SEGURA DE LA SIERRA Y LA PROVINCIA MARÍTIMA, un artículo de Vicente Ruíz García, autor de " La provincia marítima de Segura y la marina de la ilustración"

SEGURA DE LA SIERRA Y LA PROVINCIA MARÍTIMA, un artículo de Vicente Ruíz García, autor de ' La provincia marítima de Segura y la marina de la ilustración'
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Este artículo fue publicado en Alma de Pueblos por Vicente Ruiz García, Profesor de Instituto, de la UNED, Doctor en Historia y autor de La Provincia Marítima de Segura y la Marina de la Ilustración. Instituto de Estudios Giennenses-Diputación Provincial de Jaén, 2019. También ha publicado De Segura a Trafalgar. El Olivo Editorial, 2009 y ha dirigido el documental El Árbol de Segura una aventura al pasado.

SEGURA DE LA SIERRA Y LA PROVINCIA MARÍTIMA, un artículo de Vicente Ruíz García, autor de ' La provincia marítima de Segura y la marina de la ilustración'
SEGURA DE LA SIERRA Y LA PROVINCIA MARÍTIMA, un artículo de Vicente Ruíz García, autor de ' La provincia marítima de Segura y la marina de la ilustración'
Segura de la Sierra, uno de los municipios más bonitos de España, da nombre a una de las comarcas con más personalidad de Andalucía. Los habitantes de La Puerta de Segura, Orcera, Hornos de Segura o Segura de la Sierra, entre otros muchos pueblos, son ante todo segureños. Unos segureños orgullosos de su tierra, sus costumbres o de una historia común. Un pasado en el que, no obstante, subyace un cierto rencor histórico hacia el Estado pues los vecinos de estas sierras se han sentido secularmente subyugados por él, olvidados o tal vez ambas cosas a la vez.
SEGURA DE LA SIERRA Y LA PROVINCIA MARÍTIMA, un artículo de Vicente Ruíz García, autor de ' La provincia marítima de Segura y la marina de la ilustración'
SEGURA DE LA SIERRA Y LA PROVINCIA MARÍTIMA, un artículo de Vicente Ruíz García, autor de ' La provincia marítima de Segura y la marina de la ilustración'

Para entenderlo mejor podríamos remontarnos al siglo XVIII cuando la política absolutista de los Borbones hizo que entre 1733 y 1836 los Montes de Segura mantuvieran un régimen jurídico especial a raíz, primero, del establecimiento del Negociado de Maderas dependiente del Ministerio de Hacienda y, después, a partir de 1748, con la explotación y administración por parte de la Marina de un espacio cuya superficie arbolada se extendía en el siglo XVIII desde la región oriental del antiguo reino de Jaén hasta el reino de Murcia. Durante este periodo los montes de Segura surtieron de madera a obras de carácter civil y naval. Con maderas de Segura se edificaron o se repararon conventos, iglesias y catedrales como las de Córdoba y Jaén. También se emplearon para la construcción de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y para el abastecimiento de los arsenales de La Carraca, de Cartagena y puntualmente de El Ferrol. Este hecho histórico no estuvo exento de conflictos con los vecinos y autoridades municipales de Segura debido a las restricciones impuestas a los naturales de la comarca, a la abolición de las Ordenanzas del Común que protegían los intereses y privilegios de los segureños desde el siglo XVI, y a que la actividad forestal quedó subordinada a las necesidades del Estado Absolutista.

De este modo y a partir de entonces los segureños fueron alimentando un eterno resentimiento hacia el Estado hasta el punto de achacar al periodo en que estuvo vigente la llamada Provincia Marítima de Segura una presunta devastación forestal. Sin embargo, en esta ocasión dicha acusación adolece de fundamento. En primer lugar, porque las Ordenanzas del Común nunca se cumplieron del todo al menos en lo referente a la explotación de la madera pues fueron los naturales de Úbeda y no los de Segura los que monopolizaron desde el siglo XVI y hasta el XVIII la explotación forestal. Y en segundo lugar porque desde 1748 cuando se establece la jurisdicción de Marina,la explotación forestal a beneficio de la Armada Española fue muy limitada y su impacto ambiental no es comparable con los incendios perpetrados por los pastores y agricultores de la zona como respuesta al monopolio que la corona ejerció en aquella jurisdicción y con el objetivo de ganar tierras de labor y pastizales a unos montes donde sus pinos salgareños eran poco más que un estorbo para el desarrollo. Al Estado lo que si hay que achacar es la actuación de los gobiernos liberales del siglo XIX que promulgaron leyes liberalizadoras de los montes que permitieron a los particulares arrasar el arbolado de sus fincas cuyas consecuencias podemos comprobar cuando observamos zonas pobladas de olivos que se encaraman por las laderas de las áreas perimetrales del Parque Natural.

También al Estado decimonónico se le puede achacar un atentado ecológico sin precedentes, con permiso de la Desamortización, ya que, desaparecida la Provincia Marítima, pocos años después, la necesidad de madera para la construcción del ferrocarril provocó la más escandalosa devastación forestal que hayan sufrido los bosques de Segura en toda su historia. El objetivo: construir las traviesas del tendido ferroviario a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX. Durante este periodo las vías férreas de nuestro país llevaron un pedazo de las Sierras de Segura, paradójicamente de un territorio donde jamás ha pasado el tren. Y es que las comunicaciones fueron, han sido y serán siempre uno de las mayores limitaciones de Segura de la Sierra y su comarca. Ya lo sufrió el propio Francisco de Bruna, superintendente del Real Negociado de Maderas quien en 1764 se desplazó desde Sevilla a Segura comprobando en sus carnes la dureza del terreno pues tardó nada menos que tres jornadas a caballo en alcanzar la villa de Segura de la Sierra desde el entonces arrabal de Orcera. Afortunadamente hoy no se tarda tanto, pero insistimos en que el problema de las comunicaciones, sigue siendo actualmente uno de los grandes obstáculos a superar en Segura de la Sierra y en otros municipios de la comarca que, sin ser la única, es una de los motivos de la despoblación de la zona.

La orografía y la privilegiada posición como atalaya de Segura de la Sierra presidida por su imponente castillo convierten a la villa segureña en uno de los pueblos más bonitos de España, aunque para sus vecinos se trate de un escoyo más que les ha abocado a la emigración o a establecerse, en el mejor de los casos, más cómodamente en el vecino Cortijos Nuevos, población dependiente de Segura de la Sierra. Si algún día finalizara el proyecto de la A322 sería más que un aliciente para evitar la despoblación y sobre todo para dar entrada y salida a los flujos económicos y comerciales de ese mercado tan cercano geográficamente y tan lejano históricamente que es Levante de donde puede venir turismo e inversión.

Sobre estas líneas, distintas imágenes del patrimonio artístico y natural de Segura de la Sierra.

Otra de las posibilidades de desarrollo podría estar en la recuperación de una actividad tradicional de la madera. La explotación forestal controlada y sostenible no tiene por qué ser incompatible con la protección del medio y pude aportar riqueza a la comarca siempre y cuando quede claro, que la preservación de los ecosistemas no es una opción sino una obligación. Un compromiso de los segureños que a su vez les reportará interesantes recompensas porque el futuro de los vecinos de Segura está condenado a entenderse con su medio natural. Por eso no veríamos disparatada la creación de un Parque Nacional en las zonas de reserva que incluyen Navahondona-Guadahornillos, Bujaraiza y Las Acebeas-Nava del Espino, con accesos restringidos al tráfico como ocurre en Doñana, Covadonga u Ordesa. Un gran parque nacional como soñara hace años el irrepetible Félix Rodríguez de la Fuente que dio a conocer estas sierras a los españoles de toda una generación, aunque algunos a día de hoy no le perdonan que antepusiese el nombre de Cazorla al de Segura.

Un parque nacional como recientemente se ha convertido la Sierra de las Nieves en la provincia de Málaga, ¿porqué no en Segura? Sería una llamada al turismo de naturaleza, pero sobre todo un laboratorio científico en el corazón de la sierra para dar cabida a la investigación y a los investigadores oriundos de Segura que podrían regresar a su tierra para poner en práctica lo aprendido lejos de su hogar. Una manera de evitar que los cerebros locales, –que hay muchos, pues algunos los hemos tenido como alumnos-, emigren a las grandes ciudades. No obstante sabemos que esta medida sería considerada un disparate y que sería discutida y criticada por muchos vecinos de la comarca como ya hicieron cuando se creó el Parque Natural que a día de hoy aún es cuestionado por algunos que pretenden que unas sierras con tanto valor ecológico carezcan de cualquier figura de protección. Hace 40 años cualquier actividad relacionada con la conservación y con el turismo de naturaleza era considerado como un freno al desarrollo de la población de una forma similar a la del establecimiento de la Provincia Marítima en el siglo XVIII donde las actividades silvícolas eran percibidas como incompatibles con el desarrollo de la agricultura y la ganadería en la zona. Hoy día, tal y como pude comprobarse en otros parques nacionales el desarrollo de actividades ligadas la divulgación de la naturaleza y el turismo sostenible pueden otorgar plusvalía a comarca manteniendo todos los parámetros para preservar los ecosistemas obteniendo rentabilidad mediante un turismo organizado en un futuro, hipotético y probablemente onírico Parque Nacional de los Montes de Segura de la Sierra, denominación histórica de las estribaciones orientales de las Cordilleras Béticas, donde Andalucía comienza a perder su nombre.

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