SALAMANDRA Y ALQUIMIA. NATURALEZA Y MAGIA

SALAMANDRA Y ALQUIMIA. NATURALEZA Y MAGIA

viernes 28 de junio de 2019, 13:23h
SALAMANDRA Y ALQUIMIA. NATURALEZA Y MAGIA
La salamandra es el más común de los urodelos de Europa, aun anfibio, únicamente entra en el agua para parir y algunas subespecies lo hacen en tierra durante otoño y hasta principios de primavera. Sus irregulares manchas amarillas y a veces rojizas sobre fondo negro la hacen inconfundible. Miden hasta veinticinco centímetros con la cola. Poseen unas glándulas en la cabeza por las que segregan sustancias venenosas para defenderse de depredadores. También su piel contiene tóxicos irritantes. Si pierden algún miembro son capaces de regenerarlo. Animal de hábitos nocturnos, se oculta durante el día bajo la hojarasca del bosque o la pradera, en roquedos y matorrales.

En los últimos años ha desaparecido del sistema Ibérico, tal vez por una epidemia. Especies forasteras como el cangrejo rojo americano matan sus larvas en arroyos y torrentes, y muchos individuos adultos perecen bajo las ruedas de los vehículos en carreteras y caminos forestales.

Hace veinte años conocí a naturalistas norteños que venían a fotografiar a ellas o a sus crías ojeando las fuentes y pilones de las Sierra de Cazorla. La de la foto procede de las estribaciones de la Sierra de Segura y es cortesía de mi amigo, el ingeniero agrónomo Antonio Berlanga.

La salamandra ha ocupado un lugar importante en el catálogo de creencias ancestrales, asociada al elemento fuego o como “elemental del fuego”. Se creía que era capaz de sobrevivir a las llamas y de apagarlas propagando a voluntad una intensa ola de frío. En el ocultismo y la magia representa la metamorfosis del “hada” dominadora del fuego.

Según Paracelso, la salamandra vive en fuego, pero no en el sombrío fuego material, sino en el otro esencial y espiritual de la naturaleza. “Salamandra –escribió Fulcanelli- viene de ‘sal’y de ‘mandra’, que quiere decir establo, pero también gruta, ermita (…) Tendido en la paja de un pesebre, en el portal de Belén, ¿no es el mismo Jesús el nuevo sol que trae la luz al mundo (…), ese fuego espiritual que se hace carne y que ha tomado forma en la sal?” (Les demeures philosophales, París, 1930). Esotérico cruce entre el animismo tradicional y la teología cristiana (Fulcanelli es el misterioso autor -o autores- de El misterio de las catedrales, alquimista del siglo XX). Hay que aclarar que en la alquimia clásica toda materia se podía reducir a sal. Y la mística transmutante concibe al Verbo divino hecho materia como un agente celestial combinado con una sal especial, un hijo del divino fuego solar.

Miniatura de dragón con parecido de serpiente, la salamandra como tótem mágico o animal de poder no sólo representa el elemento material fuego y sus transformaciones, sino también un símbolo de pureza, la del que limpió su honor entre contradicciones y riesgos, y un emblema de permanencia y renacimiento (tal vez esto último por su capacidad de regeneración). No obstante, en el Emblema XLIX de Alciato (1492-1550) la “salamandra estelio”, de cuerpo constelado, que habita en escondrijos y tumbas vacías, trae pintados los signos de la envidia y del engaño. Quienquiera que bebe vino en el que se ha sumergido un estelio ve cubierto su cuerpo con torpes manchas. “De aquí que sea frecuente venganza por parte de la concubina engañada, a la que el amante, perdida la flor de su hermosura, abandona”. Por lo tanto, verosímil instrumento de venganza femenil fue también, según Alciato, la salamandra.

Es curioso y paradójico que nuestro inconsciente cultural asocie al fuego un animal de sangre fría que necesita tanto del agua. La salamandra es un frecuente motivo de tatuaje, su vínculo con la noche lo hace también portador de sueños secretos y extrañas corrientes y superpoderes psíquicos. Asimismo el emblema de la salamandra ha sido usado ampliamente en heráldica. Algún caballero andante, artúrico y cortés del amor fino, la llevaba pintada en su escudo. Y en la obra de Ray Bradbury, Farhrenheit 451 (la temperatura a la que arde el papel), sirve de insignia a los bomberos pirómanos, quemadores de libros. Abundante es su aparición como tótem en juegos y fantasías digitales. Por desgracia, la salamandra comparece ya más virtual y representada que natural y viva, puro espejismo en la cultura de lo efímero y del simulacro.

José Biedma López

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