EL TÚNEL DEL TIEMPO

Por Goyo Pimentel
Parece que hemos ingresado en el túnel del tiempo para revivir la infausta fecha en que las tropas franquistas tomaron Barcelona. Fue al amanecer del día 26 de enero de 1939 cuando la vanguardia del ejército navarro y el cuerpo marroquí cruzaba el río Llobregat y entraban en Barcelona por el Tibidabo. La ciudad caía casi sin prestar resistencia en manos de los nacionales abandonada a su suerte por los restos del ejército republicano que huía camino de la frontera francesa. Por las calles más emblemáticas marchaban arrogantes y pretenciosos el general Yagüe, jefe del cuerpo del ejército marroquí, el coronel Barrón, el general Solchaga, Dionisio Ridruejo, jefe Nacional de Propaganda y otros mandos del estado mayor. El pueblo enardecido con los brazos en alto al mejor estilo fascista les daba la bienvenida al grito de ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!
El grueso de la tropa desfilaba por distintos puntos de la ciudad; la legión por el paseo de Gracia, los regulares marroquíes por la Diagonal, los requetés junto a los falangistas escoltados por las tanquetas italianas por las Ramblas. Todos celebraban tan sinigual hazaña que en unas pocas semanas desencadenaría el fin de la guerra. Barcelona había resistido durante tres largos años el asedio y bombardeo de los nacionales apoyados por Hitler y Mussolini. Un símbolo revolucionario inadmisible que debería ser aplastado por la gran cruzada nacional.
En la plaza de Sant Jaume los franquistas izaron en la bandera rojigualda en el Ayuntamiento y la Generalitat; anunciando de este modo el advenimiento de la era franquista. El general Yagüe asumió el mando militar dispuesto a perseguir con a todos aquellos sospechosos de haber pertenecido al bando republicano. Porque era necesario cortar de raíz la mala hierba de los ateos bolcheviques. El generalísimo Franco nombró al general Eladio Álvarez Arenas como jefe supremo de los Servicios de Ocupación quien de inmediato aplicó todo el rigor del código de justicia militar para imponer la ley y el orden. Empezando por encarcelar a cualquier sospechoso de sedición, castigar a los culpables de traición a la patria y someterlos a juicios sumarísimos -que muy a menudo terminaba en fusilamientos. El nuevo régimen sin contemplaciones tenía que demostrar todo su poderío y fortaleza.
El general Solchaga en una acalorada alocución transmitida por la radio expresó: “mienten los que fingen un problema catalán. Después de lo que hemos visto en todos los pueblos de la región, y que han culminado en las manifestaciones espontáneas de ayer y hoy, y del comportamiento magnifico de los catalanes, no puede existir un problema catalán. Cataluña, sépanlo aquí y fuera de aquí, es uno de los más preciados florones de la corona imperial de España”
El fascismo anuló el estatuto de autonomía; se prohibió hablar el catalán, y cualquier manifestación cultural como las fiestas populares, los bailes de sardanas en las plazas o los castellets. La represión genocida no tenía ningún límite.
Barcelona era considerada por los franquistas una ciudad impía y pecadora que necesitaba ser exorcizada con misas, tedeums solemnes y autos de fe con el fin de espantar el demonio rojo que anidaba en sus entrañas. El clero se hizo cargo del control moral y espiritual de la ciudadanía, o sea, asumieron el papel de tutores de la vida pública y del ámbito social y familiar. Barcelona se convirtió en una ciudad triste y oscura que con resignación tuvo que soportar cuatro décadas de nacional catolicismo medieval.
Y quien se iba a imaginar que en el año 2017 se volvería a repetir una nueva toma de Barcelona pero esta vez llevada a cabo por los cachorros del franquismo travestidos en demócratas. Participaron miles y miles de manifestantes partidarios de la derecha españolista, la ultraderecha, monárquicos y nostálgicos del franquismo. Un río caudaloso que se desbordaba por las calles y avenidas (Tal y como había sucedido con la entrada de las tropas nacionales en 1939) empuñando banderas rojigualdas (que se agotaron en los bazares de chinos) y señeras catalanas para guardar las apariencias. Un monstruoso aquelarre dominado por la violencia como puede apreciarse en videos publicados por las televisiones europeas.
Repentinamente el nacionalismo español que pasaba por un endemico letargo se ha reactivado con extremada virulencia. Como jamás se había visto ni siquiera en la época del caudillo Francisco Franco la histeria colectiva ha alcanzado niveles inauditos. La prensa, la radio o la televisión vomitan día y noche la propaganda gubernamental y monárquica inoculando en la sangre del manipulado populacho el veneno del odio y el rencor. ¡Hay que meter en cintura a esos catalanes insolidarios!, movilización general en todos los frentes.
El reino de España necesita un enemigo, un enemigo que le devuelva su altivez y arrogancia de otras épocas más memorables. Si en aquel entonces fueron los ingleses, los franceses, los holandeses o los musulmanes ahora el enemigo es interno y se llama Cataluña. La imagen del rey se ha visto reforzada entre sus súbditos tras el discurso que dio por televisión advirtiendo al gobierno catalán que tenía que volver a la legalidad, es decir, acatar la constitución borbónica y respetar el estado de derecho que sólo él representa.
Felipe VI cuenta con el apoyo incondicional del gobierno en pleno, -los partidos constitucionalistas PP-PSOE-Cs que cierran filas y protegen a perpetuidad. “la España una, grande y libre” proclamada por Franco sigue vigente y con una aprobación demoledora. Se desatado tal fiebre de patrioterismo que en balcones y ventanas de España cuelgan banderas rojigualdas como señal de adhesión y lealtad a la corona y sus dos reyes.
La Sociedad Civil Catalana en alianza con el PP, PSOE, Ciudadanos, VOX y otros grupúsculos, o sea, la derecha y la ultraderecha más reaccionaria y feudal convocaron los pasados días 8 y 22 de octubre en Barcelona las marchas unionistas bajo el lema de “¡Basta ya! “Recuperemos la sensatez”. Se pretendía demostrar a la opinión pública nacional e internacional que el españolismo es capaz de competir de tú a tú con el independentismo catalán. “La revolución de la mayoría silenciosa” la calificaron sus organizadores.
Por tierra, mar y aire llegaron a Barcelona ciento de miles de súbditos procedentes de distintos puntos de Cataluña y del resto de España. La convocatoria surtió el efecto deseado y la respuesta de asociaciones, fundaciones, clubes, hermandades, entidades religiosas, folclóricas, cofradías, parroquias han parecido abrumadora. Entre la variopinta fauna que se hizo presente, hay que distinguir a los veteranos de la legión, falangistas, hooligans, cabezas rapadas, ultra sur, frente atlético, militares retirados, funcionarios públicos pro españolistas y jubilados.
Bajo el ritmo discotequero del ¡Viva España! de Manolo Escobar, “Macarena” de los del Río o el “Torito Guapo” del Fary, las hordas enardecidas daban vivas a la Legión, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, a su majestad el rey, a Millán Astray y hasta el caudillo Francisco Franco. Poseídos por el espíritu de los reyes católicos y el Cid Campeador los más fanáticos y fundamentalistas, bramaban y escupían insultos e improperios y esigian castigos varios como cárcel y paredón. Parecía un toro malherido que se retuerce furibundo embistiendo a diestra y siniestra. Un grotesco desfile de la España profunda y analfabeta.
En la cabecera de la manifestación se distinguía lo más granado de la trama política, las artes, las letras y la cultura españolista; personajes de “reconocido prestigio” como Vargas Llosa, Borrell, Albiol, Cristina Cifuentes, Carlos Carrizosa, Carlos Iturgaiz, Pablo Casado, Javier Arenas, Inés Arrimadas, Albert Rivera. Los sabuesos del régimen monárquico, los más leales y fieles. Con pasión y furia española el populacho repetía incansablemente: ¡Un bote, dos botes, tres botes, catalán el que no bote! ¡Yo soy español, español, español! Un escandaloso mantra que intentaran mantener al menos hasta el 21-d, día de las Elecciones.
Felipe VI cuenta con el apoyo incondicional del gobierno en pleno, -los partidos constitucionalistas PP-PSOE-Cs que cierran filas y protegen a perpetuidad. “la España una, grande y libre” proclamada por Franco sigue vigente y con una aprobación demoledora..
Bajo el ritmo discotequero del ¡Viva España! de Manolo Escobar, Macarena de los del Río o el Torito Guapo del Fary las hordas enardecidas daban vivas a la Legión, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, a su majestad el rey, a Millán Astray y hasta el caudillo Francisco Franco. Poseídos por el espíritu de los reyes católicos y el Cid Campeador los más fanáticos y fundamentalistas, bramaban y escupían insultos e improperios. Parecía un toro malherido que se retuerce furibundo embistiendo a diestra y siniestra. Un grotesco desfile de la España profunda y analfabeta.
Tras concluir tan extraordinaria exhibición del más vil patrioterismo la jauría se fue retirando a sus establos y chiqueros a recuperar aliento para acudir allí donde haga falta y el aparato de Estado lo disponga.
Mientras según el Banco de España el ”conflicto catalán” le costará a la economía española veintisiete mil millones de euros (27.000.000.000) con Carles Puigdemont huido, Mariano Rajoy crecido gracias a Pedro Sánchez y Albert Rivera SALVANDONOS DE LOS CATALANES. Que baratas venden los chinos las banderas y qué alto precio tienen para todos los españoles.
Es cierto que el problema continua; pero al menos no igual que a partir del 1939 las cunetas se llenaron de asesinados, un siglo casi después en el 2017, sólo se llenaran las cárceles de “catalanes”. Que aprendan a dejar tranquilos a los corruptos del PP: que aprendan del Sr. Borrell, que se alineé con ellos o el “arrepentido” Santi Vila y sólo será castigado con una fianza de 50.000 euros, Esos se los pone Pujol en un “periquete”, antes de 24 horas
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