El Madrid de Galdós

El Madrid de Galdós

lunes 23 de abril de 2018, 21:30h
Aunque nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1820, pocos escritores han estado tan ligados a Madrid como Benito Pérez Galdós, hasta el punto de que Valle-Inclán diría de sus novelas que “olían mucho a cocido”, el plato típico de la región, por lo que le apodaban “garbancero”. El autor de los Episodios Nacionales, una colección de 46 novelas que narran la historia del siglo XIX en España, vino a la capital para estudiar en la Universidad Central, pero su verdadera escuela fueron los cafés de la Puerta del Sol, el Teatro Real, al que acudía con frecuencia, y los tranvías donde se mezclaban el pueblo y los señores. Novelas como Fortunata y Jacinta o Misericordia son retratos transversales de la ciudad, en los que aparecen tanto los barrios más acomodados como la creciente periferia metropolitana.

Galdós llegó a la estación de Atocha de Madrid para empezar el curso, a finales de septiembre de 1862. Su alojamiento fue en una habitación del segundo piso de esta casa. Una casa moderna en el entorno, romántica, isabelina, ventilada.

Un lugar tranquilo de pocos huéspedes, compartido con un pretendiente de su hermana Manuela que ya era algo experto en Madrid.

Benito se situó en la calle de las Fuentes como el que se sitúa frente al escenario más colosal que le pudiera ofrecer la vida: los cafés de la Puerta del Sol, los vendedores de la Plaza Mayor, los pudientes del Real, los periódicos, los políticos y los politicastros, las ricachonas, las porteras y lo señoritos, todos al alcance de su pluma, cada vez más lejana a tomar apuntes en la facultad de Derecho que es a lo que había venido de Canarias a la Corte. Ella le dará el soporte y la inspiración literaria hasta los días postreros.

Ortiz Armengol, galdosista extremo, describe con la minuciosidad de su maestro a los vecinos de la casa: “En uno de los locales comerciales había un Herbolario y en el otro una Venta de alfombras de Crevillente. En el primer piso un comerciante de tejidos, en el 2º José García, empleado de la Deuda Pública, con su esposa y una criada que son seguramente los patronos de los tres chicos canarios, de buenas familias (León y Castillo, Massieu y Galdós). En 1863 los García ya se habían ido y había entrado a vivir un notario. En los pisos altos un agente de negocios y un militar con cinco hijas. Y en la buhardilla la vivienda de la portera. Desde los balcones de la casa podían verse el convento de los Jesuítas de san Felipe Neri. Este lugar, donde solo pasará unos meses antes de ir al curso siguiente a una pensión de la calle del Olivo le definió un Madrid fundamental, que le caló hasta los tuétanos, extraordinariamente cercano, para traer a vivir, años más tarde a Fortunata, su desheredada estrella.

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