"Las Capitulaciones de Santa Fe y otros documentos", por Pedro Cuesta Escudero autor de Cristóbal Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

'Las Capitulaciones de Santa Fe y otros documentos', por Pedro Cuesta Escudero autor de Cristóbal Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom
Ampliar
miércoles 16 de febrero de 2022, 09:33h
'Las Capitulaciones de Santa Fe y otros documentos', por Pedro Cuesta Escudero autor de Cristóbal Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

Las Capitulaciones de Santa Fe son un documento dictado por los Reyes Católicos el 17 de abril de 1492 en la localidad de Santa Fe, el campamento de obra y piedra que los Reyes mandaron construir para albergar a las fuerzas cristianas cuando la conquista de Granada. Recoge los acuerdos alcanzados con Cristóbal Colom relativos a la expedición que éste planeaba por el mar hacia occidente. Las capitulaciones eran contratos de carácter público por los cuales la Corona le encomienda a un dirigente la realización de un determinado servicio público, sea descubrir (en forma naval o terrestre), poblar o rescatar.

'Las Capitulaciones de Santa Fe y otros documentos', por Pedro Cuesta Escudero autor de Cristóbal Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

Este documento de las Capitulaciones de Santa Fe, como dos salvoconductos, que también se expiden para el viaje, se encuentran en el Archivo de la Corona de Aragón de Barcelona. Las Capitulaciones no fueron escritos en la lengua internacional de entonces, el latín, sino en castellano, porque era la lengua en que debieron entenderse con Colom. En cuanto a los salvoconductos están redactados en latín, porque uno va dirigido al Gran Khan, por la creencia de que llegaría a sus dominios y el otro con carácter general para quienes encontrara por el camino. Los dos salvoconductos obedecen al formulario de la época, cuando se trata de viajes largos, y constituyen una credencial de gran valor para el Descubridor.

Trascripción de las Capitulaciones de Santa Fe en su versión original

Las cosas suplicadas e que vuestras altezas dan e otorgan a don Christoual de colon en alguna satisfacion de lo que ha descubierto en las mares oçeanas y del viage que agora con el ayuda de dios ha de fazer por ellas en seruicio de vuestras altezas son las que se siguen: Primeramente que vuestras altezas como Sennores que son de las dichas mares oceanas fazen dende agora al dicho don Christoual Colon su almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano o industria se descubriran o ganaran en las dichas mares oceanas para durante su vida y después del muerto a sus herederos e successores de uno en otro perpetuamente con todas aquellas preheminencias e prerrogativas pertenecientes al tal officio e segund que don alfonso enriquez, quondam, almirante mayor de castilla e los otros sus predecessores en el dicho officio lo tenian en sus districtos. Plaze a sus altezas. Johan de coloma.

Otrosí que vuestras altezas fazen al dicho don Christoual su visorey e gouernador general en todas las dichas tierras firmes e yslas que como dicho es el descubriere o ganare en las dichas mares; e que paral regimiento de cada huna e qualquiere dellas, faga el election de tres personas para cada oficio, e que vuestras altezas tomen y scojan uno el que más fuere su seruicio; e assi serán mejor regidas las tierras que nuestro Sennor le dexara fallar e ganar a seruicio de vuestras altezas. Plaze a sus altezas. Johan de coloma.

Item que de todas e qualesquiere mercadurias siquiere sean perlas piedras preciosas oro plata specieria e otras qualesquiere cosas e mercadurias de qualquiere specie nombre e manera que sean que se compraren trocaren fallaren ganaren e hovieren dentro en los límites del dicho almirantadgo, que dende agora vuestras altezas fazen merced al dicho don Christoual e quieren que haya e lieue para sí la dezena parte de todo ello quitadas las costas todas que se fizieren en ello por manera que de lo que quedare limpio e libre haya e tome la dicha décima parte para sí mismo e faga della a su voluntad quedando las otras nueve partes para vuestras altezas. Plaze a sus altezas. Johan de coloma.

Otrosi que si a causa de las mercadurias quel trahera de las yslas y tierras que assi como dicho es se ganaren o descubrieren o de las que en trueque de aquellas se tomaren aqua de otros mercadores naciere pleyto alguno en el logar dondel dicho comercio e tracto se terna y fara que si por la preheminencia de su officio de almirante le pertenecera conocer del tal pleyto plega a vuestras altezas que el o su teniente e no otro Juez conozcan del tal pleyto, e assi lo prouean dende agora. Plaze a sus altezas si pertenece al dicho officio de almirante segunt que lo tenía el dicho almirante don Alonso enriquez, quondam, y los otros sus antecessores en sus districtos y siendo justo. Johan de coloma.

Item que en todos los nauios que se armaren paral dicho tracto e negociacion cada y quando y quantas vezes se armaren que pueda el dicho don Christoual colon si quisiere contribuyr e pagar la ochena parte de todo lo que se gastare en el armazon e que tanbien haya e lieue del prouecho la ochena parte de lo que resultare de la tal armada. Plaze a sus altezas. Johan de coloma.

Son otorgadas e despachadas con las respuestas de vuestras altezas en fin de cada hun Capitulo en la villa de Santa fe de la vega de granada a XVII de abril del anno del nacimiento de nuestro Sennor Mil CCCCLXXXXII.

Yo el Rey Yo la Reyna

Por mandado del Rey e de la Reyna: Johan de coloma.

Almirante de la Mar océano

La primera concesión que hacen los Reyes Católicos, señores que se consideran de los “mares océanos”, es la de agraciarle con el título de Almirante de todas aquellas islas y tierras firmes que descubran o ganen en dichos mares océanos de por vida y a sus herederos y sucesores a perpetuidad, con las mismas preeminencias y prerrogativas que se le dieron a don Alfonso Enríquez, Almirante Mayor de Castilla.

El Almirantazgo de Castilla fue una dignidad castellana creada por el Rey Fernando III el Santo para la conquista de Sevilla, nombrando como primer Almirante a Ramón de Bonifaz en 1247. Este título se encontraba revestido de gran autoridad, poder y preeminencias, que aparecen especificadas por Alfonso X el Sabio en la segunda Partida de las Leyes; en ella se decía que quien fuese elegido, tenía que llegar ante el Rey ataviado con valiosas vestiduras de seda, recibir un anillo en la mano derecha, en señal de la honra que se le hacía, una espada representando el poder delegado, y un estandarte con las armas reales. El almirante residía ordinariamente en Sevilla, por estar allí las Atarazanas Reales y ser lugar donde se armaban y organizaban las flotas y radicar allí también el tribunal especial marítimo. Entre las múltiples atribuciones y facultades del Almirante, figuraban tener voz y voto de calidad en el Consejo.

Desde 1405 hasta 1705, en que este cargo desaparece, se constituyó en patrimonio de los Enríquez, descendientes del infante Fadrique de Castilla, hijo natural del Rey Alfonso XI el Justiciero. Alonso Enríquez, por concesión de Enrique III, fue el primero de esta familia que ostentó el Almirantazgo. Alonso Enríquez fue hijo bastardo del infante Fadrique Alfonso de Castilla y permaneció oculto mientras vivía su tío Pedro I de Castilla. El portugués Fernán López escribió en 1384 que el Almirante fue hijo de una judía de Guadalcanal llamada Paloma. Don Alonso había nacido en 1354 en Guadalcanal. En 1389 recibe del rey Juan I la villa de Aguilar de Campoo, que constituye el primer paso en la construcción de un sólido patrimonio personal. Hacia 1402 desempeña el cargo de Adelantado mayor del reino de León y la alcaldía del castillo de Medina de Rioseco. En 1405 Alonso Enríquez recibió del rey Enrique III el título de Almirante Mayor de Castilla y se casó con Juana de Mendoza, con la que tuvo trece hijos. Fuera del matrimonio tuvo a Juan Enríquez, a quien su padre, antes de ir a Sevilla, lo dejó como capitán general de la flota ya que era un “esforzado y buen caballero.” Murió en Guadalupe en 1429 a los 75 años.

Su primogénito, Fadrique Enriquez, segundo Almirante Mayor de Castilla y primer Conde de Melgar. También heredó las posesiones y dignidades que fueron de su padre: Rico-hombre, Maestre de la Orden de Santiago, señor de Medina de Rioseco, Castroverde, Torrelobatón, Mausilla, Rueda, Melgar, Villada, Villabragima, Palenzuela, Malmanda, Castillo de Santa Cruz, Villas de Arcos y de Peñafiel, Simancas, Castilberrón y algunos más. Don Fadrique se casó dos veces. Primeramente con Doña Marina de Córdoba Ayala y Toledo, cuarta señora de Casarrubios y Arroyo Molinos, hija de Don Diego Fernández de Córdoba, primer Señor de Baena y de Doña Inés de Ayala; con la que tuvo a Doña Juana Enríquez, que se casó con Juan II de Aragón y fue madre del Rey Católico Don Fernando. Al enviudar Don Fadrique contrajo matrimonio nuevamente con Teresa de Quiñones, hija de Diego Quiñones, de la Casa de Luna. De este segundo enlace nacieron Don Alonso, tercer Almirante; Don Pedro, Señor de Tarifa y Adelantado de Andalucía, Don Enrique, tío y Mayordomo mayor de los Reyes Católicos y Almirante de Sicilia; Doña María, casada con García Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba; Doña Leonor que casó con Don Pedro Álvarez Osorio, segundo Conde de Trastamara y Marqués de Astorga; Doña Inés, mujer de Don Lope Vázquez de Acuña, segundo Conde de Buendía y señor de Dueñas; Doña Aldonza, desposada con el Duque de Cardona y Doña Blanca, religiosa en el Monasterio de Santa Clara de Palencia”.

El tercer Almirante, llamado como su abuelo, Alonso Enríquez, a quien los Reyes Católicos llamaban nuestro primo, participó como sus antecesores en los avatares políticos en tiempos de Enrique IV y primeros años del reinado de Don Fernando y Doña Isabel de Castilla. Murió en 1485. Le sucedió como cuarto Almirante su hijo Fadrique Enríquez.

Virrey y Gobernador general

Jesús Lalinde en su libro; “La Institución Virreinal en Cataluña (1471-1716)”, nos da a conocer acerca del cargo de Virrey toda una serie de interesantes datos, dignos de tener en cuenta. “El Virrey ocupa el solio real, esto es, se sienta en el mismo lugar que el rey, y goza de las mismas prerrogativas, honores y privilegios que éste, con preferencia sobre todos los prelados, y magistrados… no hay en su época y dentro de los territorios de la Corona otra figura que tenga mayor relieve, si se exceptúa el propio Rey (…)En consecuencia, el Virrey es la más alta de las magistraturas en el Principado, representante de la persona del monarca en el aspecto político, considerándosele teóricamente un ‘alter nos’ hasta en el hecho de ser considerado su asesinato como delito de lesa majestad en primer grado.” Lalinde también haciendo referencia a las personas en quienes recae el nombramiento nos dice que la importancia del cargo, superior a cualquier otro dentro del territorio, presupone el que ha de recaer en personas de gran porte. Así lo indican los propios Reyes y lo recoge la doctrina contemporánea a la institución.

En Cataluña, al igual que en los territorios aragoneses de Italia, se inaugura con una persona de la familia real: el Infante Don Enrique de Aragón. Parece como si esto quisiera dar la medida de la importancia del cargo… el principal oficio del Virrey es la administración de la justicia. Con relación a la petición de Cristóbal Colom del cargo de Virrey y Gobernador General a perpetuidad de cuantas tierras descubriese viajando hacia Occidente, Federico Udina Martorell, afirma que esto evidencia que él conocía la estructura política de la Corona de Aragón, ya que el cargo de Virrey era poco conocido en Castilla, y el de Gobernador General, con esta denominación de General, no existía en la Corona de Castilla. Cabe puntualizar que, a la sazón, y conforme a las Instituciones Catalanas, el heredero de la Corona asumía el gobierno de Cataluña a título de Virrey y Gobernador General.

Este cargo correspondía al Príncipe de Viana, puesto que Don Alfonso V, en Nápoles, al 26 de junio de 1457, le había declarado Príncipe heredero y sucesor después de su padre, de los Reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y del principado de Cataluña. Este dato nos desvela la razón por la cual Colom reivindicó con tanto ahínco a los Reyes el cargo de Virrey y de Gobernador General, bien parece con la finalidad de igualarse en cuanto a ciertos honores y preeminencias a su padre el Príncipe de Viana.

Los Reyes Católicos también conceden el título de Don a Cristóbal Colom. En aquella época este título se otorgaba a contadas personas. Lo usaban los reyes, los miembros de su familia y nobles de elevado rango. Los Reyes Católicos concedieron a Colom el título de Don y los demás altos cargos en abril de 1492, antes de realizar el primer viaje que, como se sabe, había sido rechazado por inviable por las Juntas de Sabios.

Origen noble de D. Cristóbal Colom

También en abril de 1492, es decir, varios meses antes del descubrimiento de América, los Reyes ya reconocieron documentalmente la nobleza de Colom. En el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, se conservan juntamente con la copia de las “Capitulaciones de Santa Fe”, dos salvoconductos que también en copia de cancillería expidieron Don Fernando y Doña Isabel a favor del Almirante y Virrey, para que nadie pusiese impedimento para realizar el viaje que en servicio de los Monarcas se proponía llevar a cabo. El primero de estos documentos en el que lo declaran noble es el pasaporte de Colom. En un fragmento de él, podemos leer: “Enviamos al Noble Cristóbal Colón, con tres carabelas por el Mar Océano hacia las Indias”. Dado en Granada, 16 de abril de 1492. Yo el Rey Yo la Reyna Por mandado del Rey e de la Reyna: Johan de Coloma”. El segundo salvoconducto para el descubrimiento del Nuevo Mundo es una carta de los Reyes Católicos al Soberano de Catay. En este documento se dice: “Por ello hemos decidido enviaros a nuestro Noble Capitán Cristóbal Colón, dador de la presente. Desde Granada, 30 de abril de 1492. Yo el Rey. Yo la Reina. Coloma Secretario”.

Nunca en la Historia se le ha dado tales títulos a ningún navegante, ni a nadie que no fuera de la alta nobleza. A pesar de que Hernán Cortés lo conquistara, no se le dio el título de virrey de Méjico, ni a Juan Sebastián del Cano el mando supremo de la segunda escuadra al Malucco, a pesar de haber sido reconocido oficial y solemnemente el primero que dio la vuelta al mundo. Y es que no pertenecían a la alta nobleza. Si a Colom se le concede tal dignidad y títulos, repetimos, sin aún haber realizado ninguna hazaña que lo mereciera, no podía ser un cualquiera, ni mucho menos un plebeyo genovés. Habría de ser alguien de la misma familia real. Y, porque descubriera unas islas al otro lado del Atlántico, tampoco es suficiente razón para que cuando regresó de su primer viaje y se presentó a los Reyes Católicos, estos se levanten para recibirlo y le ofrecieran un sillón para que se sentara junto a ellos. Ese es un honor que solo se reservaba a los grandes de entre los grandes. O el rey Fernando el Católico hace cabalgar a Colom por las calles de Barcelona a su lado con el príncipe Juan al otro, como cuenta Hernando Colón en la biografía de su padre. Son privilegios solo reservados a los de sangre real.

Por otra parte, nos preguntamos ¿cómo se le conceden a Cristóbal Colom esos altos cargos y dignidades cuando los Reyes Católicos habían ratificado en 1476 las leyes dadas en 1377, 1379, 1401 y 1473 por sus antecesores que para obtener prelacías, dignidades y beneficios del reino de Castilla y León, solo los podían obtener los naturales de dicho reino? Téngase en cuenta que hemos de esperar al Real Decreto del rey Felipe V de 7 de julio de 1723 para que se anulen las leyes de extranjería de Castilla a todos los naturales de España. Tenemos el sorprendente caso que cuando en 1486 el papa Inocente III propone al valenciano Rodrigo Borja el arzobispado de Sevilla, los Reyes Católicos rechazan ese nombramiento porque era inadmisible que un extranjero dirigiera una de las principales diócesis del reino de Castilla y León. En este sentido Isabel I siempre fue inflexible, no permitía que persona no natural de sus reinos ocupara cargos en ella. Y sin embargo, Isabel y Fernando conceden altos cargos como Almirante, Virrey y Gobernador real a Cristóbal Colom. Y eso que los Reyes Católicos estaban muy agradecidos a Rodrigo Borja (el futuro papa Alejandro VI) porque había favorecido la causa de Isabel como heredera de Castilla y León frente a Enrique IV, que quería que fuera reina su hija Juana la Beltraneja. El cardenal Borja había conseguido la bula que legitimaba el matrimonio de los primos hermanos Isabel y Fernando. El papel de Borja fue decisivo en la guerra civil al conseguir que los nobles rebeldes reconocieran la causa isabelina. Borja contribuyó a la conciliación de Enrique IV y su hermanastra Isabel con la organización del famoso encuentro en Segovia en 1474.

Colom se sentía como hijo de Rey. Esta es la verdadera razón por la cual reivindicó y le concedieran los reyes en Santa Fe títulos, honores y privilegios reservados a personas de noble alcurnia y de sangre real. Todas estas pretensiones no son propias de un humilde mercader genovés hijo de Doménico Colombo que ejerció el oficio de tejedor de paños y tabernero. Pero si lo eran de un Cristóbal Colom, hijo natural de Don Carlos, Príncipe de Viana (hermano del Rey Fernando) y de la mallorquina Margalida Colom, que nació en 1460 en Felanitx, Mallorca.

Es cierto que el Príncipe de Viana no incluye a Cristóbal Colom en su testamento que firma el 23 de septiembre de 1461, el mismo día de su muerte, porque nunca llegó a conocerle, ya que cuando marchó de Mallorca Cristóbal aún no había nacido. Y su azarada vida en Catalunya no le dejó ningún momento para pensar si había dejado un hijo en Mallorca. De todas formas algo debió sospechar pues en el Archivo de la Corona de Aragón se ha encontrado una carta fechada el 28 de octubre de 1459 del Príncipe de Viana al Gobernador de Mallorca donde le refiere las relaciones amorosas habidas con Margalida Colom, “Agradecemos vos muy mucho lo que fecho haveys en recomendación de Margarita. La verdad de la cosa mostrará lo que haber sentido de ella ser prenyada”.

Las discrepancias de las Capitulaciones con el rey Fernando estuvieron en la cuestión económica

Durante las negociaciones Cristóbal Colom exigió la quinta parte del valor de las mercancías que fueran traídas de las Indias y la décima parte de los metales y piedras preciosas, o sea la octava parte de todos los beneficios. Estas peticiones del Almirante son rechazadas contundentemente por Fernando el Católico, por lo que le dice que puede marchar en buena hora. Al no haber avenencia sale de la reunión y toma el camino de Córdoba, para después reunirse con su hermano en Francia que también está tramitando el viaje a las Indias. En la sala de conferencias todos quedan perplejos y contrariados. Es cuando interviene Lluis de Santángel pidiendo que se le debiera hacer regresar antes de que llegue a un acuerdo con el rey francés. Porque sería una gran bofetada a los intereses de los reinos de Sus Majestades. Dice que si se llegara a las Indias los beneficios para nuestros reinos serían tan inmensos que las exigencias de Colom no se notarían. Y si este proyecto fracasa no reportaría desmedro, pues son muchos los viajes que se han hecho y han fracasado. Pero el Rey está preocupado por el costo del viaje, pues las arcas están vacías por la guerra de Granada. Ahora es cuando la reina irrumpe solemnemente diciendo que toma esta empresa a cargo de la Corona de Castilla y que empeñaría sus joyas para cubrir los gastos si no hay suficientes fondos en el Tesoro. A lo que le responde Lluis de Santángel que no es necesario que hipoteque sus joyas, pues al plantearse este negocio como un monopolio entre Colom y la monarquía, le corresponde pagar un octavo del costo total, que es el beneficio que exige. Al preguntarse el Rey de donde sacaría el dinero para afrontar los gastos, el escribano de ración le contesta que ese es su problema y que hay prestamistas que le pueden adelantar el dinero. Y para lo que le corresponde a la Corona se podría mirar las multas fiscales que deben pagar algunos puertos castigados por subversiones y querellas contra la autoridad real. Se les obligaría a que pongan los navíos. Y en cuanto al pago adelantado a la marinería y el costo de los abastecimientos avanzaría de su bolsa los dineros que hicieran falta. Francisco de Pinelo asegura que se podrían tomar prestados de la Santa Hermandad de la que es cotesorero. Ante estas ofertas el Rey ordena al alguacil que dé alcance a Colom, que ya se encontraba en Pinos Puentes y se aceptan las exigencias del mallorquín.

Pero como lo que descubrió Colom no eran unas insignificantes islas aledañas a las Indias, sino un inmenso continente, la cuestión económica reseñada en las Capitulaciones de Santa Fe resultan inviables. Esta es una de las razones de los procesos que la monarquía incoa a los Colom.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios