"FOBIA" un relato de Raúl Jiménez Sastre

Fotografía: Yannick (lienzo)
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Fotografía: Yannick (lienzo)
sábado 30 de julio de 2022, 11:14h
'FOBIA' un relato de Raúl Jiménez Sastre

Si a Descartes se le puede considerar el héroe de la razón, la lógica cartesiana obtuvo su gran cura de humildad con Freud. Este mostró a Descartes la primera gran herida del narcisismo del pensamiento lógico con el descubrimiento del inconsciente. El relato “Fobia” que sigue a continuación constituye un sarcasmo extremo del hecho de creernos que todo es susceptible de ser controlado a través de la razón, incluso los miedos más irracionales.

Se detuvo antes de entrar en la zona residencial donde habitaba para tomar fuerzas y armarse de paciencia. Observó por un momento el paisaje de dúplex, todos clonados como un anacrónico proyecto urbanístico soviético. Todos de igual estructura, blancos con ribetes amarillos, en dos plantas, exteriorizados con una puerta de garaje y un pequeño jardín. Esta visión monótona lo relajaba. Intentaba que en su vida nada desentonara. Prefería pasar inadvertido. Las singularidades o los hechos imprevisibles lo exasperaban. Adoraba la idea de mantener su vida bajo control y la fachada de su casa se lo recordaba a diario. Normalmente volvía a ella con ansia. Un islote de estricta geometría plasmada en arquitectura, exiliado de la vorágine de construcciones caprichosas y desiguales del centro urbano... Sin embargo, hoy no sonreía. El día había sido agotador en el trabajo, viéndose agudizado por la primera ola de calor del verano. Era consciente de lo que aquello significaba cuando atravesara la puerta de su hogar. Sabía lo que le esperaba... Todavía le quedaba mucho trabajo por delante. Una labor que no era la que desempeñaba cotidianamente en su oficina y que dominaba a la perfección. El cometido que aún le restaba era imprevisible y, el solo hecho de pensarlo, le producía agotamiento. Respiró con hondura y avanzó hacia la vivienda. La imagen que su mente había preconizado se encontraba allí: su mujer, cabizbaja, sentada en el banco del pequeño y mimado jardín, mirando al suelo, perdida en terribles pensamientos, entrelazando sus delicados dedos con nerviosismo y balanceando su cuerpo adelante y atrás en estado de trance.

- Hola, cariño –Saludó el esposo con ternura.

La mujer se sobresaltó al sentir la voz. Inmediatamente, corrió hacia su marido y lo abrazó como al deseado mesías de una religión salvadora. Sin dejar de estrecharlo, susurró:

- Ya están ahí... Sé que están ahí...

El marido le acarició el cabello con compresión, con un afán mudo de consuelo.

-Déjame darme una ducha y hablamos de ello.

El esposo subió con fatiga a la segunda planta, meditabundo. Se desvistió y se dirigió al baño. Colgó una toalla al lado de la ducha, mientras observaba la bañera rectangular de chapa de acero en color blanco, encofrada. Cordones de silicona entre ella y la pared garantizaban su estanquidad. Reposaba inmersa en mortero, anulando cualquier oquedad. Los laterales con muretes de ladrillos estaban fijados con argamasa y alicatados con azulejos. Su estructura era hermética, como un sarcófago imposible de profanar. Tiró con fuerza del tapón del desagüe que se resistía a ser arrancado, encastrado como a martillo por su esposa.

La mujer se asomó a la puerta del baño e insistió con voz temblorosa:

-Están ahí... ¡Lo sé! Lo presiento... A veces lo oigo...

El marido asintió con la cabeza, condescendiente.

-Dame un minuto y estoy contigo.

El esposo se metió bajo la ducha y cerró los ojos, intentando coordinar en su cerebro un despliegue argumental contundente para la batalla dialéctica que tendría que afrontar en breve, repasando su ofensiva.

La inteligencia y la capacidad de reflexión son nuestra principal ventaja evolutiva. Nuestras emociones, entre ellas el miedo, tienen gran poder en los procesos cerebrales. Si nuestro cerebro no tuviera más que corteza prefrontal, donde residen las facultades cognitivas que nos diferencian de los mamíferos, reflexionaríamos de manera lógica, sin emociones, y no repetiríamos patrones ilógicos. El templo sagrado del miedo es la amígdala. Una sola experiencia traumática desarrolla un patrón que el órgano repite y repite... Pero pensar es razonar, y razonar es aplicar las leyes rigurosas y universales de la lógica. La mujer no se apartaba de la puerta del baño.

- ¿Todo está normal, cariño? –preguntó con ansiedad, expectante.

-Sí. Todo va bien... Ya termino.

Pero el marido permanecía bajo el chorro de la ducha con las manos contra la pared, repasando una estrategia definitiva. Lo distintivo de nuestro cerebro es su asombrosa habilidad para crear mapas. Cuando los crea, genera a la vez imágenes que la consciencia consigue percibir, manipular y aplicarles razonamiento. Los mapas se construyen cuando interactuamos con el mundo desde el exterior del cerebro hacia al interior y cuando recuperamos recuerdos de los bancos de memoria. La elaboración de mapas no se detiene nunca, ni siquiera cuando dormimos. Un recuerdo amedrentador permanece en la memoria de largo alcance del hipocampo y la amígdala ayuda a consolidar los recuerdos y los sentimientos asociados. Cuando una persona revive un suceso traumático, el hipocampo le permite recordar y la amígdala reactiva los intensos sentimientos asociados al trauma... La única solución es cambiar el signo de los sentimientos asociados a los recuerdos para que un nuevo entorno de seguridad y calma se imponga sobre el escenario de pánico existente.

- ¿Has visto algo, querido? ¿Has oído algo?

- No... Ya sabes que aquí no hay nada.

El hombre escuchó suspirar profundamente a su esposa a través de las cortinas de baño.

-Pues, cuando te vistas, baja. La cena está preparada.

El marido se secó el cuerpo, pensativo. Su mujer era maravillosa, llena de vida y optimismo. Su sola compañía le imbuía el espíritu de una inmensa alegría. Pero, cuando llegaba el verano, con la primera ola de calor, una fobia estacional la acobardaba y rendía. Una fobia irracional la llenaba de insomnio, temblores y palpitaciones durante los meses estivos. Una fobia que la desgastaba, que la consumía arrastrándole a él a un abismo de tristeza, fatiga e impotencia. Todo esto lo había consultado con un experto que le había recomendado que tratara el problema frontalmente. Estos temores acusados y persistentes desencadenan una presencia anticipada de una situación específica que nunca llega a producirse y normalmente su origen es el absoluto desconocimiento del objeto de la fobia. Le había aconsejado que hablara abiertamente con su mujer del asunto y que, entre los dos, analizaran sin barreras ni tabúes ese terror infundado, excesivo e irracional. Él se había informado al máximo y así lo haría.

Cenaron en silencio. Sin música, sin televisión, sin conversación. La mujer quería estar alerta de cualquier rumor extraño que se produjera en la vivienda. Después de cenar, el marido tomó la mano de su mujer dulcemente y le instó con gran amor:

-Cariño, vamos al jardín a fumar un cigarro.

La mujer se dejó llevar como una niña pequeña y se sentaron en la noche.

-Escucha... No tienes que temer a esos seres. Al contrario, tienes que maravillarte. Yo he estado leyendo mucho sobre ellos y te aseguro que estoy fascinado. ¿Sabes que están en la tierra desde hace muchos millones de años antes que nosotros? Sus organismos son una obra de ingeniería de la naturaleza. Tu pánico nunca te ha permitido observarlos de cerca. Si lo superaras, te sorprenderías e, incluso, llegarías a admirarlos. Sus cuerpos ovalados y aplanados cuentan con una pequeña cabeza protegida por un pronoto en forma de escudo.

El marido consiguió captar toda la atención de su mujer.

- ¿Cómo los escudos medievales? ¿Esos en forma de púa?

- ¡Sí! ¡Como esos! Su sistema respiratorio es impresionante. Respiran a través de una red de tubos llamados tráqueas que se abren al exterior por medio de espiráculos, excepto en la cabeza... Las válvulas se abren cuando el CO2 en el interior de su organismo llega a un nivel alto. Entonces, el CO2 se difunde fuera de las tráqueas, hacia el exterior, y penetra aire fresco oxigenado. El sistema traqueal conduce el aire directamente a las células, bifurcándose continuamente como un árbol, hasta que sus traqueolas de cutículas más finas se asocian a cada célula, permitiendo que el oxígeno gaseoso se disuelva en el citoplasma al otro lado de la fina cutícula de la traqueola.

Según el marido iba desarrollando su discurso, el rostro de la mujer se iba relajando, absorta en la ponencia a la que estaba asistiendo. Le interrumpió con una sonrisa y exclamó burlona:

-¡Vaya! ¡Veo que has estado estudiando!

El marido percibió que su estado de ánimo se fortalecía.

-Por ti, cualquier cosa, amor mío... ¡Fíjate qué curioso! Las hembras realizan puestas de entre treinta y cuarenta huevos, largos y delgados, empaquetados como embutidos. Las ninfas surgen de los huevos por la presión del aire que absorben y, al inicio, son de color blanco brillante. Posteriormente se endurecen y oscurecen. Su etapa blanca es transitoria, por lo que mucha gente ha llegado a afirmar que hay seres de esos que son albinos.

La mujer rio. Su marido empezaba a reconocerla.

- ¿Y una hembra cuánta descendencia puede llegar a tener? –Se interesó ella.

- Pueden llegar a vivir hasta un año. Una hembra logra producir entre trescientos y cuatrocientos descendientes durante su ciclo reproductor.

- ¡Vaaaaya!

-Además... ¡Esto no te lo vas a creer! Los últimos estudios demuestran que, en sus cerebros, albergan nuevos antibióticos para la humanidad. Han descubierto hasta nueve moléculas diferentes en sus tejidos que son tóxicas para las bacterias. Estas sustancias podrían conducir al desarrollo de nuevos tratamientos para infecciones bacterianas resistentes a múltiples fármacos.

- ¡Impresionante!

-Por otro lado, ¿te acuerdas que siempre se afirma que si hubiese una catástrofe nuclear serían los únicos organismos en repoblar la tierra?... Es una leyenda. Es cierto que muestran mayor resistencia a las radiaciones que los vertebrados, con una dosis letal entre seis y quince veces mayor que los humanos. Pero, aun así, morirían.

El marido se pasó toda la velada aportando datos biológicos y relatando anécdotas. La mujer lo escuchaba con gran interés y atención, viendo su espíritu restablecido. Un prolongado silencio. Finalmente, el hombre bostezó.

-Estoy agotado, cariño... Ha sido un día duro de trabajo.

- ¡Y encima, después has tenido que darme una charla! Me siento mucho mejor. ¡Me ha entrado hasta curiosidad! ¡Te quiero!

La mujer lo abrazó alegremente y le dio un prolongado beso de gratitud. Se acostaron. Esta vez la mujer no separó la cama de la pared ni supervisó los extremos de las sábanas para que no estuvieran próximos al suelo. El marido deseó que la conversación hubiera surtido efecto. De no ser así, le esperaba una noche de infierno. Ella permanecería insomne y agitada toda la madrugada, despertándolo continuamente para que fuera a mirar al servicio. Pero, cuando cerró los ojos y se quiso dar cuenta, le sorprendió la alarma del despertador. Lo apagó y sonrió de felicidad tras una noche de completo descanso. No recordaba un sueño tan apacible y sosegado como aquel desde hacía mucho tiempo. Aunque era posible que en poco tiempo su esposa tuviera alguna recaída, la terapia del día anterior había constituido un gran avance. Alargó la mano y acarició el muslo de su mujer. Le pareció inusualmente frio.

-Cariño... Buenos días –murmuró con pereza.

Ella no contestó. Su muslo le seguía pareciendo demasiado frío...

-¿Cariño?

Se incorporó de golpe y encendió la luz de la mesilla. Se giró hacia su mujer y pegó un brinco en la cama. Los ojos de ella lo miraban desorbitados, opacos e inyectados en sangre. La boca se mostraba horrorosamente abierta, en una mueca torcida y agónica, con un gesto de punzante dolor.

-¡Amor mío!

El hombre saltó sobre su cuerpo y apoyó la cabeza contra el pecho... No le sentía el corazón... No tenía pulso... No notaba su respiración...

-¡Noooo! ¡Respira! ¡Respira!

El marido le golpeo tres veces el pecho y unió sus labios a los suyos para insuflarle aire. Pero el soplo parecía que no llegaba a sus pulmones. Le golpeó de nuevo el tórax y repitió la misma operación... ¡El aire parecía no penetrar! De repente, un ruido áspero pareció brotar de su pecho. Un ruido de sutil fricción ascendió por su tráquea. Después por su garganta. Primero, un par de antenas se asomaron tímidamente por la comisura de sus labios. Después, un torrente oscuro de cucarachas surgió de su boca, un torrente veloz e interminable. El marido saltó hacia atrás aterrado y huyó de la habitación sin mirar atrás, enloquecido.

Raúl Jiménez Sastre, escritor y director de la editorial Firma RJS

© “Fobia”, relato incluido en la segunda edición de En la penumbra de la realidad

Fotografía: Yannick (lienzo)

https://rauljimenezsastre.com/en-la-penumbra-de-la-realidad/

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