"Las puertas metáfora de la vida", por María Antonia García, abogada

'Las puertas metáfora de la vida', por María Antonia García, abogada
jueves 12 de mayo de 2022, 08:49h
'Las puertas metáfora de la vida', por María Antonia García, abogada

Las puertas abiertas han sido el eterno símbolo del conocimiento, de la investigación, de las humanidades, de la transición, del recibimiento. Sin embargo, las cerradas evocan reclusión, paso vetado, se puede entender que ocultan algo. En la vida sólo hay dos cosas que se escondan: las que avergüenzan y te atormentan y las que te subliman y enriquecen.

La puerta es una mera aproximación a lo que significa, igual que el misterio de la vida. Todo empieza con una puerta, las abiertas a espacios diáfanos, las entornadas, que invitan a lo oculto y las cerradas que guardan misterios o vergüenzas. La vida te invita a traspasar esas oquedades, tengan o no dinteles, que sean cubiertas con hojas de forja, de madera, de bronce o de otros materiales espirituales.

En el Antiguo Egipto, la puerta simbolizaba el horizonte, la montaña luminosa de Oriente por donde sale el sol, ese instante fascinante del amanecer en el que se encuentran ambos mundos. En las tumbas, se construía una puerta para que el alma del difunto pudiera trasladarse tanto en una dirección como en la otra.

Para la tradición judeocritiana es inmensa la importancia que cobra la puerta, ya que a través de ella se accede a la revelación, y sobre ella se reflejan las armonías del universo. En todos los templos judíos, así como en las iglesias y en las catedrales cristianas, la puerta principal es uno de los elementos arquitectónicos de mayor relevancia. La figura de Cristo glorioso suele estar representado en los pórticos de las catedrales, para recibir al peregrino y a los fieles, bajo una de las máximas: «Christus ianua vera», Cristo es la puerta verdadera.

La Biblia habla de «las puertas de los cielos» por las que se ingresa al reino de los cielos, a la salvación y a la vida eterna: «Yo soy la puerta, si alguno entra por mí, estará salvado» (Juan 10,9), lo cual alude a ese estado espiritual en el que Jesús iniciaba a sus seguidores.

Abrir una y cerrar otra es el principio de una maravillosa historia del alma y de la vida.

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