"SÍNDROME DE ULISES INVERTIDO", por Rosario Segura Pérez-Muelas

'SÍNDROME DE ULISES INVERTIDO', por Rosario Segura Pérez-Muelas
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lunes 15 de noviembre de 2021, 10:09h

La emigración es un fenómeno que tiene lugar desde que la humanidad existe. Todos entendemos que la gente busque mejorar su calidad de vida y este hecho enriquecedor hace evolucionar a las sociedades, que paulatinamente y con el tiempo van asimilando las normas de convivencia que sirvan para todos, aunque según un reciente informe de calidad de vida, donde peor se vive en España es en la Región de Murcia.

'SÍNDROME DE ULISES INVERTIDO', por Rosario Segura Pérez-Muelas

Sin embargo, este hecho migratorio e inevitable cuando surge de forma abrumadora puede ser que no de suficientemente tiempo, para que la sociedad receptora se adapte a las nuevas formas de paisaje humano y cultual.

Cuando se llega a un nuevo destino, nos tenemos que adaptar rápidamente a la nueva situación, aunque se ha de pasar por el llamado estrés que genera todo lo nuevo. En el momento que este fenómeno se presenta en dosis altas, se entra en un estado de ansiedad y nerviosismo que en muchos casos impide realizar las actividades de forma adecuada, generando ansiedad, errores y preocupación. Si esta situación se prolonga en el tiempo, aparecerán otros síntomas como la depresión, la culpabilidad o el sentimiento de soledad ante las circunstancias que nos desbordan. Esta situación está tipificada como síndrome de Ulises.

En contrapartida la llegada del inmigrante a la sociedad receptora conlleva una cierta desorganización cultural, al enfrentarse dos culturas diferentes y tienen que seguir un proceso de adaptación. Posteriormente hay una reorganización de las normas sociales y culturales que, a través de pactos con el colectivo migratorio, llegan a mezclarse. Del mismo modo, la sociedad acogedora dona un sistema de valores al inmigrante a través de patrones culturales que, con el tiempo y una predisposición de aceptación va asimilando, pero sin lugar a duda a través de un proceso lento, de transición que requiere un tiempo de adaptación por ambas partes.

Negar este conflictivo derivado de la confluencia de diferencias culturas entre los inmigrantes que recibimos y nosotros, así como la diversidad sociocultural que presentan los distintos grupos que configuran los actuales procesos migratorios, supone simplemente no aceptar la realidad. En Lorca y en general en las zonas donde se ha optado por un sistema económico basado en la agricultura intensiva, generadora de gran demanda de trabajadores, lo que está sucediendo no es el rechazar al diferente ni el etiquetaje, más bien al contrario. No se trata de que la cultura lorquina se convierta ante estos procesos migratorios en unas sociedades dominadoras, que subordinan a otras étnicas; no existen guetos, o la constitución de áreas sociales enquistadas en las ciudades de acogida.

En el barrio lorquino de san Diego y San Cristóbal está sucedido un fenómeno diferente y que supone la emigración de la gente de Lorca a otras zonas como Águilas, San Juan de los Terreros o incluso Murcia, familias enteras que se desplazan a otros lugares donde la presión social y ambiental es mucho menor y la sensación de que esta uno en casa se renueva.

Muchos vecinos rabaleros consideran un peligro que su barrio se islamice y que la lucha y las conquistas que hemos tenido las mujeres para obtener una igualdad cada vez algo más patente, sin embrago se vea fracasada en la cultura islámica que aceptamos, donde los hombres tienen un grado sobre las mujeres (Corán 2:228). Esta situación genera ansiedad y preocupación

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