"Documento Borromeo", por Pedro Cuesta Escudero autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom

Pedro Martir de Anglería
Pedro Martir de Anglería
martes 28 de septiembre de 2021, 10:49h
Monasterio San Jeroni de Murtra
Monasterio San Jeroni de Murtra
'Documento Borromeo', por Pedro Cuesta Escudero autor de Colón y sus enigmas y de Mallorca patria de Colom
La unidad española no estaba completada con la conquista de Granada en 1492. Era necesario recuperar el Rosellón y la Cerdaña. “Yo, Fernando de Aragón, como rey también de Cataluña, no puedo resignarme a que los condados del Rosellón y de la Cerdaña, que siempre fueron nuestros, estén en poder de Francia desde hace treinta años”. Esta era una de las mayores preocupaciones del rey Fernando desde que había subido al trono y uno de los temas preferidos de conversación con su esposa Isabel. Es que el padre de D. Fernando, Juan II de Aragón, había entregado mediante el tratado de Bayona en 1462 el Rosellón y la Cerdaña al rey Luis XI de Francia en garantía del apoyo militar y económico que el rey francés prestara al aragonés en la primera guerra civil catalana, que se inició por la sospechosa muerte de D. Carlos, el Príncipe de Viana, que, según la Concordia de Vilafranca, se convino que sería su sucesor. Esta es la razón por lo que los Reyes Católicos, al terminar la conquista de Granada, se afincan en Barcelona.
Documento Borromei
Documento Borromei

Para forzar a Francia los Reyes Católicos envían embajadores a todos los países que podían ser sus enemigos: Roma, Venecia, Londres, Bruselas y la corte austriaca. Pero los dos reyes, el francés y el aragonés, acceden a firmar el tratado de restitución en los primeros días de 1493. El rey francés Carlos VIII firma en Tours y los Reyes Católicos en Barcelona y el 19 de enero de 1493 Francia restituye el Rosellón y la Cerdaña.

El atentado del rey D. Fernando el Católico

El 7 de diciembre de 1492 ocurre un hecho trágico: el payés Joan de Canyamàs atacó con una espada corta al rey D. Fernando II cuando bajaba la escalinata del Palacio Real de Barcelona. El Rey acababa de mantener una reunión en dicho palacio con los síndicos campesinos encargados de la aplicación de la Sentencia Arbitral de Guadalupe. Joan de Canyamàs aprovechó la oportunidad para mezclarse con los síndicos y llegar a las inmediaciones del monarca y asestarle un rudo golpe con la espada corta que llevaba escondida bajo la capa. Según las crónicas de la época solo faltó “un hilo de araña” para que le cortara la cabeza al rey. Le salvó el collar del Toisón de Oro que llevaba colgado del cuello. La herida iba desde la oreja a la espalda y se le rompió la clavícula. Inmediatamente el asesino fue agarrado del brazo para que no continuara con la agresión y recibió tres puñaladas, hasta que el Rey reaccionó y dijo que no lo mataran. El Rey, herido y medio desmayado es conducido al Palacio mientras se llamaba a todos los médicos y cirujanos de la ciudad para curar al herido.

En un principio se pensó que el atentado formaba parte de un complot y así lo creyeron la reina Isabel y los nobles castellanos del séquito real y recogieron al príncipe Juan y pusieron en alerta las galeras reales. Pero cuando el asesino fue interrogado en la cárcel se dieron cuenta que era un pobre diablo y, según su confesión, envidiaba al rey por sus buenas venturas y que el diablo le decía continuamente que matando al rey él sería rey por haber demostrado más fuerza. Tras esta declaración se concluyó que había actuado solo y se descartó cualquier maquinación.

El 12 de octubre, según la crónica de Bernáldes, Juan Canyamàs fue sacado de la prisión y conducido en un carro por toda la ciudad desnudo y atado a un palo, siendo mutilado brutalmente durante el recorrido. Primeramente le cortan la mano con la que atacó al Rey; después con unas tenazas de hierro al rojo vivo le arrancaron una teta, detrás le sacan un ojo, le cortan la otra mano y luego le extirpan el otro ojo, la otra teta, las narices, le tallan los pies y, cuando todos los miembros fueron cortados, le sacaron el corazón por la espalda. Finalmente es apedreado y lo que quedaba de su cuerpo fue quemado en una hoguera.

El monasterio de Sant Jeroni de la Murtra

Para ser curado de sus heridas hasta que se restableciera del todo, Fernando el Católico y su mujer la reina Dª Isabel se establecen en el cercano monasterio de Sant Jeroni de la Murtra. Este monasterio está emplazado en el entorno natural de la Sierra de la Marina, entre Badalona y Santa Coloma de Gramanet. Sobre la antigua casa rural de la Murtra y con subvención del rey Juan II se reedificó en estilo gótico la iglesia, las celdas para acoger a 14 frailes benedictinos, el claustro, el refectorio, la cocina y otras dependencias monacales. Posteriormente este monasterio recibió, además de los favores de los Reyes Católicos, el de Carlos I.

Aquí fue donde los Reyes Católicos recibieron en el mes de abril a Cristóbal Colom y a su comitiva de regreso de su primer viaje a América. Estando en Sevilla Colom recibió un mensaje de los Reyes Católicos donde le dicen que dé las órdenes oportunas al banquero Berardi y al representante real, el arcediano Fonseca, para que se organice el segundo viaje a las Indias. Y que con su comitiva se dirigiera por tierra a Barcelona donde los Reyes le esperaban. Por tierra el viaje resultaba más seguro, pues por mar, aunque hubieran llegado antes al puerto de Barcelona, estaba el peligro de los ataques de los piratas, que ya estarían enterados de que portaba tesoros. Y no existía una armada real para escoltarlos.

Colom atraviesa la península para reunirse con los reyes en Barcelona. La comitiva hace parada y fonda en Lora del Río, Córdoba, Andújar, Villa Palacios, Balazote, Chinchilla, Almansa, Játiva, Valencia, Villareal, Borriol, Tortosa, Tarragona y Barcelona. La noticia de que Colom había llegado a las Indias se difunde a los cuatro vientos y las gentes de los pueblos, mordidos por la curiosidad, comienzan a esperar su paso. Se amontonan en los caminos para verlos. Salen los venteros y los artesanos, vienen mozalbetes de otros pueblos, llegan campesinos que esperan durante horas para ver el teatral cortejo de que tanto se habla. Y, por fin, pasa Colom con su acompañamiento de raros pajarracos, verdes y rojos, que chillan en vez de graznar, y seguido de media docena de misteriosas criaturas que no paran de mirar a todos lados y a cuchichear entre ellos. Y se acercan a verlos, a tocarlos, a buscarles el rabo y las pezuñas.

A finales de abril de 1493 entra Cristóbal Colom en Barcelona a guisa de caballero sobre una jaca de gran robustez, bien engualdrapada de terciopelo carmesí. Detrás y a pie van los indios y lo más descollante de la tripulación, menos los hermanos Pinzón. Los reciben en la puerta sur de la muralla consellers del Consell de Cent y el fraile Ramón Pané, que conduce a Colom y su caravana al monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, que es donde le esperan los reyes.

El encuentro con los Reyes

El encuentro con los Reyes tiene lugar en el refectorio del monasterio, bajo estrictas medidas de seguridad. El Rey y la Reina reciben al almirante rodeados de toda la Corte, encabezada por el príncipe Juan. Los reyes asombran a sus cortesanos otorgándole a Colom honores singulares, hasta entonces reservados a los más grandes de entre los grandes: se levantan para recibirlo. Colom se postra de rodillas ante los monarcas, les pide las manos y al ofrecérsela las besa. Entonces los reyes, ante un gesto de honor, le hacen levantarse y le ofrecen un escabel para que se siente.

Y como colofón, Cristóbal Colom presenta a los aborígenes ante el asombro y la admiración de todos los presentes. Estos instantes constituyen los momentos fundamentales de la historia universal, representando el encuentro entre dos mundos que hasta ese momento habían evolucionado independientemente. Y se cambia el rumbo de la Historia. Y ante un gesto de Fernando el Católico, un cortesano trae un escudo de armas y puestos de pie los Reyes Católicos, solemnes, se lo conceden a Don Cristóbal Colom al tiempo que un escribano lee en voz alta:

“D. Fernando é Doña Isabel por facer bien y merced a vos D. Cristóbal Colón, nuestro Almirante de las Islas é Tierra firme por nuestro mandato descubiertas, é por descubrir en el Mar Océano en la parte de las Indias: acatando los muchos é leales servicios que nos habéis fecho, é esperamos que nos faréis, especialmente en poner vuestra persona como la posistes á mucho arrisco é trabajo en descubrir las dichas islas; é por vos honrar é sublimar, é porque de vos é de vuestro linaje é descendientes quede perpetua memoria para siempre jamás, habemos por bien, é es nuestra merced, é vos damos licencia é facultad para que podades traer é traigades en vuestros Reposteros é Escudos de armas, é en las otras partes donde las quisiéredes poner de más de vuestras armas encima dellas un Castillo é un León, que Nos vos damos por armas, conviene a saber, el Castillo de color dorado en campo verde, en el cuadro del escudo de vuestras armas en lo alto á la mano derecha, y en el otro cuadro á la manos izquierda un León de púrpura en campo blanco rampando de verde, y en el otro cuadro bajo á la mano derecha unas islas doradas en ondas de mar, y en el otro cuadro bajo á la mano izquierda las armas vuestras que solíades tener, las cuales armas sean conocidas por vuestras armas, é de vuestros fijos é descendientes para siempre jamás. E por esta nuestra Carta mandamos al Príncipe D. Juan, nuestro caro é muy amado Fijo, é a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses (…) que vos dejené consientan traer, é que traigades las dichas armas que Nos vos así damos de suso nombradas é declaradas, é en ello vos no pongan ni consientan poner a vós ni a los dichos vuestros fijos e descendientes, embargo ni contrario alguno, é de si esto que dicho es quisiéredes nuestra Carta de Provisión mandamos al nuestro Chanciller é Notarios é a los otros Oficiales que están a la tabla de nuestros sellos que vos la den, é libren, é pasen é sellen”.

El hecho de que se le otorga en el escudo el Castillo y el León da a entender que Colom es miembro de la familia real. Hernando Colom en la biografía que escribe de su padre explica que el Rey D. Fernando hace cabalgar por las calles de Barcelona a Colom a su lado con el Príncipe D. Juan al otro. Son privilegios reservados a los de sangre real. Colom es invitado a una comida por el gran cardenal D. Pedro González de Mendoza, hermano del duque del Infantado, y lo sienta en la mesa en el lugar más prominente y se le sirve el manjar cubierto como a señor y se le hacen salvas y la solemnidad que requiere su digno título de almirante. El 23 de mayo los reyes le hacen la merced de mil doblas de oro y le confirman solemnemente sus títulos, honores y privilegios definidos en las Capitulaciones de Santa Fe. Y le dan cartas reales nombrándole capitán general de la segunda flota de las Indias.

El cronista Pedro Mártir de Anglería fu el primero en divulgar que Colom era ligur

Al rey D. Fernando le interesaba ocultar el origen de Cristóbal Colom, porque tenía miedo que, al alcanzar notoriedad, se hiciera público que era hijo de su hermanastro el príncipe de Viana, lo que podría desencadenar una rebelión contra él como la que tuvo su padre el rey Juan II. Cree que son exorbitantes los privilegios que se le han concedido y no le agrada que en la organización del segundo viaje trasatlántico se comporte casi como un rey de las Indias. Por ello insta a los cronistas Pedro Mártir de Anglería y a Andrés Bernáldez que difundieran la idea de que Colom era italiano. Esta actitud del rey explica, también, el silencio oficial de la arribada de Colom a Barcelona después del descubrimiento de América, que fue recibido, incluso, en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra. No hay constancia en los estamentos públicos, tan explícitos en dar razón de otros acontecimientos menores, ni en el Registro de Deliberaciones del Consell de Cent, ni el Diario de la Diputación, ni el Libro del Ceremonial, ni en ninguna crónica barcelonesa, órganos sometidos todos a las órdenes del rey.

El prestigioso cronista de los Reyes Católicos y divulgador más famoso del descubrimiento, Pedro Mártir de Anglería, fue el primero en lanzar la leyenda de que Colom era ligur. Es irónico que la fábula de que Colom era genovés no naciera en Italia, sino en Barcelona, puesto que la primera vez que Mártir de Anglería afirma que Colom era ligur es en una carta escrita a Juan Borromeo desde Barcelona el 14 de mayo de 1493 en donde dice, traducido al castellano del latín: “Hace pocos días volvió de las antípodas occidentales cierto Colón, de la Liguria, quien a duras penas consiguió de mis reyes tres naves, porque creían quiméricas las cosas que decía”. También se expresa en términos parecidos en las cartas dirigidas al conde de Tendilla y a Fray Hernando de Talavera, fechadas en Barcelona en septiembre de 1493 donde dice: “Recordáis que Colón es de la Liguria”. En carta dirigida a Juan Borromeo desde Alcalá de Henares el 21 de octubre de 1494 expone. “De día en día trae cosas más admirables del Nuevo Mundo aquel Colón de la Liguria”. Lo que es sustentado por la mayoría de escritores que le han sucedido, como Fernández de Oviedo, Herrera, Navarrete y cuantos han tratado en España a Cristóbal Colom, al tener a Pedro Mártir de Anglería como una gran autoridad como historiador.

Aunque, a decir verdad, los cronistas y escritores italianos coetáneos de Cristóbal Colom no lo consideran italiano. Sabellico, Foresti de Bérgamo, Albertino, Carboni, Pireli, no aprecian a Colom ni genovés ni italiano. Paolo Toscanelli y Serpa Pinto lo suponen portugués. Giacomo Trotto o el mismo papa Alejandro VI llaman a Cristóbal Colom “dilecto hijo de España”. Ningún documento oficial del reino de Castilla dice que Colom fuera genovés.

El documento Borromeo

En Milán el conde Juan de Borromeo (también marqués de Anglería) era un personaje de gran significación e influencia: gozaba de mucha fama y prestigio porque en 1487 derrotó a los suizos y recuperó para Milán la provincia de Novara. Hombre de talento y fortuna que siempre demostró interés por los asuntos de España, envía a la corte de los Reyes Católicos a su protegido Pedro Mártir de Anglería, historiador, sacerdote y médico.

Como hemos dicho Pedro Mártir de Anglería fue el primero en lanzar la leyenda de que Colom era ligur y, sin embargo, es el primer revelador de su verdadero origen. Manuel Rubio Borrás, director de la Biblioteca Universitaria de Barcelona escribe en el ABC el 21 de agosto de 1931:

“Alejado estaba en mi ánimo en intervenir en estudios colombinos, asunto histórico al que nunca me dediqué, cuando una feliz y extraña circunstancia quiso que en el mes de noviembre de 1929 llegara a mis manos una sencilla postal, en la cual un afamado bibliógrafo y arqueólogo residente en Milán, y cuyo nombre se oculta bajo seudónimo, me anuncia tener en su poder un documento muy importante para la historia de Cataluña, puesto que se trataba de una carta en la cual quedaba por fin y bien claro que Cristóbal Colón era catalán y que deseaba ponerse en contacto conmigo, como jefe de la Biblioteca Universitaria, por si a esta dependencia convenía poseer el citado documento. Si grande fue mi sorpresa al recibir las anteriores noticias, no lo fue menos al serme remitida como contestación a la extensa carta por mí remitida, en la que le solicitaba fotografía del documento, el documento original confiando en mi personalidad, rasgo que agradezco en cuanto vale. La frecuente correspondencia habida con el citado bibliófilo me ha permitido reconstruir la historia del hallazgo del documento, al que puedo muy bien de calificar de “revelador” por el gran interés que encierra, Fue encontrado debajo de una las guardas del libro (…) Fue hallado por el citado doctor en unión de otros, en la carreta de un vendedor ambulante, que, por cierto, no era de Milán, y adquirido por el citado doctor a cambio de unas cuantas libras”.

El documento en cuestión es una hoja de papel escrita en una sola cara; mide 23 por 28 centímetros. Consta de 18 renglones escritos en latín y en cursiva. Si es un falso documento se hubo de falsificar en vida de Colom, pues los estudios paleográficos demuestran que en el papel se observan los puntizones y corondeles, como asimismo la filigrana correspondiente a la época. La letra es cursiva, la usada en Italia a finales del siglo XV y hasta bien entrado el siglo XVI, presentado las letras la antigüedad y gravedad de la paleografía correspondiente a la región bresciana, según la clasificación del paleógrafo Fumagalli. Cotejada en los archivos de Turín y Roma de la época en el que el documento está redactado, resulta de una gran identidad. Esta identidad hubiera sido más exacta, como explica Rubio Borrás, de haberse podido cotejar, si se hubiera podido encontrar escritura del mismo Borromeo, que es el otorgante del documento. Y no se ha podido confrontar porque los archivos de aquella familia desaparecieron a consecuencia de graves acontecimientos políticos ocurridos en Italia. Pero el detalle paleográfico que nos demuestra su antigüedad es la tinta que, con el tiempo, adquirió una tonalidad heterogénea imposible de falsificar.

El concepto moral de esta escritura es de gran valor, ya que contiene una declaración secreta hecha al conde y marqués de Anglería. La alta religiosidad que caracterizaba a la noble casa de los Borromeo (claro exponente es que uno de los miembros de esa familia es santo: san Carlos Borromeo) movió a D. Juan a no llevarse consigo a la tumba el secreto relativo al lugar de nacimiento de Cristóbal Colom. Por este motivo lo dejó estampado en ese documento, que después de su muerte colocaron dentro de las tapas de un libro de su amplia biblioteca.

La traducción castellana de este documento es:

“Yo, Juan Borromeo, habiéndome quitado (prohibido) manifestar la verdad, secretamente conocida por medio del señor Pedro de Anglería, tesorero del Rey Católico de España, y como debo asimismo igualmente, quiero tener perpetua memoria confiando a la Historia ser Colonus Cristopherens ser de Mallorca y no de la Liguria. El dicho Pedro de Anglería estimó que fuese oculta la astucia usada por Juan Colom, porque con ocasión de política y religión lo habían aconsejado fingirse Cristopherens Colón para pedir la ayuda de las naves del rey de España. Y diré todavía ser Colom equivalente a Colombo, por lo que habiéndose descubierto que vive en Génova un tal Cristopherens Colom Canajosa, hijo de Domingo y de Susana Fontanarrosa, no se debe confundir con el navegante de las Indias Occidentales. En Bérgamo, en diciembre de 1494.

Una vez estudiado y analizado este documento lo compró el norteamericano Richard Aramil, en cuyo poder se sospecha que aún se encuentra.

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