EMBAJADA A TAMERLÁN, por José Biedma López

Retrato de Tamerlán
Retrato de Tamerlán
sábado 17 de octubre de 2020, 10:00h
EMBAJADA A TAMERLÁN, por José Biedma López
Los rencores saltan de generación en generación y se heredan de padres a hijos y hasta los nietos los padecen como una maldición, como ciertas adicciones, como las taras genéticas. “Más alcanza quien más olvida, porque aprende a gozar la belleza del mundo”, dejó escrito Valle-Inclán. Si no se sabían ni se podían olvidar los agravios, los matrimonios concertados servían como instrumento político para suavizar odios y resentimientos y evitar venganzas. Con Enrique III el Doliente se reconciliaron los descendientes de los dos partidos de la tragedia de Montiel, porque su padre Juan I le casó con Catalina de Láncaster, nieta de Pedro el Cruel, legítimo heredero pero hermanastro y víctima de Enrique el de las Mercedes, primer rey castellano de la casa de Trastámara.
Mapa del imperio Timúrida.
Mapa del imperio Timúrida.

En 1390 Enrique el Doliente heredó el trono con trece años y, como su mote indica, fue niño enfermizo. A pesar de ello no le faltó vigor para reprimir desórdenes y conspiraciones de la nobleza levantisca ni para enfrentar a los piratas berberiscos que asolaban las costas del Mediterráneo. Tomó la ciudad africana de Tetuán y no fue esta la única empresa africana de don Enrique el Doliente, pues durante su reinado comenzó la conquista de las islas Canarias con un ejército de voluntarios comandados por el noble francés Juan de Bethencourt, voluntarios a los que la población autóctona llamó “godos” en recuerdo de los antiguos señores de la Península.

Sin embargo, lo más curioso que aconteció durante su reinado fue la embajada (1403-1406) que, presidida por Ruy González de Clavijo, envió el rey al emperador mogol Tamerlán, que acababa de vencer a Bayaceto, gran señor de los turcos otomanos, en Ankara (1402). La larga y peligrosa travesía de Clavijo y sus compañeros fue uno de los primeros viajes que se contaron en español: “Vida y hazañas del Gran Tamorlán, con la descripción de las tierras de su imperio y señorío…” (1412).

Los embajadores navegaron por mar hasta Trebisonda y por tierra hasta Samarcanda y vuelta a Alcalá de Henares. Con anterioridad, Payo Gómez de Sotomayor y Hernán Sánchez, también embajadores, habían acompañado a Tamerlán en la famosa batalla contra el caudillo otomano.

Tamorlán o Tamerlán, Timur Lang o Timurlenque (de lenk, El cojo, 1336-1405), “El cojo más agresivo de la historia” devolvió embajador, Muhammad Al-kazí o Mohamad Al-cagi en castellano, que vino con unas doncellas cristianas, entre ellas Angelina Griega, la cual devino dama de corte. Ruy González de Clavijo, camarero del rey, viajó acompañado de Alonso Pérez de Santamaría, teólogo, y de Gómez de Salazar, hombre de armas que murió en la odisea. Iban escoltados por catorce guardias y auxiliados por escribanos, portando valiosos regalos para Tamerlán: telas, joyas y halcones gerifaltes.

Tamerlán se había proclamado rey de Transoxiana y heredero y continuador de Gengis Kan. Desde luego, era un tipo temible, un jefe con carisma, guerrero intrépido y despiadado, pero amante de las artes y de las letras, musulmán devoto. A partir de 1380, aprovechando las divisiones de Irán, saqueó las capitales de Mesopotamia, Armenia y Georgia, amontonando pirámides de cabezas en las entradas de las ciudades que se le resistieron. Ocupó Azerbaiján y arrebató Siria a los mamelucos, destruyendo Alepo y Damasco (1400-1401), pero teniendo buen cuidado de hacerse con el capital de la destreza de sus magníficos artesanos, pues cuando Tamerlán quiso hacer grande la capital de su imperio, Samarcanda, no le importó ni el origen ni la religión de aquellos a los que deportaba, sino que fueran maestros en sus oficios: turcos, árabes, cristianos armenios, griegos católicos, nestorianos… En 1401 devastó Bagdad. Fue entonces cuando se dirigió contra el otomano Bayaceto I, al que hizo prisionero. Su expedición acabó destruyendo la guarnición de los monjes hospitalarios en Esmirna (1402). Descansando en Samarcanda, recibió ofertas de sumisión del sultán de Egipto y del emperador bizantino. Preparaba la invasión de China cuando la muerte le sorprendió.

Un año después, en 1406, falleció en Toledo Enrique el Doliente, rey de Castilla y de León, hijo de Juan y de Leonor de Aragón. Setenta años después moriría el maestro de la orden Santiago don Rodrigo Manrique, al que su hijo escribiría en tierras de Jaén la famosa elegía cuyos versos aclaran a donde van a parar las glorias de los grandes: “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir; allí van los señoríos / derechos a se acabar e consumir”. ¿Qué queda del inmenso imperio de Timur Lang, el emperador que asustó al mundo?. “Dejemos a los Troyanos… Non curemos de saber/ lo d’aquel siglo pasado /qué fue d’ello…/ vengamos a lo d’ayer, / Que también es olvidado / Como aquello”.

¿Quién se acuerda hoy del Imperio Timúrida? ¿Quién sabe hoy donde está o estuvo Samarcanda, o siquiera si existe en Asia una ciudad con ese nombre? Afirmativo, Samarcanda es hoy una ciudad de Uzbekistán conocida por sus bellas mezquitas y mausoleos, pero fue en aquel tiempo de Tamerlán la ciudad mejor abastecida del mundo, a la que llegaban productos de Rusia, Tartalia, Catay e India. Constantinopla, capital del Imperio romano oriental, ya era para entonces una ciudad decadente, “ya no estaba en su virtud” –escribe Clavijo. De sus tres mil iglesias, muchas estaban en ruinas. Describe el cronista su hipódromo o “torneamiento”, “donde justan y tornean”. Aunque todavía aguantaría Constantinopla el empuje de los turcos otomanos medio siglo, hasta su fatal caída el 29 de mayo de 1453.

En Trebisonda tuvieron los embajadores de Enrique III el Doliente oportunidad de asistir al culto armenio, uno de los más antiguos de la cristiandad. Quien esto recuerda ahora tuvo también oportunidad de oír y disfrutar con su esposa una misa armenia en una iglesia milagrosamente conservada en Estambul y noespero que dicha ciudad (primero llamada Bizancio, luego Constantinopla), puente entre Europa y Asia, siga amparando otros cultos diversos del Islam, pues la deriva de Turquía hacia el integrismo intolerante hoy asusta.

En aquellos principios del siglo XV describe también Clavijo: Mular Chemon, la Aldea de los Locos, poblada por musulmanes ermitaños, rapados y semidesnudos con fama de santos, que andan cantando día y noche con panderos; y que vieron animales desconocidos como la jirafa, “jornusa”, y elefantes domados, a los que llama “marfiles”.

“Quedaron los embajadores en gran veneración por lo mucho que habían visto, padecido y vencido en tierras bárbaras” -glosa y sentencia González Dávila dos siglos después.

Del autor:

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