CONSECUENCIAS DEL COVID-19 EN EL EJÉRCITO DE TIERRA, por Luis Feliú Ortega, Teniente General del Ejército (R)

CONSECUENCIAS DEL COVID-19 EN EL EJÉRCITO DE TIERRA, por Luis Feliú Ortega, Teniente General del Ejército (R)
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domingo 21 de junio de 2020, 10:12h
CONSECUENCIAS DEL COVID-19 EN EL EJÉRCITO DE TIERRA, por Luis Feliú Ortega, Teniente General del Ejército (R)
De acuerdo con la normativa en vigor, las Fuerzas Armadas (FAS) son el elemento principal de la Defensa Nacional, que tiene por objetivo hacer frente a los conflictos y amenazas procedentes del exterior que afecten a la Seguridad Nacional. Constituyen pues, efectivamente, la defensa militar de España. Sin embargo tienen además otras misiones subsidiarias, también recogidas en nuestra legislación, como son las de preservar, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones Públicas, la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas.
CONSECUENCIAS DEL COVID-19 EN EL EJÉRCITO DE TIERRA, por Luis Feliú Ortega, Teniente General del Ejército (R)
CONSECUENCIAS DEL COVID-19 EN EL EJÉRCITO DE TIERRA, por Luis Feliú Ortega, Teniente General del Ejército (R)

Estas misiones tienen lugar en todos los ámbitos de actuación, terrestre, marítimo, aerospacial y ciberespacio por lo que afectan a todos los componentes de las FAS pero lógicamente en mayor medida al Ejército de Tierra que es el que, como su nombre indica, actúa fundamentalmente en el ámbito terrestre y en contacto con la población, en todas las situaciones.

Efectivamente, en los supuestos de riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas son las Instituciones del Estado y las Administraciones Públicas civiles las que deben actuar con sus medios específicos de protección civil, sanitarios y de seguridad ciudadana que deben estar preparados y dotados para ello. Cuando estos supuestos alcanzan el grado de gravedad deben actuar las Fuerzas Armadas junto con las anteriores. Para eso, dentro de las FAS, se creó la Unidad Militar de Emergencias (UME), una unidad militar, aunque no de combate, que dicho sea de paso no está muy claro dónde está encuadrada, cosa normal por no saberse exactamente lo que es. Se quiere que sea militar, pero en realidad es una Unidad de Protección civil; es una unidad terrestre pero se quiere que participen en ella mandos de Aviación y Armada; se quiere que sea parte integrante de las FAS pero se la hace depender directamente de la persona titular del Ministerio de Defensa (Artículo 21 del RD 521/2020). En cualquier caso es una magnífica unidad, muy bien dotada y adiestrada que está cumpliendo con éxito su misión, como está siendo el caso de la actual pandemia del COVID 19.

En realidad se está demostrando que la UME se está utilizando en emergencias más o menos previsibles pero que ante graves riesgos, cada vez más frecuentes, no es suficiente y, aun con la UME, las instituciones civiles del Estado se ven desbordadas para proteger a la población. Es necesario entonces acudir a la Fuerza Conjunta de las FAS y especialmente a las Fuerzas Terrestres, como también se ha visto en esta pandemia y como de hecho ha ocurrido siempre, incluso antes de la creación de la UME.

El Ejército de Tierra puede aportar personal pero sobre todo puede aportar capacidades específicas que, aunque están creadas para misiones de apoyo al combate, pueden tener aplicación directa en estas situaciones. Este es el caso de la Brigada de Sanidad con sus formaciones hospitalarias de campaña, de las unidades de Defensa NBQ (Nuclear, Bacteriológica y Química) constituidas por un regimiento que se encuentra en Valencia y una compañía en cada Brigada, de las unidades de apoyo logístico, especialmente las de transporte y sobre todo de las unidades de Ingenieros, especialmente las de apoyo a la movilidad y las de castrametación cuya misión es la construcción y habilitación de campamentos. En segundo lugar, unidades del Ejército de Tierra pueden desempeñar misiones de apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a las que en situaciones excepcionales, pueden relevar en la protección de las infraestructuras críticas con objeto de liberarlas de estos cometidos y que puedan concentrarse en su labor policial y de control y protección de la población.

Intervención crucial en el COVID 19

En este caso de la pandemia del COVID 19, se ha visto que la intervención del Ejército ha sido crucial y que por lo tanto, aunque exista la UME, las unidades del Ejército deben estar preparadas en todo momento para ser alistadas y empleadas no sólo para el combate sino también para estas misiones subsidiarias. Para eso necesitan tener su material en condiciones, cosa difícil de conseguir con los presupuestos vigentes pero que debería hacer reflexionar a nuestros políticos. Esto afecta especialmente a las unidades de apoyo de combate y logísticas citadas, que normalmente no son prioritarias en el reparto de los escasos recursos actuales pues las unidades de combate están ya bajo mínimos.

Un aspecto importante de esta preparación es la preparación psicológica. El combatiente debe estar instruido y por lo tanto preparado psicológicamente para lo que se puede encontrar en el combate, algo mucho más violento, pero no lo está tanto para enfrentarse a este otro tipo de calamidades. De hecho tenemos noticia de que en la UME se ha hecho ahora algo en este sentido, cosa que además se amplió a otras unidades militares.

Actuación eficaz cuando se le necesita

La población en general y la clase política en particular se ha dado cuenta de que el Ejército está dispuesto cuando se le necesita y de que actúa eficazmente con su espíritu de sacrificio, de disciplina y su organización jerárquica. Se ha podido ver no sólo a los miembros ya conocidos de la UME sino también a los legionarios, los paracaidistas y los ingenieros. Se ha constatado que son capaces de construir y poner en marcha hospitales, construir puentes, desinfectar locales y espacios públicos, trasladar material, enfermos y hasta cadáveres. Para algunos ha sido un descubrimiento y un reconocimiento a su labor aunque con cierta amargura se ha podido oir que ahora se dan cuenta de que “el gasto en los militares no era un gasto superfluo”.

El reconocimiento de la población debe ser un estímulo para sus componentes pero ello no debería hacer olvidar a todos que estas son misiones subsidiarias y que la misión principal y razón de ser del Ejército es la defensa militar de España ante cualquier tipo de agresión o conflicto. Insistimos en ello porque cuando decimos a todos, nos referimos no sólo a los políticos y a la población civil en general sino incluso a los propios militares. Recuerdo a este respecto dos frases que oí directamente de boca del General estadounidense Colin Powell, a la sazón jefe de Estado Mayor de la Defensa de su país, cuando se iniciaron las misiones humanitarias para los militares: “Después de una misión de este tipo es preciso reciclar las unidades, pues yo envío unidades de combatientes y me vuelven unidades de monjas de la caridad” pero también decía: “el mejor contingente para estas misiones es el formado por unidades de combate, con sus mandos naturales, su disciplina y sus valores militares”. En esto, nuestras Fuerzas Armadas y en concreto, nuestro Ejército de Tierra es modélico y no debería ser olvidado nunca.

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