“Una nueva Navidad”, por Rosario Segura

“Una nueva Navidad”, por Rosario Segura
viernes 17 de diciembre de 2021, 19:40h

Se huele a Navidad. Si hay alguna época del año cálida y acogedora, es sin a lugar dudas, esta fiesta, donde cada uno sacamos lo mejor de nosotros mismos. Es un tiempo mágico, eterno, aunque haya ausencias, repleto de corazones ansiosos de paz; una calma que solo se entiende si sabemos ser buena gente.

Podemos presumir de tener variadas celebraciones con las que alegrar las calles, saboreando la tradición y recibiendo a los que vienen a visitarnos, pero pocas son tan entrañables como las que supone la llegada de la Navidad. No estaría mal recordar que en este tiempo se vivían nuestras costumbres ancestrales, como aguinaldos, bailes, grupos festivos como las cuadrillas, hermandades, así como otros ritos que son patrimonio inmaterial de nuestras tradiciones y que lamentablemente se están diluyendo en aras de un desbocado consumismo.

En esta temporada de pandemia, se hace más patente los deseos de normalidad, del pavo, de los villancicos, de compartir con otros una botella de anís o de orujo, de saborear lo grande que se hace el corazón cuando somos solidarios, de liberarnos de la censura que nos ha impuesto el fatídico virus.

Hartos de restricciones, soñamos con lo idílico que supondría no tener miedo, pues aún flota en la memoria las navidades del coronavirus, donde el frio se instaló en todas las casas, no solo por la crudeza del inverno sino por la soledad de muchas personas y por la desaparición de seres queridos, en esta época que se hace todavía más cruel. Después de este tiempo de frustración, amanece la añoranza y el deseo de que estas navidades sean distintas y mejores. No olvidemos que esta festividad nos invita a estar más abiertos a los demás, más disponibles, a olvidar lo que nos separa y buscar puntos de encuentro. Por lo que no puede faltar un Belén en tu casa o al menos un nacimiento, que es el referente de que todos somos seres humanos y que la fraternidad tendría que ser el principio de una mejor convivencia.

Desde pequeña la Navidad empezaba en casa tras el puente de la Inmaculada. Suponía embarcarme en una nueva realidad donde la imaginación y la ilusión eran las dueñas. Buscaba piedras para poner un puente y un acceso al portal del nacimiento, en donde dormía el Niño Jesús. Poníamos musgo de verdad, dando paso a un sentimiento de responsabilidad influido por lo que estas fechas significan. Es una experiencia que recomiendo a todas las familias.

Un Belén nos sigue recordando a los hacedores de la historia, que se vislumbra, lo arcano de los acontecimientos, que hay algo divino que nos toca descubrir en cada circunstancia. La Navidad nos recuerda que sigue habiendo motivos para ser feliz. Y si salimos a celebrarla que nadie nos tenga que decir… póntela.

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