FRANCO AGONIZA Y UN EMPRESARIO PIDE QUE LE TRASPLANTEN SU CEREBRO, por Luis Miguel Sánchez Tostado, Historiador y Criminólogo

FRANCO AGONIZA Y UN EMPRESARIO PIDE QUE LE TRASPLANTEN SU CEREBRO, por Luis Miguel Sánchez Tostado, Historiador y Criminólogo
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viernes 25 de febrero de 2022, 10:25h
FRANCO AGONIZA Y UN EMPRESARIO PIDE QUE LE TRASPLANTEN SU CEREBRO, por Luis Miguel Sánchez Tostado, Historiador y Criminólogo
FRANCO AGONIZA Y UN EMPRESARIO PIDE QUE LE TRASPLANTEN SU CEREBRO, por Luis Miguel Sánchez Tostado, Historiador y Criminólogo

En plena agonía de Franco, el empresario gallego José Luis Pita Caruncho, ofreció su cuerpo para que le trasplantaran el cerebro de Franco con el fin de prolongar otros cuarenta años la dictadura. El régimen tramitó su solicitud y la Casa de Franco agradeció con sentimiento el detalle a través del secretario de Su Excelencia. Un episodio más de la España del disparate y el fanatismo.

FRANCO AGONIZA Y UN EMPRESARIO PIDE QUE LE TRASPLANTEN SU CEREBRO, por Luis Miguel Sánchez Tostado, Historiador y Criminólogo

Tres de noviembre de 1975. Franco se desangra por dentro. Los médicos creen que no da tiempo a trasladarlo a Madrid y deciden intervenirlo a vida o muerte en el botiquín del Regimiento de Guardia, que se habilita un precario quirófano. Hasta allí llevan al Caudillo, desnudo y envuelto en una alfombra, porque la camilla no cabe por un tramo de escaleras. Se produce un apagón de luz en plena intervención. En la vetusta habitación cuartelera falta de todo. No pueden enchufar el foco del quirófano porque lleva clavija tipo americano. Son las diez de la noche y en los talleres de El Pardo se busca desesperadamente un adaptador. Los médicos discuten mientras Franco se desangra. Llega el adaptador para el foco. La precariedad de medios es tal que, para extraer la sangre del enfermo durante la operación, “se utiliza una jarrita de acero inoxidable de la cafetería del Regimiento” ( Dávila, R. Revista digital Actuall, 20 de noviembre de 2015).

A las 00:30 h la operación termina. Ha llegado una ambulancia para trasladar a Franco desde el botiquín al palacio, pero viene helada y los escoltas la calientan con secadores de pelo. La intervención quirúrgica corrió a cargo del doctor Manuel Hidalgo Huerta que, a la sazón, sería puesta en duda por el médico Juan Abarca.

El día 5, en una eterna agonía, Franco sufre nuevas hemorragias y, a fin de no repetir el espectáculo del botiquín de El Pardo, se traslada con urgencia al hospital La Paz, donde vuelve a ser operado. Al día siguiente, la Marcha Verde rompe las alambradas de la frontera y se adentra en suelo español.

Una peritonitis agrava su ya delicadísima situación, y el 14 de noviembre el doctor Hidalgo le vuelve a intervenir, ya en fase terminal, sin posibilidad de recuperación. Se intenta mantenerlo con vida a toda costa, aun prolongando su agonía.

El 15 de noviembre, el empresario de Narón, prolongación de El Ferrol del Caudillo, tramita una instancia al ayuntamiento, para que sea elevada al Pardo a través del Gobierno Civil de La Coruña. En ella ofrece “todo su ser orgánico al servicio del equipo médico que atiende a S.E. para prolongar lo que fuese preciso más vida a S.E. poniéndome todo a su disposición”. La intención es que trasplantaran en su cuerpo el cerebro del Generalísimo “para que no pereciera y sirviera mi cuerpo como vehículo del suyo, ya que cuento con treinta y dos años de edad”.

Se trataba de José Luis Pita Caruncho, solvente empresario gerente de “Piensos Nasa” y “Muebles Pita”. Si el ofrecimiento resulta desconcertante, más lo es el hecho de que los responsables franquistas lo considerasen y tramitaran la instancia a Carmen Polo y al equipo médico que atendía al dictador. El secretario de Franco, Felipe Polo, que era su cuñado, le responde que “La Excma. Sra. Doña Carmen Polo de Franco y demás familiares, asi como el equipo médico que atiende a Su Excelencia, profundamente conmovidos por su abnegado y desinteresado ofrecimiento, unido a su afectuoso saludo, le hacen presente su agradecimiento de todo corazón, aun cuando ello [el trasplante] no parece sea preciso”.

La noticia se conoció siete años después, cuando Diario 16 publicó, el 16 de noviembre de 1982, la entrevista que el conocido periodista Melchor Miralles hizo al empresario. Por cierto que, unos años después, Miralles, junto al también periodista Ricardo Arques, destaparían el caso GAL tramado en el gobierno de Felipe González y que terminó con el encarcelamiento del ministro del Interior, José Barrionuevo, y el Secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera.

“Yo ofrecí todo mi cuerpo, todos mis órganos porque quería que me trasplantaran el cerebro de Franco. Era un hombre irrepetible y yo sabía que si él desaparecía, este país se iba a pique. Y a los resultados me remito”, dijo Pita a Miralles. El empresario mostraba al periodista el retrato de Franco que presidía su despacho: “Fíjese cómo está, hecho un chaval. Si ahora estuviera así…” (…) “Franco no era un dictador. Tenía el poder y nada más. Un dictador es Somoza, otro es Pinochet, pero Franco era un gran hombre. Había entonces mucha más libertad que ahora, que solo hay libertinaje. Antes salías tranquilo y ahora violan a las mujeres, roban a los hombres, apalean a los niños y destrozan los coches. Esto no es vida.”

¿Fue un gesto desprendido de un fanático que veneraba la figura de su líder? ¿Tenía su ofrecimiento la ingenuidad del corazón noble que desconoce que esos trasplantes eran imposibles, o escondía alguna pretensión?

Salimos de dudas cuando a los dos años de su estrafalario ofrecimiento, Pita Caruncho se presentó a las elecciones municipales de 1977 en la candidatura de la Alianza Popular de Fraga. Pero no ganaron. Pensaba que el pueblo agradecería su magnífico gesto, su grotesca disposición a sacrificar su cerebro para prolongar la vida del dictador en su “ser orgánico”, joven y saludable, sin tener en cuenta que, aún en el caso de que aquel trasplante no perteneciera a la ciencia ficción, hubiera recibido el cerebro decrépito de un anciano de ochenta y tres años.

Siguiendo el ejercicio de lo grotesco, imaginemos hoy día dirigidos por al dictador Franco gobernando una España “grande y libre” en un cuerpo de un empresario con 79 años con un cerebro de 130 primaveras. Por tanto, habría que ir buscando ya otro cuerpo receptor para la próxima prórroga dictatorial. A Vladimir Putin se le ve saludable. Tal vez sería un buen candidato. O Santiago Abascal.

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