EL SEGUNDO PODER, sección realizada por Tomás Guillén, Periodista

Ana Regalado: “Este oficio nos permite influir, denunciar, cambiar situaciones, mejorar la vida de alguien, aunque sea a escala pequeña. Eso es lo grandioso de nuestro trabajo”

 Ana Regalado: “Este oficio nos permite influir, denunciar, cambiar situaciones, mejorar la vida de alguien, aunque sea a escala pequeña. Eso es lo grandioso de nuestro trabajo”
domingo 24 de enero de 2021, 11:01h
 Ana Regalado: “Este oficio nos permite influir, denunciar, cambiar situaciones, mejorar la vida de alguien, aunque sea a escala pequeña. Eso es lo grandioso de nuestro trabajo”
Periodista (de vocación y titulación). Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en Diario16-Murcia como Redactora de Sociedad y Política. En la pequeña redacción de ese periódico creció y esta profesión la atrapó para siempre. Después ha trabajado en Informativos de Antena3 Televisión en Sevilla y en Madrid, y en el programa Espejo Público, de Antena 3, donde desempeña su labor desde hace años. El programa es una ventana a la actualidad, de cuatro horas y media de duración diaria. Allí es reportera, produce contenidos y edita en vídeo… “Un trabajo apasionante, donde lo mejor es estar a pie de calle”, confiesa ella.
 Ana Regalado: “Este oficio nos permite influir, denunciar, cambiar situaciones, mejorar la vida de alguien, aunque sea a escala pequeña. Eso es lo grandioso de nuestro trabajo”

“No todo el mundo vive absorbido por el mundo digital, ni sabe manejarlo”; “…. Pero podemos convertirnos en unos títeres si dejamos que la tecnología nos maneje”; “La “tele” ha dejado de ser una simple “caja tonta” para convertirse en una multiventana”; “Lo que está por venir solo será negativo si permitimos que nos desborde”; “Cualquier ciudadano puede ejercer de periodista a través de las redes sociales, algo que no siempre es saludable”; “Los poderes siempre han tenido las nuevas tecnologías en sus manos. Lo nuevo es que los ciudadanos tenemos acceso a ellas con bastante facilidad”; “La seducción es un arma muy eficaz, pero creo que sobrevive el profesional honesto”; “Es una pena el futuro descorazonador de la prensa impresa”; “El ciudadano que se sienta “narcotizado” ante los escándalos que se publican, tiene un gran problema”; “Ahora, más que nunca, tenemos que informar verazmente”; “La televisión está muy denostada, y en gran medida se lo ha ganado a pulso”; “Es cierto que hay una generación joven, y otros no tan jóvenes, seducidos por lo que el periodismo puede tener de exhibición, de estrellato”.

P.-¿Crees que la vida digital y la ordinaria se han fusionado? ¿Ya todos somos digitales?

R.-Estamos desbordados por lo digital, por sus grandes prestaciones, por sus ventajas, por su comodidad. Pero no hay que olvidar que la brecha generacional existe. No todo el mundo vive absorbido por el mundo digital, ni sabe manejarlo. Es cierto que es inherente a las nuevas generaciones. Por eso es tan importante que se les enseñe a lidiar con ello, para que sea una herramienta y no una condena.

La tecnología no va a salvarnos de nosotros mismos.

La tecnología nos ha abierto muchos horizontes a golpe de clic impensables hace unos años. Ha revolucionado el mundo de la información de una manera radical y apasionante. Somos unos privilegiados por ello. Pero podemos convertirnos en unos títeres si dejamos que la tecnología nos maneje. No ha venido, precisamente, para salvarnos.

P.-¿La televisión (convencional, digo) lo ha dado todo ya?

R.-Creo que le queda mucha vida aún, aunque es cierto que no tiene la influencia social e informativa de hace diez o quince años. Pero, ojo, la televisión de hoy ya no es convencional, digamos. Podemos ver un informativo en directo en nuestro teléfono móvil, seguir una serie televisiva en la Tablet, publicar nuestra opinión sobre contenidos en tiempo real. Las cadenas, los grupos empresariales que sostienen este medio, están empeñados en reinventarse para mantener su negocio. La oferta televisiva no para de crecer con sus webs, redes sociales y plataformas de pago asociadas. La “tele” ha dejado de ser una simple “caja tonta” para convertirse en una multiventana.

Son tiempos extraños lo que se avecinan con esa precipitación digital disparada

Son tiempos de cambios vertiginosos. Los profesionales tenemos que formarnos para sacar provecho de estos cambios y las instituciones tienen la responsabilidad de que la sociedad aprenda a manejarlos. Lo que está por venir solo será negativo si permitimos que nos desborde.

P.-¿Las RRSS perjudican o benefician a la sociedad informativamente hablando?

R.-Su uso lo define todo. Las RRSS pueden ser muy dañinas. Tenemos el ejemplo reciente de Donald Trump, de su cuenta de twitter. Un presidente saliente incitando a la insurrección ante un escaparate de casi noventa millones de seguidores. Y llegó el asalto al Capitolio…

P.-¿Pero las grandes plataformas ya han parado los pies a Trump? ¿No?

R.-Pero ojo, Twitter, Facebook, Instagram, han “bloqueado” a un Trump derrotado, que está al borde del segundo “impeachment”. A este político, las RRSS le han dejado pasear su xenofobia, sus insultos, sus bulos, sus mentiras durante cuatro años. Interesaba y punto. Las redes sin filtros están manejadas por empresas privadas a las que el rigor de quienes publican solo les interesa si es rentable. Ahora parece rentable censurar a Trump. Aquí se abre otro debate, el de la censura de quienes gobiernan las redes.

P.-¿Pero con la inmediatez y el acceso inminente y diario de cualquier individuo a crear información se ha perdido la obligación de informar en el sentido más clásico del término?

R.-Creo que el rigor informativo corre serio peligro. Cualquier ciudadano puede ejercer de periodista a través de las redes sociales, algo que no siempre es saludable. En mi trabajo, muchas veces llegamos a cubrir un acontecimiento y cuando empezamos a recabar información sobre el terreno, hay personas que nos remiten a informaciones que han leído en Facebook o en grupos de WhatsApp, por ejemplo. Muchas veces se trata de fake news. Son rumores, datos sin contrastar, pero quienes los leen los asumen como noticias veraces por el simple hecho de estar publicadas en grandes plataformas. Es terrible. Nadie les ha enseñado a separar la paja del trigo. El ojo crítico no puede descansar ante las RRSS.

P.-¿A quiénes benefician más las nuevas tecnologías a la sociedad o al poder, llámese social, económico o político?

R.-Los poderes siempre han tenido las nuevas tecnologías en sus manos. Lo nuevo es que los ciudadanos tenemos acceso a ellas con bastante facilidad. Podemos compartir información, movilizarnos, y participar de un filón inagotable.

P.-¿Es verdad que en estos tiempos tan complejos sobrevivirá quien comunique y seduzca?

R.-La seducción es un arma muy eficaz, pero creo que sobrevive el profesional honesto, el que ejerce el periodismo para denunciar ilegalidades e injusticias, el que intenta frenar la perversión de los poderes políticos y económicos, el que pretende que los ciudadanos estén realmente informados. Hay muchos profesionales así, muchos, y va a ser difícil acabar con ellos. Tenemos ejemplos envidiables. The New York Times o The Washington Post crecen en suscriptores y potencian la contratación de periodistas.

P.-Es cierto que la prensa impresa tiende a desaparecer, pero ¿no crees que la digital y las RRSS solo pretenden vender no solo información sino principalmente productos comerciales, que nos desbordan cada minuto?

R.-Es una pena el futuro descorazonador de la prensa impresa. Yo he crecido en ella como periodista, cuando las redacciones no eran tan tecnológicas e informar de una noticia, a veces, era casi un acto heroico. El olor a tinta, la sensación de leer el periódico, de cabo a rabo, tomando un café, es uno de los grandes placeres que adoro. Pero las ediciones digitales de la prensa son tan ambiciosas, tan completas y tan sujetas a permanente actualización, que es imposible resistirse a ellas. Son un lujo para periodistas y lectores. Y se debe pagar por leer el periódico digital. Nunca debió ser gratis. Es un producto de empresas y profesionales que deben vivir dignamente de ello.

En una ocasión dijo Pedro Baños, el geoestratega del Ministerio de la Defensa, que “nos han narcotizado. Nos hemos vuelto pasivos ante los numerosos escándalos anunciados por los medios”.

El ciudadano que se sienta “narcotizado” ante los escándalos que se publican, tiene un gran problema. Durante los últimos años, los periodistas hemos investigado y denunciado muchos escándalos políticos y económicos. Es necesario seguir haciéndolo. Yo lo siento como un deber profesional. No debemos mirar para otro lado. Es necesario luchar todos los días en las redacciones para que la información veraz triunfe. A veces, las empresas, los políticos, quienes nos dirigen nos derrotan. Los periodistas perdemos esa batalla en demasiadas ocasiones, pero estamos obligados a seguir en la trinchera donde sea.

P.-¿Crees que el poder intenta condicionar la información y que no se cuente verazmente lo que ocurre?

R.-Es una pretensión histórica. Y ahora, más que nunca, tenemos que informar verazmente. Sobre todo, porque en pleno siglo XXI, hay políticos que impulsan leyes mordaza, partidos de todos los colores que ofrenden video-comunicados y ruedas de prensa sin opción a preguntas, gabinetes de prensa de instituciones y empresas que filtran y, muchas veces, bloquean nuestro acceso a la información. Se está condicionando la libertad de información, un derecho constitucional. El panorama es desalentador y los periodistas, los de a pie, tenemos que plantarnos ante muchas de estas situaciones.

Hoy en día hay más interés en querer informar que informar de lo que sucede tal y como lo ve el periodista ateniéndose a su deber profesional

Como en todo, hay muchas clases de periodistas. Es cierto que hay una generación joven, y otros no tan jóvenes, seducidos por lo que el periodismo puede tener de exhibición, de estrellato. Es algo que, incluso, se fomenta desde las propias empresas. A veces, sobra protagonismo y falta oficio y vocación.

Pero también es verdad que los jóvenes periodistas no están actualmente por buscar, seleccionar, procesar y entregar información fiable.

A los periodistas y, sobre todo a los jóvenes, se les exige poco y se les paga poco. Los responsables de los medios tienen gran parte de responsabilidad. Creo que hay grandes periodistas jóvenes, pero es cierto que las facultades públicas y privadas han inundado de licenciados, no necesariamente periodistas, los medios. Esta profesión debe ser más autoexigente. Y es insultante que los empresarios de medios piensen que el periodista es un empleado que debe salir baratito.

P.-¿Hay mucho morbo no solo ya sensacionalismo en televisión hoy?

R.-La televisión está muy denostada, y en gran medida se lo ha ganado a pulso. Claro, que hay morbo. Muchas veces la información se mezcla con el entretenimiento. Pero la lucha por la audiencia no debe justificar el sensacionalismo. Algo que, en ocasiones, ignoran las empresas. Pero también se hace una televisión muy seria y honesta. La pena es que las cadenas, y todos los medios, no inviertan más en periodismo.

P.-¿Es verdad lo de aquel tópico, después de los cambios del periodismo actual, de que la prensa global es ya el Segundo Poder, por su influencia y presión social que ejerce?

R.-El periodismo ejerce una gran influencia, sin duda. Pero el poder es de los grupos editoriales que lo sustentan, de los políticos y, sobre todo, de la economía que realmente mueve los hilos. Aun así, a veces, este oficio nos permite influir, denunciar, cambiar situaciones, mejorar la vida de alguien, aunque sea a escala pequeña. Eso es lo grandioso de nuestro trabajo.

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