LA ADMINISTRACIÓN DE LA VENGANZA, por José Biedma López

LA ADMINISTRACIÓN DE LA VENGANZA, por José Biedma López

"Recuerda que no existo", novela de Miguel Pasquau Liaño que hoy viernes a las siete de la tarde presenta en la Librería Picasso de Almería su última obra, AUNQUE TODO SE ACABE

LA ADMINISTRACIÓN DE LA VENGANZA, por José Biedma López
LA ADMINISTRACIÓN DE LA VENGANZA, por José Biedma López

Me ha gustado mucho cómo acaba la novela de Miguel Pasquau Liaño: Recuerda que no existo (2014). No reventaré ni expoliaré –por decirlo en español- su lectura revelando si se trata de un fin dramático o feliz. Sólo diré que resulta esperanzador, como el canto de la abubilla o del cuco en primavera.

Me ha fascinado –supongo que a otros como a mí- el personaje de Ernesto, “Ernestorro o simplemente Torro”, que aparece como la fiera de un huevo kínder detrás o por debajo de su protagonista principal, Matías, abogado de éxito. Ernesto es a la vez su némesis, auxiliar necesario o negrísimo carbunclo, como rescoldo saltado de las mismísimas calderas de Pedro Botero.

Alguien que conoce tan bien la ley por oficio de magistrado y profesor de derecho como Miguel Pasquau, es capaz de describir con perfecta verosimilitud la “justicia privada”, “el subsuelo de la ley” –diré, para no reiterar la manida expresión de sus “cloacas”-, allí donde la justicia “formal” se retrotrae a primitiva raíz vengativa, se pervierte en extorsión o se degrada en fraude de ley y gansterismo. Para promover el bien hay que conocer también qué sea el mal.

Ernesto es un pobre chaval, hijo de madre soltera y padre irresponsable, enviado al seminario de Guadix y expulsado del mismo por confesar su atormentada fe en el diablo, es decir, su creencia en que el verdadero dios es el demonio (fe que comparte con ciertas sectas gnósticas). Como era un tipo estudioso, tal vez podría haber llegado a ser profe de teología, especializado en concilios antiguos y en patrística, ese momento en que el cristianismo afilaba su argumentario contra el escepticismo de Pilatos.

Pero si se nos deshace la fe, por lo menos nos queda la esperanza. Ojalá. Sin embargo, a Ernestorro, ni eso. Lo cual le permite refinar sus métodos para hacer daño, sin compasión, despiadado, aunque el objetivo sea el patrimonio de un corrupto o la honra de un codicioso. Da igual. A Ernesto no le importa enriquecerse, sus hábitos son austeros, hechos carácter en el mercado del sufrimiento, en el que fue acosado por rarito y listo incomprendido. Su única pareja es doña Soledad y ya se sabe que el aislamiento enloquece a las personas, aunque estas sean instruidas y talentosas. Para Ernesto la piedad no es más que “eso que siente el verdugo cuando limpia el hacha y que le hace pensar que algún día debería dejar ese trabajo” (2ª, VI).

No se trata de una novela filosófica, aunque el lector atento puede hallar en ella la perla de algún aforismo memorable y agudos apotegmas inquietantes, pero da que pensar esa frontera equívoca entre lo que algunos llaman “castigo de Dios”, administrado en este caso por una máquina diabólica puesta en funcionamiento por Ernesto, y la administración de justicia al uso, que suele hacer poco caso de las demandas del débil y, al final, “¡la vaca para el abogado!”. Domicio Ulpiano (170?-228), el gran jurista romano de origen fenicio, resumía la justicia en tres principios: dar a cada uno lo suyo, no hacer daño a nadie y vivir honestamente. Parece ser que “no hacer daño a nadie” (alterum non laedere) debiera resultarnos tan relevante como el principio de dar a cada uno lo suyo (sui cuique tribuere) y desde luego, no andar fastidiando a los demás, por malos que sean, es mandamiento más pertinente que el ingenuo principio platónico de hacer el bien, tan idealista y ambiguo: porque nadie sabe con exactitud qué sea eso del Bien y porque sobre lo perfecto caben opiniones diversas. Por su parte, lo de vivir honestamente (honeste vivere) está sometido al polimorfismo del día y a la fluida situación y corriente de nuestra sociedad “avanzada” que ha hecho valor del pluralismo y la tolerancia… "– ¿Tolerante? Ya está otra vez la gran palabra. 'Tolerancia'. Es decir, tú cállate, que yo impondré mi intransigencia. Otra palabra que habéis echado a perder" (1ª, XI).

Instalado en la decadencia de la ruina o deconstrucción de todos los valores, en el nihilismo y su desguace, Ernesto no duda en tomar de la Bicha la manzana envenenada del Árbol de la Ciencia, que le da poder sobre el bien y el mal. Desprecia el santoral marxista, engreído por la oferta nietzscheana: “… Y seréis como dioses”. Condenado a no existir, se recrea en su infierno aplicado a un único deporte: la destrucción de personajes. Sus escrúpulos han sucumbido ante la firme convicción de que lo único importante es la eficacia, la impunidad y la apariencia, es decir, el poder. “Qué falsa es la realidad, qué etérea es la verdad, qué cierta puede llegar a ser la ficción y cuánto poder puede adquirirse si se toma el fruto del árbol de la ciencia, del bien y del mal” (1ª, VIII).

El poder vengarse anónimamente sin presumir de ello, una venganza pura y perfecta sin orgullo, es lo único que mola de verdad a Ernesto. A fin de cuentas, el ansia de venganza es esa energía comprimida que –asociada casi siempre a la mentira- puede mover el mundo como la palanca soñada por Arquímedes. Ernesto justifica su ilegal y cruel función de vengador clandestino: “que por lo menos desde las alcantarillas, desde los deshechos donde habitan los perdedores, emane un hedor que moleste a quien transita por arriba”… “Dar a los perdedores una última baza, la de ver sufrir a su enemigo”. A Ernesto, hombre bajo con cara de cura, americana de lino y olor a desodorante barato, la “virtud de la venganza”, como el perdón, le parecen derechos irrenunciables y la ley no es más que un inmenso artificio creado por el miedo a un libre ejercicio de la potestad de venganza; y la civilización, la institucionalización de ese poder que sin embargo impone a los débiles la peor de las derrotas, la más indigna de todas: la resignación y el rencor mutilado por la impotencia.

Uno acaba dudando si el gran tema de fondo de esta excelente novela es la redención por el amor femenino o el arrepentimiento –como dice su contraportada-, al que apenas se dedican unas páginas, o ese envés brutal de la justicia que es la venganza, feliz compañera a veces del azar “que dispone de vidas y muertes sin juicio, si culpa, sin méritos” (1ª, VI). Es verdad que, a veces, los pliegues más profundos y obscuros de nuestra alma son aquellos en los que albergamos las derrotas y esas frustraciones son poderosos y vengativos motivos inconscientes de nuestras acciones y dejaciones. Lo peor de todo es que la venganza puede acabar yendo contra uno mismo.

En la ágil novela de Miguel Pasquau no faltan notas de suspense, amores cumplidos e irrealizados, sexuales y paterno-filiales, líricas descripciones, evocaciones de lugares emblemáticos de Granada (Genilia, “donde se fusila antes a un maricón que a un violador”), de la costa almeriense o de la Galicia mágica donde se pierden las raíces genealógicas del autor. Por sus referencias granadinas la novela ha cobrado para mí un valor añadido, de contemporaneidad y con-espacialidad también de lo vivido en aquellos años cuyo preludio fue la muerte del dictador y en que el embarazo era la enfermedad temida: “aquella época de tregua entre la sífilis y el sida, en la que era obligatorio el amor libre, salvo para los que aspiraban a santos o los que todavía no se habían enterado”. Aquella “épica de mundo abierto de los que todavía no tienen treinta años”. Su feria fue el mundial del Naranjito en la España de Felipe (OTAN sí, OTAN no) en la que el socialismo reconvertido en democrático ganó las elecciones por mayoría gracias al carisma de su líder, el “gatazo andaluz de mirada tontiastuta”, como le definió con gracia inigualable Sánchez Ferlosio.

Como su padre, don Juan Pasquau Guerrero (1918-1978), famoso humanista, insigne escritor y ejemplar cronista de Úbeda, Miguel Pasquau Liaño es también habitual articulista de la prensa y mantiene en la Red su blog: Es peligroso asomarse. Recién ha publicado otra novela, Aunque todo se acabe, disponible en papel y en digital.

Del autor:

https://www.amazon.com/-/e/B00DZLV35M
https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1636897
https://aafi.es/NOCTUA/noctua00.htm

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