ARTRÓPODOS DIVINOS, por José Biedma López

Imago de Coccinella septempunctata
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Imago de Coccinella septempunctata
jueves 06 de mayo de 2021, 11:19h
ARTRÓPODOS DIVINOS, por José Biedma López

Insectos, arañas y crustáceos son las principales clases de artrópodos (patas articuladas), que constituyen un ochenta por ciento de los animales conocidos, con un millón doscientas mil especies, ¡y creciendo!; la mayoría, insectos. No es raro que hayan ejercido gran importancia en el desarrollo y expansión de la mente humana. Hace quince mil años nuestros antepasados tallaban en lignito, hueso o marfil, figuras de escarabajos, seguramente como amuletos.

larva de Coccinella septempunctata (mariquita)
larva de Coccinella septempunctata (mariquita)

Los japoneses dibujaron preciosas ilustraciones (Tyuhu) de artrópodos tanto con fines científicos como artísticos durante el periodo Edo (1615-1868). Las libélulas son un preciado símbolo samurai de victoria. Todo esto lo cuenta Fidel Fdez. Rubio en su excelente artículo sobre el impacto de los artrópodos en la mente, y en las culturas humanas (Nulla mens sine cultura), publicado en la Revista gaditana de entomología (2016).

Hace más de cuatro mil años, Menes unificó Egipto iniciando la primera dinastía faraónica e hizo de la avispa el símbolo del bajo Egipto. Como se sabe, los sacerdotes egipcios no sólo “inventaron las matemáticas” (según cuenta Aristóteles), sino que también hicieron del escarabajo (Scarabeus sacer) un tótem sagrado. Lo asimilaron al dios sol (Ra) y a Khepri, dios creador de sí mismo. Elaboraron a partir de ahí toda una teofanía en la que el “Escarabajo viejo” (Osiris) se entierra y resurge como Horus, el nuevo Osiris… Las momias -ahora que lo pienso- recuerdan por su forma externa el estadio de pupa o crisálida de muchos insectos, estadio que precede a su conversión en imago alada, como si supusieran que el alma del jerarca fallecido pudiese renacer ligera y volátil en el más allá. Parece ser que el primitivo significado de la palabra griega “psyché”, que ha dado el término técnico “psique”, mente o alma, significó primero mariposa.

También en Creta, en la Edad de Bronce, dos mil años a. C., se levantaban santuarios donde el escarabajo (género Copris) se asociaba simbólicamente al culto de Zeus. En el antiguo pueblo hebreo no era raro encontrar apellidos con nombres de insectos, como Hagabath, saltamontes. Los sumerios, primeros fundadores de ciudades en Asia Menor, ya elaboraron listas y clasificaciones de insectos hace miles de años.

Homero usa los nombres de insectos como metáforas. Esopo, genial fabulista, les otorga voz y pensamiento hacia el seiscientos antes de Cristo. Los romanos, como en todo lo demás, tuvieron una visión muy práctica de los insectos, asociándolos a los saberes sobre agricultura y ganadería (De res rustica). Plinio el Viejo recopiló todo lo que se sabía sobre ellos en su monumental Historia naturalis.

Al coleóptero o escarabajo llamado popularmente “mariquita” (Coccinella septempunctata), tan beneficioso por ser gran devorador de pulgones, se le atribuyen virtudes de presagio o adivinatorias en el campo español, rumano y galés, por lo menos. Fue costumbre colocarla en la mano y esperar a que volase con una cantinela para deducir, según la dirección y forma de su vuelo, el pronóstico del tiempo; malo, si caía al suelo.

Es muy probable que los artrópodos formasen parte importante de la dieta del Homo más o menos sapiens, sobre todo en sus fases iniciales. De hecho, se han detectado restos de insectos en coprolitos humanos (cacas ancestrales hechas piedra) encontrados en las montañas Ozark, al sur de los EEUU. Y en representaciones sobre arcilla cocida mesopotámica de hace 4.700 años se muestran personajes portando ristras de insectos.

Sabemos que Aristóteles comía cigarras y langostas (ortópteros) y que los romanos consumían un escarabajo: Lucanus cervus, como delicia gastronómica. En la actualidad y en Cerdeña se consume un queso, casu marzu, relleno de larvas vivas. Igual que hoy en el Sahel africano, el consumo de langostas (saltamontes gordos) era habitual en Al-Ándalus. Se conserva la receta de Ibn Razin de Murcia: Se cuecen hasta dos hervores, se les quitan alas y patas, se calientan en sartén hasta que sequen y luego se les añade almorí (masa de harina, sal y miel), canela y pimienta. Et voilà, bon appétit!

En Indonesia cazan y comen tarántulas. ¡No se asuste ni se extrañe, señora!, tenga en cuenta que las carnes de nuestro ganado doméstico contienen entre un 25 y un 50% de proteínas y la carne de los insectos el 75-80%, siendo por añadidura más fácil su digestión. Además, ¿no adora usted la fina gamba blanca onubense y los langostinos tigre de Sanlúcar y el percebe gallego?, ¡pues esos crustáceos son también artrópodos!

Del autor:

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