'Barcelona bombardeada', por Pedro Cuesta Escudero autor de La Comisión depuradora. Represión en la escuela

"Barcelona bombardeada", por Pedro Cuesta Escudero autor de La Comisión depuradora. Represión en la escuela

'Barcelona bombardeada', por Pedro Cuesta Escudero autor de La Comisión depuradora. Represión en la escuela
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lunes 14 de marzo de 2022, 07:43h
'Barcelona bombardeada', por Pedro Cuesta Escudero autor de La Comisión depuradora. Represión en la escuela
'Barcelona bombardeada', por Pedro Cuesta Escudero autor de La Comisión depuradora. Represión en la escuela

Estamos viendo, y casi en directo, como las bombas del ejército de Putin destruyen indiscriminadamente viviendas y hospitales de Kiev y de otras ciudades ucranianas. Se ha empezado a tomar nota de todas esas atrocidades para denunciar a Putin de criminal de guerra ante los tribunales internacionales. Aunque no se denunció ante tribunales internacionales, no por ello se escapa de ser considerado criminal de guerra al causante de los bombardeaos que hubo en Barcelona y en otras ciudades de España. Barcelona sufrió durante la guerra de Franco un total de 170 ataques aéreos que causaron, según las últimas estimaciones, en torno a 2.500 muertos, una cifra que llega a 5.000 si se cuentan también las del resto de Cataluña, más de 7.000 heridos y 1.800 edificios civiles afectados. En todos esos ataques se fueron depurando técnicas y armamento: se lanzaron artefactos incendiarios y se experimentó con primitivas bombas de fragmentación; se empezó la guerra lanzando explosivos de 25 kilos y se terminó con cargas de 500 kilos.

'Barcelona bombardeada', por Pedro Cuesta Escudero autor de La Comisión depuradora. Represión en la escuela

La primera ciudad europea bombardeada masivamente

Los días 16, 17 y 18 de marzo de 1938 la población de Barcelona sufrió un bombardeo ininterrumpido de la aviación fascista italiana. No era un ataque sobre objetivos militares, solo se pretendía reprimir y atemorizar a la ciudadanía indefensa y abrir paso a la ofensiva franquista. Barcelona fue una de las ciudades más castigadas en la guerra. Padeció numerosos bombardeos que causaron gran mortandad entre la población civil y terribles destrozos. Barcelona fue la primera ciudad europea bombardeada masivamente como campo de pruebas, que luego se aplicó en la segunda guerra mundial. El objetivo, además de destruir fábricas de armas en que se habían reconvertido muchas industrias, era acabar con la moral de la población. Por eso los bombardeos eran insistentes y en diversos lugares de la ciudad a la vez, para hacer aumentar la sensación de pánico e indefensión. Muchas veces los intervalos de calma eran tan cortos que el inicio de una alarma se confundía con el final de la anterior. En estas circunstancias, lo único que podían hacer los barceloneses ante esos ataques indiscriminados era construir refugios a prueba de bombas.

Con la ayuda del Ayuntamiento, las asociaciones de vecinos se preocuparon de construir refugios antiaéreos en sus respectivos barrios. Se llegaron a edificar 1394 refugios. Y, así, cuando sonaban las sirenas de alarmas y las luces de toda la ciudad se apagaban durante horas seguidas, la gente se podía poner a resguardo de las bombas. Entonces es cuando se oía el tronar de la artillería antiaérea y el agudo silbido de las bombas y su estrepitoso estallido, que hacían estremecer a toda la ciudad. O sea, generalmente cuando empezaba a oscurecer, el caos y el nerviosismo se apoderan de la gente que, al empezar el sonar de las sirenas, corre despavorida hacia el refugio más cercano. El ronroneo de los aviones que se oye cada vez más cercano, la gente que grita y el martilleo de los antiaéreos provoca desconcierto y miedo. Cuando aún están entrando en los refugios se oye en siniestro silbido de una bomba que cae. El estallido hace retumbar todo el suelo y una humareda se ve como se eleva unas manzanas de casas más allá. Se daban por satisfechos los que lo podían contar. Dentro del refugio hay una gran expectación, solo roto por el sollozo de muchos y el llanto de los niños

Como la aviación italiana tenía su base en Mallorca lo tenía fácil para hacer la vida difícil a los barceloneses. Pocos fueron los edificios que se libraron de los ratapinyada de les Balears (los murciélagos de las Baleares) Se llamaban así porque la mayor parte de las veces bombardeaban al atardecer.

La estrategia que utilizaron los aviones italianos fue completamente nueva pues en vez de concentrar todas las bombas en un lugar y en un momento determinados, los bombardeos de Barcelona, que se cebaron en los barrios residenciales y en el denso casco viejo, "se organizaron en cadena ininterrumpida, de modo que los sistemas de alarma y de aviso de la población quedaron trastocados, y cuando sonaban las sirenas ya no se sabía si anunciaba el fin de una incursión o el comienzo de otra". Los bombardeos alcanzaron a casi todos los barrios de Barcelona. Un proyectil perforó el techo de la catedral de Barcelona causando grandes desperfectos en el interior. Y no fue una casualidad, pues buscando darle, derribaron la manzana de casas que había delante de la catedral. Y eso que los nacionales se erigieron en defensores de la Iglesia y se les llenaba la boca con lo de la Cruzada. En el cruce de Balmes con Gran Vía dos manzanas de casas quedaron pulverizadas por una terrible bomba que dejó un enorme cráter y afectó de lleno un autobús cargado de gente. El número de víctimas fue elevadísimo, no solo por las explosiones, sino también por la onda expansiva, la metralla y los cristales. La columna de humo que se originó se vio desde todos los puntos de la ciudad. Las autoridades llegaron a especular que se trataba de un nuevo tipo de explosivos. Decían que era de aire líquido. Aunque también se llegó se pensar que la bomba impactó sobre un camión cargado de explosivos. La explosión destruyó y derrumbó varios edificios de la Gran Vía entre Balmes y Rambla de Cataluña, quedando en pie, sin embargo, el Coliseum.

A Barcelona llegaban continuamente riadas de refugiados

Barcelona no solo resistía sino que, además, hubo de acoger a decenas de miles de despavoridas personas que huían de las tierras tomadas por los franquistas. ¡Qué escenas de terror hubieron de presenciar para tener que huir a la desbandada abandonándolo todo! Llegaban con el ánimo deshecho por el dolor, el miedo y la miseria. El alud de refugiados era tan intenso que las organizaciones que trabajaban en su acogida comenzaban a verse desbordados de un día para otro. Procedían de diversos frentes, de Aragón, de Madrid, de Andalucía, de Extremadura, del Norte, esencialmente vascos. Pero es la población infantil la que representa la parte más considerable de los refugiados de guerra. Muchos eran acogidos en las casas de parientes lejanos, pero los que no cabían en los albergues se tenían que contentar con vivir entre los escombros o en los túneles del metro. Pronto apareció entre los refugiados la sarna, sintomática de las insalubres condiciones de vida, y la pelagra, debido a la carencia de vitaminas.

Hambre y falta de alimentos

Como el puerto de Barcelona era continuamente bombardeado para evitar el abastecimiento de la ciudad, la escasez de víveres era cada vez más aguda, lo que obligaba a la gente a abandonar sus actividades y dedicarse en exclusiva a recorrer la ciudad en busca de un mínimo de alimentos. Las colas delante de los comercios eran muy largas y había que levantarse muy temprano para llegar a tiempo. Mucha gente se dedicaba a recorrer los campos próximos para recoger hierbas que consideraban comestibles. No tardaron en desaparecer los gatos y las palomas de la ciudad. No había manera de obtener carne, manteca, leche, carbón, como no fuera en el mercado negro, y normalmente las personas acomodadas se consideraban afortunadas si tenían pan y lentejas en cantidad razonable. Se utilizaba el intercambio porque las monedas no tenían valor. La comida usual eran gachas de maíz, sopas de cebolla y purés de lentejas o de garbanzos. La mayoría de las familias criaban gallinas en sus casas y cultivaban tomates, acelgas, judías, coles en balcones y terrazas. La preocupación por la búsqueda de comida hacía que no estuviera tan presente la guerra.

La falta de alimentos y la consiguiente hambre hace que se viviese en constante tensión que muchas veces estallaba en enfrentamientos entre los refugiados y la gente autóctona. En esos momentos de escasez y angustia era cuando se veía lo mejor y los peor de la condición humana, de la más absoluta solidaridad al más execrable egoísmo. Aunque eran frecuentes las manifestaciones pidiendo pan, no todos vivían en las mismas condiciones. Los especuladores, los estraperlistas, los burócratas y funcionarios de los tres gobiernos (el de la República, el de la Generalitat y el de Euskadi) afincados en Barcelona y la gente acomodada que aún quedaba no vivían con la estrecheces de la mayoría y exhortando a la resistencia se esforzaban por darle a la ciudad un ambiente de normalidad con los cines, casinos y espectáculos funcionando. A pesar de los ataques aéreos, la militarización constante de los jóvenes y las privaciones, aún se siguieron celebrando, hasta el mismo día de la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, los diversos campeonatos futbolísticos que organizaba la federación catalana. La sociedad barcelonesa llega a metabolizar el sentido de la guerra y lo integra.

Llegada a Barcelona de las fracasas tropas de la batalla del Ebro

Pero el aspecto de tragedia que presenta Barcelona cuando llegan las fracasadas tropas de la batalla del Ebro no puede ser mayor. A la luz mortecina de las farolas pintadas de azul, se contemplan las casas destruidas, montones de ruinas por doquier y poca gente circulando. Tampoco representa ningún alivio a la martirizada Barcelona, sino todo lo contrario, la entrada de esos soldados con todo el aspecto de la derrota: desarrapados, mal pertrechados, fatigados, hambrientos, sedientos, cansados, desanimados. Nadie ha salido a recibirlos Al quedarse en el Ebro sin munición y sin repuestos no les quedó más remedio que la retirada. Y es que el gobierno francés, acogiéndose al Pacto de No Intervención que había propuesto, tenía retenida en la frontera una partida de material de guerra enviada por la URSS, 250 aviones, 250 tanques, 650 piezas de artillería y 4.000 ametralladoras. Con ese material y otros más la guerra habría tenido otra orientación.

La desbandada

Un inusitado alboroto se extiende por todo el cuartel donde están atrincheradas las tropas. Los soldados van de un lado para otro descontrolados y nerviosos. Hay maldiciones, hay juramentos, hay impotencia. Es que acaba de llegar la noticia de que Tarragona ha caído en manos de los franquistas. Hay que defender Barcelona. ¿Con qué?. No hay ni municiones, ni nada. Y tampoco hay muchos inclinados a gestas numantinas, ni nada por el estilo. Y el caos se extiende por toda Barcelona.

El gobierno de la República ordena el 16 de enero de 1939 la movilización de todos los ciudadanos de ambos sexos entre los 17 y 55 años de edad, así como la movilización de todas las industrias. El 18 de enero Negrín y el Consejo de Ministros declara el estado de guerra y asigna al Ejército Popular Republicano la autoridad civil en retaguardia. Pero esta medida carece de utilidad pues el frente franquista ya está a 25 kilómetros de Barcelona y el ejército carece de pertrechos y munición y la desmoralización se ha generalizado en la tropa.

El 22 de enero Negrín ordena la evacuación hacia la frontera de todas las entidades gubernamentales y el Gobierno se retira a Figueras, la última ciudad en importancia en la carretera a Francia. Todo el prestigio del Gobierno, única fuente de confianza, está, como su aparato administrativo, roto, desconcertado y escarnecido. El prestigio de autoridad desaparece por completo en la calle. Pues al ser conocida por los civiles y refugiados la escapada del Gobierno, provoca la huida caótica de civiles y de soldados de Barcelona. Como sea que la población está hambrienta y sabe que en Barcelona hay alimentos acumulados, proceden a asaltar los almacenes. No hay guardias y si queda alguno también se suma al saqueo. Las gentes transportan sacos de garbanzos, de alubias, de azúcar, botes de leche condensada, carne soviética. Con estos alimentos ya tienen con que sobrevivir durante su marcha a Francia.

La gente se disputa casi a tiros un camión o un automóvil, a veces un simple carromato o una cabalgadura. Por la carretera se encuentran millares de fugitivos a pie, cargados con pesados fardos, arrastrando a sus pequeñuelos. Y a ambos lado de la carretera van quedando vehículos estropeados o sin combustibles, maletas y baúles abandonados.

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