EL NUEVO ENTORNO OPERATIVO DE LAS FAS, por Marín Bello Crespo, General de Brigada de Infantería (R)

EL NUEVO ENTORNO OPERATIVO DE LAS FAS, por Marín Bello Crespo, General de Brigada de Infantería (R)
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domingo 02 de agosto de 2020, 10:18h
EL NUEVO ENTORNO OPERATIVO DE LAS FAS, por Marín Bello Crespo, General de Brigada de Infantería (R)
EL NUEVO ENTORNO OPERATIVO DE LAS FAS, por Marín Bello Crespo, General de Brigada de Infantería (R)

En un sentido general, puede definirse el entorno operativo como el marco donde interactúan todas las variables que tienen influencia inmediata en las operaciones militares, o en aquellas en que el Estado decida emplear total o parcialmente a las Fuerzas Armadas. Anticipar las características más probables de ese marco, y de los actores que se encuentran o pueden encontrarse en él, ha sido siempre una de las principales preocupaciones de los responsables militares a la hora de tomar decisiones relativas a la organización, reclutamiento y formación del personal, y también al equipamiento, despliegue e infraestructuras para adaptar en lo posible las capacidades militares a sus misiones futuras.

EL NUEVO ENTORNO OPERATIVO DE LAS FAS, por Marín Bello Crespo, General de Brigada de Infantería (R)

En los últimos decenios, las Fuerzas Armadas españolas han adquirido un perfil marcadamente expedicionario. La tradición y la vocación internacional de España, la solidaridad de su pueblo con los demás pueblos del mundo, y la eficacia y profesionalidad de sus mandos y de sus tropas han ido dejando una estela de aprecio en cuantos escenarios han intervenido, y creado una imagen interior y exterior de valoración y reconocimiento. Salvo la UME, el resto de las FAS ha orientado sus actuaciones más numerosas e importantes más allá de nuestras fronteras, con sus Unidades encuadradas en las organizaciones políticas y militares de las que nuestro país forma parte.

La aparición y el desarrollo de la pandemia provocada por el COVID 19 en suelo español ha provocado la puesta en marcha de todas las energías nacionales, y de todos los recursos tanto del Estado como privados, para contener la crisis sanitaria primero, y aminorar sus efectos económicos y sociales después, con la intención de propiciar una recuperación lo más rápida, sólida y similar posible a la vida y costumbres de los ciudadanos, previas a esta terrible experiencia.

El impacto del COVID 19 no quiere decir que la posibilidad de la aparición de una circunstancia de consecuencias tan dramáticas no estuviera contemplada en los documentos relevantes relativos a nuestra seguridad como Nación. Así, en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, las pandemias y epidemias se definieron en su momento como desafíos, es decir, situaciones que “incrementan la vulnerabilidad, provocan inestabilidad o pueden propiciar el surgimiento de otras amenazas, agravarlas o acelerar su materialización”. Sin embargo, las características particulares del inicio de la pandemia en nuestro país, su desarrollo y sus consecuencias han generado un torrente de decisiones, medidas y experiencias que no se habían tomado o vivido anteriormente a tal escala.

Llegado este momento, es hora de articular reflexiones y análisis, imaginar con parámetros realistas necesidades, vulnerabilidades y carencias actuales y prever su solución o alivio y, sobre todo, poner en pie o prever la puesta en marcha en breve tiempo de los medios que puedan hacer frente a las hipótesis más peligrosas de un escenario que puede llegar a repetirse. Las circunstancias a considerar son, básicamente, la prevención para detectar cuanto antes el origen , las características y el medio de propagación de la causa de la pandemia, las medidas de protección de nuestro territorio para evitar su entrada, la puesta en marcha rápida del personal y de los medios sanitarios debidamente protegidos y el apoyo a los mismos por parte de cuantas organizaciones oficiales y privadas sean necesarias, la protección de la población, de los bienes y recursos estatales y privados, la disponibilidad de un sistema integrado y coordinado de transporte que permita la movilidad de sanitarios, pacientes, medios y recursos adecuados para combatir la pandemia, la adecuación de infraestructuras existentes y la construcción de otras nuevas en su caso, la movilización industrial para asegurar un flujo constante de medicinas y materiales sanitarios donde y cuando sea necesario, la seguridad de los abastecimientos, y el mantenimiento de la actividad económica a un nivel compatible con la seguridad sanitaria hasta que sea posible su crecimiento hacia la normalidad deseable, que sería regresar al estado y a las perspectivas de bienestar y crecimiento previas a la pandemia .

La situación que hemos vivido y estamos viviendo nos ha ofrecido y ofrece un importante bagaje de experiencias y pautas, extraídas de nuestras decisiones y actividades para hacerle frente, y también de las que han tomado o desarrollado los demás países. Las características de este entorno operativo nuevo y terrible en su globalidad y alcance las conocemos, pero a ellas pueden añadirse otras amenazas que también son previsibles, y que, como la persistencia de conflictos, el terrorismo internacional o el cambio climático tenderían a agudizar o a acelerar las dificultades.

El escenario operativo que se abre para las FAS españolas tras esta experiencia es esencialmente el mismo que el imaginado y dibujado ya a grandes rasgos en diversos documentos elaborados conjuntamente por las mismas y diversos expertos para un horizonte que abarca los próximos quince años. En un caso de pandemia como el que nos ocupa, en el territorio nacional, lo sucedido ha probado la capacidad y resiliencia de todos los órganos y capacidades dedicados a la lucha contra el COVID 19, y en el caso concreto de las Fuerzas Armadas, las experiencias adquiridas de la realidad a través de los análisis del desarrollo de la Operación Balmis proporcionarán un excelente bagaje para afrontar desafíos de esta naturaleza en el futuro. Aún queda mucho camino que recorrer para prevenir posibles brotes y para encarar los efectos que la crisis sanitaria provoca y seguirá provocando en nuestro ámbito económico y social, y habrá que ver el papel, en todo caso subsidiario, de las Fuerzas Armadas en las decisiones que el Poder Ejecutivo adopte para alcanzar cuanto antes la normalidad en la vida de los españoles.

Con todo, es preciso tener en cuenta, ahora y en el futuro, que cualquier escenario operativo previsto será siempre volátil, impredecible, ambiguo y complejo. Hemos sufrido una pandemia global, de origen aún incierto, que ha golpeado, golpea y seguirá golpeando, simultáneamente o no, a un gran número de países que la sufren y la sufrirán con desigual virulencia dependiendo de sus previsiones, de la amplitud, adaptabilidad, equipamiento y fortaleza de su sistema de salud- no siempre conectado a su solvencia económica, sino más bien a otros parámetros y esquemas – y, desde luego, a la fortaleza moral y a la solidaridad de sus ciudadanos, comenzando por los más expuestos.

En este caso hemos sufrido este ataque en nuestro territorio, dedicándole todas nuestras capacidades sin que hubiera que emplearlas y compartirlas con otras amenazas o desafíos adicionales, como podrían haber sido ataques terroristas, agresiones a nuestra soberanía o emergencias y catástrofes de diferente origen. Pero también es preciso tener en cuenta que nuestra pertenencia destacada y activa a la comunidad internacional puede requerir un esfuerzo allende nuestras fronteras, encuadrados en las organizaciones de las que formamos parte y desarrollando misiones relacionadas no solo, quizá, con el apoyo al esfuerzo sanitario.

Gobernar es prever, sin desechar ninguna de las previsiones. Las Fuerzas Armadas españolas poseen, y lo han demostrado sobradamente, el amplio conjunto de capacidades que precisan para el desarrollo completo de sus misiones constitucionales: defender nuestra soberanía e independencia, proporcionar estabilidad a nuestro mundo, y velar por el bienestar de los españoles. Ninguna de esas capacidades es irrelevante, y es responsabilidad de nuestros gobernantes mantenerlas todas.

Marín Bellido Crespo fue Jefe de la Brigada Multinacional “Salamandra” en Bosnia Herzegovina, Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre y es en la actualidad miembro de la Asociación Española de Militares Escritores

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