UNA OPOSICIÓN DESLEAL por Luis García Collado

UNA OPOSICIÓN DESLEAL por Luis García Collado
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martes 07 de abril de 2020, 11:22h
UNA OPOSICIÓN DESLEAL por Luis García Collado
Cuando un país está siendo azotado por una pandemia tan cruel como la actual, cuando un país se ve atacado por un enemigo invisible pero letal, no sólo por el número de muertos que está ocasionando (más de trece mil) sino también por las funestas consecuencias para la economía (más de ochocientos mil empleos menos), cuando un país está poniendo a prueba toda su fortaleza sanitaria, social, política y económica, uno debería esperar la unión, sin fisuras, leal y comprometida de todos los políticos, de todas las comunidades y de todas las instituciones españolas porque sólo unidos, todos a una, podremos vencer esta guerra sin cuartel.

Sin embargo, en nuestro país se da una curiosa variable que es desconocida en el resto de Europa. Aquí el coronavirus ha mutado y ha producido una fiebre de deslealtad y traición que se cierne sobre la oposición para acabar con el gobierno.

No se conoce en el resto de los países afectados y, de hecho, aquí, desde los primeros golpes de la enfermedad, ya se intuía una guerra soterrada que se despertaba contra el gobierno. Primero, Díaz Ayuso, tomando medidas que no son de competencia autonómica en un Madrid que, a duras penas, estaba soportando la profunda herida que los recortes sanitarios de los últimos años habían causado en una Comunidad agotada, privatizada y extremadamente débil. Después, con un Pablo Casado que, cual primer ministro, organizaba una rueda de prensa, después de la del Presidente del Gobierno, para mostrar, de manera tibia y reticente, una ayuda y un apoyo siempre ambiguos y para endosar algún que otro derechazo al mentón del gobierno.

Una manera poco leal y poco colaborativa, un comportamiento de lobo con piel de cordero. En definitiva, nada nuevo que no haya hecho la derecha española en los últimos años: el cuanto peor para todos, mejor para mí, el egoísmo en grado pleno de la palabra, la política de tierra quemada, la manera de actuar de los mediocres cuando no tienen la altura de miras para, primero, unir sus fuerzas al gobierno, independientemente del signo político, y, pasada la desgracia, de manera leal, exigir responsabilidades, si las hubiera, y proponer soluciones a los errores que se pudieran cometer.

Pero no, esa no es la manera de actuar de este nuevo PP neoliberal y asilvestrado, de este PP de títulos regalados, de escupidores de aceitunas y marquesas deslenguadas. No es la manera de actuar de este PP mediocre y trufado de franquismo que mira de reojo a VOX, que quiere estar a la altura de Abascal, pero que no tiene los arrestos para reflejar realmente lo que son, la vergüenza de aquel partido conservador que recibe críticas durísimas de antiguos líderes, como es el caso de Juan Ramón Calero.

Da igual que el Gobierno haya recibido las felicitaciones de la Organización Mundial de la Salud por la gestión de la crisis sanitaria. Da igual que el Gobierno haya repartido tanto material médico a las distintas comunidades autónomas. En Andalucía, concretamente, hemos recibido casi dos millones de mascarillas y de guantes, ciento treinta y un mil test rápidos y más de cuarenta y cuatro millones de euros para medidas económicas extraordinarias. Da igual que se haga un despliegue económico, monetario, sanitario y social sin precedentes para superar esta crisis sin dejar a nadie atrás. Da igual porque la oposición ha puesto más de un millón de cuentas en distintas redes sociales para despotricar contra el gobierno, para acusarlo de querer cambiar el sistema político que tenemos, para generar crispación y para crear bulos que, lejos de ayudar en estos momentos, contribuyen a tensionar a la gente que ya lleva más de veinte días de reclusión.

Sobre el partido de Abascal poco o nada podemos decir porque ya ellos mismos se califican y se muestran en toda su esencia. Aparte de la actitud poco responsable de algunos de sus miembros, la negativa a atender la llamada del Presidente del Gobierno, lejos de ser una llamada de atención para que se hable de ellos (actitud que recuerda a la de los niños en un patio de colegio) constituye una falta de respeto no sólo a la figura de Pedro Sánchez como persona, que es, quizás, lo menos importante, sino una gravísima falta de respeto al Presidente de tu país y a toda la Institución que representa. Supone una afrenta a España porque, les guste más o menos, el Presidente del Gobierno representa a España, de igual manera que el Rey representa a España, nos guste más o menos. La charlotada de pedir la dimisión del Gobierno en bloque como condición sine qua non para apoyar la prórroga del estado de alarma sería propio de una comedia bufa si no estuviésemos en una situación tan crítica y realmente grave.

Está claro que el PP y VOX son unos patriotas de baratillo, de esos de bandera en la muñeca y en el balcón, que, cuando las cosas vienen mal dadas, su solución es envolverse en banderas a media asta, seguir recortando en sanidad e investigación, denegar el acceso a la salud a los más necesitados y utilizar los muertos para sacar rédito político. Han dejado de vivir de ETA y de Venezuela para querer vivir de los muertos del coronavirus que anotan en el debe del Gobierno.

Una oposición desleal que es incapaz de pensar en España y que, precisamente por eso, queda inhabilitada para presentarse como una alternativa real de gobierno. Una oposición que achaca los test defectuosos al Gobierno, pero que oculta los test defectuosos en Andalucía, el retraso de más de dos semanas de los aviones de Díaz Ayuso; una oposición que no sabe estar a la altura y que lo mejor que puede hacer, puesto que es incapaz de ofrecer o proponer soluciones, es callarse, reconocer su inoperancia y apartarse de la escena pública.

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