EL EFECTO HALO Y EL EFECTO DEMONIO

EL EFECTO HALO Y EL EFECTO DEMONIO
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jueves 05 de mayo de 2022, 08:45h

Habitualmente emitimos juicios que atribuyen rasgos negativos a personas que realmente no conocemos: ¡vaya pinta! ¿Qué querrá este? ¡Me da mal rollo! ¡Qué rarito es…! Buff… ¡Como para cruzártelo de noche en un callejón! Decimos este tipo de cosas como si lo que está al margen de la norma fuera algo que define a una persona. Y, normalmente, nos equivocamos.

Entro en el pueblo de Rodalquilar después de hacer una ruta por el poblado minero abandonado. Busco un bar para comer algo. La propietaria me mira expectante porque, por mi aspecto, no le debo de parecer un cliente. ¿Qué querrá este?, seguro que está pensando. Me siento y pido una cerveza. Duda, pero va a buscarla. En lo que la mujer regresa, miro la carta de tapas y raciones: ¡anda, boquerones al librillo! Me encantan porque les quitan las espinas. La señora regresa con un botellín de cerveza acercándose lo justo para dejarlo en el borde de la mesa.

  • ¿Me puede poner una ración de boquerones, por favor?

Me mira sorprendida y asiente con la cabeza. Empieza a andar despacio, dubitativa, hasta que se decide y se detiene:

  • ¿Has visto cuánto cuestan?

No me lo tomo a mal y sonrío. Estoy habituado a reacciones de este tipo y no me molestan. Me hacen hasta gracia:

  • Sí. Once euros.

Cuando voy a Rodalquilar siempre voy al bar de esta señora. Nos hicimos amigos: “hijo… Es que la primera vez que te vi me pareciste un delincuente motorista de esos.

Cuando alguien “nos asusta” es el resultado de un detector de amenazas que tenemos incorporado que nos produce sentimientos de confusión y desagrado. ¿Por qué? Porque los individuos que muestran patrones diferentes de comportamiento no verbal como en el caso de la apariencia física, están fuera de la norma y, por tanto, nos resultan impredecibles. Esto aumenta nuestro nivel de alerta según intentamos descubrir si hay algo que temer o no por parte de la persona en cuestión. Según estudios, realizamos evaluaciones intuitivas sobre la confiabilidad en los 39 milisegundos posteriores de ver a una persona y, en este proceso, los errores son comunes.

El individuo A de la fotografía, correspondería al llamado “efecto Halo”. Este efecto tiene lugar cuando asumimos que quien tiene buena apariencia es bueno. El individuo B se encuadraría en el “efecto Demonio”, el cual nos lleva a creer que las personas de mala apariencia o cuya apariencia está fuera de lo que consideramos normal, son probablemente malas en todos los sentidos.

Sin embargo, cuando alguien tiene una apariencia dentro de la norma, como es el caso del individuo A, relajamos nuestra alerta. Y si, además, esa persona tiene un aspecto de ensueño, nuestro sentido del juicio puede ser raptado, hecho que sí nos pone potencialmente en peligro. ¡Ojo! Tomamos todo tipo de malas decisiones acerca de personas con buena apariencia. Por otro lado, cuando alguien tiene una apariencia fuera de la norma como es el caso del individuo B, nuestra mente nos lleva al “enjuiciamiento perceptivo” que no deja de ser una sentencia errónea producida por nuestro miedo a lo que está fuera de la norma.

Los seres humanos tenemos dificultades para aceptar apariencias físicas diferentes, pero algo que es incluso más difícil de aceptar es una mente o una manera de pensar distinta. Nuestros predictores de comportamiento nos engañan…

No sé vosotros. Yo, por mis experiencias vitales, me he llevado más sorpresas desagradables con individuos del tipo A que con los del tipo B.

Raúl Jiménez Sastre

Escritor y director de la editorial Firma RJS

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