EL SEGUNDO PODER, sección realizada por Tomás Guillén, Periodista

José Manuel Serrano: “La anarquía digital promueve medios zombis, fácilmente presionables cuando no directamente creados con fines poco claros”

José Manuel Serrano: “La anarquía digital promueve medios zombis, fácilmente presionables cuando no directamente creados con fines poco claros”
domingo 31 de enero de 2021, 11:03h
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra. Formó parte del equipo fundacional del “Diario de Murcia”, donde fue Redactor-Jefe.
José Manuel Serrano: “La anarquía digital promueve medios zombis, fácilmente presionables cuando no directamente creados con fines poco claros”
José Manuel Serrano: “La anarquía digital promueve medios zombis, fácilmente presionables cuando no directamente creados con fines poco claros”

Durante más de 10 años trabajó en el diario “La Verdad”, en el que desempeñó las tareas de Jefe de la Sección de Local y analista político y económico. Ha sido también columnista en el diario “La Opinión”.

En 1991 se traslada a Sevilla para hacerse cargo de la comunicación de la División de Actividades Culturales de la Exposición Universal (EXPO 92).

En 1993 crea Alternativas de Comunicación (ADC), empresa especializada en comunicación corporativa, institucional y empresarial. Durante seis años (2013-2019) simultanea la dirección de ADC con la dirección de Comunicación de Banco Mare Nostrum (BMN) en Madrid.

En la actualidad, continúa al frente de Alternativas de Comunicación, empresa que a lo largo de más de 25 años ha colaborado en la comunicación estratégica de las principales empresas, instituciones, colectivos y líderes de la Región de Murcia.

Es Vicedecano del Colegio de Periodistas de la Región de Murcia.

“Esa bacanal de la información ha comenzado a producir empacho”; “Pero en poco tiempo, la democracia comunicativa ha evolucionado a anarquía digital”; “Supongo que la sociedad necesita una ayuda para entender la complejidad del mundo que nos rodea”; Resulta bastante más complicado presionar al “New York Times” que a un digital del Medio Oeste Norteamericano”; “El mundo digital con su enorme penetración y ruido incesante lo que puede producir es el efecto contrario: que la comunicación deje de ser un poder”; “La opinión pública aparece asediada, recibiendo información no contrastada, cuando no simplemente falsa, interpretada por oráculos de pacotilla, y le cuesta trabajo distinguir la paja del trigo”; “Las plataformas de contenidos musicales y cinematográficos obtienen millones de euros a través de las suscripciones. El reto de los Medios de Comunicación es conseguir algo parecido”; “A los jóvenes periodistas hay que recordarles ser honestos en la trascendental misión de actuar de intermediarios entre lo que ocurre y los ciudadanos”; “Hay que alejarse del ruido y dedicarle a la actualidad el tiempo necesario para estar informado y no ser un adicto al qué está ocurriendo ahora mismo”; “Quiero pensar que el ruido del mundo digital en la comunicación se hará tan ensordecedor que, paulatinamente, los ciudadanos se alejarán de él ante el temor de quedar sordos o, incluso, de enloquecer”.

P.-¿La sociedad podría estar saturada de tanta información?

R.-Nunca a lo largo de la historia hemos tenido acceso a un volumen de información como tenemos en la actualidad. Y esa bacanal de la información ha comenzado a producir empacho. Como una mala digestión. Así que ya muchos ciudadanos han decidido ponerse a dieta y, posiblemente, como en la dieta calórica, se estén haciendo un favor.

P.-¿La democracia de la comunicación digital perjudica al periodismo real o tradicional?

R.-Eso que llaman “democracia digital”, la posibilidad de que cualquiera con un teléfono móvil a su alcance puede convertirse en un comunicador, fue recibido con alborozo. Se acabaron los intermediarios, que representan intereses políticos y económicos, decían los apóstoles de la nueva verdad. Pero en poco tiempo, la democracia comunicativa ha evolucionado a anarquía digital.

Y en ese escenario, el periodismo tradicional, entendido como el que permite analizar, contextualizar, cobra más relevancia que nunca. Confío en que el periodismo no salga perjudicado, sino fortalecido de esta situación.

P.-¿Es verdad que en la situación social actual hay que dar a la opinión pública lo que ésta quiere y no informar veraz y consecuentemente con lo que está ocurriendo?

R.-¿Y qué quiere la opinión pública? Supongo que una ayuda para entender la complejidad del mundo que nos rodea, sobre todo en estos momentos con una pandemia universal amenazante, con el auge de los populismos en nuestro país y con un cambio de actores y de escenario en el orden mundial.

Sí, ya sé que posiblemente esa opinión pública también querrá que se le informe sobre los amoríos de Enrique Ponce y el modo de hacer repostería casera, pero el periodismo está para poder interpretar el mundo que nos rodea. La corrala de vecinas, murmurando en los patios interiores, pertenece a otra dimensión. Ha existido siempre y ahora ha transmutado en digital.

P.-¿Crees que si algunas veces el poder (económico, político…) intenta condicionar la información es por culpa directa de la anarquía digital o la libertad sin mesura de las RRSS?

R.-El poder económico y político ha intentado influir siempre desde los albores del periodismo. Y ese intento perpetuo de influencia empezó a limitarse con el nacimiento y consolidación de los grandes medios de comunicación, poderosos económicamente y, por lo tanto, más proclives a preservar su independencia.

Resulta bastante más complicado presionar al “New York Times” que a un digital del Medio Oeste Norteamericano. La anarquía digital promueve medios zombis, fácilmente presionables cuando no directamente creados con fines poco claros.

P.-Y volvemos a las redes sociales y proliferación de las plataformas digitales, esta influencia y presión social que se ejerce con ellas, podría convertir a la prensa, a la comunicación (en los términos más genéricos) en el segundo poder, después del económico.

R.-Mira, es que yo en esto soy muy clásico. Me quedo con la definición canónica. Los tres poderes que configuran una democracia son el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El cuarto poder se incorpora más tarde, el de los Medios de Comunicación, en un momento, sobre todo con la aparición de la televisión, en el que comienzan a llegar a una audiencia cada vez más amplia.

El mundo digital y las redes sociales con su enorme penetración y ruido incesante, lo que pueden producir es el efecto contrario: que la comunicación deje de ser un poder, diluido, atomizado, con una crisis de credibilidad y que paguen justos por pecadores.

P.-Quizás son tiempos extraños los que estamos viviendo. Tras la proliferación de tantas redes sociales, cualquier individuo puede crear y difundir información sin formación para ello. Esto está claro, pero ¿esta situación nunca será buena ni para los profesionales ni para la opinión pública?

R.-La proliferación de agentes emisores de información sólo está proporcionando un ruido ensordecedor en mitad de una jungla mediática. El Periodista, formado en una universidad, con herramientas adecuadas, inserto en una entidad profesional donde aprende de los más veteranos, corre el peligro de no poder hacer oír su voz. La Opinión Pública aparece asediada, recibiendo información no contrastada, cuando no simplemente falsa, interpretada por oráculos de pacotilla, y le cuesta trabajo distinguir la paja del trigo.

La prensa de calidad necesita recursos económicos y se ha instalado en la sociedad el que la información es gratis. Y no es así.

Otros colectivos, como la música y el cine, han conseguido cambiar la inicial resistencia de los ciudadanos a pagar por escucharla y verlo. Las plataformas de contenidos musicales y cinematográficos obtienen millones de euros a través de las suscripciones. El reto de los medios de comunicación es conseguir algo parecido.

P.-¿Pero no crees que se han perdido los formatos clásicos y tradicionales para realizar periodismo, prensa de calidad o la auténtica de toda la vida?

R.-Le oí una vez decir al director de “La Verdad”, Alberto Aguirre, que el formato del periódico, tal como lo hemos conocido en estos últimos años, es uno de los mejores inventos en este ámbito. Y no puedo estar más de acuerdo con él. Cuando uno se echa a la cara un periódico en papel o en la versión pdf para dispositivos móviles, observa que la jerarquía de los contenidos, el orden de los mismos, las secciones diferenciales, hacen mucho más fácil y cómoda la lectura y, por tanto, la comprensión de la realidad. Y eso es porque un equipo de profesionales trabaja para que ello sea posible. Qué diferencia con ese batiburrillo como se nos presentan las noticias en otros soportes, sin orden ni concierto.

P.-¿Algún consejo o recomendación a los jóvenes periodistas? Reinventarse, pero ¿cómo?

A los periodistas que se están iniciando en la profesión hay que recordarles, en primer lugar, los fundamentos clásicos de relatar historias: exponerlas con corrección sintáctica y semántica, adquirir una formación cultural amplia que permita entender el mundo que nos rodea y ser honestos en la trascendental misión de actuar de intermediarios entre lo que ocurre y los ciudadanos.

Desgraciadamente, los Medios de Comunicación se encuentran envueltos en el dilema de resolver su viabilidad económica, ante la caída de la audiencia y de los ingresos publicitarios, y empieza a resultar difícil encontrar trabajo o permanecer en él. Pero creo que siempre será necesario el profesional formado y honesto que transmita, analice y contextualice la información.

P.-¿Cómo se puede frenar la cantidad de bulos, de desinformación que generan de forma descontrolada las RRSS en muchas ocasiones? ¿Existe la fórmula?

R.-De momento, los intentos de evitar la desinformación a través de las redes sociales están resultando bastante infructuosos. Las empresas verificadoras plantean dudas sobre su independencia y existen ya hasta disciplinas universitarias que han nacido con la pretensión de encontrar el modo de acabar con esta pandemia informativa.

Mientras tanto, nos corresponde a los ciudadanos seguir unas pautas mínimas: acceder a medios acreditados, no actuar compulsivamente ante una supuesta noticia distribuyéndola nosotros mismos y evitar la sobreexposición al carrusel interminable de noticias del mundo digital y de las redes sociales.

Hay otros mundos, además de la pantalla del ordenador y del teléfono móvil. Hay que alejarse del ruido y dedicarle a la actualidad el tiempo necesario para estar informado y no ser un adicto al qué está ocurriendo ahora mismo.

P.-¿Hacia dónde nos llevan los mass-media? ¿Podrías augurar algo de futuro?

R.-Es difícil siempre augurar el futuro. Quién nos iba a decir hace un año que íbamos a vivir esta terrible situación social y sanitaria a la que se enfrenta el mundo. Pero creo que por la ley del péndulo, que unas veces nos lleva arriba y otras abajo, los medios de comunicación profesionalizados, organizados e independientes económicamente tienen plena vigencia. Quiero pensar que el ruido del mundo digital en la comunicación se hará tan ensordecedor que, paulatinamente, los ciudadanos se alejarán de él ante el temor de quedar sordos o, incluso, de enloquecer.

Hay una disociación entre lo que ocurre en los entornos digitales y de las redes sociales y el mundo real. En los primeros parece que todos los días y a todas horas estamos ante el fin del mundo, tal es el grado de crispación, tensión y animadversión que se observa. Y no es así.

Más allá de que en una sociedad dinámica ocurren cosas y que conviene conocerlas, una cierta mesura en el consumo compulsivo de la información creo que terminará llevando a que comience a valorarse mucho más la labor de decantación que los profesionales realizan de la información para obtener el buen vino de una sociedad correctamente informada.

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