Culturilla Naval

 “De la mar y los marinos (Lenguaje, Parte I), por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

“De la mar y los marinos (Lenguaje, Parte I), por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

jueves 24 de marzo de 2022, 09:30h
 “De la mar y los marinos (Lenguaje, Parte I), por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

Los marinos, al igual que cualquier colectivo, como puede ser la arquitectura o el derecho, (y no digamos nada de la medicina), son pródigos en palabras y expresiones técnicas, las cuales suenan extrañas de lo especificas que son a quienes no son de ese colectivo. Es decir, cada profesión, tiene su “jerga” particular para referirse a las cosas del entorno en el que viven, y dicho esto, los marinos no podíamos ser menos, principalmente porque la mar en sí, es un mundo especial y como tal pues ha de tener su propio lenguaje.

 “De la mar y los marinos (Lenguaje, Parte I), por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

Si decimos “palmejar”, “imbornal” o “estopor” para referirnos a determinadas partes o componentes de un buque, o “paralaje”, “alidada” o incluso “corrección Givry” cuando trabajamos la posición de un navío en la mar, sería algo aburrido, pero así se llaman y punto.

Sin más valoración que la de hacer un mero y escueto recopilatorio, sorprende, por ejemplo, el uso muy común en los barcos de diminutivos como “saltillo”, “atillo”, “cacillo”, “cabilla” o “portillo”, o de aumentativos como “Timón” (que no es un timo muy grande), “Botalón” o “Portalón”.

Y con otro sufijo también tenemos otros aumentativos como “Camarote”, “Pinzote”, “Manguerote” e incluso “Calabrote” que suena hasta feo y todo y otras que pueden dar lugar a erróneas similitudes con objetos de la vida cotidiana, pues por ejemplo un “motón” es un elemento que nada tiene que ver con una moto grande, en concreto es simplemente una “garrucha” (nombre que le damos a las poleas) por la que pasa un cabo.

A la “sala de estar” le llamamos “cámara” y la “bodegas” no son precisamente para envejecer el vino y para liar un poco el tema, diremos que antiguamente en las “galeotas”, las citadas bodegas se cubrían con “cuarteles” para así cerrar la “brazola”,…

La “despensa” de la cocina es la “gambuza”, a un “cuarto” o almacén para guardar cosas le llamamos “pañol”, y además las “cosas” que en él se guardan no son precisamente cosas, son “pertrechos”, el “limpiaparabrisas” es el “vistaclara” y las “escaleras” no se llaman así, se llaman “escalas”, algunas de las cuales además las calificamos de “gato” o “real”, como si los “no felinos” y los “plebeyos” no las pudiésemos usar.

E incluso usamos el término “flechastes”, para definir cada uno de los peldaños que, ligados a los obenques, (esto último definido por la RAE como “cada uno de los cabos que sujeta la cabeza de un palo o de un mastelero a la mesa de guarnición o a la cofa correspondiente”) y a lo largo de toda la extensión de las jarcias mayores y de las gavias, sirven de escalones para subir a ejecutar la maniobra en lo alto delos palos.

El “puente” no es para cruzar un río y la “cubierta” no es lo que no cubre. En realidad es el suelo” y casi por la misma razón, los diferentes niveles de un buque, no se llaman “pisos”, se llaman “cubiertas”.

A lo que sería una “brújula” nosotros le llamamos “compás”, y a lo que todo el mundo conoce como un “compás”…bueno pues a ese elemento, y para no liarla mucho, nosotros también le llamamos “compás”.

Lo que para cualquier persona son “mapas” para nosotros son “cartas”, y el “horario” de un lugar no es la hora de ese sitio, es un “ángulo”, y la altura de un astro no es la distancia que le separa del suelo, también es un ángulo. Y como licencia casi especial de la Lengua española para con los marinos, usamos una palabra preciosa, “azimut” que es de los pocos vocablos del diccionario donde se admiten la “z” y la “i” juntas.

Y ya, si hablamos de buques de vela la cosa aún se complica más, pues a la terminología naval de uso cotidiano, habría que sumarle sobre todo las de las diversas velas y mástiles, a quienes nosotros nos gusta llamarlo más sencilla y humildemente “palos”, pero como esa expresión sería demasiado fácil de entender para los no versados, para liarlo cogemos y les damos nombres, y así tenemos “bauprés”, “trinquete”, “mayor” o “mesana”. Además como en ocasiones hay dos “palos mayores”, cuando eso sucede y en un verdadero “alarde de imaginación”, lo solucionamos llamándole “mayor proel” al de más a proa y “mayor popel” al de más a popa, sencillamente. Pero luego tenemos los “pericos”, los “juanetes” o las “cangrejas” nombres que no se refieren ni al diminutivo de los simpáticos pájaros llamados “periquitos”, ni a una dolencia del pie o a la hembra del cangrejo, nada de eso, resulta que son velas, que por cierto se llaman de múltiples maneras, pues hay docenas de nombre para ellas, no sorprendiendo que con tantas denominaciones la imaginación se resienta y a la vela situada por encima del “juanete” pues se llame “sobrejuanete” o a la situada por encima del “perico” la llamemos “sobreperico”, así que a cada una finalmente se les llama por su nombre, el cual lo tienen como es fácil suponer hasta las más pequeñas, resultando por ejemplo que a estas las llamamos “velachos”, y siguiendo con nuestro alarde de imaginación, (ésta que nunca falte), las calificamos de “velachos altos” si se aparejan por arriba o “velachos bajos” si lo hacen más bien por debajo. Incluso existen otras con un nombre tan llamativo como es el de las “escandalosas”.

Bueno, por hoy, debemos dejarlo aquí, para no saturar las mentes de quienes no están acostumbrados a eta jerga, que en los buques de vela se acentúa aún más, como esta otra, el “tambucho”, nombre que se le da a esta especie de casamata por la que se accede a las cubiertas inferiores a la principal…de modo que otro día continuaremos eta particular singladura por el diccionario náutico de las gentes de la mar.

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