LA SEDA DE MURCIA por José Biedma López

LA SEDA DE MURCIA por José Biedma López

LA SEDA DE MURCIA por José Biedma López

Al contemplar la naturaleza, sus estaciones y grandes ciclos, la aparente estabilidad del cielo estrellado, tendemos a pensar que sólo nosotros estamos aquejados por los cambios y el envejecimiento… No hay forja que sirva para labrar espada con que matar el tiempo. Pensamos que los procesos históricos son más acelerados que los naturales y, además, afectan a estos. Cierto, pero el mismo paisaje natural es efímero, como una estela en la mar. Ni el campo ni la huerta son hoy lo que fueron ni lo que serán mañana.

Pocos recuerdan hoy que la industria o arte de hilar la seda alcanzó extraordinaria importancia en Murcia desde principios del siglo XVI. Hubo que dictar unas Ordenanzas de tejedores de seda en 1542. Tenía tanta importancia económica que los tejedores fueron eximidos del pago de alcabalas y de otras cargas, entre ellas la del servicio militar, como los mineros.

Los romanos tenían la palabra “seta” con el significado de cerda, vello o pelo para pescar, luego, a través del toscano, la palabra tomó el significado actual, mudando en castellano la te por la de. Sin embargo, el imperio de los césares ya conoció el sutil y lujoso tejido, al que dieron el nombre de bombycina, del gusano bombyx, palabra asociada al griego “bombo”, que significaba el zumbido de las abejas, sonido que recuerda al que hacen los gusanos de seda cuando comen, o al aleteo de las mariposas cuando emergen de sus capullos. Escasa y cara era la seda incluso para una emperatriz. Se sabe que el emperador Aureliano negó a su esposa un vestido de seda que ella deseaba porque resultaba demasiado caro.

En la Odisea de Homero se dice que Odiseo vestía una túnica “espléndida…, con aspecto de piel de cebolla ya enjuta: tal era de pulida y suave y al sol semejante en su brillo" (XIX, 233). Hay quien piensa que el tejido de dicha camisa del héroe “fecundo en ardides” era seda, ¡un regalo de alguna admiradora, hechicera o semidiosa! Los sicilianos ya conocieron la seda antes de que el emperador bizantino Justiniano sobornara a unos monjes para que trajesen de China su simiente, es decir, los huevos del lepidóptero y las instrucciones para su cría en una caña (hacia el 555 d. C.).

El cultivo pasaría de Italia a España a fines de la Edad Media. Y donde con más facilidad arraigaron las moreras, planta nutricia de la larva de Bombyx mori, fue precisamente en la región de Murcia y parte de Valencia. Pronto, la región dio y repartió liberalmente seda a los más codiciosos y opulentos mercaderes de Toledo, Córdoba, Sevilla, Pastrana, etc. En tiempos del humanista Francisco Cascales (1563-1642) la huerta de Murcia tenía de riego trescientas cincuenta y cinco mil quinientas moreras, según constaba en los libros del diezmo. Con la hoja de estas moreras se criaban cada año cuarenta mil onzas de simiente (huevos amarillos, grises o azules), con la que se producían doscientas diez mil libras de seda joyante y redonda. La seda joyante, la de mayor calidad, se hilaba a partir de las “almendras”, esto es, de los capullos un solo gusano, mientras que la redonda procedía de los capullos formados por dos o tres gusanos. La joyante valía el doble que la redonda. Entraban en y salían de Murcia un millón de comerciantes al año para la compra de la seda, “que es el esquimo (fruto o ganancia de una explotación agrícola) mayor que en el mundo se sabe”. Para garantizar la calidad y peso del producto se creó un contraste o peso público de la seda cruda. Nadie podía comprar seda que no hubiera pasado antes por el contraste. En 1604 se construyó en la plaza de Santa Catalina un magnífico edificio para el contraste de la seda con sala de armas, terminado en 1610, fue derruido a principios del siglo XX.

Sin duda, el cultivo de la morera llegó también a Andalucía oriental, como seguro atavismo los chiquillos criábamos en el Santo Reino gusanos de seda. Mi madre guardaba la “simiente” en un lugar oscuro y seco durante el invierno y en marzo sacaba los cartones con los granos de mostaza y los ponía al sol cuando las moreras, las pocas que iban quedando en la Loma de Úbeda, echaban sus primeros brotes; al calor y enseguida los minúsculos disquillos ovan y se ponen blanquecinos y comienzan a salir los gusanitos. En Murcia se llevaba la simiente a bendecir el primer viernes de marzo o el día de San Juan de Dios (8 de marzo), para luego incubarla dándole calor de distintas maneras. Una vez nacida la oruga, después de cuatro “dormidas o mudas”, empieza la “freza mayor”, época en que la larva de la mariposa muestra su mayor voracidad, luego el gusano gordo como un dedo de niño empieza a hacer su capullo que al cabo de ocho días queda tan duro como un canto.

Cascales cree que si la seda entró tarde en España fue por la sencillez y austeridad de nuestras costumbres que impedían admitir “tan vicioso traje y tan indigno de su honesta severidad”, pues la seda, como la transparente lana sérica de los romanos, clareaba el cuerpo de quien la vestía, tanto como si fuera desnudo. Cita en su favor a Séneca: “Veo unas vestiduras séricas (si deben llamarse vestiduras aquellas en que no hay cosa que pueda defender al cuerpo, o a lo menos a la honestidad), y que con ellas la mujer no podrá jurar que no va desnuda”. Cascales diría hoy lo mismo de algunos leggins de moda. El moralista murciano recuerda como testimonio de la sobriedad y simpleza de las costumbres españolas el viaje del insigne poeta Petrarca, que visitó España poco después de su coronación en 1341. Cuando iba a embarcarse en Cartagena para volverse a Italia le preguntaron por el país que acababa de visitar. Respondió el vate que la tierra era de las mejores del mundo, pero que la gente estaba como nuestro padre Adán la dejó.

La industria de la seda empezó a decaer en Murcia a principios del siglo XIX. La decadencia se acentuó con la competencia de la industria italiana y francesa, con epidemias (pebrina), y después con el invento y divulgación de la seda artificial. En Gandía se introdujo el sedero francés Boix Jacquet, todavía en 1865. La seda natural está formada por proteínas y sigue siendo la fibra textil más cara y sofisticada del mundo. Miles de años antes de nuestra era las emperatrices chinas se vestían con seda. Los arqueólogos han encontrado sedas tejidas en Asia de hace más de cuatro mil quinientos años. También se halló fibra de seda en el pelo de una momia egipcia de la vigésimo primera dinastía, alrededor del año 1070 a. C. Su comercio internacional en la antigüedad fue tan importante que en la Edad Media dio nombre a una ruta: la Ruta de la Seda. Los saris de seda, caros y de colores muy llamativos, se usan en la India para bodas y celebraciones importantes. Seda (Seta en el original) es el título de una excelente, poética, originalísima, preciosista y conmovedora historia-cuento oriental escrita por Alessandro Baricco en 1996 y protagonizada por un comerciante de gusanos de seda. François Girard rodó en 2007 una adaptación cinematográfica bajo el título de Silk, pseudónimo de una notable poetisa argentina, Silvia Spinazzola, nacida en 1958.

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