"Pablo Iglesias traiciona a la izquierda por segunda vez"

'Pablo Iglesias traiciona a la izquierda por segunda vez'

Artículo de Antonio Papell publicado en Analytic.es que por su interés reproducimos

martes 03 de septiembre de 2019, 18:53h
Este renuncio de un populismo que se proclama de izquierdas y en la práctica hace sistemáticamente el juego a la derecha es muy grave políticamente

Ya van dos. Primero, Pablo Iglesias imposibilitó que prosperara una coalición de corte socialdemócrata entre el PSOE y C’s a principios de 2016, lo que permitió a la derecha seguir gobernando. Ahora, se ha negado a investir a Pedro Sánchez al no gustarle la coalición que este le ofrecía.

Este renuncio de un populismo que se proclama de izquierdas y en la práctica hace sistemáticamente el juego a la derecha es muy grave políticamente, pero en esta ocasión adquiere tintes de una bajeza moral difícilmente descriptible que no tiene precedentes. En efecto, la antigua IU, ahora englobada en Unidas Podemos, se caracterizó porque en sus controversias con el PSOE siempre utilizaba punzantes argumentos ideológicos —Anguita y González polemizaron muchas veces sobre ideas y sobre las políticas basadas en ellas—, pero ahora la espantada de Iglesias no ha contenido ni una brizna de ideología, a menos que se considere que la simple declaración de ser de iquierdas, más estética que intelectual, valga de coartada para casi todo.

En efecto, lo grave de lo ocurrido es que, a pesar de que desde el primer momento el PSOE de Pedro Sánchez propuso a Unidas Podemos y a Pablo Iglesias conseguir un marco programático común, un proyecto de gobierno conjunto, los populistas siempre exigieron debatir primero el reparto del poder, la distribución de los cargos. Que se sepa, aparte de las vaguedades que se han esgrimido durante la campaña, PSOE y UP no han confeccionado proyecto alguno.

Pablo Iglesias no ha aceptado la última propuesta material del PSOE

En otras palabras, el disenso que acaba de estallar aparatosamente no se ha debido a discrepancias sobre la velocidad de las reformas, o sobre el contenido de las mismas, o sobre la entidad de los vectores del cambio que había o no que implementar… Como ya es conocido, la ruptura ha tenido lugar porque Iglesias no ha aceptado la última propuesta material del PSOE, que consistía en una vicepresidencia social, con competencias y gestión en bienestar, bajo la que habría tres Ministerios, el de igualdad, el de Sanidad y Consumo y el de Vivienda y Economía Social.

Iglesias quería más. Aspiraba a controlar el gobierno o al menos a copresidir desde fuera una fracción sustanciosa del mismo. Y ha considerado una humillación que su ayuda se valorase en tan poco, cuando él exigía — así lo ha explicado Adriana Lastra y no han podido desmentirlo los portavoces de Podemos— decisiva influencia en cuatro de las seis áreas en que Sánchez desglosó sus propuestas del discurso de investidura, además de controlar todos los ingresos (a través del Ministerio de Hacienda, incluida la Agencia Tributaria) y el 70% de los gastos…

Es ruin, se mire como se mire, frustrar un gobierno de izquierdas de cuatro años porque no se ha consequido el suficiente número de subsecretarías

Es obvio que el reparto del poder entre partidos de distinto tamaño y diferentes características siempre resulta opinable, pero en política —una actividad que se supone abstracta y noble— se puede discutir acaloradamente sobre las ideas pero no sobre la calderilla. Es ruin, se mire como se mire, frustrar un gobierno de izquierdas de cuatro años porque no se ha consequido el suficiente número de subsecretarías.

El PSOE, un partido de Estado de rancio abolengo, ha soportado con paciencia las impertinencias del inexperimentado Pablo Iglesias, quien ha tenido el desparpajo de decir que quería entrar en el Gobierno para asegurarse de que se llevaban a cabo políticas verdaderamente de izquierdas.

Pero su aguante no ha llegado mucho más allá. Máxime cuando Unidas Podemos está en franca decadencia ya que en las elecciones de 2016 obtuvo 5,0 millones de votos, el 21,1%, y 71 escaños, y en las que acaban de celebrarse apenas ha conseguido 3,7 millones y el 13,3%, y 42 escaños… en tanto Errejón, que formará con seguridad un partido político, ya ha conseguido la hegemonía de ese sector de izquierda populista en Madrid y hará lo mismo muy probablemente en todo el Estado dentro de poco. UP puede quedar reducido a lo que fue y significó IU desde la Transición hasta la gran crisis económica.

Es probable que vayamos a elecciones

Así las cosas, es improbable que Pedro Sánchez acepte ahora reanudar unas conversaciones con UP que se han quebrado abruptamente, con gran desgaste de los interlocutores, y que ya han dado de si todo lo que podían. No sería creíble el desprendimiento de quien ha tensado tanto la cuerda que ha terminado rompiéndola.

En teoría —y según la Constitución—, corresponde ahora al rey emprender una nueva ronda de consultas y proponer o no un candidato a la presidencia del Gobierno, que, por pura matemática electoral, no puede ser distinto del propio Pedro Sánchez. Quien, a su vez, podría aceptar o no el encargo.

Lo más probable por tanto es que se deje transcurrir el preceptivo plazo de dos meses a contar desde el lunes pasado y que, de acuerdo con el artículo 99, se convoquen así automáticamente nuevas elecciones que se celebrarían el 10 de noviembre.

Unidas Podemos y Ciudadanos, grandes perjudicados

Un análisis somero de las expectativas electorales sugiere que Unidas Podemos pagará caro en las urnas el espectáculo indecente que ha deparado a todos, y que Ciudadanos, con su absurda política de vetar al PSOE y alimentar generosamente a la derecha mayoritaria a la que dice querer reemplazar (y de hacer todo eso de la mano de la extrema derecha), padecerá la misma defección de electores que la que ha sufrido de prohombres ilustres que apoyaban esta organización en baja.

Al propio tiempo, es probable que el PSOE suba significativamente, al recoger tanto a los desencantados e indignados con UP y con Pablo Iglesias cuanto a los votantes hasta ahora de Ciudadanos que huyen despavoridos de la sinrazón naranja. El Partido Popular, por su parte, se rehace a ojos vista de su dolorosa pasión y vuelve a adquirir hechuras de partido de Estado, capaz de crecer al engullir sectores de Ciudadanos y de Vox. Pero tiempo habrá de afinar más estas cábalas en el futuro inmediato.

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