EL ALCALDE DE MACAEL ENTRE CARADURA Y BUFÓN, PASANDO POR MATÓN DE BARRIO.
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EL ALCALDE DE MACAEL ENTRE CARADURA Y BUFÓN, PASANDO POR MATÓN DE BARRIO.

martes 31 de julio de 2018, 20:41h
Entró como elefante en una cacharrería y con gran desverguenza tomo asiento en la mesa donde cinco personas comían, para preguntarle a los comensales que hacían allí con un ex-empleado suyo.

La situación vivída hoy, más propia de una película de Almodobar tiene como actor protagonista al Paco Martinez Soria de esta bufonada y primer edil de Macael, Raúl Martinez Requejo, personaje más acorde a salir en la Rue del Percebe que a representar a un municipio como el de Macaél donde jamás ningún alcalde se ha caracterizado por ser un bufón.

Sin embargo todo habría quedado como una anécdota de no ser porque es de obligado cumplimiento denunciar publicamente que dicho alcalde se comportó como un matón de barrio no solo llamando a su ex-empleado ladrón y drogadicto sino encarándose de manera autoritaria con el resto de comensales,( cuatro más entre los que estaba un ex-alcalde, un ingeniero, un abogado y quien escribe) para pedirles explicaciones de que es lo que estaban haciendo allí, pasando al instante de la intimidación a la amenaza.

La situación a todas luces surrealista, fue tan real como inesperada.

Lo curioso es que no estabamos en su casa, tampoco en su negocio, ni siquiera nos encontramos en Macael de donde este personaje más propio de la triologia del "Padrino" a buen seguro nos hubiera mandado a la Policía Municipal para detenernos, estabamos en un conocido restaurante de Olula del Rio.

En cuanto a los hechos esto es lo que sucede y como sucede.

Son las cuatro de la tarde, cinco personas apuran el segundo plato en un restaurante, alguien entra con un teléfono dorado en la mano, apunta el mismo hacia la mesa y comienza a echar fotos. Nadie se lo espera, la sorpresa es general, se acerca, pregunta que que hacemos allí, retira la silla y toma asiento sin pedir permiso ni ser invitado ante el asombro de quienes es la primera vez que le vemos en persona. El político que nos acompaña lo conoce y se dirige a él por su nombre. A partir de ahí sabemos que se llama Raúl y empezamos a atar cabos.

Quien descubre su identidad es el político que casualmente comparte mesa con nosotros y que con buenas palabras y de manera educada le aclara que lo que hablamos no es de su incumbencia.

Nervioso y con una desverguenza que raya lo delictivo se dirige a uno de los comensales al que tacha de ladrón y de haber sido drogadicto. En ese momento sé que quien ha entrado al asalto cual requeté durante la dictadura, es el alcalde de Macael.

La indignación es general en el resto de los comensales a los que no le preocupa los problemas e intimidades de la persona a la que el maleducado alcalde se dirige y cuyo delito es comer entre amigos.

Ser la máxima autoridad de una ciudad no otorga patente de corso y por consiguiente no solo no se debe permitir sino que es obligado denunciar esta manera de actuar, por más que el infame sea un alcalde caradura que está a medio camino entre bufón y matón y que utiliza su cargo para pisotear la dignidad de una persona.

Así ha sido y así se lo he contado, supongo que la próxima vez que lo haga será ante un juez, no obstante lo prefiero mil veces a silenciar el abuso de poder.

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