que comienzan con el trazado del mismo el 8 de mayo. Ante estos hechos, el rajá Tupas, acompañado por el rajá Tamuñán, se presentó a Legazpi, que los recibió en su barco La Capitana, para acordar la paz. Se realiza el juramento de sangre, que consistió en que Legazpi se sangró el pecho en una taza y lo mismo hicieron Tupas y Tamuñán; la sangre de los tres se revolvió con un poco de vino, se repartió en tres vasos, y lo beben los tres a la par.

Se funda allí los primeros asentamientos españoles: la Villa del Santísimo Nombre de Jesús, nombrando a Pedro Briceño de Oseguera, regidor de la misma; y la Villa de San Miguel, hoy Ciudad de Cebú, que se convertiría en la capital de las Filipinas y en base de la conquista de las mismas.

El Padre Andrés de Urdaneta

. El segundo plan de Felipe II era el retorno de Asia a América confiándoselo a Andrés de Urdaneta. En 1525, junto a Juan Sebastián del Cano, Urdaneta formó parte de la expedición comandada por García Jofre de Loaisa. Fue uno de los testigos que firmó el testamento de del Cano. Muertos del Cano y Loaisa y, tras la campaña de las Molucas, regresa a España en 1536 al mando de la expedición, pero en Lisboa el rey de Portugal le incauta la numerosa e importante documentación recabada en el periplo de una circunnavegación de 11 años. De las Molucas regresó con una hija que entrega a su hermano. Y de la mano de Pedro de Alvarado pasa a Nueva España. Tras ostentar puestos políticos notables en mayo de 1553 a sus 45 años ingresa como fraile en la orden de San Agustín en un convento de la capital mejicana.

Y, como acabamos de decir, Urdaneta acompañó por orden del rey Felipe II a Legazpi para que mantuvieran el control de las Filipinas, como respuesta a la expulsión de sus súbditos de las Molucas. La misión de Urdaneta era encontrar la ruta de regreso a Nueva España, para no tener que utilizar la demarcación reservada a Portugal y por el estrecho de Magallanes era impensable. A este fin Urdaneta zarpa de San Miguel en Filipinas el 1 de junio de 1565 con rumbo nordeste aprovechando el monzón del suroeste. Y en el paralelo 40 encuentra la corriente del Kuro Sivo que le llevó a California y costean rumbo sur hasta Acapulco. En 1566 llega a Cebú el galeón San Gerónimo desde México, para confirmarles que se había encontrado la vía del retorno.

La fundación de Manila

En Cebú, Legazpi tuvo que hacer frente a un levantamiento de algunos de los gentilhombres, que acaban derrotados y en la horca. En 1567, 2100 soldados y trabajadores españoles llegaron a Cebú por órdenes de Felipe II y fundan una ciudad y construyen el puerto de Fortaleza de San Pedro, que se convirtió en su puesto avanzado para el comercio con México y la protección contra rebeliones nativas hostiles y los ataques de los portugueses, que fueron definitivamente rechazados.

Legazpi destacó como administrador de los nuevos dominios, en donde introdujo las encomiendas, tal como se hacía en América, y activó el comercio con los países vecinos, en especial con China, para lo que aprovechó la colonia de comerciantes chinos establecidos en Luzón desde antes de su llegada. La cuestión religiosa quedó en manos de los Agustinos dirigidos por fray Andrés de Urdaneta. La conquista siguió por las islas restantes, Panay (donde estableció su nueva base), Masbate, Mindoro y, finalmente, Luzón, donde encontró la gran resistencia de los tagalos.

La prosperidad del asentamiento de Maynilad atrajo la atención de Legazpi en cuanto este tuvo noticias de su existencia en 1568. Para su conquista mandó a dos de sus hombres, Martín de Goiti y Juan de Salcedo con 300 soldados. Maynilad era un enclave musulmán, situado al sur de la isla de Luzón, dedicado al comercio. Salcedo y Goiti llegaron a la bahía de Manila el 8 de mayo de 1570, después de haber librado varias batallas por el norte de la isla contra piratas chinos. Los españoles quedan sorprendidos por el tamaño del puerto y son recibidos amistosamente, acampando por algún tiempo en las proximidades del enclave. Al poco tiempo se desataron incidentes entre los nativos y los españoles y se produjeron dos batallas, siendo derrotados los nativos en la segunda de ellas, con lo que el control de la zona pasó a manos españolas después de los correspondientes protocolos y ceremonias de paz, que duraron tres días. Fue el Rajá Matanda quien entregó Maynilad a López de Legazpi. Legazpi llegó a un acuerdo con los gobernantes locales los rajás Suliman, Matanda y Lakandula. En el mismo se acuerda fundar una ciudad que tendría dos alcaldes, doce concejales y un secretario. La ciudad sería doble, la intramuros, española, y la extramuros indígena.

Con la conquista de Maynilad se completó el control sobre la isla de Luzón, a la que Legazpi llamó Nuevo reino de Castilla. Reconociendo el valor estratégico y comercial del enclave, el 24 de junio de 1571 Legazpi fundaba la Siempre Leal y Distinguida Ciudad de España en el Oriente de Manila y la convirtió en la sede del gobierno del archipiélago y de los dominios españoles del Lejano Oriente. La edificación de la ciudad —dividida en dos zonas, la de intramuros y la de extramuros— se debió a la real orden que Felipe II emitió desde el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial el 3 de julio de 1573, y en la que se planificaba la zona de intramuros al estilo español de la época, con carácter defensivo según planos de Herrera, arquitecto de El Escorial, y dejando extramuros para las aldeas indígenas que más tarde darían lugar a nuevos pueblos y acabarían, con el tiempo, integrando la urbe de Manila.

Cuatro años después de su fundación, Manila sufrió un ataque a manos del pirata chino Lima-Hong. Juan de Salcedo, al mando de 500 españoles, expulsa a la flota mercenaria chino-japonesa. Y después de proclamar a Manila capital del archipiélago de las Filipinas y de los dominios españoles del Lejano Oriente, López de Legazpi trasladó allí su residencia. Permaneció en Manila hasta su muerte el 20 de agosto de 1572.

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