Los astrónomos captan la primera imagen de un agujero negro
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Los astrónomos captan la primera imagen de un agujero negro

miércoles 10 de abril de 2019, 18:03h

Con el telescopio virtual, los astrónomos se fijaron como objetivos los dos mayores agujeros negros vistos desde la Tierra. Sagittarius A*, se halla en el centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz de la Tierra. Su masa equivale a 4,1 millones de veces la del Sol. Su radio mide una décima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol. El otro es uno de los agujeros negros más enormes que se conocen, con una masa 6.000 millones de veces superior a la del Sol y 1.500 a la de Sgr A*. Está situado a 50 millones años luz de la Tierra, en el centro de la galaxia M87. Aunque este último es mayor que Sagittarius A* está tan lejos de nuestro planeta que «su tamaño aparente debería ser ligeramente inferior» al de su congénere, según los responsables del Telescopio del Horizonte de Sucesos.

La primera imagen de la sombra de un agujero negro, en el centro de la galaxia M87, ha sido tomada, por el Telescopio Horizonte de Sucesos.tras diez años de trabajo,

El EHT requirió la actualización y la conexión de una red mundial de ocho telescopios preexistentes. Estas ubicaciones incluían volcanes en Hawai y México, montañas en Arizona y la Sierra Nevada española, el Desierto de Atacama de Chile, Groenlandia y la Antártida. Estos telescopios realizaron estas observaciones de manera sincronizada durante 2017 apuntando a dos agujeros negros: el del centro de nuestra propia galaxia, llamado Sagitario A*, y otro mucho más grande, en el centro de la galaxia vecina M87. El telescopio IRAM 30m, situado en Sierra Nevada, ha sido fundamental para obtener esta imagen histórica.
En la imagen se ve un círculo oscuro en medio de un disco resplandeciente.
La imagen fue realizada gracias a una colaboración internacional llamada Telescopio del Horizonte de Sucesos (o Event Horizon Telescope, EHT, en inglés), que reagrupa a casi una decena de radiotelescopios en el mundo, desde Europa hasta el Polo Sur, pasando por Chile y Hawái.

Combinando estos observatorios, como si fueran pequeños fragmentos de uno gigante mediante una técnica llamada interferometría, los astrónomos pudieron disponer de un observatorio virtual del tamaño de la Tierra, con el que se «podría leer desde Nueva York un periódico abierto en París», según Gueth.

La imagen, ansiada durante muchos años y hasta ahora únicamente simulada en ordenador, es objeto de seis artículos publicados el miércoles en la revista científica Astrophysical Journal Letters, firmados por más de 200 autores de más de 60 organismos científicos. Fue presentada en seis ruedas de prensa simultáneas en el mundo en lugares como Bruselas y Santiago de Chile.

Y es que si bien se habla de los agujeros negros desde el siglo XVIII, ningún telescopio había logrado observar en directo uno de estos misteriosos objetos del cosmos y aún menos su retrato. «Nunca habría pensado poder ver uno verdadero en mi vida», dijo a la AFP el astrofísico francés Jean-Pierre Luminet, autor de la primera simulación digital de un agujero negro en 1979.

Un agujero negro es un objeto celeste que posee una masa extremadamente importante en un volumen muy pequeño. Como si la Tierra estuviera contenida en un dedal. Son tan masivos que ni la materia ni la luz pueden escapar, por lo cual no se pueden ver, son invisibles.

La primera observación del grupo de radiotelescopios se realizó el 5 de abril de 2017. Los ocho observatorios del EHT, entre estos el de IRAM (en España), y el potente radiotelescopio ALMA de Chile, detectaron dos agujeros negros: Sagitario A* en el centro de la Vía Láctea y su congénere de la galaxia M87.

Solo el segundo, aunque mucho más alejado, ofreció una buena imagen. «Para que todo saliera bien, toda la Tierra tenía que estar despejada», explica Pablo Torne, del IRAM, que recuerda la mezcla de cansancio, tensión y felicidad que sintió ese día. «Estadísticamente, las posibilidades eran ínfimas y sin embargo, ¡lo logramos!», dijo este investigador que trabajó desde la sala de control del radiotelescopio de 30 metros de diámetro en Pico Veleta en la Sierra Nevada de España.

Siguieron otras tres observaciones, el 6, 10 y 11 de abril. Pero los astrónomos debieron esperar más de seis meses antes de saber algo más. Con este tipo de instrumentos, las observaciones se realizan a ciegas y los astrónomos no tienen forma de saber si funcionó.

Para ello, hay que esperar captar entre todo el 'ruido? (las señales electromagnéticas) del Universo una señal común a todos los telescopios. En datos analizables, la información recogida equivalió a 4 petaoctetos (4.000 billones de octetos, o sea un 4 seguido de 15 ceros). «Esperábamos desesperadamente los datos del Telescopio Polo Sur, que a causa de las condiciones extremas del invierno austral no pudieron recuperarse hasta 6 meses después de las observaciones», recuerda Helger Rottmann, del Instituto Max Planck de Radio Astronomía de Bonn. Los datos llegaron al fin el 23 de diciembre. «Cuando horas después pudimos establecer que todo funcionaba, fue un gran regalo de Navidad», agrega.

Siguió más de un año de trabajo para convertir los datos en imagen.

Todos obtienen la misma imagen: un círculo extremadamente oscuro rodeado de un halo rojo.

Combinando ocho telescopios, el EHT creó un telescopio virtual del tamaño de la Tierra, de alrededor 10.000 km de diámetro. Entre estos, destaca el Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM) en Europa, el potente radiotelescopio ALMA construido en Chile, así como otras estructuras en Estados Unidos, Hawái y la Antártida.

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