EL NACIMIENTO DEL NIÑODIÓS Y LA MUERTE DE PAN, por José Biedma López

Filippo Lippi, Natividad.
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Filippo Lippi, Natividad.
EL NACIMIENTO DEL NIÑODIÓS Y LA MUERTE DE PAN, por José Biedma López

Dicen Eutropio y Eusebio que cuando Jesús nació se descubrió en un mesón de Roma, capital del mundo, una fuente que manó aceite excelentísimo durante un día entero, y Orosio añade que durante ese tiempo el Sol lució cerco tan lustroso que daba igual o más lumbre que el astro rey. Pedro Coméstor registra que esa misma jornada se cayó en Roma el templo dedicado a la diosa Paz. Pero ya al edificarse, un oráculo predijo su destrucción cuando una virgen pariese y, cuando llegó el parto de la Reina del Cielo, la profecía se cumplió.

Pan enseña a Dafnis a tocar la siringa, Pompeya h. 100 a.C.
Pan enseña a Dafnis a tocar la siringa, Pompeya h. 100 a.C.

Lucas de Tuy en su Crónica de España refiere que la noche en la que nació el Redentor apareció en España una enorme nube radiante que hizo la obscuridad tan clara como el mediodía. San Jerónimo cuenta que, cuando la Madre de Dios huía de la crueldad de Herodes a Egipto, los ídolos de este país cayeron de sus altares y sus oráculos enmudecieron. Plutarco escribió un tratado sobre el silencio de los oráculos paganos después de la Pasión de Cristo y el humanista Pedro Mejía atribuye esta decadencia de la mántica gentil al abatimiento del demonio, porque quedó vencido tras el sacrificio de nuestro Salvador.

El mismo Plutarco cuenta cómo navegando hacia Italia el padre de Emiliano el Orador, varón prudente, pasaron cerca de la isla de Paraxis o Paxos. Todos los pasajeros estaban despiertos cuando se oyó una voz tremenda y grave procedente de la isla despoblada y que llamaba al piloto de la nave, un timonel egipcio llamado Atamano. Este no se atrevió primero a responder, pero a la tercera vez que oyó su nombre sí se atrevió: “¿Quién llama? ¿Qué queréis?”, preguntó Atamano. La voz sonó más fuerte que antes: “Lo que quiero, Atamano, es que llegando al golfo llamado Laguna, frente a Palodes, anuncies que el gran demonio, el dios Pan, ha muerto”.

Deliberaron los pasajeros y mercaderes que viajaban en la nave si decir o no decir lo que habían oído, pero, como llegados al golfo cesó el viento y no pudieron navegar, Atamano entonces levantó la voz para gritar: “Os hago saber que el gran diablo Pan es muerto”. Se oyeron entonces multitud de suspiros, gemidos, quejidos y llantos, hasta atronar el mar. Todavía asustados, los pasajeros de la nave llegaron a puerto y Atamano se dirigió a Roma donde informó al emperador Tiberio del extraño suceso. Para Mejía, este acontecimiento maravilloso es prueba de que los antiguos demonios que los gentiles adoraban iban abandonando el mundo a la vista del nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor.

“Pan” llamaban ellos al dios de los pastores, mitad hombre y mitad macho cabrío, hijo de Mercurio, y “Pan” quiere decir también trasgo o fantasma de noche, y debió ser –según Mejía- “algún grande demonio que entonces perdió su señorío y fuerza, como los otros”. En los bosques mitológicos de la Hélade Pan fue incansable e impúdico perseguidor de ninfas. Acosó a algunas sin éxito, como a Siringa, que se transformó en cañaveral para evitar la lujuria desenfrenada de Pan. Este, frustrado, fabricó una flauta con sus cañas, que tomó el nombre de la ninfa que le dio esquinazo: siringa.

Flavio Josefo, cronista judío, indica que en esos mismos días que nació el Niñodiós se oyó otra voz en el templo de Jerusalén estando vacío, que dijo: “Desamparemos esta tierra y vámonos de ella”. El humanista sevillano lo interpreta como un aviso de la persecución que sufrirían los hebreos por la muerte que le darían al Dador de vida. En el Evangelio de los nazarenos se notifica que el día de la Pasión se cayó la suntuosa y bien trabajada portada del mismo templo.

Tres horas duró el eclipse de sol que hubo cuando Cristo expiraba en la cruz y no fue por ponerse la luna entre nosotros y la estrella, sino algo sobrenatural y milagroso. Dionisio el Areopagita vio también oscurecerse el sol aquel mismo día en Atenas y dijo: “O el mundo quiere acabarse o el Hacedor del mundo padece hoy”. Fue entonces cuando los sabios atenienses hicieron un altar para el “dios no conocido”, que apóstol Pablo de Tarso poco después, cuando evangelizaba en Atenas, identificó con Cristo, Dios y hombre. “Yo vengo a anunciaros al Dios desconocido”, les predicó el apóstol.

Estas maravillas, que los cuatro evangelistas canónicos no dejaron escritas, recoge Pedro Mejía en su Silva de varia lección (Sevilla, 1540), sirviéndose para ello de sus lecturas de acreditados autores de la Antigüedad…

Nosotros hemos oído decir que Pan ha resucitado. Unos dicen que en un laboratorio de la ciudad china de Wuham; otros, que es una Inteligencia Artificial o transhumana inventada en Silicon Valley (California); aún los hay que afirman que se trata de un Gran Hermano que espía los ordenadores de todo el mundo, programado por una caterva rusa de hackers putinistas. Pero no daremos crédito a estas perturbadoras nuevas mientras no sepamos con seguridad si son o no son fake news, o sea, bulos sin fundamento o realidades inquietantes.

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